Wert-los//Sin valor

La educación pública tal y como la conocemos está en peligro. Se derrumba como uno de los pilares fundamentales sobre los que se apoyaba el actual régimen político. Si bien hay otros pilares (como la sanidad pública y universal) que también están siendo desmantelados, pienso que analizar los efectos que está teniendo el desmantelamiento de la educación pública puede dar una imagen distinta de lo que es la crisis en el Estado español de forma global por todas las contradicciones que atraviesan a la escuela y a la universidad.

Habría que partir de dos datos para empezar analizar este tema. España tiene un 39% de licenciados entre las generaciones jóvenes, esto es, entre los 25 y los 34 años. Es de hecho un porcentaje por encima de la media de la OCDE y de la UE mayor tasa de la OCDE. El dato es sorprendente si se compara con Estados como el alemán, el cual tiene unas cuotas de entre 20-22% de licenciados entre sus generaciones jóvenes.

A primera vista parece bastante paradójico el contraste entre estos datos. Se puede explicar: Alemania importa trabajadores cualificados (licenciados) de otros países (como España). El sistema educativo alemán es fuertemente segregador. En la mayoría de los Länder se separan a los niños en itinerarios especializados sobre los 12 años. Son tres itinerarios con sus escuelas correspondientes, la Hauptschule (escuela que prepara a los alumnos para los grados medios de formación profesional), la Realschule (escuela que prepara para la formación de grados superiores), el Gymnasium (el instituto, que prepara para ir a la universidad). En Baviera, el Bundesland económicamente más potente este sistema es aún más segregador, siendo la separación entre estos tres itinerarios entre los 9 y 10 años.

Que el sistema es fuertemente segregador se demuestra irrefutablemente en dos hechos, uno cuantitativo y otro cualitativo. El cuantitativo es de carácter estadístico, concretamente, que un 83% de chicos de padres con estudios académicos llega a la universudad; o visto desde la otra perspectiva: sólo un 23% de chavales que no son hijos de padres con estudios académicos estudian una carrera. La razón de carácter cualitativo se remite a las prácticas sociales de estos grupos. Así los chavales que no van a la universidad utilizan más marcadamente las variantes dialectales de su región (muy denigradas en Alemania), a diferencia de los licenciados, que hablan un lenguaje mucho más academicista. El propio uso del lenguaje, la capacidad de poder manejar wissenschaftliches Deutsch (alemán acádemico) es una forma de sesgo social que se percibe muy bien en Alemania. El elitismo campa a sus anchas y el número de  relaciones sociales que se establecen entre personas que estudian una carrera y las que no lo hacen es bastante exiguo.

Sin embargo tal situación no es percibida en realidad como un tema central en Alemania. Como ya se explicó más arriba, el déficit de licenciados que puede tener un sistema educativo así en un país económicamente potente y con fuerte tejido industrial se suple a través de la importación de licenciados. Igualmente, los trabajadores en grados medios y superiores tampoco viven está situación de manera dramática entre otras cosas porque el fuerte tejido industrial puede absorber esta capa de trabajadores.  

Ahora comparemos el Estado alemán con el español. La cuota de licenciados española casi dobla a la alemana. Sorprende esto aún más porque está cuota ha crecido de manera vertiginosa en las últimas décadas (la media de estudios superiores de personas que comprenden edades de entre 55 a 64 años es de un 16%). Y esto con un tejido industrial y una potencia económica mucho menor que Alemania. Es decir, España se convierte en condiciones de crisis en un exportador de licenciados. ¿Cómo se explica el enorme crecimiento de licenciados? Existen tres causas muy importantes.

Causa 1) El débil tejido industrial en el Estado español causa que estudiar formación profesional sea poco efectivo, dado que la mayoría no serán absorbidos por el tejido productivo. Esto genera que la mayoría de los jóvenes apuesten o por la dirección de ser licenciados, o por el contrario, por tener una escasa formación.

