Viv Albertine, cronista / protagonista del movimiento punk

Por Iñaki Urdanibia

Un retrato de una época, realizado por una mujer, que se lee como una novela de aprendizaje.

Por Iñaki Urdanibia

Hay movidas juveniles que se oponen al estado de cosas de las normas sociales, adoptando ciertas poses comportamentales, vestimentarias, musicales, etc. No es cosa de recordar a los provos holandeses o a los blousons noirs franceses, o de recordar casos más recientes como los hippis y otras yerbas contra-culturales que han mostrado su descaro y desparpajo en la senda de un cierto dadá o de las corrientes surrealistas, que enfrentándose a los cánones establecidos han innovado , al abrir nuevas vías al arte y , en cierto sentido, a diferentes modos de vida En este terreno el punk ha ocupado un lugar destacado, en especial en los años setenta y ochenta…También es verdad que como sucede en este campo, como en todas las corrientes vanguardistas y renovadoras, las cosas acaban por ser asimiladas pasando a convertirse en puro asunto de marketing, y, al fin y a la postre, cuestión de money. Crestas, pelos de colores, cuero, muñequeras, cadenas y toda la vaina han llegado a invadir hasta las pasarelas de la moda…haciendo que el mordiente provocador y crítico que esta, como las otras , movida contenían acaben siendo mera moda, simples aspectos formales de la estética, la más de las veces, guay.

Con una prosa descarada, espontánea , sincera e insolente la que fuese cantante del grupo punk – al que se sumaban el pop, el dub y el rock- femenino más radical, The Slits, y posterior cantante en solitario, narra en su « Rosa música chicos» ( Anagrama, 2017) su trayectoria existencial desde sus inicios en Londres, sus padres se habían trasladado de Sydney- que es donde ella había nacido en 1954- cuando ella contaba con la edad de cuatro años. Ya entrando en la adolescencia su madre , preocupada, le repetía las palabras que dan título al libro que se lee como una grata novela , novela que es presentada como un vinilo con sus dos caras: la primera con 59 cortes y la segunda con 36, cuya escritura hace que se comporten como coloridos flashes… en esta verdadera bildungsroman.

Puede decirse sin exagerar que el libro es tres en uno y que no se asocie esto con el lema-canción de Ian Dury ( sexo, drogas y rock and roll) – que también- sino especialmente en que en el libro a la vez que avanza la vida de la muchacha, se despliega la historia del punk, y todas las músicas que acompañaron el nacimiento de los gustos, y los modelos, de Viv Albertine, que le empujaron –según nos cuenta- desde sus primeros pasos a alcanzar una vida interesante que nada, o casi, tuviese que ver con la norma. La senda le fue marcada por la pobreza que se respiraba en un hogar en el que su madre hubo de salir adelante y sacar adelante a sus hijas, con un padre siempre ausente debido a su grave enfermedad, Asperger. La rabia de la madre que no pudo cumplir sus sueños ya que hubo de dedicarse a su papel de madre, estado de malestar colérico que heredó la hija que con rapidez se convenció que su vida no podría ser, de ninguna de las maneras, un permanente muermo; más: su vida no debía ser ni por un momento un muermo dominado por el tedio.

El proceso educativo hizo que estableciese, entre sus codiscípulos, amistades y que la frecuentación de pubs y otros antros comenzase a ser habitual. Compañeros de estudios – ella poco estudiaba- y de juerga- terreno al que entregaba más ganas y tiempo- eran cambiantes y en algunas ocasiones objeto de admiración, hasta la misma veneración: así unas de las primeras músicas que le sedujeron fue la de The Kinks, ya que estos iban- o habían ido.- al mismo centro de enseñanza que ella. La historia avanza con fuerza y variedad por los márgenes ( ocupaciones, viajes clandestinos a diferentes lugares, ambientes cargados de droga, presa de abusos sexuales, insultos debido a su modo de vestir y de comportarse, etc. ) y los gustos musicales se van abriendo a diversos horizontes, glam-rock ( David Bowie), punk ( ciertas relaciones con quien luego sería miembro de The Clash: Mick Jones) y la banda musical se va ampliando en la medida que los discos y los conciertos presentan nuevas tendencias: así Patti Smith, la Velvet, Malcom MacLaren…Y el trato con los demás, muy en especial con los miembros del otro sexo, le fueron empujando a posicionarse con creciente fuerza en la defensa de lo femenino, como mitad del cielo marginado y presa del abuso y el desprecio, o cuando menos como adorno o llamadas a ocupar el papel de segundonas. En ese camino el asistir a los conciertos de Sex Pistols, le animaron en la medida en que vio las coincidencias que les unía a ellos ( la rabia, los orígenes obreros, mismos barrios, centros de enseñanza, no dominio mayor instrumental…) , jugando un papel también esencial el desprecio de los glamouroso, y el elogio de lo feo, de lo descuidado, etc.

Asistimos con ella a conciertos en garitos irrespirables en los que la fauna era francamente singular y peculiar hasta los topes, el ambiente invade las páginas y nos penetra como atentos lectores y llegamos a ver que las muestras de rebeldía de los grupos femeninos eran mucho más radicales que los compuestos por chicos, y no pretendían para nada seguir los modelos representados por ellos, en una búsqueda de la diferencia de la idiosincrasia propia, buscando modos de expresión musicales y lingüísticos particulares. El ejemplo de su banda vale para confirmar lo que dice, y su singularidad residía en que era como si naciesen de la nada, de una virginidad en el campo de las modas y los modelos consagrados, y vemos como su camino hacia el punk estaba marcado porque éste se presentaba, en aquellos momentos, como el único no trillado y abierto a expresar sentimientos de resistencia y rebeldía con respecto a la estupidez dominante. Más tarde – y es lo que se presenta en la cara B del libro- vendría la maternidad con sus responsabilidades y el empeño, ciertamente dificultoso de comportarse como tal con su hija, para evitar que la vida de la pequeña quedase marcada y que pasase a ser considerada por los demás como un bicho raro o como un destinado al desorden y al caos. También la enfermedad, y…siempre, y por encima de todo, el mantenimiento de su vida privada alejada de las tablas del espectáculo. Tiempos que los que la mujer hubo de reinventarse y tomar conciencia de su condición de ser adulto, y de que…la vida iba en serio…

Como queda dicho , el retrato de una vida, de una época es sabroso, en sus gustos musicales, en sus costumbres en el vestir y en el vivir; la sinceridad de la autora es deslumbrante y la mirada rebelde y femenina luce en todo su esplendor en este libro que es una reivindicación de la independencia. No es de menor importancia la selección de músicas que atraviesan el libro que son una verdadera colección de unos tiempos y unos gustos, muchos de los cuales perduran ( Small Faces, los Stones, los Kinks, Bob Dylan, Franz Zappa, Cream. Jonhy Thunders, Lous Reed, Ramosnes, Iggy Pop, Stooges, New York Dolls, Television, Bob Marley, y…muchísimos más), ni tampoco carecen de interés para hacer todavía más grata la lectura las numerosas fotos, casi cien, que pueblan las trepidantes quinientas páginas .

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