Venezuela. Una revolución embrollada

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Hacer la revolución socialista es una tarea colosal. No sólo porque el capitalismo es muy poderoso (militar y económicamente), sino porque desde hace milenios se ha impuesto el tutelaje de poseedores sobre desposeídos, del hombre sobre la mujer, del caucásico sobre todos los que no lo son, de los sacerdotes sobre los devotos y los maestros sobre sus discípulos. Todos ellos dicen tener que hacerlo dadas las “incapacidades” naturales que arrastran los “otros”.

Tal cosa conspira contra una revolución socialista que, como decía Alfredo Maneiro, es un cambio en las relaciones humanas, un cambio en la forma de relacionarse los hombres entre sí y arreglar de una cierta manera sus relaciones con la naturaleza… El tutelaje junto al modo de producción capitalista, conforman el más espantoso desaire a la humanidad.

La tarea de una vanguardia revolucionaria es portar los estandartes de este esfuerzo emancipador, ser los ojos y oídos de la sociedad. Sin embargo, altos funcionarios nuestros, que son sólo una burocracia privilegiada, actúan como comandantes del nuevo orden tutelar. Me refiero a esos jefes, de lo que sea, que hablan sin escuchar, que se trasladan en sus camionetas sin respetar semáforos y parándolas en doble fila en cualquier lugar; a esos alcaldes que rechazan ser conserjes de la ciudad y en general a aquellos que trajinan con sus cargos.

En su desdén por la sociedad asumen que el partido es la revolución y ellos su vanguardia. Sustituyen a los ciudadanos por aparatos como el FFM, las UBCh y ahora las RAAS, armando consejos comunales y comunas como si se tratara de patrullas electorales, repartiendo cajas de CLAP o llenando plazas y auditorios cuando se les convoca; pero, dejan la producción en manos del empresariado, cuando no en las de ellos mismos.

A esa burocracia privilegiada lo único que Lenin les pedía, en “El Estado y la revolución”, es que fuera fiel ejecutora de las directivas emanadas de los soviets, que era la organización de los trabajadores, y no lo logró. Igual le pasó a Chávez cuando señaló a las comunas como la verdadera organización revolucionaria de la sociedad. Dijo que ellas eran el sujeto de la producción y control del territorio, eso es socialismo, más nada.

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