¿Y Rajoy… Por qué no dimite?

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Por Herminio

De entre las brumosas dudas en que se mecen los sueños evanescentes del despertar mañanero, últimamente, siempre me asalta esta duda. Como son sueños evanescentes, y como tales no duran, ni me producen angustia ni se prolonga la duda. “Claro está –pienso enseguida– que yo no soy Pedro Sánchez ni el mismo Pablo Iglesias.” Porque entonces, si lo fuese, mentiría. Y, ya después de tanto sueño evanescente, no soporto más mentiras que las mías. Por esto los traigo aquí, a grandes rasgos, sin pararme en los detalles, para librarme de ellas cuanto antes.

Comienzan al morir Franco… Por la gran sala, entre penumbras de ceras, discurre la gran hilera de la multitud  sumisa que le rinde pleitesía, inclinando con firmeza las cabezas hacia la altura del féretro. Discurren abigarradas, por grupos bien definidos, cual se proyectan las sombras sobre el fondo alicaído de la pared mortuoria. En lugar privilegiado, desde lo alto del techo, sobre el difunto, las contemplo e identifico, al pasar por mi frente visual, mas sólo a la principal, de cada grupo que pasa, alcanzo a identificar, porque oficia de estandarte referente, siendo guía de cada cual de los grupos. Llevan sus signos grabados sobre sus frentes. Si bien no recuerdo a todos, consigo desmenuzarlos, aunque sea a grandes rasgos, ya que unos me dan pena y otros me causan zozobra, al filo de recordarlos. Yo también fui como ellos, en sus días y mis días: Una más entre las sombras.

Y así es que desde arriba, situado en mi cubil, puedo contemplar al rey, Felipe VI, al que le siguen el emérito Juan Calos y, en la hilera pertinaz, sus cansinos cortesanos. Ya, de inmediato al último de esta hilera, Suarez, seguido de una cohorte de falangistas y de todos sus ministros de gobierno. Detrás le seguirán Fraga, y D. Santiago Carrillo, comandando a todos sus militantes de partido. Pero que nadie se asombre, pues, aunque ya más adelante, será el turno de Anguita, y toda la Izquierda Unida, si bien, claro está que a su vez, porque antes pasan el Guerra y Felipe, y sus gobiernos de la España de sus tiempos  y a estos siguen los siguientes, el Aznar y allegados al poder de su mandato, y, luego, sus seguidores, y así… Detrás todos los novísimos… Pablo Iglesias y el Rivera. Pero no sigo, porque esto ya no es sueño, sino pura pesadilla.

No obstante, no pudo quedar así, ya que le falta final:

…Era el turno de Rajoy. Con paso lento al pasar, más lento que los demás. A la altura del difunto, justo enfrente, un traspié le hace parar. El silencio es sepulcral y el extinto se incorpora, hacia los pies, doblándose por mitad y en voz cavernosa dice: “¡Rajoy, por qué no dimites!

– Pero, Excelencia, ¿en quién poder confiar?

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