Venezuela. Más de reformismo y dogmátismo

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En una breve nota hace dos semanas, me referí a la confrontación que, desde hace un siglo, se da en el interior de los gobiernos socialistas y que ahora está en pleno apogeo en nuestro país. Ella aparece en momentos de crisis económica severa, cuando la derecha tiene empatado el juego. La discusión nace de la maniobra para evitar que metan el gol que nos derrote, o que terminemos con un autogol, similar al homicidio culposo de la URSS.

Los dogmáticos ven cualquier medida de convenio con el capitalismo como una renuncia al control total del Estado. Los reformistas, por el contrario, asumen que capitalismo y socialismo pueden buscar un punto de equilibrio que permita coexistir sin abandonos “sensibles” en los principios. Algunos lo llaman cohabitación.

En la Unión Soviética la NEP abrió, en 1918, esa confrontación. Más cerca de nosotros, en la Cuba del Che, fue el SPF y la contradicción entre el estímulo material y el estímulo moral. El centro de la discusión, en ambos casos, era cuanto podía ceder el Estado en su manejo del aparato productivo. Del caso chino no importa lo que digan en occidente, allí la clave es que su poderoso ejercito no es parte del Estado sino del partido comunista. Así no hay autogol que valga.

Chávez en Venezuela, sin renunciar a la planificación y control del Estado y sin perder de vista la necesidad de lograr un alto desarrollo de las fuerzas productivas, vislumbró otro camino al socialismo donde esas fuerzas y los medios de producción, exceptuando los estratégicos, no serían del Estado ni de la burguesía. El sujeto de la organización para la producción en la revolución venezolana sería la comuna. Ella, sin necesidad de declararla socialista, es colectivista, solidaria y democrática.

Lamentablemente se nos fue sin lograr que su propuesta más trascendente avanzara, convirtiendo a la comuna en dueña y señora de la economía y, en consecuencia, del poder. La derecha, que entendió rápidamente las consecuencias, se opuso con todas sus fuerzas. Los reformistas y los dogmáticos también. Saben que eso liquidaría sus protagonismos.

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