Venezuela en la mira de EEUU para adueñarse de Medio Oriente y derrotar a Rusia. Una visión desde Chile

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Una vez concluido el bombardeo efectuado por las potencias occidentales contra el territorio sirio, la pregunta brota espontánea y sin necesidad de mucha lucubración. ¿Qué viene ahora? Lo que en realidad viene es un problema de marca mayor para Estados Unidos, Inglaterra y Francia, cuyas poderosas maquinarias bélicas requieren combustible (y a calderadas) para poder moverse y tener algún grado de efectividad bélica.

Es un hecho cierto que a esas potencias les preocupa una posible alianza de Rusia con China, Irán y Corea del Norte, la cual  estaría en condiciones de equilibrar la balanza del poder mundial si lograra mantener presencia e influencia en algunos países del oriente medio, especialmente en Siria, puerta de entrada al petróleo del Golfo Pérsico, a la vez que aumentar su participación en cuanto a ‘ayuda logística’ a naciones como Irak y Afganistán.

Estados Unidos y sus aliados (incluyendo a Israel) se han propuesto detener a como dé lugar esa posible alianza que habla de una multipolaridad interesante en cuanto oposición al poder del imperialismo norteamericano que Donald Trump pretende reverdecer. Si ello es lo que persiguen Washington, Londres, París y Tel-Aviv, la conflagración sería inevitable, aunque existe un  problema  que esas naciones deberían sortear previamente: agenciarse la suficiente cantidad de petróleo que les asegure no solamente el combustible que sus maquinarias guerreras requieren, sino también disponer del crudo necesario para que sus países puedan seguir operando con cierta normalidad interna.

Y ese… ¡vaya que es un problema serio!, pues en el caso del principal gestor de la mentada arremetida contra Medio Oriente –Estados Unidos de Norteamérica- existe conciencia respecto de cuán menguada le resulta la provisión de petróleo proveniente del Gofo de México, ya que ella ni siquiera alcanza hoy –año 2018- a los 50 mil millones de barriles, cantidad a todas luces exigua si se entiende que para llevar a cabo una larga acción bélica la cantidad de crudo requerida supera los 300.000 millones de barriles.

Europa, a su vez (entiéndase: Inglaterra, Francia, Alemania), requeriría una reserva cercana a los 200 mil millones de barriles, pero –tal  como lo señala en uno de sus artículos el embajador de la República Bolivariana de Venezuela en Chile, Arévalo Méndez- la producción petrolera del Mar Negro ya alcanzó su zenit en la década de los años noventa, y a partir de entonces su declive es ostensible y sostenido.

No podemos dejar sin mención que Estados Unidos se disparó en los pies cuando invadió Irak y Libia, pues al destruir esos estados vio cortarse bruscamente el flujo de crudo que requería. A ello se añade que debido a la brutalidad criminal de la invasión yanqui, ambas naciones (Irak y Libia, mayoritariamente islámicas, además)  no tendrían recelos en adherirse a Rusia y aliados chinos, norcoreanos e iraníes.

Todo este apurado análisis lo tiene claro –desde hace mucho tiempo- la “inteligencia militar” de EEUU como también la de Inglaterra. Respecto de Francia, sería pretencioso esperar ‘inteligencia’ de parte de sus actuales jefaturas militares y políticas, ya que ellas se encuentran a la par con la española, lo cual clarifica de inmediato el aserto.

Entonces, si el objetivo de las potencias capitalistas occidentales es adueñarse de Siria y del medio oriente, ellas requerirán como condición sine qua non destruir la alianza ruso-china-iraní-coreana, pero, cual espada de Damocles, la urgente provisión de crudo les resultará vitalmente imperiosa.  ¿Cómo y dónde obtenerla? La mirada de esos predadores planetarios se dirige a América del Sur… a Venezuela.

