Xenofobia en la izquierda reformista europea

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En el año 2015, los gobiernos europeos tuvieron que hacer frente a un movimiento migratorio masivo de refugiad@s que huían de las guerras imperialistas en Oriente Medio y el Norte de África. La gestión de esta crisis por parte de los líderes de la derecha y el centro-izquierda (Merkel, Hollande), sus socios de la extrema derecha (Viktor Orban, primer ministro húngaro, o el turco Erdogan) y la domesticada izquierda reformista (Tsipras y su gobierno en Grecia), que implicó una escalada de la represión en las fronteras contra los migrantes y campos de refugiados en condiciones infrahumanas, pareció insuficiente, sin embargo, a la ultraderecha y ciertos sectores conservadores xenófobos y racistas… y también, aunque resulte paradójico, a un sector de la izquierda alemana. Sahra Wagenknecht y Oskar Lafontaine, militantes y dirigentes de la coalición de izquierda reformista Die Linke, encabezaron entonces críticas a Merkel por “haber abierto las fronteras de par en par”.

Wagenknecht, que lidera el grupo parlamentario de Die Linke en el Bundestag, sostiene que las políticas migratorias de “puertas abiertas” forman parte de un programa político neoliberal según el cual l@s trabajador@s nativ@s alemanes ven perjudicadas sus condiciones laborales y salariales por la competición de la mano de obra extranjera, que es más barata. Este argumento, que no hace más que alimentar la competitividad y la fragmentación a la que se ve expuesta la clase trabajadora mundial, invisibiliza la verdadera raíz de la desigualdad social: que los capitalistas y la patronal utilizan esa falsa división en nacionalidades para pagar distintos salarios, dividir a los trabajadores en la cadena de producción y enfrentarnos unos a otros.

El discurso abiertamente xenófobo de Wagenknecht y Lafontaine no se sostiene más que en el viejo argumento reformista de que la inmigración masiva es la causa de salarios más bajos y peores condiciones de trabajo, en lugar de cuestionar la naturaleza de la explotación capitalista. Además, experiencias como las que llevan nuestros camaradas franceses de Anticapitalisme et Révolution – NPA en las luchas de sus centros de trabajo, donde trabajadores nativos y migrantes pelean codo con codo contra la patronal por sus derechos, demuestran que solo una clase trabajadora unida y organizada puede conquistar mejores salarios y condiciones de trabajo para todo su conjunto, y en última instancia luchar por una sociedad realmente justa.

Este es también el caso de las jornaleras marroquíes de Huelva, cuya denuncia de las pésimas condiciones laborales, el racismo y el sexismo que sufren por parte de la patronal en los campos ha servido para poner de manifiesto una situación que afecta también a las trabajadoras autóctonas e iniciar una lucha por derechos para todo el conjunto de jornaleras, ya sean nativas o extranjeras.

Wagenknecht ha recibido, no obstante, numerosas críticas desde el seno de su propia organización, pero pretende de esta manera disputar votos de la clase trabajadora al partido neonazi Alternativa por Alemania, y ahora amenaza con escindirse y montar su propio partido. Su proyecto ya ha recibido el apoyo explícito del líder reformista francés Mélenchon, quien en ocasiones ha propuesto medidas similares para la República Francesa. De hecho, el discurso de Wagenknecht tiene cada vez más eco entre la izquierda reformista europea y empiezan a oírse voces similares en Italia, Grecia y Francia.

Que las organizaciones reformistas europeas, tras los últimos 5 años, comiencen a plegarse ante programas nacionalistas, chovinistas e incluso abiertamente xenófobos es el resultado natural de las últimas derrotas sufridas por el movimiento obrero, con las burocracias sindicales totalmente impasibles ante los ataques de los capitalistas, y del fracaso de proyectos reformistas como el de Syriza en Grecia. Que un discurso ultraconservador se propague entre la izquierda no es una muestra de fortalecimiento y acercamiento a las masas, sino una muestra del debilitamiento de la izquierda y el movimiento obrero.

Los revolucionarios lo tenemos claro: no hay algo que los capitalistas teman más que un movimiento obrero organizado y unido. Nuestra tarea es desmontar los bulos y las calumnias de los fascistas y la derecha, y extirpar de raíz la xenofobia y el racismo de nuestras organizaciones y movimientos. Nuestra tarea en los centros de trabajo y las calles es forjar esa unidad de la clase trabajadora, nativa o extranjera, para defender sus derechos frente a la amenaza de la barbarie fascista, la patronal, las guerras imperialistas y las capitulaciones de la nueva izquierda socialchovinista.

Artículo de Alberto Lozano, militante de Izquierda Anticapitalista Revolucionaria IZAR

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