Venezuela necesita de sus Hermanos/as

Casi un año atrás, asumí como propio Servir a Venezuela, firmado por Katiuska Blanco, quien entonces resaltó que un destacado grupo de intelectuales del mundo reunidos en La Habana convocados por el Capítulo Cubano de la Red de Redes en Defensa de la Humanidad ratificó su Solidaridad con la Revolución Bolivariana y rechazó de manera rotunda la violencia generada por las fuerzas del golpismo fascista en el país. En este minuto, de cara a las zancadillas de la contrarrevolución que comanda la Asamblea Nacional (AN) de la Patria de Simón Bolívar y sus aliados del exterior, con más fuerza retomo el tema.

Sería un error mayúsculo pasar por alto la Mala entraña parlamentaria que impera en la nación sudamericana. Les reitero a mis lectores/as que Henry Ramos Allup, titular del Legislativo venezolano, declaró después del triunfo electoral de su bancada:

“Considerando objetivamente todos los factores de dentro y fuera del Gobierno, la situación económica y política, y lo que acaba de suceder (en las urnas electorales), no veo a este Gobierno llegando a su término natural que serían las próximas presidenciales de 2019; no lo veo, porque ¿cómo se sostiene este Gobierno?”. “Nosotros vamos a promulgar las leyes, cumpliremos con nuestro deber constitucional de enviarlas al Ejecutivo y si las devuelve sea cual sea la razón y no acogemos las observaciones, las promulgaremos en la directiva de la Asamblea Nacional porque tenemos facultades constitucionales para eso” —las negritas son mías.

La mezquina actitud del cabeza de la AN de Venezuela no solo se traduce hoy en que ese individuo sigue proclamando a los cuatro vientos la imposibilidad de que, según su parecer, el Presidente Nicolás Maduro pueda terminar su mandato otorgado por la mayoría del pueblo (dijo Allup: “Se lo está tragando la crisis”); sino que también rechaza la propuesta del Gobierno para salir del atolladero y declara una “crisis humanitaria de salud” en el país, sin mover un dedo para aportar solución realmente en favor de las masas venezolanas.

En este panorama, no debe ser extraño leer Economía venezolana está implosionando. Se trata de un reporte de EFE fechado en Nueva York este 26 de Enero dando cuenta de que el director para Latinoamérica del Fondo Monetario Internacional, Alejandro Werner, así lo había confirmado; de que se calcula que en 2015 la actividad económica de Venezuela se contraerá un 10 % y casi el 8 % este año, con una inflación del 200 % en 2015 y de cerca del 700 % en la previsión para este año; y de que lo que se necesita “es hacer un ajuste del sector público” e intentar “restablecer  una economía de mercado” —las negritas son mías.

A la sazón, cabe preguntar: ¿Será digno de reconocimiento la posición del señor presidente de la AN de Venezuela en contrasentido de los esfuerzos del Compañero Presidente del Gobierno del país que acaba de aprobar el Sistema Centralizado y Estandarizado de Compras Públicas —por al menos citar este ejemplo? ¿Qué pudiera esperar el grueso del pueblo venezolano si por “hacer ajuste del sector público” y “restablecer  una economía de mercado” se entendiera divorciar al Ejecutivo de acciones bienhechoras propias de la Revolución Bolivariana para, en su defecto, dar riendas sueltas a las recetas neoliberales? ¿Acaso alguien en pleno juicio se sentiría estimulado a desacreditar las emergentes verdades que para la población de los mismísimos EEUU en este momento representan las palabras “Socialismo” y “Capitalismo”?

Entonces, ante tal escenario, urge contrarrestar la campaña de la derecha interna y foránea; es indispensable más Solidaridad, incluyendo desde la CELAC, pues en su IV Cumbre de Jefes de Estado que comienza hoy en Quito, Ecuador, esta Comunidad Latinoamericana y Caribeña debe compensar en alguna medida la Fraternidad que ha caracterizado a Caracas —por algo Obama ha querido separarla de los países caribeños; y, justo porque ni por un segundo hemos de obviar que la Patria de Hugo Chávez necesita de sus Hermanos/as, con José Martí estamos en la Obligación Moral de exclamar para que sea materializado: “Déme Venezuela en qué servirla, ella tiene en mí a un hijo”. ¡Amén!

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