Venezuela, Argentina, España y EEUU: Configuradores del “nuevo” mundo multipolar

Publicidad

Introducción

El presente artículo es modesto y no pretende ser abarcador ni exhaustivo, esto por dos razones: la primera es por no contar con un material bibliográfico extenso para realizar esta exposición ni tampoco con el tiempo para realizar análisis acuciosos de estas cuatro coyunturas –ya complicadas per se-, y la segunda porque las respectivas coyunturas políticas (Venezuela, Argentina, España y Estados Unidos) no se encuentran maduras para poder realizar un análisis holístico, es decir, que tanto Argentina como en Venezuela se encuentran en etapas postelectorales y que apenas se pueden visualizar algunos atisbos de lo que vendrá en los siguientes años, caso similar a lo que acontece en España y en Estados Unidos.

GetAttachment¿Por qué escogí estos cuatro países? Porque considero que son cuatro pivotes de lo que podría suscitarse en los siguientes años, tanto Venezuela con una crisis estatal venidera y con una dualidad de poderes ya vislumbrada, como Argentina con un gobierno reaccionario separado de su sociedad civil y con poca capacidad de movilización popular, es decir, un gobierno aislado de los movimientos sociales, sindicales y político-populares que se veían en cierta manera representados en los gobiernos pasados de Nestor Kirchner y de Cristina Fernández de Kirchner. Asimismo, es menester recalcar que la ruptura con el bipartidismo en España protagonizada por PODEMOS y que avizora cambios estructurales e institucionales en su país, no es común que se hable de una Asamblea Constituyente como de un Estado Plurinacional en un país con una monarquía fuertemente arraigada, y finalmente tenemos el caso de Estados Unidos de Norteamérica que por primera vez en muchos años tiene a otro país pisándole los talones como es China y a un mundo que no parece comulgar con sus intereses como antes lo hacía, además de que tiene como futuro líder (todo hace parecer que así será) a un multimillonario con algunos elementos caudillistas y fascistoides como lo es Donald Trump.

Antes de entrar directamente en el tema quisiera, recalcar que la hipótesis de un mundo multipolar en desmedro de mundo unipolar, característico de las décadas pasadas después de la caída del Muro de Berlín, no sólo ha tomado fuerza en círculos académicos ya desde los primeros años de la década pasado sino que ahora se considera una realidad palpable, por lo cual es el marco teórico del presente artículo. Tiene como características: una diversa identificación de centros de poder, unas relaciones internacionales más equitativas y horizontales y la obligación de que grandes potencias mundiales tengan que tomar en cuenta otros intereses políticos y no únicamente los suyos para llevar a cabo sus objetivos imperialistas y/o comerciales. Sin embargo, también es de destacar, que el mundo multipolar hace referencia a una nueva forma de organización del capital y la búsqueda de nuevos centros de valorización del mismo, como a una nueva estructuración de la división del trabajo internacional y la disociación de que el capitalismo necesita de la democracia constitucional liberal y de las instituciones democráticas burguesas occidentales para reproducirse, podemos ver claramente como en gobiernos distantes de la ortodoxia política liberal como China y Rusia o los gobiernos teocráticos del denominado Oriente Medio el capitalismo ha conseguido aliados poderosos y que pueden efectivizar las prácticas de la reproducción del capital de mejor manera.

No pretende que estas particularidades que expondré brevemente sean los tipos ideales de lo que se avizoraría en otros países, sino que sirvan para poder extrapolar algunas manifestaciones políticas y sociales que podrían suscitarse en cualquier otra parte del mundo.

Estados Unidos

La principal potencia de gran parte del siglo XX y de las postrimerías del siglo XXI ha padecido una crisis económica similar a la que acaeció en los años 30s del siglo pasado. La crisis de del 2008 no sólo evidenció que el capitalismo se encontraba enfermo y que debía ser sanado, sino que también significó el viraje del capital hacia nuevas zonas geográficas que puedan impeler a los inversionistas ganancias extraordinarias, como es el caso de China y de India, lugares donde los derechos sociales y las exigencias laborales de los trabajadores parecen encontrarse en peores condiciones que las que se suscitan en otros países como Estados Unidos o Europa.

Esta crisis económica expuso algo al mundo, (fuera de las múltiples interpretaciones que se dieron a la crisis, desde causas psicológicas provenientes de los análisis económicos monetaristas y neoclásicos hasta otros análisis marxistas que hablaban de una crisis cíclica del capitalismo) que el supuesto fin de la historia y que la victoria del capitalismo sobre otros modos de producción no era tal, mas al contrario, que la lucha de clases y las crisis políticas en las grandes potencias mundiales era un hecho factible y que puede suscitarse en cualquier momento.

