Publicado en: 7 diciembre, 2018

Vox: buscando a los culpables de ese peligro

Por Domingo Sanz

Millones de personas votan a partidos diferentes en municipales, autonómicas, generales o europeas, porque saben lo que se tiene que votar en cada convocatoria, y no lo hacen a una urna pensando lo que pasará en la otra.

Por Domingo Sanz

Parafraseando una de las exageraciones habituales del gran Matías Vallés, diré que millones de personas que saben cómo pienso, y piensan como yo en muchas ocasiones, me asaltan desde todas las redes para decirme que los catalanes republicanos y también independentistas son los culpables del peligro naciente llamado Vox.

Espontáneamente decido contestar con dos páginas del manual que, en tiempos racionales, nadie habría dejado de leer antes de hablar.

La primera dice que, al igual que siempre se ha dicho que cada terrorista es el único responsable del gatillo que apretó en su día, cada andaluz es el único responsable del voto que libremente ha decidido meter en la urna. Para que no se me acuse sin fundamento de hacer comparaciones asquerosamente demagógicas, añadiré también que cada votante de los de Hitler era un alemán responsable de sí mismo y del futuro de su país.

La otra página elegida del manual indica que hay que investigar mucho más y durante más tiempo antes de atreverse a afirmar que los electores de una Comunidad Autónoma hayan votado a los políticos que van a dirigir esa misma C.A. pensando en lo que pasa en otra C.A., existiendo, además, un gobierno superior que es el que debe poner orden en todas y al que se le podrá votar en su momento. Y, para mayor abundamiento, sin que haya pruebas de que los dirigentes de Catalunya estén preparando la invasión militar de Andalucía con un ejército del que no dispone. Ni tan siquiera fueron una minoría de catalanes exaltados los que un día gritaron “¡¡A por ellos!!” para encandilar a las fuerzas represivas del Estado que ambas sostienen.

Imprescindible en este punto lo de hacer un paréntesis para felicitarnos, como herederos que somos de la inmensa mayoría de españoles que, a diferencia de aquellos alemanes, nunca apostaron por apoyar en las urnas a los aliados en política del mayor asesino de nuestra historia, “militar, por supuesto”, por lo que se dedicó a matar y matar para después enriquecerse y conseguir el resto de sus objetivos. Y no solo eso, sino que debemos estar orgullosos de aquellos abuelos nuestros que dieron sus vidas para detener el avance del golpista del 18 de julio y sus manadas durante más tiempo que muchos otros pueblos de entre los que también han sufrido similares traiciones, perpetradas por altos mandos decisivos de sus fuerzas armadas.

Pero no debemos conformarnos con lo fácil, por muy definitivos que sean los argumentos que nos aporta el sentido común, pues no sería la primera vez que una sociedad comienza a perderlo, y pasan decenios hasta que lo encuentra de nuevo.

Armado con la lógica que certifica que ante el problema catalán no tienen porqué reaccionar de manera radicalmente distinta los electores andaluces de cualquiera de las urnas de sus ocho provincias, descubro, con los desgloses municipales en la pantalla, que existen diferencias geográficas abismales en el crecimiento de Vox entre 2015 y 2018. Entonces, rabioso por la avalancha de firmas relevantes que no se hacen eco de tal cosa, pregunto: ¿Acaso no han publicado los medios de comunicación que los avances de los más ultraderechistas se han sustanciado en las circunscripciones que más peso del problema de la inmigración están soportando? ¿A qué viene ignorar tanta evidencia?

De mis comunicantes a través de las redes, que espero se piensen su sentencia condenatoria contra los catalanes por promocionar el fascismo, a la vista del detalle de los resultados electorales, se han sumado desconocidos ocasionales, como el doctor malagueño Jiménez Muñoz y su exitosa diatriba, culpabilizando en este caso a Pablo Iglesias del avance de los “fascistas” en Andalucía, y que no es sino una gran proclama en contra de la libertad de expresión de los que no dicen lo que le gusta escuchar al también escritor andaluz.

