Venezuela. EEUU mete la mano (otra vez) para salvar a Guaidó

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El pasado 5 de enero tuvo lugar en Venezuela la elección de la nueva directiva de la Asamblea Nacional (AN), órgano parlamentario del país. En dicha sesión fue electo el diputado Luis Parra, quien otrora formara parte de la tolda opositora Primero Justicia.

Como es sabido, los eventos del 5 de enero estuvieron atravesados por la polémica, dado el no ingreso por decisión propia del diputado y presidente saliente del parlamento Juan Guaidó a la sesión, para luego, intentar entrar al hemiciclo saltando una reja, imagen que se hizo viral y portada de un supuesto boicot a su reelección.

Ese día terminó con Juan Guaidó juramentándose sin quórum parlamentario frente a un grupo de diputados acólitos en la sede del diario El Nacional. El evento desembocó en un acto meramente comunicacional que luego se volvió un referente político. Para el gobierno estadounidense así como para otros países de la región, especialmente los que integran el Grupo de Lima, la «verdad» mediática prevaleció.

Varios países, encaminados en la misma narrativa del gobierno estadounidense, desestimaron la elección de Parra y suscribieron el supuesto impedimento a la elección de Guaidó.

Sin embargo otro hecho, aún más inusual, tuvo lugar el día martes 7 de enero. Al finalizar una sesión ordinaria del parlamento, presidida por Luis Parra, Juan Guaidó irrumpe violentamente en el hemiciclo acompañado de diputados que le apoyaban.

Seguidamente se presentó ante el podio, sus acólitos lo flanquearon y luego se autojuramentó, nuevamente, presidente de la AN y, en consecuencia, «presidente encargado» de Venezuela. Vale decir, sin más asistentes que unas decenas de diputados que le seguían y muchos medios de comunicación. Toda la puesta en escena se trató evidentemente de un montaje donde los parlamentarios fingieron una sesión en la que Guaidó nuevamente era proclamado.

Juan Guaidó se presenta en el parlamento venezolano con periodistas de quórum (Foto: Archivo)

El evento, tal como parece haber sido planificado, significó otro referente comunicacional. Para varios medios así como para varios actores políticos, Guaidó había asumido en el hemiciclo, es decir, se presentó de manera triunfal, rescatando la «legalidad» y «legitimidad» de los poderes con los que se encuentra «investido».

Aunque para la política interna de Venezuela Guaidó no ejerce ninguna cuota de poder real y su posición es hoy totalmente nula en el ámbito institucional venezolano, para la prensa y para el gobierno estadounidense y sus aliados, Juan Guaidó es el hombre responsable de los dos poderes públicos más importantes del Estado venezolano, aunque tal cosa esté plenamente fuera de la Constitución venezolana.

LA COLUSIÓN DE DOS PARLAMENTOS COMO VARIANTE DEL QUIEBRE INSTITUCIONAL VENEZOLANO

El canal de noticias Telesur reseñó que el ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela, Jorge Arreaza, se dirigió a los medios para difundir el contenido de una «nota diplomática» enviada por gobierno estadounidense a varios países. El documento ha sido llamado «El Gobierno de los EEUU solicita apoyo para un comunicado sobre elecciones justas de Asamblea Nacional venezolana».

Para el ministro, tal documento refrenda la intención del gobierno estadounidense de inferir en la elección de la directiva parlamentaria, única explicación que daría claridad a las insólitas y sin precedentes acciones que tomó el diputado Guaidó en el marco de estos eventos.

Tal como se diera a conocer por parte de las vocerías del gobierno estadounidense, el «presidente» sigue siendo Guaidó. Y en efecto, se prevé que el diputado Luis Parra entre en la lista de funcionarios venezolanos sancionados por Estados Unidos y la Unión Europea, en una clara retaliación. Es evidente entonces que el gobierno estadounidense apunta a la continuidad de Guaidó en la palestra política aunque él esté defenestrado por la mayoría de diputados, ahora conformada por opositores disidentes y chavistas.

La gravedad de estos eventos yace en que se profundiza la crisis institucional venezolana y los estadounidenses parecen estar perfectamente claros en ello. Esa parece ser la intención, conjuntamente con la de sostener la «presidencia» artificial de Guaidó, como un mecanismo polifuncional de presión y deslegitimación tanto del presidente Nicolás Maduro, y ahora también contra el nuevo presidente del parlamento.

