Virgilio Zapatero, retrato de intelectual felipista en su caída

Este Zapatero, antiguo rector de la Universidad de Alcalá, antiguo ministro de Felipe González, alto cargo en diversas ocasiones, pasará a la historia sobre todo por su actuación  como consejero en la entidad financiera Bankia, del que posiblemente sea el mayor caso de corrupción jamás conocido en estos andurriales, lo cual no es poco decir considerando el historial hispano en este aspecto. A pesar de tratarse de un cargo derivado de la “cuota política”, o sea sin funciones claras, Don Virgilio ha cobrado  por distintos conceptos una cifra cercana al millón de euros, primero como vicepresidente de  Caja Madrid, y después como consejero de Bankia, donde asistía a algunas reuniones. Es evidente que no cobraba por su aportación sino por su significación política. Por su papel de cobertura.  .

Nacido en un pueblo de Palencia en 1946, Virgilio Zapatero sería, allá por la segunda mitad de los años setenta, uno de los intelectuales socialistas más reconocidos. Su nombre figura en los primeros libros publicados legalmente sobre el PSOE, un partido que antes de la muerte de Franco venía a representar una suma de factores.

El primero quizás fuese su historial, que comenzó a ser recuperado desde la segunda mitad de los años sesenta a través de sucesivas ediciones de su historia y líderes, sobre todo de los más moderados como lo fueron Julián Besteiro o Fernando de los Ríos, cuyo testimonio sobre la Rusia soviética era muy citado por la propia historiografía franquista. Su carrera universitaria está ligada a lo de dos de los barones socialistas de mayor antigüedad, Elías Díaz y Gregorio Peces-Barba. Aunque Virgilio tenía 31 años en el momento en que consiguió su primer acta como diputado en las Cortes, en su biografía no se dice media palabra sobre clandestinidades, y eso era algo que por entonces se valoraba. Otro factor era la referencia internacional, en la época escorada hacia personajes como Salvador allende o Olf Palme, lo que encajaba con el discurso felipista del momento según el cual el PSOE no era “socialdemócrata” sino socialista-marxista.  Por la misma época los socialistas portugueses habían hecho manifestaciones en las que gritaban, “!partido socialista¡, ¡partido marxista¡”.

El tercero era una pequeña base compuesta especialmente por profesores, una base social que también resultaba habitual entre los tiernistas (de tierno Galván), y los diversos grupos socialistas más o menos nacionalistas periféricos como el de los “músicos” catalanes  (Moviment Socialista de Catalunya), y que acabaron engrosando las filas del PSOE ya “renovado2, o sea desprovista de cualquier vinculo de continuidad con el “histórico”. Dicho vínculo quedó restringido al apartado honorífico, o sea a las diversas fundaciones que contribuían a una identificación en la franja de la población que se identificaban con los socialistas de antaño. Zapatero contribuyó a esta maniobra con sus estudios sobre Fernando de los Ríos, con una edición de sus escritos titulada Los problemas del Socialismo democrático (Editorial Cuadernos para el Dialogo. Madrid. 1974), un referente que poco o nada tienen que ver con lo que vendrá a significar el propio Zapatero. ¿Dónde radica la diferencia?, pues muy sencillo: mientras que Don Fernando realizó sus propias aportaciones como parte de un movimiento social vivo y reivindicativo que debatía entre la opción gradualista la vocación revolucionaria, .Don Virgilio jamás tuvo nada que ver con ningún movimiento social, y mucho menos reivindicativo.

De aquella primera fase (previa a los ministerios) data la mayor contribución de Zapatero al fondo teórico socialista-marxista hispano. Se trata de la recopilación Socialismo y Ética: Textos para un debate. (Ed. Debate. Madrid, 1980, en colaboración con la editorial Pluma, Bogotá, y ligada al sector llamado “morenista” que hasta poco antes había trabajado en el seno del PSOE; lo dejó para unificarse con la LCR que fue lo peor que le pudo pasar a esta, pero no cambiemos de historia).  El propio Zapatero explica así su proyecto: 

Abre esta selección, a guisa de INTRODUCCIÓN, mi trabajo sobre MARXISMO Y ETICA que intenta dibujar las distintas líneas de pensamiento en el tema. Le siguen —por orden cronológico— los trabajos de Plejanov y Bernstein. Estos dos trabajos inician, a su vez, las discusiones desde la perspectiva marxista aunque dibujando ya dos líneas claramente diferenciadas: la marxista ortodoxa de Plejanov, al que acompaña Mehring y Kautsky y la marxista kantianizada de Bernstein y Konrad Schmidt. El trabajo de Vorlander es el más representativo de esa orientación del neokantismo que vira hacia el socialismo por la vía de la ética kantiana: kantismo marxistizado tal vez; en cualquier caso, socialismo humanista. El artículo de Vorlander es centro de referencia-de todos los artículos aquí incluidos.

