Publicado en: 17 diciembre, 2018

Vida de Simone de Beauvoir y artículos sobre ella ( y III)

Por Iñaki Urdanibia

Concluyo el acercamiento a esta mujer , pensadora y luchadora con una cronología y algunos artículos publicados sobre ella.

Por Iñaki Urdanibia

Esta fue su vida

1908 : nace, el 9 de enero,. Su padre desciende de una familia de nobleza reciente y se considera agnóstico; su madre , ferviente católica, desciende de ricos banqueros de Verdun. Educada en medio de contradictorias morales si bien con una indudable impronta tradicionalista y cercana al catolicismo. De tal herencia, tradicionalista y conservadora, tratará de escapar durante toda su vida, mostrando más cercanía con su padre que era un apasionado del teatro y de la literatura; « crecí habituada a la idea de que mi vida intelectual – encarnada por mi padre- manifestada por mi madre – eran os campos de experiencia radicalmente heterogéneos, que no tenían nada en común. La santidad y la inteligencia pertenecían a dos esferas muy diferentes, y las cosas humanas – cultura, política, negocios, educación y costumbres- no tenían nada que ver con la religión»

1910: nace su hermana Henriette, conocida como Poupette, y que convertida en pintora cambiará su nombre por el de Hélène.[ De cara la relación entre Simone y Hélène, no me resisto a recomendar : « Las hermanas Beauvoir» de Claudine Monteil ( Circe, 2004).]

1913: Comienza sus estudios en un colegio elitista y católico, Adeline Desir, obteniendo unos resultados brillantes ; Conoce a quien sería su íntima amiga Élisabeth Lacoin ( Zaza en Memorias de una joven formal) .

1919: Sy familia se arruina.

1921-1922: Años de conflictos con su familia. Pierde la fe.

1924: Obtiene la calificación de “bien” en la primera parte del bachillerato.

1925: La misma nota el segunda parte. Compagina los estudios de letras clásicas en el Institut Sainte-Marie de Neuilly, con los estudios de matemáticas generales en el Instituto católico con los de Filosofía; a partir de 1926 se matricula en la Sorbona para cursar una licencia en filosofía, allá establece unas relaciones de estrecha camaradería con Maurice Merleau-Ponty y Maurice Gandillac entre otros. Mantiene con su primo Jacques Champigneulle un idilio amoroso.

1927: Comienza varias novelas. Se compromete en los Équipes sociales de Robert Garric, que había sido su profesor de literatura. Comienza a escribir su diario. Conoce a Maurice Merleau- Ponty.

1928-1929: Presenta su memoria sobre Leibniz y se inscribe para la agregación de filosofía. Establece lazos de amistad con René Maheu que es quien le pondría el mote de Castor; es él quien le pone en contacto con sus grupo de amigos de la rue d´Ulm: Jean-Paul Sartre y Paul Nizan. estableciéndose de inmediato con el primero una sintonía y un amor necesario que no les impediría a ninguno de los dos establecer esporádicos amores contingentes. Juntos preparan la oposición para agregadurías, obteniendo ella la segunda plaza, Sartre logró la primera. A sus veintiún años es la agregada de filosofía más joven de Francia. Muere el 25 de noviembre Zaza.

1931-1933: Se le destina a Marsella, al año siguiente a Rouen y en 1936 al parisino Liceo Molière; Sartre había sido destinado al Havre .

1936: La pareja se reencuentra en París: ella enseña en el liceo Molière , él en el Pasteur. Se lía con Jacques-Laurent Bost.

1938: Acaba la redacción de Primauté du spirituel, que fue rechazado tanto por Gallimard como por Grasset, según diría ella más tarde “con razón”; el libro se publicaría en 1979, siendo reeditado en varias ocasiones con distintos títulos.

1939: Se declara la guerra y Sartre es movilizado en el servicio de meteorología mientras que Bost es enviado al frente. Simone les escribe a ambos diariamente ( esta correspondencia se publicará tras su muerte) Sartre es hecho prisionero y Bost herido y evacuado.

1941: Sartre se escapa y en unión con Beauvoir tratan de poner en marcha una red de resistencia teórica al nazismo, Socialisme et Liberté. Es denunciada por “incitación al libertinaje a una menor”, por la madre de una de sus alumnas-amantes, lo que desvela su bisexualidad, que no oculta. El 8 de julio fallece su padre. Será reintegrada en su puesto en la Liberación.

1943: Abandona la enseñanza para dedicarse a la escritura. Publica L´Invitée. Conoce a Albert Camus. Contrato para algunas intervenciones radiofónicas.

1944: Publicación de Pyrrhus et Cinéas. Se relaciona con Nathalie Sarraute, Violette Leduc y Ernst Hemingway.

1945: Publicación de Sang des autres. Funda junto a Jean-Paul Sartre la revista Temps modernes ; el comité de redacción está formado por Michel Leiris, Raymoind Aron. Maurice Merleau- Ponty, Jean Paulhan y Albert Ollivier. .

1946: Publicación de Tous les hommes son mortels. Conoce a Boris Vian.

1947: Publicación de Por una moral de la ambigüedad. Viaja a Estados Unidos en donde conoce al escritor Nelson Algren( futuro premio Politzer), su amor transatlántico, con quien establece una relación amorosa. Éste le hace conocer el todo Chicago, en especial los bajos fondos, los barrios pobres e instituciones carcelarias,…además de diferentes garitos.[ Se puede acceder a las Cartas a Nelson Algren. Lumen, 1999; cartas de amor que abarcan desde 1947 a 1964].

1949: Publicación de El segundo sexo que le supone la consagración mundial como icono de la liberación de la mujer.

1950: Se aleja de Nelson Algren , se vuelven a ver en 1951, sólo queda la correspondencia entre ellos.

1951: Viaja de nuevo a EEUU. Publica« ¿ Hay que quemar a Sade? ».

1953: Conoce a Claude Lanzmann del que se convierte en amante.

1954: Publica Los Mandarines, novela con la que obtiene el premio Goncourt. Publica también Amérique au jour le jour 1947.

1955: Participa, en Helsinki, en el Congreso del movimiento por la Paz . Adquiere su apartamento en el XIV que ocupará durante toda su vida.

1956: Viaja a China, se compromete contra la guerra de Argelia y firma una petición contra la intervención rusa en el conflicto. Denuncia en Les Temps modernes la intervención soviética en Hungría.

1957: Publica un ensayo sobre China, La Longue Marche.

1958: Publicación de Memorias de una joven formal, primera entrega de us escritos autobiográficos.

1960: Publica La Fuerza de la edad, segunda entrega de su autobiografía. Firma el manifiesto de los 121, en el que se reivindica el derecho a la insumisión a la guerra de Argelia.