Otra de las derivaciones de la también «Asamblea Nacional» paralela que rige Guaidó, yace en cerrar toda posibilidad de que en Venezuela ocurra una distensión política por parte del chavismo y la oposición, la cual podría recaer en la dirigencia chavista y factores de la oposición, que aunque se han distanciado de Guaidó, siguen manteniendo una postura abiertamente antichavista.

De estos actores deriva la posibilidad de que el parlamento venezolano reconozca a los demás poderes públicos y que, en consecuencia, Venezuela supere el estancamiento político que sufre una vez que en 2016 la AN decidiera colocarse en desacato frente al resto del cuerpo del Estado.

Otra de las posibilidades yace en la renovación del Poder Electoral de Venezuela mediante el nombramiento de nuevos rectores. Evento que no ha sido posible por estar sujeto a las negociaciones intermitentes entre el chavismo y la oposición, así como la posición no dialogante que asumió el ala radical en 2019 bajo el mando de Guaidó y por instrucciones estadounidenses.

El desenlace de esta seguidilla de eventos puede ser el estancamiento del ejercicio político e institucional en Venezuela, particularmente en este 2020, que es un año de elecciones parlamentarias. Sin un acuerdo político, sin un nuevo Consejo Nacional Electoral y sin una distensión elemental, las elecciones parlamentarias de este año estarían en riesgo, bien sea de ser boicoteadas por varios partidos opositores o, incluso, pese a ser realizadas con participación de amplios sectores nacionales, chavistas y opositores, podrían caer en desconocimiento por el gobierno estadounidense y sus países satélites.

Tal desenlace implicaría, en consecuencia, que Venezuela continuaría sujeta a las presiones estadounidenses, las cuales implican bloqueo económico, bloqueo diplomático e injerencia política aderezada con amenazas de intervención militar y promoción de la sedición interna.

Los estadounidenses no suscriben una solución política entre venezolanos y tienen como objetivo central el desmantelamiento del chavismo del gobierno. Para ellos, la existencia de dos directivas en la AN, una reconocida dentro de Venezuela y la otra reconocida por Estados Unidos y sus aliados, supone una disonancia institucional claramente funcional para consolidar un quiebre en Venezuela, un eslabón fundamental para la consolidación de un golpe de Estado.

Por otro lado, la presencia claramente perturbadora de Guaidó, sostenido artificialmente en la palestra, es claramente instrumental para el flujo de recursos a beneficio de sectores específicos de la oposición.

A finales de 2019, Namita Biggins, vocera del Departamento de Estado estadounidense, declaró que durante 2019 «el gobierno de Estados Unidos ha dado más de 650 millones de dólares hacia la asistencia humanitaria, no solo dentro de Venezuela sino también para apoyar a 16 países vecinos». Señaló que querrían continuar profundizando el apoyo a Guaidó durante este año, lo cual implica más recursos.

También hay que destacar que sostener a Guaidó supone continuar la estrategia estadounidense contra Venezuela. Hacer que otro diputado sea reconocido como «presidente encargado» sería muy engorroso para la diplomacia de la Administración Trump y, en efecto, significaría declarar fallida la «estrategia Guaidó» que se esperaba cumpliera los objetivos de sacar a Maduro en solo meses, a inicios de 2019.

En su reciente presentación ante la prensa, el canciller venezolano Jorge Arreaza, al referirse al documento diplomático estadounidense, indicó que dicho país manifiesta su interés en conformar un «gobierno de transición» en Venezuela. A su vez ratifican su intención de mantener las medidas coercitivas unilaterales contra el país para forzar la salida del presidente legítimo Nicolás Maduro.

Todo parece indicar que, en el marco de un año electoral para Donald Trump, su apuesta sobre Venezuela será sostener la «estrategia Guaidó» pese a sus catastróficos resultados en 2019. Pero adicional a ello, todo parece apuntar al acrecentamiento de las presiones económicas y políticas contra Venezuela, para hacer valer la «posición de fuerza» estadounidense y para presentar a la agenda exterior de Trump como un «modelo exitoso» de relaciones institucionales para la región.

En la trama de la agenda destituyente contra el Estado venezolano, los estadounidenses no están cuidando las formas y su agenda es claramente la del «garrote».

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