(Vídeo) El Portavoz de Defensa de Unidas Podemos busca mercados internacionales para vender armas

Sus desafortunadas declaraciones hacen notar como, la socialdemocracia lejos de apostar por la desmilitarización, sigue dando salida al negocio de la muerte.

El militarismo está inscrito en el ADN de la democracia española; de eso se encargó el franquismo durante la transición, gracias a medidas como la Ley de Amnistía. De esta manera, muerto Franco quedó garantizado que todo cambiaría para que en el fondo no cambiase nada. Así las cosas, las élites nacional-católicas, devenidas en demócratas, establecieron un pacto atroz con una socialdemocracia tibia además de complaciente. Y mientras, la derecha, gobierno tras gobierno, quedaba confrontada por toda clase movimientos sociales; y cuando le tocaba el turno a la “izquierda”, veíamos cómo avanzan realmente las políticas militaristas y neoliberales. Ejemplo de esto es el referendum sobre la OTAN que tuvo lugar bajo el gobierno del socialista Felipe González, y que llevó al estado español a formar parte de dicha alianza criminal. En este sentido, y paradójicamente, la conocida mili obligatoria contra la que tanto luchó el movimiento por la insumisón y por la objeción de conciencia, fue eliminada finalmente por Aznar.

El nuevo episodio del militarismo socialdemócrata podría estar en marcha. Roberto Uriarte, portavoz de Defensa de Unidas Podemos, durante su participación en el Foro de Infodefensa en el Congreso de los Diputados, así lo ha dejado entrever. Tal y como ha informado al respecto Insurgente, Uriarte dijo:

“la industria de defensa debe basar su crecimiento en la diversificación de sus soluciones y en la búsqueda de nuevos mercados en el exterior, para que el Ministerio de Defensa no sea el único cliente de la industria que fabrica armas”

De esta manera se abre el paso a la internacionalización de la empresas radicadas en el Estado español. Una práctica que tampoco es desdeñable, siendo así que un 80% del material es exportado, pero más de la mitad a través de proyectos y actividades en que el comprador único resulta ser el Ministerio de Defensa. El objetivo de esto es evidente, hacer ganar dinero a las empresas dedicadas a este siniestro negocio. Que esto ocurra siempre es preocupante y denunciable, y que se dé en un momento como este, de grave crisis sanitaria y económica, lo es incluso más. Hasta la fecha, problemas como el paro o la caída de la economía han sido resueltos por los gobiernos y las élites a través de soluciones tan lamentables y salvajes como la guerra. Que quienes supuestamente se definen como socialistas traten de buscar salidas a negocios como este es causa de bochorno y de censura. El hecho de que el estado no parezca tener ningún enemigo mas allá de sus fronteras lleva a buscar nuevos mercados y a externalizar la guerra, recaudando los beneficios de las demandas armamentísticas y los conflictos, cosa que no es ninguna solución a los problemas del planeta, sino mas bien una villanía.

Uriarte continuó su exposición con diversas intervenciones destacables:

“Que no vendamos como solo lo hacemos en monocultivo a las monarquías del golfo pérsico”

“La investigación aplicada es la base de la prosperidad de los países“

“La industria militar no tiene una receta diferente a la civil o a otro sector”

Una de cal y otra arena. El estado ha vendido de manera sistemática material militar a países muy alejados del ideal democrático que se supone defiende la constitución. No obstante, en lugar de tratar de minimizar una industria execrable, lo que se busca es diversificar la producción (romper con los oligopolios) y adquirir mejores compradores. En este sentido, no queda mucho más que señalar, salvo que en lugar de ir a la raíz del problema, se vuelve una y otra vez al intento de tratar de reconducir a una bestia (la militar), cuyas logias operan al margen de los valores que se supone que pretendían ser defendidos. Tema aparte sería la relación que se establece entre industrias civiles y militares; si bien es cierto que interseccionan en materias como la investigación aplicada, esta depende siempre en definitiva de la investigación básica, una materia que el autodenominado “gobierno más progresista de la historia” no ha mejorado en absoluto. Al margen de esto, resulta engañoso pretender hacer creer que la venta de buques, tanques y demás vituallas armamentísticas guarde alguna relación con el trasiego cotidiano de mercancías en la industria civil.

Por todas estas razones, las declaraciones de Uriarte no son menores, y deben suscitar la alerta de aquellas personas que continúan albergando la esperanza de que la promesa socialdemócrata, la universalidad del diálogo dentro del marco de producción capitalista, es posible. Desde luego, no lo es mientras los gobiernos (como en el que participa UP) continúen actuando en función de lo que necesita la industria militar, aunque con ello aparenten querer modernizarla.

 

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