En estos momentos, el país llanero se apronta a efectuar elecciones presidenciales en mayo del presente año 2018. Una invasión sería difícil de explicar en los foros internacionales. Así, entonces, la maniobras de Washington cruza por apoyar, incentivar y financiar la subversión interna en la nación de Bolívar, aprovechando –cómo no- las torpezas y desaciertos cometidos en cuestiones económicas por el gobierno de Nicolás Maduro, quien siempre supo que en su país se repetiría, punto a punto, lo efectuado en Chile por la derecha empresarial, el Pentágono y la Casa Blanca, en el trienio 1970-1973 contra el gobierno democrático y constitucional de la Unidad Popular,  encabezado por el doctor Salvador Allende.

¿Qué tanto es lo que posee, específicamente, Venezuela  para despertar desesperadamente la urgente ambición de Washington en sus afanes invasores, los  que requieren aprovisionamiento de crudo y de otros recursos de los cuales carecen Estados Unidos, Inglaterra y Francia (amén de Israel, perenne colgajo de los anteriores), pero que impetran  para avanzar en sus objetivos imperialistas?

La respuesta es una sola, simple, clara y contundente. 500 mil millones de barriles de petróleo convierten a Venezuela en la nación con mayores reservas de crudo en el planeta.. un ‘dulce’ que enloquece a Washington y marea a Buckingham, a la vez que ilusiona a París. Pero, ¿cómo acceder a ello sin herir susceptibilidades de cien naciones -o más-  que no participan directamente en el conflicto (ni quieren o no pueden hacerlo), pero resultan esenciales para el equilibrio económico mundial? Especialmente en América latina, claro está…patio trasero, según opina EEUU.

El “ejemplo Chile 1973” ya no les resultó a golpistas y ultra conservadores llaneros pro neoliberalismo salvaje. Esa acción, al no contar con la participación mayoritaria del pueblo ni con el irrestricto apoyo de las fuerzas armadas (en especial del ejército), siempre terminará  cuestión baldía y fracasada.

El imperio juega entonces otras cartas. Aislar a Venezuela. La orden emitida desde el salón oval a los gobiernos cipayos-derechistas de América Latina fue “abandonar UNASUR”  y someterse a los arbitrios de Trump y sus desquiciados objetivos. Algunos regímenes ya lo hicieron, entre ellos el chileno, donde el sionazi José Antonio Kast (‘gran’ carta del imperialismo estadounidense y del mega empresariado  transnacional para las elecciones presidenciales del año 2022), ya maneja la agenda gubernamental del megalómano Sebastián Piñera, discreto símil  del fascista italiano  Silvio Berlusconi.

Como dato relevante, es oportuno  informar que la cúpula militar venezolana se encuentra  revisando planes ante una “inminente amenaza” opositora al gobierno constitucional, la que tratará de impedir que la ciudadanía recurra a sufragar en las elecciones del próximo mes de mayo.

En esos entreveros está siempre activo y presente el accionar de dirigentes norteamericanos que jamás han siquiera dudado respecto de que América Latina es, en lo simple y efectivo, un paño más (y menor) de su patio trasero. Esto ha sido confirmado, en  Argentina y Chile, por dos socios que llevan en sus bolsillos negocios propios de apátridas y anti latinoamericanistas, como son Mauricio Macri y Sebastián Piñera.

En  ellos Washington pone varias fichas para desestabilizar a los gobiernos de Nicolás Maduro y de Evo Morales, como camino a la obtención de 500 mil millones de barriles de petróleo para movilizar una gigantesca maquinaria bélica, la cual desafiaría a Putin y a sus aliados a la vez que asentaría sus reales en Medio Oriente.

¿O usted aún lo duda? Puede estar de acuerdo o en desacuerdo con el gobierno de Nicolás Maduro, pero es imposible negar las intenciones (y urgentes necesidades de crudo) que tienen Trump y sus socios en cuanto a invadir y apropiarse de gran parte de Medio Oriente, a la vez, por cierto, de someter final y completamente a Europa de Este.

Para todo ello, el petróleo y el gas de Venezuela les resulta imperioso, vital. Por tal motivo, la orden expelida desde Washington a los gobiernos derechistas del subcontinente fue: ‘abandonen UNASUR, aíslen a Venezuela”. Chile y Piñera ya dijeron: ‘orden cumplida’.

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