Y ahora: nosotr@s

Poco a poco dejamos atrás la Generación X, o también llamada la “generación perdida” y una nueva generación va llegando y solicitando su protagonismo. No son pocos lo que piensan que la juventud de hoy no sabe lo que quiere, pero lejos de la confusión que esta época de grandes cambios puede generar en los jóvenes no es complicado desentrañar los sueños e ilusiones de esta nueva generación.

La llamada Generación Y agrupa a todos aquellos y aquellas que nacimos a partir de la década de los 80, en un mundo cambiante que causaba vértigos con el ritmo de sus profundas modificaciones. Los “jóvenes Y” no vivimos la guerra civil española ni el franquismo, pero queremos recuperar nuestra memoria para no repetir los mismos errores. No celebramos la muerte del dictador Franco, ni hicimos la transición. Tampoco luchamos por la llegada de la democracia, ni aprobamos la Constitución de 1978, y por ello queremos profundizar nuestro sistema democrático con los valores republicanos y poder decidir sobre la norma suprema que nos regirá durante los próximos años. No soñamos con el Mayo francés del 68 en pantalones de campana, ni entonamos con José Afonso el “Grândola vila morena” en la Revolución de los Claveles. Tampoco lloramos la muerte de Salvador Allende, ni lamentamos el derrocamiento del gobierno de la de Unidad Popular. No clamamos en las calles contra la imperialista Guerra de Vietnam ni participamos en el florido movimiento hippie. Y tampoco descubrimos la televisión ni experimentamos la llegada del hombre a la Luna. Simplemente porque aún no habíamos nacido.

Nosotros, algunos con chupete todavía, vimos caer el Muro de Berlín y el triste triunfo del capitalismo. También vivimos la injusta Guerra del Golfo, en la que participó el gobierno español. Bailamos y cantamos en la “movida madrileña” con Alaska y Mecano y tuvimos por vez primera un presidente socialista con chaqueta de pana después de la muerte del dictador. También presenciamos la entrada de España en la Unión Europea y protestamos contra su inclusión en la OTAN, al servicio de los intereses yanquis. Sufrimos los negros gobiernos de la derecha, presididos por Aznar, y salimos a la calle para gritar contra la catástrofe medioambiental del Prestige y contra la ilegal Guerra de Iraq, respaldada por el gobierno español. Condenamos el terrorismo de ETA y los atentados islamistas del 11-S en New York y del 11-M en Madrid Y también experimentamos el auge de los nuevos movimientos sociales, como el ecologista, el homosexual o el alterglobalización, y el desarrollo de las nuevas tecnologías, como internet.

Hoy sufrimos las consecuencias de este sistema injusto e insostenible, que no elegimos: precariedad laboral y paro, difícil acceso a una vivienda digna, degradación de la naturaleza y el medio ambiente, terrorismo, violencia machista, discriminación y exclusión social, deficiencias democráticas… Pero, también observamos experiencias transformadoras y esperanzadoras como los avances revolucionarios en América Latina.

Cierto es que nos perdimos muchos acontecimientos históricos, algunos de ellos cruciales, pero ahora los “jóvenes Y” queremos recoger el legado idealista, soñador, inconformista, rebelde y combativo de nuestros padres y abuelos para afrontar los nuevos retos y luchar por un futuro mejor. Ahora es nuestro turno. Nosotros y nosotras todavía pensamos que hay razones para soñar, todavía creemos que otro mundo es posible y necesario.

Alberto Hidalgo Hermoso

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