1961: Conoce a Franz Fanon y escribe el prefacio al libro de Gisèle Halimi sobre Djamila Boupacha.

1963: Publicación de La fuerza de las cosas., tercera entrega autobiográfica.

1964: Publicación de Una muerte muy dulce, dedicada a la muerte de su madre; para la elaboración de esta obra es ayudada por Sylvie Le Bon, estudiante de filosofías a la que adoptará en 1981.

1967: Se compromete contra la guerra de Vietnam, participando en el Tribuanl Russell contras los crímenes de guerra. Viaja a Egipto e Israel.

1968: Publicación de La mujer rota. Apoya el movimiento de mayo.

1970: Publicación de La vejez. Se une a la movida maoísta y codirige, con Sartre, la revista La Cause du peuple. Publica el ensayo La vejez, unánimemente aplaudido.

1971: Firma y promueve el Manifiesto a favor del aborto, conocido como el de las 343 salopes y funda junto a la abogada Gisèle Halimi la asociación Choisir que lucha en favor del derecho a interrumpir voluntariamente el embarazo ( IVG), asociación de la que es presidenta.

1972: Publicación de la última entrega de su obra autobiográfica: Final de cuentas. Testimonia en un proceso, en el Gisèle Halimi defiende a una madre que ha ayudado a abortar a su hija; Beauvoir es inculpada también. Escribe el prefacio de la revista Les Temps modernes dedicado a « Les femmes s´entètent».

1974: Funda con Anne Zelenssky la Liga del derecho de las mujeres, de la que será presidenta hasta su muerte.

1975: Ella y Sartre van a Lisboa a apoyar la revolución de los claveles.

1979: Se publica la obra que había sido rechazada por Gallimard y Grasset; su título: « Quand prime le spirituel».

1980: Muerte, el 15 de abril, de Jean-Paul Sartre.

1981: Publicación de La Ceremonia del adiós, con unas entrevistas con Jean-Paul Sartre, en la que se repasan los diez últimos años de la vida de su compañero. El 9 de mayo muere Nelson Algren.

1983: Publica la mayor parte de su correspondencia con Sartre. Recibe el premio Sonning.

1984: Publicación de Simone de Beauvoir ujourd´hui, seis entrevistas realizadas entre 1972 y 1982 con Alice Schwarzer. Participa en la película El segundo sexo, realizada para la televisión por Josée Dayan.

1986: Fallece el 14 de abril, siendo inhumada en el cementerio de Montparnasse, y enterrada junto a Jean-Paul Sartre, en su dedo el anillo que le había regalado Nelson Algren.

Varios artículos publicados

El segundo sexo: cuarenta años

Un torpedo contra la línea de flotación del patriarcado triunfante

Fue en año 1949 cuando Simone de Beauvoir dio a conocer la obra en la que venía trabajando; la mujer formaba parte de aquella colla de amigos que trataban de hallar sentido al mundo soñando con cambiarlo, los cafés de Saint-Germain.des-Près daban cuenta de las fogosas discusiones que allá se establecían en torno al arte, política y filosofía. La mujer sentada al lado de quien era su amor necesario, Jean-Paul Sartre, que no les impedía mantener sus amores contingentes.

Habiendo nacido en 1908 en el seno de una familia acomodada de la pequeña burguesía, su padre hubiera preferido tener un hijo en vez de aquella chica que – según la opinión del progenitor pensaba como un chico. El desmarque con respecto a los valores familiares, más en concreto con respecto a las creencias religiosas, irrumpió temprano, al tiempo que nacía en ella la idea de que iba a dedicar su vida a los estudios y a la escritura. Los estudios de filosofía le llevaron a la Sorbona en donde se encontró con Jean-Paul Sartre y con otros compañeros de estudios; en un mundillo de hombres, cosa que a sus padres no les gustaba en absoluto, tal osadía por parte de la joven hizo que su hermana menor lo tuviese más difícil ya que ella se ciñeron las restricciones para que ésta, Hélène( 1910), se viera obligada a llevar una vida más conforme a los roles femeninos , del gusto de la tradición y de su familia.

Tras obtener la habilitación para enseñar , su primer destino fue Marsella, para continuar en Rouen y posteriormente París, en víspera de la guerra. Su segunda novela, el manuscrito de la primera había sido rechazado, L´Invitée vio la luz en 1943 obteniendo gran éxito. Con Sartre y Merleau-Ponty funda la revista Les Temps Modernes, que se convierte en órgano de difusión de las ideas existencialistas: los humanos se forjan a sí mismo siendo los únicos responsables de su vida más allá de cualquier destino marcado por doctrinas metafísicas, religiosas o morales. Comparte con Sartre la idea del absurdo del mundo y la necesidad de buscar un sentido a la vida. Algunos amores contingentes con algunos alumnos le obligan a abandonar la enseñanza y vivir de la escritura, literaria y ensayística.

Como queda dicho desde el inicio y deja ver el mismo título-aniversario de este artículo, fue en 1949 cuando vio la luz la obra que supuso una renovación en el feminismo moderno, convirtiendo a su autora en portavoz de esta corriente tanto en su país como , y en especial, al otro lado del charco. En El segundo sexo se analizan con detalles, y el recurso a los ejemplos cotidianos, las expresiones sociales, culturales y científicas que consagran la inferioridad femenina, dedicando especial atención a la maternidad, el matrimonio, que no es que salgan muy bien parados al ser señalados como modos de sujeción de las mujeres; algunos de sus postulados, de manera especial el celebérrimo no se nace mujer sino que se deviene, adoptan un aire provocador, para la época, frente a las ideas dominantes del patriarcado y la habitual sumisión a la que son reducidas las mujeres, que hace que éstas queden al margen de la marcha y funcionamiento del mundo. El acento queda puesto, por activa y por pasiva, en que las cosas pueden ser trasformadas, señalando que más que como consecuencia de cambios políticos, estos cambios vendrán facilitados / favorecidos por la búsqueda de la independencia económica: « por medio de su acción, la mujer puede en todo momento, si lo quiere, modificar su situación. Esta acción , supondrá, por añadidura, la justificación de su existencia, es decir su libertad».

El revuelo fue de órdago, y en el Hexágono se habló de ella como pornógrafa, siendo el escritor ultra-católico François Mauriac quien abanderó la embestida en su contra, contra la abyección, tratando de reunir opiniones en contra, saliéndole el tiro por la culata, ya que las opiniones recogidas fueron casi en su totalidad favorables a la obra. La dureza y crudeza de los temas tratados y los ejemplos ofrecidos hicieron que la Iglesia la incluyese en su inquisitorial Índice, tampoco gustó al PCF la obra contra la que utilizó todas las baterías a su disposición para descalificarla. Albert Camus interpretará el rechazo como una muestra de que los machos latinos se habían sentido insultados. Muy distinta fue la reacción por parte de no pocas mujeres que vieron en la obra una apuesta por la liberación y por la reivindicación de sus derechos, también son destacables los apoyos del antropólogo Claude Lévi-Strauss o del personalista cristiano Emmanuel Mounier. Más éxito tuvo la obra más allá de las fronteras hexagonales, muy en especial en EEUU en donde la obra traducida, en 1953, se convirtió en libro de cabecera del movimiento feminista, como más tarde se convertiría en referencia del movimiento de liberación de la mujer en los años setenta.

