Zoé Valdés y su neuroanticastrismo agónico

El neuroanticastrimo es cosa seria. Esta&nbsp afección tiene ya medio siglo de existencia. Su patología es tan compleja como la variedad y gravedad de trastornos psicológicos que ocasiona en personas identificadas con determinados factores de riesgo, tales como: oportunistas, demagogos, egocéntricos, mitómanos, los que practican una doble moral o peor aún, los que no tienen ninguna, entre otros.&nbsp

Esos son los más frecuentes, pero no los únicos. Uno de los de mayor peligrosidad recae en los tránsfugas. En ellos esta enfermedad parece ensañarse ocasionando una degradación tan profunda en la conducta de estos pacientes que es considerada, por muchos especialistas, como el trastorno mental más devastador. Tal es el caso de Zoé Valdés.&nbsp

Mientras esta escritora cubana vivió&nbsp en la Isla no fue ninguna “disidente” ni tuvo la más mínima contrariedad política con las autoridades. Todo lo contrario, era una empalagosa defensora de la Revolución cubana, en particular de su política cultural, así como una adulona contumaz de Silvio Rodríguez, de Manuel Pereira y, muy especialmente, de Alfredo Guevara, quien, a decir de ella misma, la ayudó mucho en su carrera profesional; sin embargo, ahora habla mal de él hasta por los codos. Pareciera pura ficción.&nbsp

Y eso no es todo. En la década del 80 fue miembro de la delegación diplomática cubana ante la UNESCO donde cumplió&nbsp un destacado papel en defensa de los programas relacionados con el patrimonio cultural cubano. También por esa fecha estaba casada con José Antonio González (ya fallecido), quien era el Consejero Político de esa delegación y un hombre que gozaba de prestigio y confianza en las altas esferas en Cuba.&nbsp

Cuando Zoé&nbsp concluyó&nbsp su misión y regresó&nbsp a Cuba fue nombrada en un alto cargo en el ICAIC (Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica) como subdirectora de una revista. Varias personas que trabajaron o colaboraron con esa publicación, padecieron en carne propia la censura extremista de la flamante subdirectora. Nada más verdad que ese refrán que dice: rasga la piel de un extremista y encontraras un oportunista.&nbsp

Sin embargo, luego de emigrar y afincar su residencia en París – en realidad no es “exiliada” ni tampoco “refugiada” como pretende hacer creer- ya infectada con el neuroanticastrismo, sufrió una inesperada pero acelerada metamorfosis que la transformó, de la noche a la mañana, de ferviente castrista en fanática anticastrista. Y, como es sabido, no hay peor fanatismo que el que proviene de un converso.&nbsp

Conocida por su lenguaje soez en sus novelas y panfletos&nbsp de politiquería anticubana,&nbsp no tardó&nbsp en ofrecer sus servicios como meretriz mediática de la extrema derecha cubano americana de Miami, en función de las campañas de difamaciones e intrigas no sólo contra el gobierno cubano, sino también contra los gobiernos progresistas en América Latina.&nbsp

Por supuesto, tales servicios nunca fueron gratis. No tardaron en “caerle” varios premios literarios siempre acompañados de una buena cantidad de plata. Su amigo, el periodista y connotado agente de la CIA, Carlos Alberto Montaner, fue el primero en apoyarla y&nbsp explicarle cómo le entraba el agua al coco. Tal praxis se repite ahora con la labor mercenaria que realiza la bloguera cubana Yoanis Sánchez. Y&nbsp Montaner también ha contribuido a inflar este globo mediático.&nbsp

Desde entonces el neuroanticastrismo de Zoé&nbsp Valdés la ha llevado a arreciar la agresividad en su discurso contra Cuba lo que unido a tantas noches de desvelo con su pensamiento fijo en el Kamasutra y acompañadas de un abuso excesivo de las copas, le provocaron un estado de alucinación de pretender convertirse en la “guía espiritual” de los grupos anticastristas afincados en Francia y España.&nbsp

