Venezuela: Parábola de ida con vuelta casa

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Por Patrocinio Navarro Valero

¿Podemos imaginar la siguiente situación? Una familia inicialmente rica atraviesa ahora graves dificultades económicas debido a las malas artes de vecinos alentados y dirigidos por  el más poderoso de todos ellos, que desea arruinarla y quedarse con sus bienes. Bloquearon comercio  y finanzas y dificultaron la llegada de bienes de primera necesidad, lo que originó una grave  situación. Entonces los vecinos resuelven intervenir. Naturalmente, no como colaboradores que auxilian,  sino como invasores. Su  objetivo es adueñarse de los bienes de esa familia e imponerle su forma de vivir. Por desgracia, uno de sus miembros se presta  al juego sucio y se proclama  jefe y nueva  autoridad familiar.

El eco de ese suceso alcanza a todo el mundo. Debido a un eficaz sistema de propaganda puesto en marcha por los vecinos, estos consiguen convencer a millones  de de esa rebeldía está justificada;  que los problemas de esa familia son tan graves que exigen intervenir como sea, incluso sin descartar irrumpir en la casa familiar violentamente para poner orden. Y las  gentes de todas partes,  a fuerza de escuchar sus penurias se ponen del lado  de los conspiradores  y de su nuevo jefe al que consideran ahora la legítima autoridad.

Como es natural,  dentro de la casa asediada  se produce un verdadero terremoto  debido a los problemas de escasez y penuria generalizada y surge una dramática división entre quienes  aceptan  la autoridad y el orden familiar y los rebeldes. Así, los vecinos  que hasta ayer mantenían buenas relaciones se miran hoy  con desconfianza, se enfrentan, discuten.

¿A quién favorece esta situación? ¿A la paz, a la armonía, a la convivencia o a la justicia? No, por cierto: A los conspiradores. Solo a ellos. Sin duda han tenido éxito en la siembra de cizaña y colocado un caballo de Troya para tomar el control.

De la noche a la mañana rodean la  gran casa familiar con camiones de  víveres y medicinas que nunca pudieron comprar por el bloqueo, para que claudiquen a la presión de la necesidad, desde el  jefe de familia  hasta  los miembros encargados de proteger la casa. Le llaman “ayuda humanitaria”, presentada ante los ingenuos como un asunto de buena fe, de gente de bien, y  hasta amigos de Dios. Pero  son siempre los enemigos de Dios los que  intentan dividir, separar y dominar en beneficio propio y  por todos los medios, violencia incluida. Los amigos de Dios hablan siempre de unión, de  verdad y de paz,  cooperan para el entendimiento sin violencia  en lugar de conspirar.

Salimos de la parábola:

Y si nosotros a la casa del cuento  la llamamos  “Venezuela”  y a la riqueza de la familia le llamamos  “Petróleo”, podemos  poner  nombres a todos  los demás actores de este drama que tiene dividida a la opinión mundial, comenzando por el inductor principal del complot, el jefe de la cuadrilla de vecinos alentando con su gran bocaza enarbolando  en una mano  su banderita de barras y estrellas, y tirando con la otra del hilo de su nueva marioneta.

La opinión mundial debe tomar nota de  que las reservas de crudo de Venezuela son las más importantes de las Américas y que los vecinos del Norte, capitaneados por Trump aspira a tenerlo bajo control porque el suyo se está acabando. Y todo el montaje del supuesto humanitarismo que vemos en las televisiones encubre esta realidad y defiende las maquinaciones norteamericanas con  sus marionetas, colombiana, brasileña y a su elegida marioneta  venezolana. Y como  los títeres carecen de conciencia  por definición, es fácil mover sus hilos.

Vergüenza produce ver la respuesta de Europa ante ese verdadero escándalo anti democrático tan primitivo , y  el ver cómo el Gobierno español se erige como portavoz de esa  Europa titiritera y de doble moral que apoya un  golpismo que jamás aceptaría aquí. Vergüenza ver  cómo hay ciudades en España que hasta recogen ayuda humanitaria para Venezuela cuando en el país   hay un millón de hogares con necesidad de esa ayuda, donde millones de ancianos que tienen que elegir entre comer y tomar sus medicinas, donde crecen la pobreza infantil, no cesan los desahucios y miles de niños solo comen una vez al día en el comedor escolar mientras sus padres tienen que mendigar en los  bancos de alimentos , en los deshechos de los supermercados y hasta rebuscar  la basura qué dar a su familia. Y estos  problemas de los españoles, ¿deberían ser resueltos desde Rusia o desde Alemania? ¿Debería algún español  autoproclamarse presidente y solicitar apoyo internacional para acabar con las injusticias de aquí?

Entre tanto, los  problemas de los venezolanos los deberían  resolver ellos sin que nadie meta las narices allí, y menos en busca de algo que no les pertenece, aunque ya lo hicieron en Irak  o  en Libia y lo intentaron en Siria. Siempre hubo un tirano en esos países que obligó a poner orden allí. Ahora los hay en Arabia Saudí, o en las monarquías del Golfo, en Turquía o Marruecos, por ejemplo, pero eso ¿a quién le importa mientras sean tiranos amigos a quienes se venden objetos para matar de todos los tamaños y formas y nos controlan emigrantes?

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