La figura de Simone de Beauvoir no se redujo únicamente a sus lecciones y argumentaciones teóricas sino que también brilló en la práctica cuando redactó el «manifiesto de las 343», que afirmaba que las firmantes también habían abortado; Le Temps Modernes dedicó no pocas páginas, con su firma, a la lucha contra el sexismo, ampliando el altavoz de tales ideas con la creación, junto a Gisèle Halimi, de la revista Choisir que desempeñó un destacado papel en la legalización del aborto. Estas implicaciones prácticas le van a empujar a revisar su obra, subrayando que en ella se dejó llevar por salidas de orden individual olvidando la acción colectiva como modo esencial para luchar por la emancipación y contra la dominación masculina.

Como queda insinuado su radio de escritura también se desarrolló por territorios literarios y como significativa muestra de ello ahí está la obtención del premio Goncourt en 1954 con su Les Mandarins, en donde se narraba su relación con el escritor norteamericano Nelson Algren y la polémica entre Albert Camus y Jean-Paul Sartre. A partir de 1958 comienza su autobiografía: Memorias de una chica formal ( 1958), La fuerza de la edad ( 1960), La fuerza de las cosas ( 1963) y Final de cuentas ( 1972), en ellas abarca desde su infancia, y la educación burguesa recibida, hasta los tiempos de compromiso y lucha en diferentes frentes, pasando por su importante relación con Jean-Paul Sartre, amén de viajes, amores, encuentros, reflexiones políticas y filosóficas, etc.

Su intensa existencia se apagó en 1986, seis años después que su compañero en afectos, perceptos y conceptos, por decirlo en deleuziano.

Simone de Beauvoir, límites del individuo

Simone de Beauvoir

¿ Hay que quemar a Sade?

Visor, 2000.

Datos

Fecha y lugar de nacimiento: 9 de enero de 1908, en París

Profesión: filósofa y escritora

Obras: Por una moral de la ambigüedad, El segundo sexo, Los Mandarines, Memorias de una joven formal, etc.

Año y lugar de fallecimiento: París, 1986.

* * *

Curioso resulta que quien en principio parece un siniestro escritor ( ¿ y persona?), haya atraído las reflexiones de tantos y tan prestigiosos pensadores y escritores ( George Bataille, Albert Camus , Jacques Lacan, Pierre Klossowski, Jean-Paul Sartre, Maurice Blanchot, Theodor W. Adorno, îer Paolo Pasolini, Roland Barthes, Philippe Sollers, Michel Foucault , Marcelin Pleynet , Gilles Deleuze, etc.), la célebre filósofa francesa, a la que se dedica esta página entre ellos. Llamativo también resulta , en el caso de esa pionera del feminismo, su soledad – como mujer- en medio de los estudiosos( ¿ Sade es cosa de hombres?), lo temprano de su aproximación ( 1955), y lo peliagudo de acercarse a tal personaje, teniendo en cuenta las prohibiciones que han pesado sobre este maldito “divino marqués”.

Sea como sea, la obra de Simone de Beauvoir es brillantes donde las haya, y ello, al menos en dos sentidos: uno, por el acercamiento en sí que hace a la escritura del autor de La Filosofía del tocador, las interpretaciones de sus escritos y el recurso a aspectos psicológicos que quizá puedan explicar su sexualidad atormentada que toma vía de escape en esa escritura abismada y brutal que parece hecha con un sangriento látigo; en este terreno, reseñable resulta también el detallado ajuste de cuentas que mantiene Beauvoir con los más tempranos estudiosos del autor ( Blanchot y Klossowski, en especial), puntualizándoles y discutiéndoles en un campo que en aquel momento parecía ser coto privado. Si decía que quería destacar dos aspectos, el segundo que cabría subrayar es la adopción – que practica la autora- de Sade como paradigma, al límite, de la postura de los individuos frente a los demás individuos, y frente a la sociedad en su conjunto. En su lectura, pues, se matan dos pájaros de un tiro: conocer al escritor visitado y conocer, también, la filosofía de Simone de Beauvoir, y del existencialismo, por extensión.

Sade se atrevió a la soledad, a la separación con respecto a los lazos sociales impuestos ( a pesar de posibles y originarios contratos sociales no cabe duda de que toda vida en sociedad implica imposición, renuncias, y limitación de libertad personal, que se combinan con innegables ventajas que añadiría el otro), a dar rienda suelta a su poder, sin delegarlo en nadie, emanado de la naturaleza y que, en su caso, desembocarían en violencias varias; si bien matar lo que se dice matar solamente a través de sus escritos. Frente a quienes afirmando la maldad de la naturaleza le añadían como remedio una moral que limase los aspectos destructores de ésta, o de aquellos que defendían la bondad intrínseca de la naturaleza, Sade toma un camino que parece, sorprendentemente, dar por buena la segunda de las posiciones mentadas: la naturaleza es buena, mas sus ramalazos de brutalidad, de odio y destrucción, son naturales a su vez, inevitables y punto. Los instintos naturales que asoman en la misma sexualidad – según el marqués egoísmo, tiranía y crueldad; no obviamente, ni solamente cuando los miembros del acto se visten de cuero como luego han afirmado innúmeros teorizadores de la naturaleza humana. Creo recordar, en este orden de cosas, una afirmación fuerte que hacía Simone de Beauvoir en su obras maestra ( El segundo sexo) – y cito de memoria: el hombre inventó el tálamo para dominar a la mujer. Tiens!

Escarba la filósofa con tino, y sin miedo, en la obra y en la vida de Sade, y lo señala igualmente como contraejemplo, como espejo del horror que nos adelante el desastre y nos pone ante los ojos los peligros con los que , casi inevitablemente, habremos de enfrentarnos. Sirve también el escritor para alejarnos de las respuestas inocentes y demasiado rápidas y fáciles con respecto al género humano…como concluye la autora. « Sade ha vivido, hasta la hez el momento del egoísmo, de la injusticia, de la desgracia, y ha reivindicado su verdad. Lo que da supremo valor a su testimonio es que nos inquieta. Nos obliga a poner en cuestión el problema esencial que bajo otras figuras recorre nuestro tempo la verdadera relación del hombre con el hombre ».

¿ La segunda filósofa ?

