Publicado en: 26 enero, 2018

Viel zu spät, aber nicht zu spät (1)

Por mikel arizaleta barberia

Demasiado tarde, pero aún a tiempo

Por mikel arizaleta barberia

Demasiado tarde, pero aún a tiempo

Días atrás leía en Nabarralde un artículo del abogado Txema Montero, titulado “De Lviv a Bergara, pasando por Núremberg” recordándonos a dos influyentes juriconsultos judíos del S. XX, Hersch Lauterpacht y Raphael Lemkin, nacidos en Liv y cuyas ideas han tenido una resonancia global “pues fueron quienes crearon dos nuevos conceptos jurídicos: el delito de crímenes contra la humanidad y el delito de genocidio”. Su legado llegaría a todas partes, sostiene Txema Montero, y en primer lugar a Núremberg pues “en el tribunal allí constituido para juzgar a los nazis ambos conceptos fueron parcialmente puestos en práctica por vez primera”, pero que, sin embargo, no habría sido tenido en cuenta en el auto del juez de Bergara del pasado 22 de diciembre, en el que el Juzgado de Instrucción número 4 de Bergara dictó auto de sobreseimiento y archivo de las Diligencias número 247/2017-D que habían sido previamente admitidas a trámite después de que el Ayuntamiento de Elgeta presentara una querella contra personas innominadas que habrían cometido delitos de genocidio y lesa humanidad durante la Guerra Civil.

Y el abogado Montero ve la aplicación de aquellas ideas de los famosos juriconsultos por el fiscal principal de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, sir Hartley Shawcross, en la argumentación aducida a la luz de las declaraciones bajo juramento sobre ejecuciones de judíos en Rusia en el tribunal de Nurenberg del ingeniero  Friedrich Hermann Gräber, y recogidas en los tomos I, pag. 264 y s., 282; IV, 281 y s;  XIX, 568 y s (aquí el relato citado por Montero); XX, 226, 703; XXII 33, 544 y s, 562 del protocolo del juicio.

Claro hay que decir a continuación que el proceso de Nuremberg, titulado contra los principales criminales de guerra, y que tuvo lugar entre el 14 de noviembre de 1945 y el 1 de octubre de 1946, fue un juicio de parte, no fue realmente contra los principales criminales de guerra sino contra los principales criminales de guerra de los vencidos y no así también de los vencedores, que asimismo fueron enormes y bestiales. Diríamos que la justicia fue muy parcial y brilló por su ausencia.

Y todo esto viene tan sólo a recordar a tres muy importantes fiscales alemanes en torno al esclarecimiento y condena del nazismo y no tenidos en cuenta, y sí muy olvidados sobre todo por los fiscales españoles en las acusaciones  de las víctimas del franquismo. Hablo en primer lugar de Fritz Bauer (Stuttgart, 16 de julio de 1903 – Fráncfort del Meno, 1 de julio de 1968), que fue un fiscal general alemán en Hesse, que contribuyó de forma considerable a la realización de los procesos de Auschwitz.

Fritz Bauer de familia judía. Tras haberse licenciado en el Gymnasium Eberhard Ludwig de Stuttgart, estudió Jurisprudencia en las Universidades de Heidelberg, Múnich y Tubinga. Durante sus estudios estuvo en contacto con fraternidades de estudiantes judíos liberales, sobre todo en los debates políticos. Tras conseguir el doctorado en Derecho („Die rechtliche Struktur der Truste“, la estructura legal de los trust) con Karl Geiler, que más tarde sería el primer Presidente del Land de Hesse tras la II Guerra Mundial, Bauer se convirtió en asesor jurídico del tribunal de distrito de Stuttgart y dos años más tarde ya era el juez de tribunal de distrito más joven de la República de Weimar.

Actividad política y detención durante el nazismo

Bauer fue activo en política desde muy joven. Fue cofundador del Republikanischer Richterbund («Asociación de jueces republicanos») en Wurtemberg. Ya en 1920 se hizo miembro del SPD y en 1931 se convirtió en presidente de la agrupación local de Stuttgart del Reichsbanner Schwarz-Rot-Gold. Bauer fue detenido el 23 de mayo de 1933 en relación con la planificación de una huelga general contra la Machtergreifung nazi, siendo condenado a ocho meses en el campo de concentración de Heuberg y en la cárcel de la guarnición de Ulm. Los dirigentes nazis de Wurtemberg publicaron en varios periódicos una supuesta «declaración de lealtad [al régimen nazi]» (Treuebekenntniss) de ocho socialdemócratas. Entre los nombres publicados estaba un tal «Fritz Hauer», que es desconocido tanto en el partido socialdemócrata como entre los presos de la guarnición. Los historiadores creen que se trata de Fritz Bauer, ya que las SA, las SS y otros elementos nazis usaban a menudo las «declaración de lealtad» como condición para la liberación de los campos de concentración. Los presos mismos no conocían el contenido de las declaraciones que firmaban, que luego eran usadas con fines propagandísticos. Bauer fue liberado a finales de 1933.

