Venezuela: ¿Es posible un Golpe de Estado?

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Cuando Chávez hablaba de Patria Socialismo o Muerte era la rúbrica de un presidente, posiblemente dispuesto a dar su vida siguiendo el ejemplo de Allende, aunque luego en abril de 2012 pedía vida a Jesús: Cristo, dame tu corona que yo sangro, dame tu cruz, dame cien cruces que yo sangro, pero dame vida…”.

El primer saludo de Chávez al socialismo – dando su vida – fue el primer ensayo de una Venezuela socialista, aunque estrictamente hablando la muerte a la que se refería el expresidente era la infligida por el capital.

Ese experimento siempre tuvo enfrente al imperio norteamericano con una CIA intentando repetir el descrédito político, como había sucedido tras el reiterado aplazamiento de la entrada de Venezuela en MERCOSUR (hasta julio de 2012) por considerar que Chávez era un político antidemocrático e instigador de golpes de Estado.

Muchos planes se realizaron contra Allende y es de esperar, dada la voluntad estadounidense, que la historia del fracaso socialista latinoamericano se repita en el caso venezolano.

Aunque la propaganda de la maldad del comunismo es menos impactante que antes, continúa sumando adeptos en todo el mundo, en Venezuela antes de las colas recordamos al General de Brigada venezolano retirado Carlos Julio Peñaloza asegurando, en mayo de 2011 al periódico Nuevo Herald, que cuando Chávez recibía el golpe de Estado (2002), tenía previsto realizar juicios sumarísimos al estilo de Cuba y fusilar en lugares públicos a los civiles y militares considerados culpables.

Hoy, además del terror que trae el comunismo a quienes lo adoptan, lo que más se discute es el fracaso de Maduro y sus decisiones, el referéndum o un golpe de Estado, no de una salida eleccionaria.

Estados Unidos tiene poco interés en criticar al socialismo del siglo XXI, lo ha dejado en la categoría de experimento de laboratorio, por ello en lugar de reprochar directamente ese experimento, EE.UU. ha preferido brindar su apoyo económico y financiero a los medios de comunicación y partidos políticos, como lo ha hecho la fundación National Endowment for Democracy (NED), financiada por el Congreso de los Estados Unidos.

Telesur publicó en 2010 un reportaje donde se acusaba a la NED de haber invertido en grupos y medios opositores venezolanos 1.818.473 dólares, en Cuba 1.5; en Bolivia 1.3 y entre Ecuador y Nicaragua, más de 1.7 millones de dólares también en grupos políticos, medios y la  “sociedad civil”.

Cuando Chávez comandaba, no era negable que su temperamento ideológico fuese un obstáculo para crear un bloque comercial regional con los Estados Unidos, pero no era ello el pretexto de las acciones norteamericanas y las de sus gerentes para tomar partida contra Venezuela. La cuestión se planteaba de otro modo, el proceso revolucionario bolivariano se había convertido en un fenómeno político que crecía en su influencia regional y mundial, era antagónico a la política de los Estados Unidos y se resistía, como Cuba, al papel hegemónico de Norteamérica.  Chávez desintonizaba, era un riesgo.

Bajo esta situación los calificativos de malvados, sediciosos, terroristas, narcotraficantes, colaboradores de Hizbulá  o comunistas no eran extraños, es más, se hacían necesarios para la supervivencia  hegemónica de la Doctrina Monroe; por eso contra Chávez todo era válido.

Hoy Maduro se enfrenta a nuevas y complicadas situaciones: hay carencia de alimentos y productos básicos, los conspiradores de antes tienen más fuerza y apoyo nacional, la inseguridad ya no puede ocultarse, la política económica está gravemente cuestionada, ubicada en el ranking de Doing Business latinoamericano en el puesto 32 de 32 países y en el 186 de 189 países con facilidades para hacer negocios, las libertades políticas y la salud pública tampoco están en su mejor momento.

Con este panorama ¿a quién sorprendería un golpe?, además de estas penurias está el acelerado empobrecimiento de la clase media y la pauperización general de su sociedad lo que polariza cada decisión gubernamental; unos por haber perdido su status y otros porque no han logrado cristalizar las expectativas del socialismo del siglo xxi.

La corrupción tampoco ayuda al gobierno bolivariano; el Índice de la Percepción sobre la Corrupción de Transparencia Internacional 2015 situaba a Venezuela en el puesto 158 de 167 países, este hecho por sí solo deteriora todavía más a un gobierno que no sabe encontrar la salida de ese foso.

No es discutible que la figura de Maduro causa tensión social, pero tampoco lo es el que goza de un apoyo popular tan grande o débil como el de la oposición, esto es una ventaja para evitar ese golpe del que todos hablan. Además, un generalato altamente coordinado le ha reiterado su apoyo, aunque no siempre son ellos los que dan los golpes.

Sin embrago, para los descontentos y aliados, ese escenario de cohesión militar facilita tomar cualquiera de las decisiones posibles.

Otro factor clave son los medios – opositores y oficiales – de comunicación venezolanos: televisión, prensa, radio, Internet y los mismos teléfonos móviles (ahí está el ejemplo de Erdogan llamando al enfrentamiento a través de un teléfono móvil) todos  muy activos y numerosos por ambas partes, lo que puede facilitar la locura de una llamada masiva a la insurrección.

Venezuela cuenta con aliados regionales, pero no tan fuertes como México, Chile, Panamá, Argentina o Brasil que junto a los Estados Unidos están sirviendo como puente de plata a la salida de Maduro.

El hartazgo político y económico que vive el venezolano les ha convertido en jueces de su misma sociedad,  dejándose para sí mismos el establecimiento de la intensidad del atropello sufrido, una especie de olla de presión a la que todos temen.

José Antonio Medina Ibáñez.

participa@latinpress.es

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