¿Y si un agente español del CNI hubiera aparecido muerto y abandonado en un hospital de La Habana?

Hace menos de un año, fueron detenidos en Cuba varios agentes de los servicios secretos españoles del CNI. Se trataba de un grupo especial, desplazado a la isla para vigilar a la colonia vasca residente en Cuba porque «todo es ETA».

Es cierto que los servicios secretos cubanos tienen constancia de la presencia en Cuba de agentes del CNI que cuentan con plácet diplomático, pero ese grupo estaba incontrolado, pues no habían sido informados de su presencia, en un gesto de falta de respeto y prepotencia neocolonial. En cuanto fueron localizados (que lo fueron pronto, lo cual cuestiona la eficacia de camuflaje del CNI) se les expulsó de la isla.

Al hilo de lo sucedido recientemente con Jon Anza en Francia, me pregunto: ¿Qué habría ocurrido si uno de esos agentes clandestinos hubiera desaparecido y, después de un año, su cuerpo se encontrara sin identificar y abandonado, en una morgue habanera, con un certificado de defunción que indicara “muerte por parada cardiorrespiratoria?” Las autoridades españolas habrían exigido inmediatamente explicaciones, y tanto políticos como periodistas habrían insultado y descalificado&nbsp a los dirigentes cubanos, arropados por una histérica campaña mediática. En el caso de Jon Anza los medios aceptan, sin rechistar, la sospechosa versión oficial.

A los familiares de Anza, nadie, excepto amigos y la izquierda abertzale, les darán condolencias. Pocas voces (sinceras o fingidas) surgirán de los “políticamente correctos” diciendo aquello de que toda muerte es lamentable. Por el contrario, hoy se muestran exultantes aceptando, sin pudor, la única versión y un escaso despliegue mediático casi ha dado carpetazo al asunto. Mientras vemos esos comportamientos, hay quienes, desde la otra orilla, aún se lamentan cándidamente cuando un enemigo desaparece, porque siguen arrastrando complejos y prejuicios importados.

Si el mercenario cubano- al servicio del imperialismo criminal- Guillermo “Coco” Fariñas muere porque le da la gana (no porque dejen su cuerpo tirado en un hospital como hicieron con Jon Anza), a mí me la trae al pairo. Siempre he dicho que la muerte del enemigo innoble no me provoca emoción alguna.

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