Y, asimismo, participan de esta fiesta columnistas de categoría, como Joaquín Rábago, capaz de decirnos hoy, 5 de diciembre, que “Hace ya meses escribí en otra columna a propósito del desafío catalán que si algo no perdonaríamos nunca los demócratas a los independentistas era el hecho de que estuviesen alentando a la extrema derecha en todo el país…”, aplicándose a sí mismo el título de futurista acreditado al afirmar que “eso mismo es lo que ha ocurrido el pasado día 2”.

Mucho más prudente, aunque en la misma línea de pensamiento, a alguien que mide casi al milímetro lo que escribe como el prestigioso Ignacio Sánchez-Cuenca, acabo de leerle que “Si pensamos en factores como la crisis económica o la inmigración, han estado presentes mucho antes de las elecciones andaluzas; no sirven, por tanto, para explicar por qué Vox ha obtenido un apoyo importante justamente ahora”. A Ignacio le diré que sí, que es evidente que el problema de la inmigración lleva presente mucho tiempo, pero que solo en estas elecciones andaluzas ha aparecido un partido que gritara con tanta osadía sobre el asunto, y en el mismo idioma que utilizan los que lo verbalizan en la confianza de los suyos para desahogarse de sus males, es decir, con las tripas. Y que, además, ha contado el tal Abascal con la publicidad gratuita que le han regalado sus competidores durante la misma campaña electoral, lo que explica que solo se aproximara a los resultados la encuesta publicada por ABC en la noche del mismo día electoral, realizada con datos recogidos durante la última semana, cuando las estimaciones ya no se podían publicar.

Ahora vemos a Susana con el ventilador puesto para dirigir contra el equipo de Sánchez parte de las responsabilidades de su fracaso. Hemos escuchado sus palabras en la radio, afirmando que quizás se equivocó al no hablar de Catalunya en la campaña, tal como sí hicieron los de la derecha, y que por eso han mejorado ellos, sentenció. Solo le ha faltado acusar a Pedro de que fue quien se lo pidió. En primer lugar, nadie obligó a la presidenta en funciones a anticipar las autonómicas, pues ahí tiene a su líder gobernando con 84 de 350 en el Congreso. Y, en segundo lugar, Susana sabe perfectamente que, tal como ella misma está pidiendo a los constitucionalistas, la única posibilidad de que Vox pinte poco en Andalucía, aunque el mal ya esté hecho, es que el PP no entre en el gobierno, y eso pasa porque usted dimita ahora mismo y su PSOE de allí ofrezca la presidencia al de Ciudadanos y, además, le entregue al tándem de Adelante Andalucía lo que le pidan para conseguir que dos de sus diputados se abstengan el día de la investidura. La cosa no hace gracia, pero no debe jugar otra vez con fuego en unas urnas que están ardiendo, porque entonces la alianza del tripartito de derechas está garantizada, y deja usted sin trabajo a miles de sus afiliados.

Y el gobierno de Sánchez cambiando de plan a las 48 horas de abrirse las urnas andaluzas para presentar los presupuestos con el ánimo de presionar a los independentistas para que se sumen contra el peligro Vox. Entonces me pregunto:  ¿acaso no habíamos quedado en que esos catalanes eran también unos supremacistas que sacarían a Catalunya de Europa, o que se saltan cada día la Constitución española? ¿Deberían sentir los Torra y compañía alguna clase de miedo por el aterrizaje en los parlamentos españoles de este Vox aliado de Le Pen y que, además, quiere acabar con el Estado de las Autonomías? Según el trío del 155, no, nunca, en ningún caso. ¿O ahora piensan lo contrario? Porque los independentistas sí que no han cambiado.

Me temo que esa terna de constitucionalistas, de tanta mentira consciente e interesada como sueltan, están consiguiendo que la política en este país no pare de pudrirse.

Y también me temo, con tristeza, que no solo la Justicia española lleva procediendo de manera perseverante y perversa contra los independentistas catalanes, con el agravante, además, de que conoce las señales en su contra que recibe de sus colegas de Europa. También la sociedad más española ha elegido a los catalanes rebeldes como responsables totales y eternos de sus males.

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