Es célebre aquella oposición para plazas de profesores de filosofía, al filo de la década de los treinta, en la que Jean-Paul Sartre obtuvo la primera plaza y Simone de Beauvoir la segunda. Desde entonces ya parece que la plza de segundona le estaba adjudicada de por vida. La curiosa pareja fue siempre vista como él y su acompañante, e´l como maestra y ella como la alumna o a lo más como mera repetidora de las teorías del brillante escritor y compañero.

El filósofo y su sombra

Al igual que en el caso del mote ( Castor) que un amigo le pusiera en el último año de estudios en la Sorbona, alegando – basándose en el apellido y su semejanza con una palabra inglesa- que « los castores van en manadas y tiene espíritu constructivo» la joven salió un poco “rana” si se tiene en cuenta que siempre iba sola entre hombres ( por ejemplo en la preparación de las oposiciones y en las prácticas en el instituto Janson-de-Sailly era la única mujer junto a Claude Lévi-Strauss y Maurice Merleau-Ponty), igual que no era muy de manada y constructivo que digamos-al menos para la sociedad mayormente masculina y biempensante- su vida “alegre”, su asistencia a fiestas cuya presencia era la única femenina, o también su negativa a aceptar, más tarde, la condecoración de la Legión de honor…digo que del mismo modo tampoco parece, para nada, justo no ver en Simone de Beauvoir una filósofa de pleno derecho, como lo reivindica Michèle Le Doeuff, alegando para ello la multiplicidad de influencias que se ve en su obra magna ( El segundo sexo): Hegel leído por Kojévé, el joven Marx, Engels, Freud y , también, no solo como algunos suelen pretender, o el existencialismo…lo que hace que se la pueda considerar sin lugar a dudas como una filósofa con filosofía propia y muy propia. Injusto resulta así no encontrar su nombre – ni en su propio país- en los manuales de filosofía ( por ejemplo, véase el reciente Lire les Philosophes. Classes terminales), en las dl existencialismo mismo ( por ejemplo, la de Pietro Prini, editada por Herder), ni en los diccionarios especializados ( Por ejemplo el Ferrater Mora)…y , como definitiva muestra, en el Petit Larousse se lee : « discípulo de Jean-Paul Sartre» ( sic!).

El Castor, filosofía y género

(Hika, 196zka. 2008ko otsaila)

El día 9 de enero de 1908 nacía una mujer que se haría célebre por sus escritos y por sus comportamientos comprometidos, al tiempo que intempestivos en las más de las veces, a lo largo de su agitada vida. Mujer que transcurridos cien años desde aquella fecha no ha dejado de estar presente, a pesar de su fallecimiento en abril de 1986, por medio de su vivo, e incitador, pensamiento, convertido por ella y por otras en motor para la acción reivindicativa.

Ya desde su adolescencia puede verse en la hija mayor de la familia, ella, una dedicación poco acorde con lo que los roles sociales asignaban a las jóvenes de la época, entregada de cuerpo y alma a los estudios, pronto universitarios, brillando en ellos y hasta codeándose con los (masculino) más movidos y destacados de entre ellos, en estudios y en fiestas; recuerdo una biografía, editada hace como tres años por Circe, de las dos hermanas, es decir de su hermana, pintora, y de ella, Simone, en donde quedaba claro esto de lo que hablo, y hasta es más cómo el comportamiento discordante de la mayor iba a hacer que la pequeña se viese vigilada más de cerca para que no se saliese del redil de las gentes de orden de la que provenía la familia (“Las hermanas Beauvoir”). La libertad no se mendiga sino que se coge, eso es lo que hizo en su vida, como señalo, desde muy joven, Simone de Beauvoir: luchar por ser una mujer libre e independiente y no tener siempre a algún hombre por encima (Padre celestial, padre terrenal, cura, marido, por no referirme a otros comisarios de, o hasta hijos del género masculino. “Padre, padrone, padrenuestro” que dijese la otra.)

Si como señalo, desde el principio se ve la implicación de la joven mujer por poner en práctica la libertad en su propia vida, el codearse desde que cursaba sus estudios de filosofía con algunos camaradas entre los cuales destacaba Jean-Paul Sartre con quien desde entonces no se separó, sí que la marcó. Es más mucho se ha hablado sobre la célebre oposición a agregadurías de filosofía, a finales de los veinte, que ambos habían preparado juntos, y a la que ambos se presentaron a la vez, y sobre todo mucho se ha hablado sobre el resultado de la oposición y su justicia o no: el primer puesto le fue concedido a Sartre el segundo, a la autora de El segundo sexo. No entraré en la pelea de a quién se le debería haber adjudicado cada uno de los puestos, posturas las hay para todos los gustos; es decir, para los dos.

La sombra del autor de La náusea -a pesar de su pequeña estatura- era alargada, y su presencia brillante en el panorama artístico y filosófico hexagonal, lo que convirtió a su acompañante en eso, en la compañera de, siempre juntos en la calle, en los distintos actos públicos, en los sonados viajes -a veces recibidos como si se tratase de verdaderos jefes de estado-, en sus domicilios contiguos y en sus particulares amores (una reciente novela Sartre, roman, de Michel Antoine Burnier & Michel Contat, destacaba estas relaciones amorosas y la división ya clásíca entre amores contingentes y necesarios), sin cortar la libertad de los amores ocasionales propios; alguno de ellos, por cierto, dejó tanta huella en la mujer que hasta dio órdenes precisas para, en el momento de su muerte, ser incinerada con el el anillo de plata que le había regalado (los amores de Beauvoir -la “alocada ranita”- con su amigo americano -“el dulce cocodrilo”-, al que me estoy refiriendo, Nelson Algren, puede conocerse a través de las cartas, publicadas por Lumen).

Y si hablaba de la sombra del compañero que de alguna manera ensombrecía la figura de la mujer, ha habido quienes han llevado más lejos esta afirmación hasta el punto de hablar de anulación y hasta de interferencias de la filosofía del primero en las obras de la segunda; hasta en su señera obra feminista, en la que se vería, según algunas críticas, el masculinismo del inspirador (Michèle Le Doeuff mencionaba ejemplos en un libro publicado en la colección verde de Cátedra: El estudio y la rueca, creo recordar).