No hay que olvidar que la reproducción de los lugares económicos precede y es predominante sobre la de los agentes económicos. O dicho de otra manera que el tipo de tejido industrial en el Estado español tiene fuertes efectos sobre los agentes de la producción, sobre las decisiones de futuro que toman los chicos en sus estudios.

Causa 2) La propia modernización del Estado español y su relativo progreso a partir de la década de los sesenta y setenta sumado al crecimiento del terciario genera que antes de la explosión de la actual crisis estructural pueda ser hasta cierto punto absorbido el nivel de licenciados. Apostar por este camino no era por tanto un fracaso anunciado.

Causa 3) Esta causa es de carácter histórico pero también bastante importante. El hecho de que en España existiera un régimen de excepción, una dictadura clerical-militar, durante  el 39´ hasta la transición, tiene como uno de sus efectos inmediatos que la censura de todo tipo de ideología que se alejara de los ideales del régimen pudiera ser rápidamente reprimida. Evidentemente esto afectó en gran medida a una buena parte de las capas populares (proletariado, pequeña-burguesía con polarización de clase hacia el proletariado). Es muy posible que esto generará una amplia aspiración tanto a aprovechar el momento de industrialización para “que nuestros hijos salieran de pobres” como también para poder empaparse de formas de culturas que no estuvieran enclaustradas en la ideología del régimen.

De todas formas, para darle una verdadera base a esta última causa me gustaría definir brevemente ciertas luchas de clases que ha habido en el Estado español.

En primer lugar hay que ver el papel general que jugó la situación de los intelectuales durante la guerra civil. Como en muchos países semiperiféricos, la situación de la pequeña-burguesía en España fue muy débil y dependiente hacia la burguesía. Pero para que se pueda entender esto, y no haya malentendidos es necesario entender el concepto de pequeña-burguesía de nuevo cuño. La pequeña-burguesía de nuevo cuño es por lo general aquella que de una u otra manera encarna al Capital frente al proletariado aunque pueda a la vez sufrir explotación por medio del plustrabajo como de la plusvalía. ¿Qué quiere decir encarnar al Capital? Realizar un trabajo que de alguna manera represente y ejerza las funciones del Capital frente al resto de trabajadores productivos. Aquellos ingenieros que planifican el trabajo personifican al Capital en las relaciones de producción, burócratas de la ideología difunden la ideología burguesa y la personifican, aquellos vendedores que realizan la plusvalía debido a sus artes del savoir-faire en la venta encarnan al Capital que persigue realizar su plusvalía. Todos son intelectuales orgánicos del Capital.

Así pues, la pequeña-burguesía se dividió entre dos aguas en España durante la guerra, pero esta división se hizo más profunda durante la dictadura con respecto a la pequeña-burguesía intelectual, en tanto que al ser la iglesia y el ejército dos de los aparatos ideológicos dominantes, dejó a una enorme parte de la pequeña burguesía que hubiera ejercido como burócratas de la ideología (como “intelectuales”) absolutamente expulsados de los aparatos ideológicos. Esta es una de las razones por las cuales la escuela pública ha pasado en los últimos 30 años en convertirse en un aparato con tendencia de izquierda. Igual pasó con muchas de las facultades más afines a los aparatos ideológicos. Dicho de otra manera: 40 años de franquismo han polarizado a una parte de la pequeña-burguesía de los aparatos ideológicos (o formada para estar en estos aparatos) hacia el proletariado. Igualmente, con respecto a la pequeña-burguesía productiva, históricamente tiende a bascular hacia el proletariado, cuando se bloquea o se desmantela un proceso de potenciación del tejido productivo, entre otras cosas porque la subordina aún más a la dependencia y competitividad económica.