Toda crisis económica acarrea una crisis política. Esto no es una causalidad pura y mecánica, existen múltiples mediaciones, sin embargo, después de dos gestiones gubernamentales de Barack Obama se pudo vislumbrar que aún Estados Unidos no pudo retornar a sus índices de crecimiento económico característicos de épocas pasadas, lo cual nos arroja a la pregunta: ¿Entonces cuando proviene la crisis política? Creo que con el advenimiento de un gobierno republicano cuasi-fascistoide encabezado por Trump se cumpliría la hipótesis de que el país del norte se encuentra viviendo una crisis política.

Una crisis política se caracteriza por una ruptura en el sistema de partidos, por un momento de explosión social y de descontento popular, se manifiesta, también, en un cambio en las élites políticas y en una secularización de las élites económicas, y con ciertos descalabros en la política exterior de un país, el caso de Estados Unidos es claro en este sentido, no sólo goza de un cambio de élites sino de una secularización de las mismas élites y también de una derrota en su política exterior (véase Putin).

La teoría de las élites habla  que en momentos de crisis económicas y políticas, las élites sufren cambios, son momentos de re-adaptación, donde no sólo deben admitir a nuevos integrantes en su grupo, sino que también las mismas élites deben bajar a la tierra a organizar ellos mismos lo que acontece en la política de su país, en pocas palabras, es cuando las burguesías y las oligarquías económicas deben organizar ellos mismos su país. Recordemos que los grandes plutócratas del mundo, no hacen política directa sino que  tienen a sus personeros en varios gobiernos haciendo política por ellos, defendiendo sus intereses; el caso de Donald Trump es ejemplificador en este sentido, porque al ser él un miembro de esas élites políticas y económicas del país del norte se vio en la necesidad de bajar a la tierra y ser él mismo quien postule a la presidencia y se encargue de re-organizar un país que se encuentra saliendo de una crisis económica y que se encuentra aventajado por el crecimiento de un mundo multipolar donde al parecer Estados Unidos ya no sería el gendarme mundial.

Otro elemento notable en Estados Unidos, además de la crisis de élites que vive, es la retórica fascistoide y populista de derecha que tiene Trump. Viniendo de un país que combatió al fascismo y que pregona la libertad y la democracia como paladines fundantes de su patria, además de tener una retórica anti-populista y “comprometida” con sus instituciones políticas, es sustancial notar que se tenga un discurso que hable de “volver al pasado” y de “volver a hacer a Estados Unidos grande” como haciendo la antesala de que los estadounidenses deben acostumbrarse a vivir del pasado y saber que ya no serán los más grandes del mundo. Haciendo hincapié en este último punto, el discurso de Trump echa la culpa a los migrantes y a otros países de las desgracias de su país actualmente, con un interés claro de crear un “nuevo pueblo estadounidense” y avizorar quienes serán el “antipueblo” una disociación fascista sin lugar a dudas, y peor, viniendo de alguien que responde a los intereses de la plutocracia mundial y no así a los intereses populares.

Es así como la crisis económica repercute en una crisis política, y en Estados Unidos se logran visualizar prácticas fascistoides de la mano de un líder megalómano y racista.

España

Lo que acontece en España es también de resaltar, parece que el país ibérico se encuentra viviendo lo que Bolivia, Venezuela y Argentina vivieron en décadas pasadas, con la Guerra del Gas, el Caracazo y las movilizaciones populares en Argentina contra el neoliberalismo. Los líderes de PODEMOS, desde Iglesias hasta Errejón, conocen de cerca lo que aconteció en Bolivia en la fundación del Estado Plurinacional y en momentos de mayor convulsión social en Bolivia, razón por la cual su experiencia política parece asimilarse mucho a lo que paso en este lado del mundo en años pasados.

En pocas palabras, el 15M o movimiento de los indignados (2011-2015) es a PODEMOS lo que la Guerra del Gas es al Movimiento Al Socialismo (MAS).

Las pasadas elecciones del 20 de diciembre configuraron un escenario prometedor para la instauración de gobiernos populares en Europa, comenzado por España (ante el fracaso de Tsipras en Grecia). La existencia de una enorme división en el Congreso de Diputados es el punto de partida de todo esto. El día 13 de enero será clave para ver quién será el siguiente Presidente de la Cámara Baja. La Constitución del Reino de España establece que una vez renovado el congreso (lo que sucederá el 13 de enero) es el Rey quien propondrá (mediado por el Presidente del Congreso) un candidato a la Presidencia del Gobierno, sin embargo, todo hace parecer que no existirá un consenso y que será el Rey quien tenga la última palabra para definir quién podría postular a la Presidencia de Gobierno, y en caso que no haya tal consenso dentro del parlamente, es decir, que el congreso con mayoría absoluta no apoye la decisión del Rey, se podría caer en una crisis política sin precedentes en los últimos tiempos.

