Venezuela: contra la (b)oligarquía, la demagogia y la corrupción, ¡lucha autónoma desde abajo!

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Comienza el año y ya es clara la agenda electoralista con la cual otra vez se intentará domesticar a las luchas sociales en Venezuela, un libreto que se aplica sin originalidad pero con éxito desde hace 10 años. Estando previstos para el 16 de noviembre los comicios para gobernadores, diputados legislativos estadales y alcaldes, los politiqueros oficialistas y de oposición entraron en campaña prácticamente desde que se pasó la página del Referéndum Constitucional del 2-D, proponiendo de
nuevo la tramposa oferta de postergar las demandas colectivas para después que resulten electos a los cargos en disputa. De uno u otro bando se&nbsp vuelve a vender el cuento según el cual, en vistas a la importancia de esas elecciones para la “reconquista de la libertad” o para “el avance revolucionario”, no habrá nada políticamente más importante por hacer en 2008 que abrirles el camino a la victoria en las urnas, tras la que esos preclaros representantes del pueblo atenderán sin descanso y con pericia los reclamos de sus electores.
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No gastaremos palabras en explicar lo mentirosa de tal oferta, pues de ello dará testimonio cualquiera que haya vivido en este país y tenga noticias o experiencias sobre lo que ha ocurrido con los favorecidos por el voto, entre quienes sólo se podría diferenciar a los terriblemente ineptos de los medianamente inútiles, a los corruptos desvergonzados de los traficantes de influencias cautelosos, o a los tecnócratas simuladores de eficiencia de los demagogos vociferantes. Eso si, en lo que han sido iguales es en el empeño por aplacar (por las buenas o por las malas) todo lo que sea o se parezca a lucha autónoma de los de abajo. Tampoco hay que olvidar dos puntos evidentes el 2-D ante los que unos y otros callan: de un lado, los militares terminan estableciendo el resultado que debe aceptarse, pasándose por el forro de los Kalashnikovs aquello de la “soberanía popular que libremente decide en los comicios”; y del otro, la dudosa pulcritud de los actos electorales criollos, ejemplificada en ese 15 % de actas y 1.800.000 votos que aún no cuenta el CNE en este referéndum oficiosamente definido por un margen de 125.000 sufragios.
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Dado que la pantomima es repetida y los espectadores podríamos hacer menos caso, los farsantes de turno juran y perjuran que ahora si, que esta vez tendrán excelsos postulantes comprometidos a muerte con la “revolución” o la “democracia” –según la verborrea de la pandilla respectiva- quienes, además, combinarán heroica honestidad (según los gustos ideológicos, cual el Che Guevara o la Madre Teresa) con eficiencia gerencial sin tacha (ídem, como ejecutivo senior de transnacional o como comisario de finanzas de las FARC). Estos carrasposos cantos de sirena ya empezaron y téngase plena seguridad que arreciarán en los meses siguientes, pero su desmentido se hará patente a quien quiera verlo con la selección definitiva de candidatos en medio del habitual proceso de imposición desde arriba, zancadillas partidistas y picardías varias, para acabar favoreciendo a los inevitables personajes que de tiempo atrás nos vienen haciendo el truco de la bolita ganadora, junto con ciertas caras nuevas listas para repetir el viejo timo.
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Con ese panorama, no tenemos ninguna duda sobre la vía que proponemos e impulsaremos para estos tiempos, la misma sobre la cual hemos insistido hace años, recogida en las páginas de esta edición en algunas de sus expresiones concretas y propuestas para la acción: la reconstrucción de la autonomía de las luchas sociales, única ruta que permitirá a oprimid@s y explotad@s avanzar en la solución a sus problemas actuales. Nueve años han sido más que suficiente para saber que no hay nada que esperar del caudillismo mesiánico encarnado en Hugo Chávez, y las anteriores cuatro décadas nos dijeron algo similar de las burocracias partidistas hoy opositoras, de modo que el auténtico dilema es sí seguiremos abordando un funesto autobús electoral que solo lleva a esos destinos fracasados, o construiremos una alternativa entre tod@s, armonizando lo individual con lo colectivo, con participación consciente que no delegue sino confíe en nuestras capacidades, con organización horizontal, sin imposiciones autoritarias de ningún tipo, articulando las demandas con las capacidades para satisfacerlas que hay en las colectividades. Es esta la senda por la cual entendemos va la posibilidad de transformar profunda y positivamente a Venezuela.
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