Venezuela. ¡Vamos a saquearlo¡

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Ese fue el comentario de varias personas en las puertas de un abasto ubicado en la parroquia Sagrario de la ciudad de Mérida, molestas porque llegó una importante cantidad de harina de maíz y no fue vendida en su totalidad, sino que se reservó una parte para los funcionarios policiales que cuidaban el local, para las autoridades de la parroquia (comenzando por el prefecto), y quizá para ciertos personajes del oficialismo y de la dizque oposición. Y  en verdad esas personas se notaban deseosas de lanzarse a la aventura del saqueo, y sólo se contuvieron debido a que no contaron con el apoyo del resto de la muchedumbre.

Tristemente la crisis socioeconómica en Venezuela es cada día peor, y por una u otra razón las masas se abstienen por poco de rebelarse de forma masiva y contundente contra el Gobierno “revolucionario”, la “oposición” y el alto empresariado. Esto es inaguantable, aunque las autoridades se atrevan a asegurar que el panorama en general está mejorando.  La disponibilidad de alimentos subsidiados y regulados disminuye progresivamente, la deuda externa aumenta y aumenta, y a pesar de que el país está de rodillas ante el gran capital estadounidense, chino y de otras potencias, en pro de algunas migajas, la realidad es que no hay suficientes divisas ni para satisfacer las necesidades más urgentes del pueblo humilde (salud, alimentación y educación de calidad).

Seguimos dependiendo en buena medida del negocio petrolero y de los caprichos de los capitalistas (cómodamente instalados en sus oficinas), que juegan a su antojo con el precio internacional del crudo. Entonces, ¿por qué carajo el Gobierno de Maduro asegura que Venezuela es un país independiente y socialista?, ¿qué ha pasado con la tan mentada soberanía agropecuaria e industrial?, ¿hasta cuándo dependemos del gran capital y de la ambición de una minoría para medio comer y medio subsistir? Estamos tan mal como en el periodo puntofijista, con la diferencia que hoy día los chinos han irrumpido con fuerza, como la potencia que está a la par de Estados Unidos en la competencia por los mercados mundiales. Ahora también nos arrodillamos ante el gigante asiático, cuyos empresarios, como otros negociantes en el resto del mundo, tienen como interés prioritario acrecentar sus caudales, bien lejos de las necesidades de los pobres.

Mientras tanto las masas seguirán molestas, con ganas inmensas de estallar masiva y contundentemente, pero contenidas tanto por la “Revolución” como por los líderes “opositores” (ahora con el fulano diálogo), y amedrentadas hasta cierto punto por la brutal represión policial-militar en el contexto de la OLP. Claro que todo puede cambiar; no hay muro de contención que pueda detener a un río desbordado.

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