Venezuela. El camino es al Estado comunal

A veces he imaginado el campo de la revolución como un inmenso  glaciar que baja entre las montañas. Su movimiento continuo, lleno de cambios, encrespamientos, fracturas y ruidos telúricos, perturba permanentemente cualquier intento de vida calma. De manera continua se desprenden de él toneladas de esfuerzos y palabras que tratan de dar respuesta a múltiples situaciones y desesperanzas. Sin embargo, la metáfora del glaciar no es bienaventurada, pues, ellos inevitablemente se desmoronan frente al mar que, para una revolución como la nuestra, es electoral. Entiendo que el llamado del Presidente, primero, cuando el 26/S, a las tres erres al cuadrado, y ahora, luego del 7/O, a la reactivación de las comunas, tiene como propósito eludir ese curso fatalista.

El peso electoral de este proceso político que vivimos es demasiado grande y está siempre encima de nosotros, por lo que no es fácil restarle centralidad al tema de aupar los logros y evitar aquello que cree dificultades para la victoria electoral. Frente a esto no basta con afirmar simplemente que la gestión gubernamental se debe ejecutar siempre bien, con eficiencia y para todos los venezolanos. Es decir, y discúlpenme la simplificación reductora: la basura debe ser recogida, en Catia y en la Lagunita, las casas, construidas y los delincuentes, presos.

Digo esto para afirmar que, donde los revolucionarios tenemos que colocar el centro del esfuerzo, es en la lucha para que el poder popular ocupe los espacios institucionales del Estado burgués, cosa que es, en principio, una tarea subversiva y, por lo tanto, diferente a la gestión de gobierno. Es una tarea propia de los cuadros de la revolución, que son parte de esa gestión.

Fue este propósito el que me llevó a desarrollar, hace ya dos años, una serie de puntos que intentan aclarar esta subversiva tarea y que ahora ha saltado al primer plano con el llamado presidencial a impulsar a fondo el poder popular. He corregido, modificado y actualizado esos puntos con la intención de convertirlo en un documento dirigido, no a establecer pautas, que nadie me lo ha pedido, sólo a generar la reflexión profunda sobre las cosas que, pienso, una revolución socialista debe realizar. Veamos esos puntos.

 

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