Vincent Delecroix, por una filosofía del no

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Por Iñaki Urdanibia

No es no, y la negación, de entrada, se suele interpretar como signo de rebeldía, mientras que su contrario, el sí es considerado como signo de conformismo, luego estarían las medias tintas. Pues bien, Vincent Delecroix, diplomado de la Ecole Normale Supériure, doctor agregado de filosofía y maître de conferencias en la universidad se pega un garbeo exploratorio por los pagos del no, arrastrando al lector a tal travesía. Anteriormente había alcanzado cierto éxito con algunas novelas , habiendo publicado ensayos sobre la religión y muy en especial sobre Kierkegaard filósofo en el que es especialista.

Como decía en la presente ocasión ofrece un ensayo filosófico: « Non! De l´esprit de révolte» ( Autrement, 2018) en el que no se deja guiar por la precipitación y las respuestas expeditivas y como tal rápidas, sino que se toma su tiempo y nos lo hace tomar, acudiendo a marcar las diferencias e ir desbrozando el camino en busca de un no bien temperado, al igual que Bach con su clave. Para ello se sirve de su experiencia propia, con su hija pequeña, de tres años, y con las tendencias rebeldes de su propio carácter que le impulsan, de entrada como a su hija, a posicionarse del lado del no, del rechazo, de la rebeldía. La exploración se zambulle por los vericuetos de la complejidad, bordeados por los riesgos del nihilismo y por la supuesta bondad, mentirosa, del pensamiento positivo, tan en boga en nuestros tiempos de auto-ayuda, coaching y otras mandangas. Quede claro que desde el principio, Delecroix se posiciona a favor de la fuerza vital del rechazo, mas no le falta en su análisis el toque irónico que se combina con cierta furia.

Como decía la travesía, sin atajos, comienza con los noes de su hija, como afirmación de su personita, que coinciden con la tendencia paterna a la negativa…como si hiciese bueno aquello que dijese el hernaniarra Gabriel Celaya: la insatisfacción es de izquierdas; en caso contrario, Delecroix se sentiría muerto. Esta postura la sitúa el autor en el origen de la filosofía, no como admiración o estupefacción ( thaumazein ) sino como la capacidad de escandalizar, de provocar desajustes en el pensamiento habitual, consagrado por el uso y el abuso; ésta capacidad de incordiar hace que la filosofía cuente entre sus características esenciales, la de molestar….para alabar ya están los incensarios. Y en su empeño se las tiene con las monsergas del pensamiento positivo, aliñados con unos toques de estoicismo sui generis, que conducen al conformismos con el estado actual de cosas, dominado por el consumismo y el narcisismo que se traduce en un culto al cuerpo , domesticado por medio de estrictas medidas alimentarias y gimnasias varias. Vincent Delecroix duda, como cualquier pensamiento que se precie, y se aplica la medida a sí mismo, tratando de huir de la espontaneidad de la negación, como mero resabio infantilista, o como cierto postureo que se deja guiar por una rebeldía deudora del romanticismo. Hay noes que nada significan, ya que se alzan contra cuestiones que no exigen ni medio minuto de pensamiento, sino que surgen de inmediato ante ciertas injusticias flagrantes, o también se detiene en aquellos otros noes que sueñan con los viejos buenos tiempos; al igual que también le obligan a reflexionar ciertas posturas que se posicionan ante el no como militancia, por sistema ( o tal vez por anti-sistema)[ recuerdo en este orden de cosas la hipótesis que manejaba un antropólogo de Ixiar, con trabajo en Reno, relacionando el juego del mus y sus renuncios con las tendencias políticas del país; o tal vez aquella canción Bihotza, de Xabier Lete, que empleaba repetizadmente el ez, ez, ez…]. No esquiva Delecroix la cuestión de la dialéctica en la que la negación es subsumida por la afirmación, y como buen kierkegaardiano, se muestra anti-hegeliano, ya que la supuesta superación del sí por un no, se plasma en una negación de la negación en la que tanto lo uno como lo otros resultan iguales ( alguien exclamará de inmediato, un sí a un nivel superior, sintético, asumiendo la tesis y la anti-tesis/la ébre Aufhebung hegeliana). A esta propuesta se opone enfrentando una postura que incida más en la diferencia, en la negación inasumible…que suponga rechzo y resistencia a lo lado, a lo supuestamente armonioso.

En la medida en que va despejando el camino, la propuesta de una filosofía del no, que rechace los desajustes del mundo sin caer en resentimientos y que se aleje de la candidez, siempre manteniendo la brújula de no caer en la estupidez, ni en la desesperación. Y por esa senda bien trazada, tres partes la componen ( la experiencia del lenguaje, de la libertad y de lo político / vía negativa), y en ella se va delimitando los diferentes términos que se presentan en el caso: resistencia, indignación, rechazo, protesta, negar, contradecir…) al tiempo que se señala las desviaciones escoradas que a veces se usan, en la onda del disenso como forma de organización democrática y otras falaces propuestas.

Dos características resultan fundamentales en la concepción del NO delecroixiano: por una parte, la resistencia pasiva del personaje de Melville, el escribiente Bartebly, como modelo , con su repetido preferiría no, y por otra una necesaria ironía, que sirve para descolocar al contrario con sus posturas inflexibles y sus dogmas; esa ironía, forma activa del humor, hace que el adversario en vez de ver a alguien que embiste con rudeza contra las paredes de su fortaleza, deja el camino abierto a ciertas formas de ambigüedad y la duda, lo que hace que quienes mantienen posturas dogmáticas y autoritarias se sienta burlado; los que todo lo saben y todo lo controlan no tienen sentido del humor y ante él se pierden …sería como aquello del zen: la caña se dobla pero no se rompe al contrario que otros árboles más inflexibles que se parten ante las embestidas del viento.

Una apuesta por el no rebelde frente al adocenado sí; la docilidad desobedecida por el comportamiento indócil que se sale de las filas ordenadas, y trae a colación a Alain, Gide, óperas mozartianas, Nietzsche…y defiende un no filosófico, que en vez de apuntarse , sin más y si menos, al no, propone otros yo más matizado en su negatividad, un no que en vez de proclamarse con grandes tonalidades corales y aspavientos, se mantiene en la práctica con tenacidad.

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