‘Yo, Federico’, la serpiente de las ondas

¿Campaña contra la cadena COPE?. Quiá. Solo que igual que hay libertad de expresión, existe libertad de recepción. No se puede traducir cualquier crítica a las soflamas del director de un programa con el latiguillo “Quieren cerrar la emisora”. Mentira. Ni siquiera la boca de un bocazas. ¡Por todos Losantos!.

Todo es relativo menos Federico Jiménez Losantos, que es absoluto. Absolutamente profeta apocalíptico. Más que analista de la política, un día sí y otro también profiere mentiras, calumnias e injurias contra todo aquello que protagonice Zapatero y su Gobierno. Idem de lienzo pergeña contra todo lo que se diga desde un medio de PRISA. El Catastrofista Carroñero está empeñado en dar tono racional a lo propio y negárselo a lo ajeno. No puede haber tolerancia con la intolerancia de este gurú que está cayendo en una información barriobajera basada en insultar y descalificar a la gente que no piensa como él. Su descrédito a la hora de informar sobre el 11-M o el Estatut catalán ha obtenido cum laudem. Este vengador justiciero, este voceras, lo desvirtúa todo; confunde lo que pasa con el que quiere que pase. Se jalea a sí mismo y se ha convertido en un pregonero de fabulaciones más que de noticias. Se cree el ombligo de todo. Tal vez piense este parlanchín de voz estropajosa que es otro Queipo de Llano, general en jefe de los ejércitos del éter. Federico está siendo periodísticamente obsceno, moralmente indecente, políticamente explosivo.

Nadie va contra COPE. Muchos, cada vez más, son los que critican a ese iluminado que convierte la noticia en un amasijo de mala baba. Radio puñal. Radio cañón. Siembra de odio. Pido que los neurólogos más competentes estudien su caso. Su versión (¿perversión?) paranoica del 11-M habría que estudiarla en todas las Facultades de Periodismo como ejemplo de parcialidad y sectarismo informativo. Confunde sus ideas fijas con la realidad.

¿Necesita Dios una radio?, se preguntaba el sacerdote y periodista Quintín García el pasado miércoles en “El País”. Con fundamento, criticó el tono jeremiaco del conductor de “La mañana” que se salta todos los semáforos. He llegado a la conclusión de que toda la desinformación voceada y escrita por Federico J.L. en torno al 11-M o el Estatuto de Cataluña demuestra una falta de escrúpulos y pudor intelectual y un desprecio a la inteligencia ajena. Ofuscado, empecinado, obcecado, Federico siempre se ha creído la única coca cola del desierto. Para Don Federico “El Crispador”, el 11-M fue una conspiración donde participó el PSOE. Sus elucubraciones periodísticas, carentes del respaldo de los hechos, le ha hecho perder toda credibilidad. No es digno de ocupar la silla de Antonio Herrero (que era bravo; bruto a veces, pero noble y escuchaba a los demás). Dice que quieren amordazar la COPE. Quiá. Se hace el mártir y líder de la independencia. Falso. Se cuestiona a este energúmeno, pero no a la emisora (que goza de todo mi respeto y afecto). ¿Qué tienen que ver la mayoría de periodistas y técnicos y publicitarios de COPE con ese radiopredicador que ahora apela al victimismo?. Si se escuchara, comprobaría que es un terrorista del micrófono. Maldades al oído. No sé si este sacristán liberal habrá leído aquello de Nietzche-“las calumnias son enfermedades de los demás que se declaran en nuestro cuerpo”. Cada mañana, Federico llega al micrófono con expresión de tortura. Lleva dos temporadas haciendo un discurso periodístico deshuesado y desvertebrado. Habla al micrófono de “Zeta Patasuna”, de la batasunización de Zapatero y su cuadrilla, de que el ministro Montilla es un ladrón, blablablaetcetcetc…. “Chiquito de Teruel” es un tremendista. ¡Jodidos vamos si la verdad es la que nos cuenta el Jiménez Losdemonios, adalid del liberalismo!. Este “cantamañanas”, abrazafarolas de la intolerancia, carece de escrúpulos, tiene un morro de cemento armado. La soberbia hace estúpidos a los más inteligentes. Algunos van de Herodes a Pilatos como del Corte Inglés a Saldos Arias.

Si no cantara este gallo, igual amanecería en España. El espejo en que se mira Federico tiene azogue de prepotencia. Cada día, con refinada maldad, con corajuda ira, salta ante el micrófono disparado como un tapón de cava. Como no hago venias, ni me inclino ante el gurú o pope de turno, mi columna (la vertebral, no la literaria) está intacta, pero mi hígado a veces escupe bilis al oír a este agitador de las o­ndas. La cólera de este españolito arrogante sentado ante un micrófono provoca la mayor crispación social en nuestro país. Sus broncas producen gastritis, provocan desasosiego y malestar. Es listo, y sabe levantar la piel de las palabras. De esta guisa, remueve las vísceras y excita los instintos más primarios. Se considera “elegido por la historia” para redimirnos a todos. Mesiánico botarate. Ultramontano extremista. Fundamentalista (Pablo Sebastián le apodó “Talibán de las o­ndas”) Decía Ortega y Gasset que cuando un loco o un imbécil se convence de algo, no se da por convencido él solo, sino que al mismo tiempo cree que están convencidos todos los demás mortales. De Federico Jiménez Losantos, admiro su cultura, su inteligencia, su talento, pero desprecio su soberbia, su falsedad, su intolerancia. ¿Campaña contra COPE?. (No manipules más, pequeño dictador de las o­ndas).

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