Venezuela: Debate caliente

“Depauperación de lo simbólico, miseria de lo político.

Otra demanda, un mismo registro…”.

REGIS DEBRAY: L´obscénité démocratique, p. 49&nbsp

He quedado muy impactado por la franqueza de un debate entre amigos de la izquierda que se reconocen como parte del proceso que quiere cambiar a Venezuela.Esta discusión ocurrió hace unos días en el “Centro Internacional Miranda” donde se congregaron cientos de colegas a conversar sobre una rica agenda.

El pacto fue poner en juego una mirada crítica sobre el estado del proceso socio-político venezolano, señalando las “lucesy sombras” de cuanto se ha hecho (y dejado de hacer) en estos diez años.

Los temas fueron muchos, los problemas muy variados, las críticas muy severas, el mapa de amenazas y tensiones muy preocupantes. No es frecuente toparse con estos espacios de debate abierto. No estamos acostumbrados a discutir de este modo. Para ello hace falta una cultura del debate y una voluntad muy firme de fomentar el filo crítico del pensamiento.

Que ocurriera en este entorno institucional tiene un significado especial: la ausencia de debates descarnados, los temores al castigo de la crítica y muchas otras deformaciones rondan en los ambientes del funcionariado.

No es para menos: el pragmatismo ramplón, acompañado de mucha ignorancia y gran poder protagónico es uncoctel mortífero para el fomento de la creatividad del pensamiento, para el incesante desarrollo del espíritu crítico que es consustancial a cualquier idea de revolución.

El amigo Luís Acuña insistió en encontrar salida para una tensiónque se vive desde hace mucho: una sobrecarga de trabajo para los operadores políticos que no deja ningún chance para pensar lo que se hace, para deliberar sobre problemas de fondo. Lo urgente se traga a lo importante y se va haciendo “normal” que el tareísmoconsumael tiempo y la energía de los compañeros que están en la dirección de los procesos.

Por su lado el colega Juan Carlos Monedero puso sobre la mesa un mapa de “fantasmas” que están rondando el proceso bolivariano:“Hiper- liderazgo”/”Centralismo”/”Clientelismo”/”Rentismo”/”Corrupción e ineficiencia”/”Debilidad del Estado”/”Violencia”.

Toda una agenda abierta para la discusión que tensiona la pereza intelectual de tantos militantesávidos de propaganda autocomplaciente y poco dados a una mirada crítica de prácticas y discursos.

La cantidad y calidad de ponencias y presentaciones fue impresionante. El desenfado de los colegas para decir lo que piensan más impactante aún. Una experiencia que debería ser común y corriente en todos los niveles del Estado y de los movimientos sociales resulta excepcional por el poco interés de los aparatos políticos para discutirlo todo.

Se espera una publicación sistemática de estos debates a partir de la cual podremos entrarle a los contenidos de las ideas que están en juego. Habrá ocasión para detenerse en esa agenda sustantiva. De hecho en este espaciohemos estado debatiendo permanentemente muchos de los problemas que afloran en todos lados(el amigo Javier Biardeau, por ejemplo, lleva un largo rato en una cruzada político-ideológica para que ese debate sea asumido con seriedad).

Es probable que el esfuerzo que está haciendo el amigo Luís Bonilla y el equipo del “Centro Internacional Miranda” marque un giro en los estilos alabanciosos de ciertos intelectuales de izquierda que están más pendientes de los pequeños cálculos que del compromiso mayor de pensar los problemas …que son muchos.

La voluntad política para hacer avanzar un proceso de cambio radical de la vieja sociedad nobasta para que la realidad se transforme efectivamente. Una revolución no se hace a ciegas, por tanteo, pirateando aquí y allá. Pero tampoco se hace desempolvando anacronismos (como el marxismo-leninismo o el “socialismo real”) He allí el desafío mayúsculo de unvoluntarismo a toda prueba para empujar hacia delante teniendo que parir en el camino los soportes teóricos de la acción revolucionaria.

Sin pensamiento crítico no hay revolución. El asunto es que el pensamiento crítico no está ya hecho…hay que inventarlo.

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