Bauer fue despedido de su trabajo como funcionario a causa de la nueva Ley para la restitución del funcionariado, que formaba parte de las leyes raciales alemanas y que impedía a los judíos ser funcionarios.

En 1936 emigró a Dinamarca. Las autoridades danesas le retiraron en abril de 1940, tras la ocupación alemana, el permiso de residencia y lo encerraron durante tres meses en un campamento. Para protegerse, se casó en junio de 1943 con la maestra de párvulos Anna Maria Petersen.  En octubre de 1943, cuando los nazis comenzaron con la deportación de los judíos daneses al campo de concentración de Theresienstadt, desapareció y huyó con ayuda local hacia Suecia. Allí trabajó como ayudante de archivado y fundó, junto con Willy Brandt y otros, la revista Sozialistische Tribüne. La policía danesa sospechaba que Bauer tenía contacto con chaperos, lo que ha sido tratado en una exposición del Fritz-Bauer-Institut que se pudo ver por primera vez en el Museo Judío de Fráncfort del Meno en 2014.5 Desde entonces se considera a Bauer como homosexual, a pesar de que él mismo nunca lo reconoció, ni existen pruebas concluyentes.

Trabajó como fiscal general en la República Federal en las décadas de 1950 y 60

En 1949 Bauer volvió a Alemania, siendo nombrado director del tribunal provincial de Braunschweig. En 1950 fue nombrado fiscal general del estado en el tribunal superior provincial de Braunschweig. En 1956, bajo una iniciativa del Presidente de Hesse, Georg August Zinn, fue nombrado fiscal general del estado federal de Hesse, con sede en Fráncfort del Meno, puesto que mantendría hasta su muerte en 1968.

Uno de sus primeros casos como fiscal general en Braunschweig le dio cierta fama también fuera de Alemania: en 1952 fue el acusador en el llamado Proceso Remer, contra el general nazi Otto Ernst Remer, por difamación y calumnia contra los conspiradores de la operación Valquiria, que intentaron matar a Hitler el 20 de julio de 1944. Remer los tachaba de “traidores a la patria” y el gobierno parecía estar de acuerdo, pues negaba la pensión de viudedad a la esposa de Claus von Stauffenberg, principal conspirador. Remer fue condenado a tres meses, que eludió huyendo a España, donde murió en Marbella en 1997 tras un largo historial de negación del holocausto.

Pero la resistencia fue rehabilitada: ya no se la pudo tachar de “traidores” a sus protagonistas. Durante el proceso, Bauer afirmó: «Un estado injusto [Unrechtsstaat], que comete de forma diaria decenas de miles de asesinatos, da derecho a cualquiera a la defensa propia.» Como resultado de este juicio, los organizadores del atentado del 20 de julio de 1944 fueron rehabilitados y su intento de asesinar a Hitler legitimado. El tribunal se adhirió al alegato final de Bauer, de que el estado nazi no era «un estado de derecho, sino un estado injusto [Unrechtsstaat]».

Un estado injusto como el Tercer Reich no es capaz de ser traicionado (Ein Unrechtsstaat wie das Dritte Reich ist überhaupt nicht hochverratsfähig)

Alegato en el proceso contra Remer de 1952, citado en: Süddeutsche Zeitung, № 245 del 24 de octubre de 2015, p. 57.

En 1959 Bauer consiguió que la Corte Federal de Justicia trasladara la «investigación y la decisión» de la materia penal relacionada con el campo de concentración de Auschwitz al tribunal provincial de Fráncfurt. Siguiendo las instrucciones de Bauer, la fiscalía local inició una investigación contra los miembros y dirigentes de las SS del campo de concentración y exterminio de Auschwitz. El primero de los procesos de Auschwitz en Alemania Occidental: «materia penal contra Mulka et al.»  El comandante del campo, Rudolf Höss, ya había sido condenado a muerte y ahorcado en 1947 en Varsovia. Pero ahí seguían bellacos como su ayudante Robert Mulka, encargado, entre otros asuntos, de asegurar el suministro del gas Zyklon B, o Victor Capesius, el farmacéutico de Auschwitz que tras la guerra había vuelto a hacer fortuna en una ciudad de provincias, o Wilhelm Boger, comisario político y torturador. Matarifes, capataces y burócratas que decidían sobre la vida y la muerte en la rampa de Birkenau, que estrellaban niños contra la pared, que dejaban caer las cápsulas de gas en las cámaras de exterminio, que inyectaban fenol en el corazón de los detenidos.

Un total de 211 supervivientes de Auschwitz acudieron al llamamiento de Fritz Bauer para dar fe de lo ocurrido se inició finalmente contra 22 acusados ante el tribunal provincial de Fráncfort en diciembre de 1963.