Fuera de los artilugios jurídicos e institucionales, el factor PODEMOS debe ser tomado en cuenta como la síntesis de un largo proceso de descontento popular y ciudadano ante la crisis económica española caracterizada por los bienes raíces y también como la crisis de representación política que caracterizó el bipartidismo en los últimos años. A esto se acopla los pedidos de independencia que cada vez suenan más fuertes por parte de Cataluña y su burguesía local, a lo cual PODEMOS propone la construcción de un Estado Plurinacional donde es probable que la figura del Rey Felipe VI se vea sobrepasada por una institucionalidad estatal antagónica a los intereses de la monarquía.

En fin, la crisis política de PODEMOS (devenida por una crisis económica) no sólo hace peligrar el bipartidismo, sino que también toda la estructura jurídica-institucional y política que categorizó a España desde la Constitución franquista de 1978.

Argentina

Después de las elecciones presidenciales en Argentina entre Scioli (candidato oficialista) y Macri (candidato conservador), grupos de intelectuales conservadores y de diversa laya empezaron a utilizar las expresiones: fin del ciclo populista, primavera latinoamericana, fin de los gobiernos populistas/progresistas de la región, etc., otros más atrevidos expusieron la existencia de una teoría del péndulo que oscilaría entre la izquierda y al derecha, y que en estos momentos se dirigiría hacia el lado derecho. Empero, creo que es muy pronto hablar de una restauración conservadora y neoliberal en la región con el precedente de un Estados Unidos más débil y con un crecimiento de la influencia de Rusia y China en el mundo, como también, de la existencia de un mundo multipolar y una agotamiento de la unipolaridad.

La victoria del candidato conservador Macri no sorprendió a muchas personas que avizoraban un fenómeno así debido al desgaste político y económico de 12 años de kirchnerismo en Argentina y también de la debilidad de un candidato como Scioli. Lo que si sorprendió a las personas fue las medidas de shock que el gobierno macrista impelió en los primeros días de su mandato como también el descaro antipopular de llenar el gabinete ministerial de presidentes y representantes de corporaciones empresariales poderosas.

Sin embargo, el gobierno de Macri no viene en una etapa de desmovilización popular como aconteció en Argentina en la década de los 90s, sino que tiene un fuerte movimiento popular y político que discrepa con sus medidas económicas como también un parlamento con claro tinte peronista, y una región que no comulga con sus intereses explícitamente como se pudo ver en el respaldo a Venezuela en la última cumbre del Mercosur. En pocas palabras, tiene un gobierno débil, ganador de las elecciones, pero con una sociedad política con capacidad de movilización, un cerco político en la región como también un parlamento contrario a sus medidas de shock económico.

A diferencia de España o de Estados Unidos no podemos hablar de un cambio de élites o de una ruptura en el sistema de partidos tradicional, sino que hablamos de un gobierno que tiene como mayor respaldo el consorcio mediático y económico burgués y un tenue apoyo social que oscila entre la clase media atomizada y recién “ascendida” por el gobierno popular de la década kirchnerista, y las clases burguesas agroindustriales, financieras, y mediáticas. Ni siquiera es posible hablar de un empate catastrófico entre dos proyectos de país (usando la prosa linerista-gramsciana), ni tampoco de una restauración conservadora o una crisis estatal.

Sería más acertado calificar esto como un resquebrajo dentro de la hegemonía kirchenerista producida por errores internos y la elección de un candidato poco afín a las bases peronistas como también de una exitosa campaña de marketing político tutelada desde Estados Unidos al PRO (Propuesta Republicana), partido político de Mauricio Macri.

Empero, se debe resaltar que –a pesar de las dificultades que tendrá el gobierno macrista para aplicar sus medidas económicas- este tipo de manifestaciones políticas donde ganan sectores conservadores en pleno ciclo progresista en la región son un llamado de atención a toda la ola progresista para concretar proyectos productivos y estabilidad económica y evitar los discursos altisonantes izquierdistas, sin asidero empírico en la realidad de los movimientos sociales populares y en la clase obrera.

Venezuela

Finalmente, tenemos al caso paradigmático en los movimientos populares en el mundo en todo lo que va del siglo XXI: Venezuela.

La victoria de la Mesa de Unidad Democrática (MUD) en las pasadas elecciones para escoger asambleístas fue un hecho previsible, la mayoría de las encuestadoras daban como perdedor al Gran Polo Patriótico y al chavismo, sin embargo, la victoria abrumadora de la oposición fue un hecho que sorprendió a propios y extraños. Es cierto que la ley electoral y la forma de dividir los escaños tiene sus reparos en Venezuela, sin embargo, en el pasado eso nunca fue un problema para el chavismo, acostumbrado a ganar sin dificultades las elecciones hecho que debe llamar de sobremanera nuestra atención.