Cabe de todos modos establecer netas distinciones entre las obras de ambos, y de los géneros más explorados, evitándose así las supuestas sombras y pudiendo hablarse, quizá con más propiedad, de complementariedad o hasta, si se tercia, de división de trabajo, y hasta de trabajo realizado en discusión y diálogo permanentes. Así si en su brillante texto autobiográfico, Las palabras (Les mots), el futuro filósofo, mostraba su deseo claro de querer llegar a ser escritor como Stendhal, y filósofo como Spinoza, y acabó siendo el filósofo existencialista par excellence, creador de escuela y de manera de vivir (y hasta de vestir), y representante paradigmático del pensador comprometido hasta sus últimos días, las pinceladas autobiográficas de la autora de Les Mandarins, que salpican tanto esta obra como prácticamente todas sus novelas y libros de memorias, dejan ver una escritora que opta más por exponer sus ideas y la crónica de sus tiempos (y ambientes) por medio de la novela, y haciendo constar además su falta de inspiración en el terreno de la creación filosófica; cuestión -harto discutible dicho sea de paso- pues ahí están sus filosofías puestas en acción, en incesante y tenaz trabajo por plasmar la libertad, por ser muestra de autenticidad y coherencia, y como muestra de lo que afirmo ahí están sus Por una moral de la ambigüedad -ensayo por dotar de una moral al existencialismo-, La vejez -defensa de tal época de la existencia como continuación del mantenimiento por parte de los individuos del compromiso y la libertad en cualquier edad-, ¿Hay que quemar a Sade? -los límites de la libertad individual, en contacto con los otros, tomando como medida al divino marqués-, o la ya nombrada El segundo sexo obra pionera del feminismo y de la lucha en pro de la emancipación de las mujeres de las opresoras redes de los poderes androcéntricos, falocráticos, machistas, o masculinos, o…como quieran nombrarse. Obra cuya tesis básica de que “ la mujer no nace sino que se hace”, neto despegue de la mera diferencia biológica, es apoyada y contrastada con distintos filósofos; no estando ausentes los análisis debidos al psicoanálisis, la sociología, y la aplicación de dichos saberes a los temas más acuciantes de la vida de las mujeres (la menstruación, la sexualidad, la violación, el embarazo, el aborto, el lesbianismo, etc.) Como muestra del habitual vanguardismo de la Iglesia a la hora de apoyar a las mujeres, el libro fue enviado directamente al Index librorum prohibitorum, pero es que a quién se le ocurre hablar de ciertos temas con semejantes descaro y desparpajo…¡A Simone de Beauvoir, y en 1949! Mas no quedaron ahí las reacciones airadas ante la aparición de la obra nombrada: así, un representante de la derecha más mogigata, meapilesca y rancia, François Mauriac, llegaba -en el colmo de la obscenidad- a comentar a un periodista de Les Temps Modernes (revista de cuya dirección Beauvoir era una de las cabezas visibles) que conocía “todo sobre la vagina de su jefa” (no sería aplicable a este destacado pensador católico aquel dicho paulino de que “nada hay impuro para los ojos de los puros” ya que al contrario él convertía, con su sucia mirada, en impuro lo más puro, por lo que quizá le sería más aplicable algo así como con pan sueña el que hambre tiene), tal sujeto ya había señalado días antes en la prensa que estábamos ante un nuevo e inmejorable vomitivo (“hemos alcanzado literalmente los límites de la abyección. Es el bejuquillo que nos hacían insurgitar cuando éramos niños para que vomitáramos. Acaso sea éste el momento de la última náusea: la de la liberación”) ¡Pura escatología!; en el otro lado del espectro político, tampoco gustó el libro, así a Albert Camus le pareció un ataque que trataba de “deshonrar al macho francés” (¿quizá sería la visión solar-mediterránea del autor de La peste?), o el PCF, tan vanguardista y fino comme d´ habitude, se preocupaba seriamente porque las ideas de la autora no iban a gustar nada a los obreros de las fábricas y que sus ideas iban a hacer partirse de la risa a las obreras de Billancourt.¡Y así!

La primera mujer filósofo

La expresión es debida a la revista Paris-Match, a pesar del indudable carácter sensacionalista de dicha publicación fue una de las revistas de gran tirada en saludar con alborozo la obra de la que hablo, le dedicó siete páginas. Así se pronunciaba: “Una mujer llama a las mujeres a la libertad. Simone de Beauvoir es sin duda la primera mujer filósofo que ha aparecido en la historia de los hombres. Tenía que emprender la tarea de extraer de la gran aventura humana una filosofía de su sexo. Todos los problemas que caracterizan la preocupación de la mujer moderna: libertad de vivir, aborto, prostitución, igualdad de sexos, matrimonio y divorcio, parto sin dolor, etc. El acceso a la igualdad política, adquirido desde hace cuatro años, justifica que la eterna cuestión femenina sea tratada en términos modernos por una joven filósofo, fría y lúcida. Arremete contra todos los tópicos…”.

No cabe duda que El segundo sexo es un libro -de mil páginas, por cierto- que ha tenido una influencia indiscutible en la vida y en el pensamiento de la sociedad. Desde luego, qué duda cabe que, mucha más que El Ser y la Nada o Crítica de la razón dialéctica, las dos obras filosóficas más destacadas de su compañero Sartre. ¿Pero a qué genero pertenece el texto del que hablo? ¿Es una novela, una confesión, un panfleto…? Si bien es cierto que Simone de Beauvoir se inclinó más por la escritura de sus memorias y de novelas (en las que vehiculaba la/s existencia/s), no parece justo, de ninguna de las maneras, ignorar su obra filosófica, luego abandonada por su propia decisión. Indudablemente el libro nombrado es una obra clave de la filosofía del siglo pasado; tanto si se mira la filosofía -ciñéndose a la etimología- como “amor a la sabiduría”, como si se interpreta tal disciplina como “búsqueda de la felicidad” -o modo de vida, etc.- El segundo sexo es un libro de filosofía con todas las de la ley, y con plenos derechos. Tales derechos parecen, sin embargo, negársele -a la obra y a la autora- en las historias, introducciones, diccionarios, materiales de enseñanza filosóficos; y a los hechos me remito y que nadie tema que no voy a pasar exhaustiva lista; baste con acercarse a los manuales clásicos de la rama nombrada para ver que la ausencia de la filósofa parisina es total, en algunos casos podría comprenderse pues no llega a abarcarse, en ellos, la época a la que pertenece (Bréhier, Severino), en otros, sin embargo no hay excusa: ahí están los Hirschberger, Ferrater Mora, Copleston, Störig, la historia de La Pléyade, Hottois, Cooper, Huisman, la de la Encyclopaedia Universalis, Bermudo, Delacampagne, Besnier, Descamps, Descombes, la de Châtelet en la que no es nombrada ni en la cronología bibliográfica final, Quintanilla, o la historia de la ética dirigida por Victoria Camps, cuya capítulo dedicado a Sartre lo escribe por cierto una feminista de pro -Celia Amorós- que bien podía haber prestado un hueco a las incursiones por la moral de la filósofa de la que hablo…) ¡y no sigo! En algunas obras se la nombra como “amiga de Sartre”, como “discípula de”, como “colaboradora”, vamos todo queda reducido a notas a pie de páginas en las que se recurre a ella, la “grande Sartreuse”, como la llamasen con maldad manifiesta sus enemigos, para reforzar la filosofía del maestro, en un claro papel de segundona. Decía Michèle Le Doeuf, en este orden de cosas, que en el caso del Castor se veía un claro ejemplo de poligénesis en la construcción de su obra, de manera que no era discípula de un solo maestro sino que su obra la iba tejiendo con materiales provenientes de varios filósofos, de distintas disciplinas, reivindicando así para ella el título de filósofa de pleno derecho; otra cosa será constatar que el mundo de la filosofía, entre otros, es un campo dominado por hombres. Más mérito habrá de atribuirse a esa mujer combativa que se atrevió a penetrar en campo adverso, aunque ello le pudiese suponer en algunos casos ver marcado su propio pensar por la influencia del campo -androcéntrico- visitado.

