Victoria agridulce del Sinn Féin en Irlanda

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Un nuevo terremoto electoral ha sacudido este fin de semana Irlanda. El 8 de febrero se han celebrado en Irlanda las elecciones parlamentarias que han quebrado el sistema de partidos Irlandés. Acostumbrados a un bipartidismo de corte turnista en el que el gobierno ha estado ocupado durante años por el Fianna Fáil (FF) o por el Fine Gael (FG) (ambos partidos situados en el centro-derecha), el tremendo auge del Sinn Féin (SF) ha provocado una enorme incógnita en torno al futuro del país.

El partido nacionalista, Sinn Féin, que desde hace años reclama la unificación de la totalidad del territorio insular, es decir, la adhesión de Irlanda del Norte; habría obtenido un 24.5% de los votos, situándose a la cabeza. El Fianna Fáil y el Fine Gael han perdido su habitual hegemonía alcanzando un 22.2% y un 20.9% respectivamente. Sin embargo, el complejo sistema electoral irlandés de transferencia de voto, que funciona a través de la elección escalonada de la preferencia de los candidatos, ha penalizado a un SF que no esperaba este enorme crecimiento. El partido de Mary Lou McDonald ha obtenido 37 escaños de los tan solo 42 candidatos que el Sinn Féin había presentado. Fianna Fáil ha sido el que ha capitalizado mejor sus votos habiendo obtenido 38 escaños frente a los 35 de Fine Gael.

El Sinn Féin, el partido que aún arrastra la controversia de haber sido el brazo político de la organización armada IRA, ha conseguido doblar sus votos conforme a las anteriores elecciones en 2016 y convertirse en la opción más votada en la isla. Varios son los motivos que los analistas argumentan en torno a su victoria.

En primer lugar es necesario señalar el cambio de liderazgo que el partido vivió en febrero de 2018. Gerry Adams, que había sido flanco de una durísima oposición por su supuesta vinculación con el IRA, abandonó la presidencia quedando al mando del partido su vicepresidenta, Mary Lou Mcdonald. Bajo la dirección de McDonald, el partido ha logrado hacerse con el apoyo mayoritario de la población con un ambicioso programa de un marcado carácter socialdemócrata en el que destacan medidas como la construcción de 100.000 nuevas viviendas, un tema muy candente en Irlanda, país en el que actualmente se están alcanzando cifras récord en torno a la mendicidad; la congelación de los alquileres o el aumento de la inversión en sanidad.

Como no podría ser de otra forma, el Brexit, también puede haberse convertido en uno de los indicadores del crecimiento de Sinn Féin. Los de McDonald habrían conseguido adoptar un papel protagonista en la oposición al establecimiento de fronteras aduaneras y de tránsito de personas entre Irlanda e Irlanda del norte.

En cualquier caso, el futuro de la gobernabilidad de Irlanda continúa siendo una incógnita. La mayoría necesaria para la formación de gobierno pasa por los 80 escaños y la fragmentación parlamentaria hace necesario un pacto, como mínimo, a tres bandas para que este sea posible. El líder del partido demócrata-cristiano, Fine Gael, Leo Varadkar, ya ha reiterado su rechazo a formar gobierno con el Sinn Féin. “Un matrimonio forzado no resultaría en un buen gobierno” han sido las palabras del del ex-primer ministro.

McDonald por su parte ha anunciado la intención de su partido de formar gobierno y el inicio de la ronda de contactos con otros partidos. En concreto ha mencionado al Partido Verde, al Partido Socialdemócrata y a Solidaridad-La Gente Por Delante de los Beneficios.

Por su parte, el líder del Fianna Fáil, Micheál Martin, no descarta ninguna posibilidad. Después de que durante la campaña negara la posibilidad de formar gobierno con McDonald o Varadkar, el líder del FF reivindica su carácter “demócrata” y la necesidad de “escuchar a la gente”. Pese a que no descarta la posibilidad de negociar un gobierno con el Sinn Féin, la distancia ideológica que separa a ambos partidos es notable, por lo que la consecución de un acuerdo se prevé difícil.

Muchos hablan de la importancia que tendrán en las negociaciones el grupo de Independientes. Estos se han hecho con la cuarta posición habiendo obtenido 19 escaños. Su falta de adscripción partidista hace muy complicado suponer cuales serán las inclinaciones de sus miembros en las futuras negociaciones.

Una vez más, en el contexto europeo, se produce una nueva quiebra de un sistema de partidos que amenaza la estabilidad política. Como ya pasara en España en diciembre, no sería de extrañar que la actual aritmética parlamentaria y la imposibilidad de llegar a acuerdos, propiciaran la necesidad de repetir elecciones en la isla. En cualquier caso es una crisis de los modelos políticos clásicos. En este clima de incertidumbre, la imprevisibilidad va camino de convertirse en norma y si bien el futuro político de Irlanda continúa siendo una incógnita, el auge del Sinn Féin certifica la muerte del bipartidismo en la isla.

Irlanda se suma a la lista de países europeos donde la tensión entre los partidos tradicionales y los aspirantes a sucederles están generando situaciones de inestabilidad institucional no previstas por sus sistemas políticos. La estabilidad política del país pasa por la capacidad de negociación de las fuerzas políticas y ahora no queda otra opción que esperar. Los partidos cuentan con unos meses para negociar la formación de un gobierno y de no formarse este, el pueblo irlandés tendrá que enfrentarse a unos nuevos comicios en los que probablemente el Sinn Féin presentaría más candidatos con la intención de ampliar su base parlamentaria.

 

El Salto

 

 

 

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