‘Venezuela ahora es de todos’: Propuestas para impulsar el resurgir bolivariano después del 6D

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  1. “Venezuela ahora es de todos”. Es lo que nunca podrá ofrecer la Derecha, por más que se ponga la gorra con la bandera, y es la gran promesa que la Revolución no puede incumplir. Esa fue la consigna que inundó Venezuela en los primeros años de la presidencia de Hugo Chávez y el movimiento bolivariano. Recuerdo haberla visto y conocido así, hecha lema de gobierno, cuando llegué a Caracas en 2004. Habían transcurrido dos años del golpe de Estado, venía el intento del referendo revocatorio, y en 2006 llegaría la gran victoria de Chávez en las elecciones presidenciales en las que se impusieron bolivarianos y bolivarianas con un 63% de los votos.
  1. Venezuela ahora es de todos” sintetizaba en tan solo cinco palabras todo lo que encarnaba aquel proyecto, primero en la Historia latinoamericana que hacía resurgir la voluntad popular luego del derrumbe del proyecto socialista a escala mundial, luego de la “década perdida” de los años ochenta y la “década de la infamia” de sumisión y postración neoliberal de los años noventa. Cinco palabras, “Venezuela ahora es de todos”, lo decía todo.
  1. “Venezuela ahora es de todos” era a la vez reivindicación frente a la infamia del pasado y afirmación del compromiso presente y voluntad hacia el futuro. Quien lo haya creado fue un o una genio. Hizo una demarcación frente a un pasado horrendo en la que Venezuela teniendo todas las riquezas era sólo de un grupúsculo, una élite, y lo hacía sobre la base del saqueo, la desposesión y la corrupción. Y el asesinato del Pueblo, como en 1989. El lema resumía la idea de que “país” y “oligarquías” son conceptos y entidades diametralmente contrapuestas. “Venezuela ahora es de todos” afirmaba pues una ética nueva de organizar y conducir el país, en que un grupo no se pudiese adueñar de lo que es de todos, condenando a la mayoría a vivir sin nada, lanzadas al abismo existencial.
  1. “Venezuela ahora es de todos” es pues recuperación verdadera de la Patria, como experiencia de la posibilidad real que tiene un pueblo para tener un lugar donde vivir, permanecer, construir la vida y ser felices. Se desmontaron las falacias de la república trunca y la democracia hueca. “Venezuela” existía, pero era de algunos, de muy pocos. La Patria la vamos a hacer a partir de este momento, para todos los venezolanos. Además, subraya un tiempo: “ahora”, no mañana, no después, “ahora”. Somos “nosotros” y “este” es nuestro tiempo. Y es “de todos” todo lo que antes era de unos pocos.
  1. Estos conceptos condensados en la idea de “V República” implicaron una revolución democrática y republicana como nunca se vio en Venezuela. Y se llevaron a cabo –desde nuestro punto de vista- en cuatro áreas fundamentales: a) Recuperación ética de la sociedad, terminando con los contubernios que permitían a unos pocos (nacionales y transnacionales) espoliar al país y someter a la gran mayoría a la miseria más infame. “Así es que se gobierna” fue la consigna para revelar que Chávez actuaba con firmeza cumpliendo su tarea de gobernante de defender el interés de la colectividad; b) Poniendo la riqueza de la Patria y el presupuesto del Estado al servicio de esa colectividad, en primer lugar el petróleo, recuperando esta riqueza estratégica, y así por primera vez los venezolanos conocían en el Estado la construcción del interés y la voluntad popular; c)  creando por primera vez garantías efectivas de derechos fundamentales para todos y todas, empezando por la educación, la salud, la vivienda, la alimentación y el trabajo (entiéndanse en esa perspectiva cada una de las misiones); y d) recuperando y ampliando como nunca antes la capacidad de consumo y de autonomía de la población, incorporando al trabajo, al salario digno y a los beneficios estatales a millones de ciudadanos.
  1. De manera que gobernar en Venezuela se transformó por primera vez en tener en las manos lo que permite que el país se sostenga por sí mismo y lograr verdadera calidad de vida, de la posibilidad real de todos de vivir mejor, y ese es un hecho material fundamental, en el cual se pudo construir la legitimidad y el creciente apoyo al gobierno. Fue el “nudo” que daba sentido a todo el proyecto político, a todo discurso y toda proclama. Sin ética, sin orden en la gestión de recursos y sin firmeza en el ejercicio del gobierno todo esto sería imposible; pero a la vez todo ello se legitimó en que el Gobierno Bolivariano resolvió por primera vez los problemas reales de las personas. “Venezuela ahora es de todos” no sólo era una promesa hermosa: se hacía una realidad y valía la pena luchar por ello y defenderlo.  Ante todo eso, la Derecha por su lado no tenía más que promesas vacuas y palabras vacías, desmoronadas por su actuación tramposa, inhumana y su pasado catastrófico.