Fritz Bauer informó al servicio secreto israelí, el Mosad, sobre la dirección de Adolf Eichmann en Argentina, después de que consiguiese la información a través del ex preso de campo de concentración Lothar Hermann, que vivía en Argentina. Bauer desconfiaba de la justicia y la policía alemana (temía que desde esas instituciones se previniese a Eichmann) y se dirigió directamente a las autoridades de Israel. Para explicar este hecho hay que saber que la solicitud de Bauer, pidiendo al gobierno federal que solicitase la extradición de Eichmann, había sido inmediatamente rechazada. La información de Bauer fue el impulso decisivo para la captura de Eichmann.

Bauer fue persona controvertida dentro de los círculos judiciales federales en la Alemania de la posguerra; la mayoría de los juristas de la época habían trabajado durante el régimen nazi. Parece ser que él mismo llegó a decir: «En la justicia vivo como en el exilio.» Así mismo nos ha llegado se su boca: «Cuando dejo mi habitación [oficina], piso un país extranjero enemigo

Bauer presentó ante representantes de las asociaciones de juventud la ponencia Die Wurzeln faschistischen und nationalsozialistischen Handelns («Las raíces de la actuación fascista y nacionalsocialista»). La propuesta del Círculo de Jóvenes de Renania-Palatinado de publicar la ponencia en forma de folleto para ponerlo a disposición de los Gymnasium y las Escuelas profesionales fue rechazado por el Ministerio de Cultura del Land. El rechazo fue justificado en 1962 de forma «impertinente» por el joven diputado de la CDU Helmut Kohl: la distancia temporal al nacionalsocialismo es demasiado corta para poder realizar un juicio definitivo sobre el fenómeno. El texto, en el que Bauer daba buenos argumentos para demostrar que el Estado nazi no era ningún «accidente de trabajo» de la historia, se publicó en 1965 en forma de libro.

La investigación comenzada por Bauer sobre los burócratas responsables de la «eugenesia nazi» fue archivada más adelante.

La obra de Bauer sirvió para la reconstrucción de una justicia democrática, para una persecución penal coherente de las injusticias nazis y para la reforma del derecho penal. Los procesos de Auschwitz (1963–1981) nunca se habrían llevado a cabo sin el incansable esfuerzo de Bauer. Si bien la mayoría de los inculpados sólo pudieron ser juzgados por cómplice de asesinato a unos pocos años de cárcel, amplias capas de la sociedad rechazaron los procesos. Pero es mérito de Bauer, a través de estos procesos, haber introducido e impulsado a partir de mediados de la década de 1960 la discusión pública sobre el Holocausto.

Bauer fue hallado muerto en la bañera de su vivienda de Fráncfurt el 1 de julio de 1968. En la autopsia realizada por el forense de Fráncfurt Joachim Gerchow, se pudo constatar una grave bronquitis y la presencia de somníferos. No encontró indicios de culpa de terceros. Así, Gerchow opina en su informe final y en declaraciones posteriores de que se trató de un suicidio. Sin embargo, no hay indicios de tendencias suicidas en el comportamiento de Bauer.

La instrucción del sustituto de Bauer de solicitar una obducción judicial fue ignorada por la fiscalía de Fráncfort responsable por razones que hoy son desconocidas y entregó el cadáver de inmediato para su incineración.

“El fiscal trabajaba a contracorriente. Eduard Dreher, encargado de la reforma del código penal a partir de 1954, impuso la prescripción para los crímenes de “complicidad con asesinato”, que liberó de toda responsabilidad a los nazis y tuvo el efecto de una amnistía. Dreher, en 1943, había sido fiscal especial en Innsbruck y envió a centenares de “delincuentes políticos” a la muerte. Bauer, al contrario, fue el reformador del derecho penal y el luchador por una evaluación apropiada del holocausto. “Fue visto como adversario y enemigo”, afirma la directora Ilona Ziok, que rodó un largo documental sobre Bauer y que dice haber encontrado “muchas dificultades” para financiar su película, dos veces rechazada por el Ministerio de Cultura.

Bauer murió a finales de junio de 1968. Hallaron su cuerpo en la bañera de su casa. Que un hombre tan tenaz se suicidara es poco creíble. “Mucha gente cree que fue asesinado, pocos creen que fue suicidio o accidente”, dice Ziok. No hubo autopsia. “Toda la documentación sobre su muerte desapareció en el incendio de un archivo judicial de Frankfurt”, explica la directora”, escribe el gran periodista R. Poch en La Vanguardia el 6, 4 del 2010.

Es un fiscal, que siempre me ha iluminado en la lectura  de los libros de historia aparecidos en los últimos 50 años sobre el nazismo y, en especial, en los intentos de las víctimas del franquismo por juzgar a los criminales del putsch militar y sus secuaces. Claro, como allí Fritz Bauer, las víctimas y sus abogados se encuentran con un aparato judicial más amparador y defensor del franquismo y sus crímenes que de la justicia y las  víctimas.

Mikel Arizaleta

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