Un hombre no habría tenido la idea de escribir un libro sobre la singular situación que ocupaban en la humanidad los machos. Que es un hombre es absolutamente claro (va de soi). Un hombre está en su derecho siendo un hombre, es la mujer quien se halla en una situación de desventaja…Él es el Sujeto, él es lo Absoluto; ella es el Otro”, y es en aquel contexto en el que Simone de Beauvoir se enfrentó a la arriesgada tarea de continuar en su empeño de ahondar una perspectiva de moral existencialista -tarea ya abordada anteriormente en sus Pyrrhus et Cinéas o en Por una moral de la ambigüedad– centrando ahora su femenina mirada en la condición femenina. Quizá la particularidad de la búsqueda beauvoiriana resida en poner el acento en la moral, aspecto dejado para más tarde precisamente por su compañero en El Ser y la Nada. En su marcha hacia la libertad absoluta con un agudo sentido ético, Simone de Beauvoir va a tratar de completar las carencias de su amigo (tapar los agujeros) en la contradicción entre libertad y necesidad; y así va a tratar de tomar el ejemplo privilegiado de la mujer como menor de edad bajo tutela masculina, y la construcción del arquetipo femenino como ser dependiente y entregado, status que no responde a ninguna esencia previa o eterna (el eterno femenino resulta una entelequia similar al alma negra o el ser judío) . La realidad femenina es una construcción social, y la filósofa va a reivindicar el riesgo de asumir la libertad por las mujeres sin tener que esperar a órdenes o responder a comportamientos consagrados como los correctos y/o adecuados.

Ante la libertad absoluta y asituacional de Sartre en su obra antes citada (con aquel punto de partida de que “el hombre es una pasión inútil”), Beauvoir va a poner en litigio la libertad ligándola de manera tajante con la situación concreta, y para ello va a destripar el meollo de las relaciones entre opresores y oprimidas, tomando como apoyos al Hegel de Kojevé o al Marx de los manuscritos de 1844, y arreglando las cuentas con ciertas posturas antropológicas engelsianas (cerrando así cualquier puerta a la aceptación de un feminismo marxista). Por una parte, subyacería en la travesía de la filósofa, la dialéctica del dueño y el esclavo de la que la mujer queda excluida ya que no rivaliza sino que queda marginada, por su función reproductora, en un afuera de esa dialéctica, reducida a una cercanía grande con respecto a la naturaleza de la cual ha despegado sin embargo el hombre por medio de la cultura y sus actividades: caza, guerra, etc. Si el esclavo vence al dueño (o el proletario al burgués, en la lectura marxista y kojéviana), la mujer reducida a su función procreadora no puede vencer a su dueño pues el otro es partícipe necesario en el acto reproductor. Huye la filósofa de una explicación biologicista y lo hace por momentos cayendo en cierta mistificación trascendentalista hegeliana -poniendo en el lugar esencial: el reconocimiento de sí de la conciencia, de cuya lucha por cierto la mujer queda excluida por sus dedicaciones- mas no cesa en su empeño de pisar suelo y para ello se va a valer de las conceptualizaciones sobre el trabajo del joven Marx (Althusser pace!) y va a situar las puertas de la liberación femenina en la participación en actividades antes casi exclusivas de los hombres, en la integración en el proceso de producción y en la independencia económica subsiguiente va a hallar la autora una palanca importante para avanzar en la salida femenina de los marcos estrechos del cuidado de la prole, etc. En el trabajo los humanos al tiempo que transforman la naturaleza se transforman, se objetivizan, se constituyen a sí mismos; de ahí la importancia esencial de la presencia de la mujer en las labores productivas para dejar de ser un otro de los humanos masculinos y evolucionar, despegando de los aspectos que parecen tenerla enraizada en las cercanías de la animalidad. Así, y sin entrar en más detalles, se puede afirmar que la travesía beauvoiriana se apoya en una cierta lectura de Hegel, en una lectura marxista que le hace compartir, a su modo, su concepción de la filosofía de la historia y su antropología, y recurriendo al existencialismo fenomenológico, además de a algunas apoyaturas psicoanalíticas, con lo cual es obvio que la huella -o la sombra mentada- de su compañero queda absolutamente desbordada en el terreno filosófico.

Todo sujeto se manifiesta de forma concreta a través de proyectos que le trascienden, no realiza su libertad más que a través de la perpetua superación por otras libertades; la única justificación de la existencia presente es su expansión hacia un futuro de infinitas posibilidades. Cada vez que la trascendencia cae en la inmanencia, la existencia queda reducida al en-sí, y la libertad a la facticidad. Esta caída es una falta moral si es consentida por el sujeto. Si le es infligida, se convierte en una frustración y una opresión; en ambos casos supone un mal absoluto”. Con este clarificador programa filosófico de partida, Beauvoir trata de dar armas a las mujeres para que tomen los medios para reconocerse como alteridad y como sujetos libres. Entrega el arte de ser otras, de ser segundas…y combatir la sumisión del primero, del uno mismo, de los varones. Puede así afirmarse que la obra de la que hablo es una de las obras del pensamiento francés -no solo- más importantes del siglo pasado, y ello tanto desde el punto de vista del feminismo como desde una óptica filosófica. Es obvio, no obstante, que Simone de Beauvoir no habría escrito la misma obra a mediados del siglo pasado que si lo hubiese hecho en la actualidad; y lo digo ya que las críticas han llovido sobre su obra desde ópticas feministas al señalar las deficiencias de la postura de la pensadora al tomar tal cual ciertas doctrinas de Hegel o Marx, sin limarlas de sus aspectos androcéntricos, del mismo modo que dio por buenas las conclusiones de la antropología o los estudios de la prehistoria y de la etnología de la época. Desde entonces ha llovido mucho y los conocimientos sobre los últimos de los aspectos señalados han avanzado cantidad, dicho lo cual, Simone de Beauvoir indudablemente se apoyó en las teorías más progresistas y avanzadas de su tiempo.

