Publicado en: 17 abril, 2019

Zumeta y el arte

Por Jose Luis Merino

El culmen de una dilatada carrera pictórica, a lo largo del tiempo que nos mira

Por Jose Luis Merino

A la entrada de la exposición del artista guipuzcoano José Luis Zumeta, que tiene lugar estos días en la Galería Lumbreras de Bilbao, me estaban esperando los espectros de tres adalides de la action painting, Willem de Kooning, Jackson Pollock y Arshile Gorky. Querían presentarme a uno de los suyos. No era necesario. Conozco a Zumeta desde hace más de cincuenta años.

Inicié el recorrido por la muestra al lado de los tres pintores estadounidenses, quienes cuchicheaban alborozados entre ellos. Era para verlo. De cuadro a cuadro, el espacio se iba cargando de energía y emotividad. La variadísima gama de formas, los exultantes puñados de color, todo ello lo gestaba una mano sabia en la elección de los temas y libre en cada ejecución. Allí donde un cuadro se daba por terminado, empezaba la aventura creadora del siguiente. Lo mismo acontecía en cuanto al trasvase de energías.

Sumergido en la enfelizada visión de las obras, no reparé que los tres espectros habían desaparecido. Su entusiasmo los llevó a adentrarse en los cuadros. El gran arte es la casa universal de los artistas… y aun de todos los seres humanos. El gran arte es denso como la inocencia, obsesivo como el juego e imprevisible como la duda.

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Mi amistad con José Luis Zumeta comienza a principios de los años sesenta. En enero de 1968, le invité a exponer en la bilbaína Galería Grises que yo regentaba entonces. En 1989, con motivo de su cincuenta cumpleaños, proyecté llevar a cabo una muestra antológica de su obra en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. No más comunicárselo, Zumeta dijo: “no me elijas a mí, Balerdi la merece más, porque es el mejor de todos nosotros”. Se refería al pintor donostiarra Rafael Ruiz Balerdi.

Su gesto generoso me conmovió. No obstante, la exposición de Zumeta siguió adelante. La muestra fue muy visitada. Gustó mucho la exhibición de las obras de gran formato. Dejó un buen recuerdo en el mundo del arte de aquellos años.

Pero es ahora, frente a esta exposición, treinta años después, cuando percibo que, además de su memorable gesto hacia Balerdi, subyacía en el interior de Zumeta una duda latente, consistente en el no saber consciente. Ese no saber del artista es la piedra angular de su mundo creativo. El arte vive en una sucesión interminable de no saberes. Fuera de ahí lo demás es agua mojada, consumo y decoración.

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Vista la exposición, su soberbia excepcionalidad estimuló mi fantasía [La imaginación es el ojo del alma, según Joseph Joubert]. Imaginé llevar la muestra entera a las paredes de los museos cercanos, Guggenheim y Bellas Artes, como a los más alejados Reina Sofía (Madrid), MACBA (Barcelona) e IVAM (Valencia), entre otros espacios de arte.

Sería una magnífica oportunidad ver un arte de tiempo presente sobre unas paredes receptoras, por lo general, de un arte de tiempo pasado. El arte más nuevo-vivo -auténtico siempre se ha gestado en el presente. Lo saben los artistas, bregando desde el último rincón de sus talleres o estudios. Alguien lo dijo para la ocasión: todas las vanguardias pasan… excepto la Vanguardia.

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