Venezuela es un país, a diferencia de Argentina, que si se encuentra en una crisis estatal y política profunda,  producto de una gestión deficiente en el aspecto económico como también de una guerra económica rapaz ejercida desde los servicios de inteligencia de los Estados Unidos y la burguesía local, y esta crisis se puede visualizar en el hecho de que ya existen dos proyectos de país alternos al chavismo, dos proyectos políticos que se encuentran disociados en el aparato estatal, el poder ejecutivo controlado por el chavismo y el poder legislativo controlado por la oposición conservadora, y dos polos claramente establecidos en el espectro político: el chavismo y la MUD.

La pugna no existe simplemente en esferas estatales como podría entreverse (como el caso argentino) sino que ambos bandos tienen una capacidad de movilización social considerable. Las bases sociales de ambos bandos son diversas y policlasistas. El proyecto popular chavista goza de un apoyo popular considerable, sin embargo, la MUD y sus operarios políticos han logrado absorber para sí varios elementos populares ganando en las elecciones incluso en recintos tradicionalmente chavistas, lo que demuestra la división que existe en Venezuela, entre dos proyectos de país claramente diferenciados.

La dualidad de poderes como tesis leninista se aplicaba, según palabras del mismo Lenin, a momentos muy extraordinarios de la construcción de Estados modernos, como fue el caso de la Rusia antes de la revolución de octubre de 1917, sin embargo, fue Trotksy –entre otros teóricos como actualmente Boaventura de Sousa Santos- que demostraron que tal fenómeno podía ocurrir en diversas latitudes y en diversos contextos socio-históricos y políticos.

El momento de la existencia de la dualidad de poderes responde a una crisis revolucionaria, en palabras, de Santos, es un momento de intensa lucha de clases donde dos proyectos, uno revolucionario y uno reaccionario (o conservador) pugnan por controlar la totalidad del poder, en dicha situación, continuando con la explicación de Santos, se da una pluralidad de centros de poder político. En el caso de Venezuela, con sus respetivas excepciones, se da un caso similar.

El caso de la dualidad de poderes se da en momentos revolucionarios según palabras de Lenin, es decir, en casos donde los representantes conservadores del antiguo Estado se enfrentan al ascendente ciclo popular-proletario, ejerciendo ambos bandos sus propias formas de legalidad y de ejercer el poder, en el caso venezolano esto se presenta invertido, no son las fuerzas populares las que tratan de enterrar al viejo Estado conservador sino que las mismas fuerzas reaccionarias tratan de suplantar su manera de visualizar el Estado y sus intereses de clase en desmedro del proyecto chavista. Esta crisis estatal se puede presentar –citando a Álvaro García Linera- por varios meses o años hasta que uno de los dos proyectos políticos subsume al otro a su condición.

Esto no quiere decir que el viejo Estado moriría casi por inercia (como podría pensarse), en este caso el Estado popular chavista, sino que puede restaurarse e imponer su proyecto político a las fuerzas de la reacción, si y sólo si, éstas se actualizan y logran restaurar la crisis de valores y la crisis hegemónica que este tipo de pugnas políticas impulsó.

A diferencia del caso argentino, aquí si existen dos proyectos de país, y si existe una dualidad de poderes (si quieren invertida porque no son las fuerzas revolucionarias las que desean tomar el poder), y si existen dos proyectos de país y de Estado que pugnan por imponer su visión del mundo a la otra.

Conclusiones

Estos cuatro casos son paradigmáticos para entender lo que pasa en el mundo: El crecimiento de fuerzas fascistoides en Estados Unidos y su crisis de élites, el advenimiento de un gobierno popular y la ruptura del bipartidismo tradicional en España, la llegada al poder de un gobierno reaccionario en Argentina que goza más de apoyo mediático que social-factible y la dualidad de poderes en Venezuela entre dos proyectos uno popular progresista y otro conservador.

Estos cuatro ejemplos son casos que podrían suscitarse en todo el mundo actualmente, y que se encuentran en el reordenamiento de un mundo multipolar. España no volverá a ser la misma, como tampoco Estados Unidos, Venezuela (en caso de que gane la reacción) no podrá negociar libremente su sometimiento imperial a un Estados Unidos menoscabado, y Argentina deberá aprender a negociar con sus vecinos incómodos políticamente como Brasil o Bolivia.

Sólo unas cuantas ideas, espero que sirvan para realizar análisis más profundos y más acuciosos o inspirar a pensar que estos cuatro ejemplos (quizás incluyendo a Rusia y Siria-Irak) como la antesala de lo que viene ulteriormente.

 

También podría gustarte

Los comentarios están cerrados.

This website uses cookies to improve your experience. We'll assume you're ok with this, but you can opt-out if you wish. Accept Read More