Sea como fuere, Beauvoir entregó una filosofía viva que sirvió, y sirve en gran medida ya que la sombra de El segundo sexo es alargadísima e inevitable al hablar de estos temas, de bandera de lucha, y de compromiso para muchas mujeres que fueron despertadas del sueño dogmático masculino, para vivir como personas integrales, y no como floreros (¡ay Kant!), ni como hombres defectuosos o incompletos, que dijesen los Aristóteles o santo Tomás de Aquino, ni como seres de cabellos largos e ideas cortas (Schopenhauer dixit), ni como las ayudantas (secretarias…) de, alejando a las mujeres del que parecía, hasta entonces, su inevitable triángulo (Kinder, Kuche, Kirche: Niños, Cocina, Iglesia)… y en tal combate, Simone de Beauvoir dejó además de su obra, su propio ser de mujer comprometida, infatigable, creadora y apoyando los combates de los humanos (combatientes argelinos, disidentes del Este, prisioneros, emigrantes, organizaciones y/o periódicos prohibidos, etc.) Así fue Castor, apodo con la que se la conocía y que le fue puesto jugando con el vocablo inglés (Beaver) por uno de los componentes del grupo de amigos de l´École Normale Supérieure (Nizan, Maheu, Sartre)… como se lo explicó el segundo de los nombrados “los castores van en grupo y tienen espíritu constructor”.

El segundo sexo: cincuenta años

Igualdad, diferencia , postfeminismo

En junio de 1949 veía la luz el primer tomo de «El segundo sexo» ( Los hechos y los mitos ) de Simone de Beauvoir, cinco meses más tarde lo haría el segundo ( La experiencia vivida ). Con tal aparición llegó el escándalo de la sociedad biempensante y el éxito inmediato de la obra, acompañados de discusiones que todavía hoy no han cesado. El libro de Castor ( Beauvoir = castor / apodo con el que se le conocía debido a su carácter laborioso e infatigable) ya había sido publicado en parte en la revista Les Temps modernes ( codirigida por aquel entonces por Jean-Paul Sartre y Maurice Merleau-Ponty). Como digo el escánadalo no se hizo esperar y como muestra la Iglesia-siempre en vanguardia- incluó la obra en el ïndice de libros prohibidos.

Abajo de los Pirineos las cosas estaban mucho peor, y así la censura franquista no permitió que el libo se publicase. Hasta ahora, que se cumple el cincuentenario, el libro no ha sio traducido por acá. Se han podido leer las traducciones realizadas en Latinoamérica ( la argentina Siglo Veinte y posteriormente la traducción de Aguilar) , pero ahora, al fin, la editorial Cátedra, presenta una muy cuidada edición de la obra de la mano de Alicia Martorell – traductora ya premiada por su encomiable actividad en tales lides- con una presentación destacable de Teresa López Pardina. ¡ Bienvenida sea!

Las mil páginas de la obra se atrevieron , en aquellos mojigatos tiempos, a hablar de cuestiones que hasta entonces no parecían convenientes, ni e buen gusto. Simone de Beauvoir se lanzó con valentía a tratar de clarificar la “realidad femenina” relegada, la mujer, a ser la Otra del varón dominante. Para llevar a cabo tal propósito la filósofa existencialista se sumergió en el análisis de lo que decían sobre este asunto la biología, el psicoanálisis y el materialismo histórico, para después estudiar la historia y el papel que a lo largo de ella se ha asignado a las mujeres, los mitos y cómo han enjuiciado éstos a la mitad del cielo despreciada. Posteriormente, la autora seguirá su exploración del desarrollo de la vida femenina ( niñez, adolescencia, madurez, etc.), los diferentes prototipos femeninos y la sexualidad, la especificidad psicológica y su univreso imaginario. No evita los detalles, la escritora gala, y así penetra con crudeza en temas como la menstruación, la violación, el embarazo, la menopausia, la iniciación sexual, el masoquismo, la frigidez, el adulterio, el aborto, el lesbianismo, etc., etc., etc. Imposible detenerse ni siquiera de modo superficial en la complejidad de esta obra en este escaso espacio.

Obra harto documentada, ésta se mueve a caballo entre la sociología, la política, lo mundano y lo filosófico. Sería injusto olvidar el aspecto de compromiso personal que hace que la obra no fuese escrita por una neutral « tercer sexo», sino por una mujer que escribe con su propio cuerpo esta obra que pasaría a convertirse en fundamental para el pensamiento de las mujeres. Texto ineludible para cualquiera que se acerque al tema de la mujer. Libro del que no se puede escapar, y del que no escapa nadie que haya escrito sobre la mujer después de su publicación, ya sea para criticarlo o para desarrollarlo, y es que , con todo, es difícil oponerse al postulado fundamental que viene a ser la tesis central de la obra: « la mujer no nace sino que se hace». Vamos que la sociedad masculina fabrica una mujer a la medida de sus intereses: buena madre y ama de casa, o…lindo florero.

Diferencia

Considerada como dentro del feminismo ilustrado o de la igualdad por unas o como puente entres éste y el posmoderno, al abrir la puerta a la diferencian entre sexo y género, entre biología y cultura, Simone de Beauvoir ha sido criticada por no saber soltar amarras de modo definitivo con las posturas de Sartre – el de El ser y la nada , manteniéndose dentro del marco del individualismo burgués y manteniendo a la mujer como Otra del sujeto masculino ( así, ella más bien sería sujeta-da). Magnífico en este orden de cosas resulta el libro de Michéle Le Doeuf, El estudio y la rueca, editado por Cátedra. La filósofa se poya en el pennsamiento de Beauvoir, subrayando las diferencias con respecto a la filosofía sartreana, para avanzar en la lucha a favor de la liberación femenina.

También ha solido ser criticada Simone de Beauvoir por su postura a veces cuasi-despectiva con respecto a la maternidad. Estas críticas han solio venir de las filas del feminismo de la diferencia; cercana a tales posturas, en algunos aspectos, puede situarse a Sylviane Agacinski quien en su Política de sexos ( Taurus) mantiene unas posturas que postulan la igualdad ( y hasta la paridad en lo que hace a la representación política), sin olvidarse de poner el acento en los aspectos propios del ser femenino en crítica permanente con el falogocentrismo ( Derrida dixit ).

Mas allá de…

El brillante ensayista Gilles Lipovetsky siguiendo con su tarea de disecar las sociedades contemporáneas, se centra en su última entrega en la situación de la mujer. La tercera mujer ( Anagrama) da cuenta , con cierto tonillo satisfechos con lo que hay, muy propio del autor en muchas de sus obras, por no decir en todas, de la « victoria» de la mujer como una de la características de nuestro hoy. Francamente, si nos quedamos en los meramente descriptivo, se podría estar de acuerdo en que los hombres están asociados fundamentalmente con las actividades e « instrumentales», mientras que las mujeres los están más con los roles privados, estéticos y afectivos; sin embargo, no hace falta ser situacionista para mantener que las situaciones no se han de soportar sino que se han de cambiar. Lipovetsky se erige en notario de lo que hay como si fuese algo marcado por la providencia o por ineluctables factores naturales ( sin mención alguna a las causas…). De todos modos no es, en absoluto, una pérdida de tiempo la lectura, aunque a veces se haga a contrapelo, de esta obra que da muchas pistas y abre muchos caminos para la rumia y el debate.