Como puente entre las anteriores corrientes respectivamente y, a su vez, de todas ellas y el futuro que iniciará Lukács, incluimos aquí los artículos de Bauer y Adler, representativos del austromarxismo hasta hoy olvidado y que ya comienza a valorarse debidamente.

He incluido el artículo de Tugan-Baranowsky, «marxista legal» junto con Berdiaev, y P. Struve por cuanto representa una dimensión del problema de gran actualidad: no sólo acepta el fundamento ético de todo socialismo; pone de relieve su dimensión utópica al pretender complementar el socialismo utópico con el cien­tífico.

Los trabajos de Lukács son importantes textos de transición que en parte avanzan tesis de «Historia y Conciencia de Clases». El capítulo dedicado a Fernando de los Ríos parece obligado en su centenario: máxime cuando fue el único socialista que no sólo conoció en toda su dimensión la polémica sino que, a través de «El sentido humanista del socialismo» la importa a España en un claro intento de fundamentar con rigor para nuestro pueblo un socialismo humanista”.

No era poca cosa, ofrecía un recuento detallado de un debate que atravesaba la segunda  y la tercera internacionales, en sus respectivas primeras épocas. Y lo hacía apoyándose en  las siguientes ideas:

“…–Que el socialismo no es producto necesario, sino posible y que hoy nada ni nadie nos garantiza el final feliz que, en su día y por virtud de una interpretación cientifista del marxis­mo, nos auguraban fatales leyes históricas. Estas, humillada la filosofía de la historia por la ciencia, no nos dan ya seguri­dades sino que se limitan —y es mucho— a indicarnos posi­bilidades. Todo lo más, probabilidades.

–Que el salto de la posibilidad del socialismo a su reali­zación exige la praxis humana, pues el socialismo no madura como la fruta. Sin praxis humana el socialismo pasará de la causalidad —como pretendía Kautsky— a la simple casualidad. Que la praxis humana realizadora de esa posibilidad exige la utopía que implica, a su vez, negar a lo dado la dig­nidad de lo real manteniendo vivo, en cada momento, la visión del objetivo final. Será esta conciencia utópica la que dicte una estrategia en la que la simple coyuntura no es más que uno de los momentos de un proceso con sentido, esto es con objetivo.

–Que esa praxis humana liberadora, sin embargo, no se produce mecánicamente: en el hombre el salto del ser al deber ser precisa una toma de posición ética ante lo dado y lo dable, el presente y el futuro, el sistema actual y el sistema a actua­lizar”

Se trataba nada menos que poner al día la ética en el pensamiento socialista, en el lugar “le es propio: el de motor de realización humana de la utopía socialista”. Era un objetivo que quedaba resumido en las siguientes palabras del “marxista legal” ruso  Tugan-Baranowsky cuando decía: «En la praxis, ciertamente, los marxistas funda­mentan sus ideas sociales éticamente, lo mismo que todos los demás mortales; pero les parece peligroso e incompatible con su doctrina revolucionaria admitir esto en la teoría.» Eliminar esta incoherencia constituye condición para la construcción teórica y práctica del socialismo; pues sin ética no hay praxis y sin praxis no hay socialismo” (páginas, 10-11).

Pero Zapatero dejó aquí el hilo para no perder el paso de las instituciones. No será hasta casi veinte años más tarde que regresará de nuevo con otro aporte. Fernando de los Ríos: biografía intelectual (Editorial Pre-Textos. Valencia, 1999), aunque ya no hay más que voluntad académica, meramente divulgativa. Entre un tiempo y el otro la ética se perdió por las alcantarillas del “realismo2. Ya anteriormente, se podía hablar de un enfoque abstracto, o sea se planteaban las grandes palabras –socialismo, ética, libertad- al margen de las actuaciones concretas, por ejemplo la “Gran Guerra” (1914-1918), la actuación de la socialdemocracia alemana como última barricada del orden y responsable de la represión que acabó con las vidas de Rosa Luxemburgo, Kart Liebknecht y Leo Jogiches, y todo lo demás.  Se dedicaban numerosas páginas a debatir sobre la importancia de la tradición kantiana, siempre en la misma línea. O sea huyendo de cualquier análisis concreto de la situación concreta. La teoría pues, no tenía nada que ver con lo que se hacía. Era ante todo, un instrumento de legitimización. El socialismo no era por lo tanto una cuestión de principios ni éticos ni nada que estropeara la buena digestión de los cargos. Era –como declararía el “compañero Bettino Craxi-  simplemente “lo que hacían los socialistas”, mayor cinismo imposible.

Sin embargo, la historia no perdona. Después de una carrera política-institucional que ha cumplido con creces aquella consigna de “! Enriquecéos¡”, todo queda tan claro como la luz del día. Al final, no sirven las palabras ni las elucubraciones teóricas. Sirve lo que haces, y lo que te dejan hacer. Ahora, Virgilio Zapatero ya no será más el socialista ilustrado sino el catedrático que acabó saliendo en la foto. En la foto de Bankia.

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