Pero la actual crisis pone de relieve un nuevo aspecto. Una muy buena parte de los jóvenes, de los licenciados, que habían estudiado para reproducir su posición de pequeño-burgueses de nuevo cuño en los aparatos de Estado son incapaces de ser absorbidos por los aparatos ideológicos. Se suman dos factores más. En primer lugar, a esta parte de la pequeña-burguesía se suma la parte de la pequeña-burguesía que iba a ocupar un puesto en los aparatos económicos (los ingenieros y científicos) pero que tampoco son absorbidos. Se suma que aquellos que son absorbidos, sienten en mayor medida las contradicciones entre Capital y Trabajo, porque en muchos casos los ingenieros, los científicos, los periodistas, es decir, “los intelectuales” realizan trabajos que producen plusvalía.

El desmantelamiento del fordismo durante finales de los 70´ en Europa, fue un intento del Capital por evitar las fuertes luchas obreras, de las dos décadas precedentes que además habían ido arrastrando a una parte de la pequeña-burguesía a su lado. El régimen de producción postfordista tiene dos características básicas:

a)      Por una parte vuelve productivo una parte de los trabajos que antes no lo eran. Una pequeña-burguesía pasa a ocupar un papel central en el proceso de trabajo, viviendo éste en condiciones complejas.

b)      Este proceso de intensificación y amplificación del trabajo intelectual persigue hacer que el trabajo obrero sea lo menos especializado posible, esto es, externalizarlo, precarizarlo, atomizarlo.

Y estas dos características tienen además dos efectos básicos:

a)      El desmantelamiento de la fábrica y con ello, la creación de un nuevo proletariado que vive a medio camino entre el barrio y el Call Center, el Telepizza, la cocina del VIPS, el Mercadona, la construcción, etc.

b)       Pero también,  la creación de un ejército de reserva de la pequeña-burguesía de nuevo cuño. Por tanto, un ejército que va también a empezar a sufrir en sus carnes las condiciones de precarización y a combinar en muchos casos los trabajos típicos del proletariado precario, con trabajos más cercanos a sus condiciones de formación iniciales (profesor de clases particulares, administrativo con contrato de obra, becario, etc.) . Por una parte esta pequeña-burguesía de nuevo cuño encarna al Capital, pero por otro lado sus condiciones de vida se acercan cada vez más a los del proletariado, ya que se va creando un ejército de reserva de la pequeña-burguesía, se absorbe plusvalía de su trabajo, parte de los aparatos ideológicos comienzan a jugar un papel más predominante como aparatos económicos (véase así las revistas, los periódicos, las series, el cine, la literatura, el turismo, etc. Su principal función en muchos casos es producir plusvalía).

Al proletario precario que acabamos de definir en el punto a), lo llamaremos subproletariado, y esto, porque combina estos trabajos inestables con otros trabajos que pueden ser desde chapuzas, hasta venta ambulante. Es como una reminiscencia moderna del trabajador inmigrante colonial, que pasaba una parte de la temporada trabajando como obrero en la ciudad y otra en su región natal con la cosecha.

A esa subpequeña-burguesía de nuevo cuño que hemos definido en b) la denominaremos semiproletariado intelectual. Es un agente social que ha sido calificado por el aparato escolar y universitario para realizar sus tareas de encarnación del Capital, pero en realidad se encuentra combinando trabajos, algunas veces produciendo plusvalía, otros funcionando trabajador autónomo o independiente. En todo caso, rara vez llega a encarnar al Capital, sin embargo ha sido formado para ello. Por supuesto, y como antes se ha marcado, la polarización de clase del semiproletariado intelectual es muy compleja. Cuanto mayor sea su tendencia a la producción de plusvalía (en contraste a la realización de ésta por medio de la venta), cuanto mayor sea su formación como burócrata intelectual inhabilitado para trabajar para un aparato de Estado y cuanto menor cumpla en su trabajo la encarnación del Capital, mayor será su polarización de clase hacia el proletariado.

Ni que decir tiene que una buena parte de los jóvenes activistas provienen de este semiproletariado intelectual/subpequeña-burguesía de nuevo cuño. Y que el 15-M está en gran parte atravesado por sus rasgos.