Lejos de cualquier espíritu amalgamador, insultante y panfletario( véase el artículo de Juana Salabert en El Mundo de los Libros del sábado 20 de febrero) se hace una defensa de la mixitud, defendida por la nombrada Agacinski que es una postura atractiva en este « inteto de elaborar una cultura con dos sujetos respetuosos de sus diferencias, modelo para una coexistencia en la diversidad a nivel universal» ( esta frase entrecomillada es debida a Luce Irigaray – nave-insignia , todo en femenino, del feminismo de la diferencia en su última obra Être Deux. Grasset, 1997). Antes de finalizar no puedo resistirme a señalar lo equilibrado de las posturas de Rosa María Rodríguez Magda en defensa de un « feminismo transmoderno» ( El modelo franskenstein. Tecnos, 1997) como forma de continuar hacia adelante por la misma senda que hace cincuenta años abriese ejemplarmente Simone de Beauvoir.

Simone de Beauvoir, escribir la libertad

En un día como hoy de 1986 se apagó la existencia de esta mujer independiente que no se acomodaba al rol que habitualmente se asignaba a las mujeres y luchó por construir su libertad y ampliarla a la totalidad de los humanos; en especial, a la de las mujeres.

El día 19 de abril un cortejo de cinco mil personas acompañaba a la difunta hacia el cementerio de Montparnasse donde iba a recibir sepultura junto a su compañero, su cómplice, su amante, su amor “necesario” (frente a los “contingentes”) que había sido allá enterrado exactamente un mismo día 19 de seis años antes(había fallecido el día 15 de 1980); en aquella ocasión el cortejo fúnebre estuvo compuesto por más de cuarenta mil. Las cifras que señalo son muestra de cómo la filósofa quedó ensombrecida por la grandeza del pequeño filósofo, ya desde la propia oposición a agregadurías en la que a él se le concedió la primera plaza y a ella la segunda ella quedó convertida en <<discípulo>>(sic!) del gurú del existencialismo(como consta en el Petit Larousse), no ocupando lugar propio en las distintas historias de la filosofía(no pasaré lista hoy); a lo más alguna mención a su <<Segundo sexo>>, obra maestra de la pensadora, cuya huella sigue marcando a cualquiera que se preocupe de la <<cuestión femenina>>…et tout le reste c´est littérature ; es así como quedó relegada al papel de compañera de Jean-Paul Sartre-la <<grande Sartreuse>> dirían con maldad- y como escritora.

Ya desde joven mostró su independencia, ante unos padres pasmados, y su clara decisión al optar por unos estudios que parecían terreno acotado para hombres. Entre los que preparaban las oposiciones a filosofía en la École Normale Superieure se codeaba con Jean-Paul Sartre, Paul Nizan y René Maheu, y en el primer liceo, en prácticas, era la única mujer junto a los Maurice Merleau-Ponty o Claude Lévi-Strauss. Fue su amigo Maheu quien jugando con la palabra inglesa (beaver) le puso el mote de Castor, ya que tales animales <<van en grupo y tienen espíritu constructor>>, tal espíritu le acompañó a lo largo de su vida a esa infatigable y luchadora mujer tanto con su presencia en innumerables movilizaciones, como con su escritura que da cuenta de su tiempo y de su presencia en él, sin obviar sus escritos filosóficos que fueron- y son- instrumentos que empujan a luchar por la dignidad y la libertad universales.

De su preocupación por cómo ubicarse en la situación en que a uno le toca vivir optando por “liberar su libertad” para sí y para los demás queda sobrada constancia desde su primer ensayo en el que asistimos al diálogo entre <<Pyrrhus y Cinéas>> (1944) y en el que pretende sentar las bases para una ética existencialista, luego vendría << Por una moral de la ambigüedad>>(1947). Los dos personajes plautianos, del libro primeramente citado, discuten acerca que qué hacer: el segundo personaje representa la pasividad mientras que el primero se plantea un futuro construido en torno a un proyecto previo; la búsqueda del lugar adecuado en lo que hace al compromiso con la libertad se convierte así en la tarea a perseguir por cualquiera que se precie.

Esta donación de sentido a la existencia-que prima sobre la esencia- sería precisamente el

punto de partida de la obra con la que la <<filósofa-llevando-turbante>>-que diría Beatriz

Preciado- elaboraría su obra maestra: <<El segundo sexo>>(1949) que hizo llevarse las manos a

la cabeza a todos los machitos que en el mundo había, encabezados por la santa madre Iglesia

que prohibió su lectura, catalogándolo dentro del Índice de libros prohibidos. Mil páginas se

alzaban contra una supuesta inamovible naturaleza femenina; en ellas la autora criticaba

los discursos dominantes (biológicos, psicoanalíticos, del materialismo histórico) y revisaba

la historia, la antropología y los mitos creados por la literatura, para pasar posteriormente a

estudiar la vida de las mujeres (la menstruación, la maternidad, la prostitución…), abriendo

así los caminos del feminismo moderno y sus distinciones entre género y sexo. Más tarde

vendría su estudio sobre Sade(1955) en donde tomando como base al marqués estudiaba

las relaciones entre lo individual y lo colectivo, y balizaba los límites de la libertad individual.

Una filosofía que se elevaba de lo particular a lo universal ofreciendo una verdadera arma para vivir con la dignidad de los seres libres ; <<queriendo hablar de mí, me daba cuenta de que me era preciso describir la condición femenina…Intentaba poner orden en el cuadro que se me ofrecía, incoherente a primera vista : en todo caso el hombre se planteaba como el Sujeto y consideraba a la mujer como un objeto, como el Otro…Me había puesto a mirar a las mujeres e iba de sorpresa en sorpresa. Es extraño y estimulante descubrir entonces, con cuarenta años, un aspecto del mundo que atrapa los ojos y que no se veía>>

Toda una vida entregada a liberar la libertad con la escritura y el compromiso…<<se escribe a partir de lo que se ha conseguido ser>>, una gran mujer que echó por tierra la afirmación de Stendhal: <<todo genio nacido mujer es un genio perdido para la Humanidad>>…¡Gracias Castor por sus lecciones, por las sendas que abrió y por el compromiso de una vida que, cual viejo topo, horadó los intocables cimientos de la sociedad patriarcal!

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