Según una fuente – involucrada en actividades “opositoras” anticubanas en París-, ese asunto se lo tomó tan en serio que en el mes de abril del pasado año convocó a una manifestación anticastrista frente a la Embajada de Cuba en esa capital, la cual terminó en un sonado y vergonzoso fracaso al asistir los mismos cuatros gatos de siempre.&nbsp La desilusión fue tal para esta escritora con ambiciones de líder anticastrista, que no tuvo mas remedio que enfrentar su frustración con la cabeza metida dentro de un cubo.&nbsp

Pero como es sabido las desgracias nunca vienen solas. Su talento literario (si alguna vez lo tuvo) va&nbsp loma a bajo como entierro de muerto pobre, lo que está teniendo un fuerte impacto negativo en su situación económica-financiera que la ha forzado a apretarse el cinturón para intentar sortear esta compleja realidad.&nbsp

Su libro “La Ficción Fidel” (Planeta 2008) resultó un fiasco. Su contenido – además de reflejar exageraciones, tergiversaciones y errores históricos- destapó un escándalo al incluir un artículo íntegro de otro escritor cubano sin su correspondiente autorización en franca violación de la Ley de Propiedad Intelectual.&nbsp

Lo de las tergiversaciones y errores históricos son un reflejo de su insano estado, pues&nbsp está&nbsp verificado clínicamente que uno de los síntomas que conforma el cuadro patológico del neuroanticastrismo&nbsp – además de sufrir un delirio extremo de persecución por el fantasma de la seguridad cubana, exactamente lo que le sucede a Montaner-&nbsp es, precisamente, esas tergiversaciones y falsificaciones históricas con pretensiones de revisionismo.&nbsp &nbsp

No por gusto a Zoé&nbsp Valdés hace ya un tiempo le ha dado por ser exponente de una corriente del revisionismo (alimentada por pacientes de la extrema derecha cubano americana de Miami) que intenta revindicar la figura del dictador cubano Fulgencio Batista.&nbsp

Al respecto esta escritora ha realizado delirantes afirmaciones, tales como: “no fue el dictador que se dijo, hizo mucho bien a su país”; “es mentira que los más grandes hospitales cubanos los creó Castro. Todos fueron construidos por Fulgencio Batista, igual que las escuelas, los centros educacionales y sanitarios que eran inmejorables”; entre otras bazofias más.

Ante tan perturbadas aseveraciones, qué&nbsp no se podría esperar de esta execrable escritora, cada vez más virulenta en sus ataques no sólo contra Cuba sino contra todo aquello que pueda oler&nbsp a izquierda. &nbsp

Por ello no sorprendió&nbsp a nadie su grotesco respaldo al golpe de estado en Honduras. Aunque en realidad lo que dijo ni siquiera fue noticia. Ella hace rato tampoco lo es. Quizás por ello insiste en llamar la atención recurriendo a su habitual apología al odio y a la venganza como si con ello consiguiera atenuar esa insaciable necesidad que siente de mostrar su anticastrismo visceral. En esto quiere ser más papista que el Papa. &nbsp

Su virulencia se evidenció una vez más cuando al referirse al zarpazo contra el presidente constitucional de esa nación centroamericana afirmó: “… no estoy de acuerdo con los golpes de estado en estados democráticos, pero en países como esos de América Letrina (textual), donde el comunismo está cogiendo fuerza, me parece muy sensato que el ejército se levante. Es lo que me gustaría que sucediese en mi país, que el ejército se levante en contra de los Castro, que se pongan los pantalones y acaben con ellos de una vez y por todas…”&nbsp

Tales son los estertores de estos pacientes que en fase terminal ya sufren una incapacidad total para hacer conexión con la realidad. No les importa nada ni nadie, sólo ellos mismos encerrados en su propio mundo infernal y propugnando con desmedida vehemencia el culto al odio, la violencia, la venganza y los ajustes de cuentas. Fantasean con ver a Cuba hundida en un baño de sangre con la que pretenden trasfundirse para mitigar los dolores que le provocan sus retorcidas almas, pero, al final, terminan por devorarse unos a otros.&nbsp

Esos pacientes, como es el caso de Zoé Valdés, están desahuciados. Ni el más experimentado exorcista podría salvarlos. Y ya no se puede hacer otra cosa que esperar que Dios los perdone y se apiade de sus almas.&nbsp
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