Volvamos a la ley Wert una vez hemos hecho este enorme rodeo. El análisis político de esta ley se puede mirar desde dos sesgos distintos. El primero es el que podemos entrever de una lectura por encima de esta nueva ley. La derecha del Estado español, que tiene un fuerte carácter rentista y una alianza histórica con los capitales extranjeros, sobre todo el norteamericano está apostando por un modelo económico donde la subproletarización de la masa de trabajadores sea extrema. Por otra parte la masa de las capas populares, independientemente de si es pequeña-burguesía o proletariado se opone contra una ley, que si bien en nada cambia el panorama estatal (pues ya hemos dicho que es el tejido productivo el que domina sobre la reproducción de los agentes) lo percibe como una absoluta intromisión en su autovalorización, en su reproducción como fuerza de trabajo. Es bastante sorprendente este choque, pues la escuela y la universidad son aparatos de ideológicos de Estado que cumplen como función predominante la reproducción ampliada de la división social del trabajo entre pequeña-burguesía y proletariado.

La escuela y la universidad han sido siempre aparatos ideológicos (y también políticos) de Estado que han perseguido la reproducción ampliada de de las relaciones de producción existentes. El actual modelo de escuela sigue unos métodos de disciplinarización que prepara a los agentes de producción para su inserción en las relaciones de producción. Y esto queda bastante claro con un análisis superficial de  la escuela: ¿para qué deben aprender niños de seis años a permanecer durante horas sentados?, ¿por qué se fomenta un sistema competitivo y no de cooperación?, ¿por qué siempre opera como una forma de legitimación social del éxito o fracaso de los individuos, llegando a fundamentar relaciones de explotación por haber sido mejor o peor estudiante? Las causas se dirigen finalmente a la reproducción de las clases sociales. A tener trabajadores obedientes, disciplinados y que compitan entre ellos. Igualmente a neutralizar cualquier ideología que apele a las condiciones de vida comunes y colectivas y que tiende a atomizar a los individuos, a apelarlos como individualmente y no colectivamente.

¿Es acaso esta lucha absurda?

En absoluto. Esta lucha está desde luego marcada por ciertas idealizaciones de lo que es la escuela pública (lugar de promoción, de formación para la vida, de socialización, de igualdad de oportunidades). Se acude de hecho a la propia ideología que ha sustentado a la escuela y a la universidad pública como aparatos ideológicos. Pero esta ambigüedad de argumentos no es efecto de una confusión. Al contrario, existe una clarísima percepción de que la escuela no es sólo un aparato ideológico, sino también una conquista social de las capas populares, en las cuales sus hijos pueden no sólo ascender socialmente (aspecto que aunque queda meramente en el nivel individual, no deja de implicar la aspiración de abandonar las condiciones de explotación en las que viven), sino acceder a conocimientos útiles para crear riqueza y gestionarla, igualmente para tener la posibilidad de conocer en cierta medida el funcionamiento y las operaciones de la ideología, de poder usarla, de poder generar discurso. Pero igualmente está sobre la mesa eso que es tan incómodo. Ese ejército de reserva de la pequeña-burguesía de nuevo cuño. Una parte del semiproletariado intelectual muestra una fuerte polarización hacia el proletariado y en muchos casos está apareciendo políticamente muy activo.

  De hecho, las causas de esta lucha por la escuela pública son las tres que aparecían más arriba para hablar de por qué había crecido tanto el número de licenciados en las últimas décadas en el Estados español: aspirar a que exista un tejido productivo fuerte. Es decir, no conformarse con ser un país semiperiférico. Y no dejar que la cultura pertenezca y sea gestionada por los mismos de siempre. Si bien es a condición de cierta idealización de la escuela, en la defensa de la escuela pública, independientemente de su carácter de aparato ideológico, se reconocen prácticas populares que las colocan en fuerte contradicción con el bloque en el poder: la apropiación del conocimiento de la producción y gestión de la riqueza y de la cultura, es decir, una lucha subterránea por la hegemonía de donde emegen de nuevo las prácticas antagónicas de clases.

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