  1. Es momento de hacer una reflexión desde esa historia gloriosa, en función de ver dónde han estado los puntos débiles y las falencias detrás de los resultados del 6D-2015. Podemos y debemos confiar en que es posible una crítica desde lo que se ha sido, leal y coherente, para revisar lo que se está haciendo, lo que hay que profundizar y mejorar a partir de ahora. Ver áreas estratégicas donde las fallas se pueden hacer catastróficas. Aquel pasado reciente lleno de éxitos es una fuente de luz para saber cómo se ganó el amplio apoyo popular en la primera revolución ganada con votos y de carácter anti-neoliberal e independentista del siglo XXI, y en base a qué recuperarlo. Es importante tener presente algo que se ha dicho: la diferencia de votos entre Derecha y movimiento Bolivariano no radica en que la primera haya ampliado mucho su caudal de votos (apenas unos 400 mil más que en las presidenciales de 2013), sino que los votos bolivarianos disminuyeron tremendamente (casi dos millones respecto a aquel certamen).
  1. A partir de esas experiencias puede decirse que es primordial recuperar la ética en la conducción de lo público, es decir el sentido chavista de que lo que es del Pueblo, lo que es “de todos” no puede ser secuestrado, desviado, malversado en beneficios individuales ni grupales. En ese sentido, la política anticorrupción es esencialmente bolivariana y chavista y ha de ser levantada como estandarte y llevada a cabo de manera plena y cabal. De nuevo, no se trata de “derrotar la corrupción”, cuestión que es tarea permanente, sino asegurar (firmeza) con medidas concretas e inmediatas (ahora) la creación de instituciones (no acciones coyunturales) que la impidan y la persigan. Para esa política anticorrupción, se requiere otra cualidad bolivariana y chavista que el pueblo venezolano premió siempre con el voto: la firmeza en la defensa del interés colectivo y la aplicación de las normas: “Así es que se gobierna”. Junto con eso, la idea de que “Venezuela es de todos”. Cada peso del pueblo es del pueblo y es mejor que sea la representación pura del pueblo quien lo garantice. Eso requiere una institucionalidad fuerte, y lo ideal es que sea un verdadero ejercicio de democracia, con una entidad colegiada que represente a la ciudadanía, no burocratizada ni partidaria, es decir no sometida a la conveniencia de el jefe o la jefa de turno ni a “la razón de Estado”, sin conflictos de intereses notorios, y con decidido ejercicio de la ley para controlar, supervisar y someter a la Justicia a quien corresponda. Y que el control sobre los servidores públicos se vuelva tan importante como el amor por Chávez en cada rincón de la administración pública.
  1. Los resultados son la base de los símbolos, porque si no se está cayendo en la enajenación, la creencia en los símbolos porque sí. Como la IV república, cuando Venezuela era “el país de los venezolanos” y había “democracia”, pero sólo para unos pocos. El proyecto bolivariano y chavista barrió el dogma del “fin de la Historia”, porque demostró algo que, a la vez, no se puede olvidar a riesgo de fracasar: los venezolanos y venezolanas, como cualquier persona, no van a votar por símbolos ni palabras coloridas, van a votar de acuerdo a si percibe que las cosas se hacen bien o se hacen mal, y si quien habla es creíble. El voto, como ya se ha dicho, es muy poco de racional y bastante de emocional. Y emociones que están ligadas a la experiencia inmediata. Con Hugo Chávez los y las chavistas no tienen cuentas pendientes: siempre le dieron su voto, siempre le apoyaron y hoy por hoy, a casi tres años de su desaparición física, sigue siendo el político mejor valorado de Venezuela. Los venezolanos van a valorar al gobierno bolivariano actual, por lo que se haga o se deje de hacer, por sus errores o sus aciertos. Eso no se puede sustituir con símbolos. El pasado glorioso es fuente de autoestima, experiencia y sabiduría, pero ningún amor se mantiene de lo ya vivido. “Al amor es preciso mimarlo, si no quieres que un día se seque tienes que regarlo” dice el bolero. Nada parecido hay entre religión, culto al pasado y valoración electoral. El chavismo se ha construido sobre la base de grandes ideas y principios, pero se hizo mayorías sobre la realidad del fracaso de quienes estuvieron antes y por los hechos y logros propios. Lo subjetivo no puede suplantar a lo objetivo: lo complementa. Los símbolos se construyen sobre los hechos, nacen de la realidad concreta, no al revés.
  1. Es vital una gestión que logre los mejores resultados y una institucionalidad sólida, contrario al gobierno de individuos y sus designios. No hablamos de la institucionalidad burguesa, que expropia y concentra poder, y lo cosifica en manos de unos cuantos ilustrados y “funcionarios”, no. El chavismo hizo más por la recuperación del republicanismo que todos los “liberales” que gobernaron en América Latina las últimas décadas. El gobierno bolivariano no podía hacer políticas con las instituciones viejas, pero no desdeñó su necesidad: creó instituciones de nuevo tipo, eso fueron las Misiones, las Comunas y los nuevos Ministerios. Y a falta de control sobre las políticas, Chávez se convirtió en el primer vigilante de la calidad. “Aló Presidente” se convirtió en el foro donde Chávez ejercía contraloría y la gente participaba opinando, evaluando y proponiendo mejoras. Y se lograron resultados e impactos en la vida cotidiana da le gante. Pero ese era un momento de arranque y despegue, y ese era Chávez, el centro unificador, el líder y símbolo moral. Es un modelo que no puede continuar de manera ilimitada ni mecánicamente. Además, las decisiones de política económica, comercial tienen que ir en la dirección de solucionar los problemas constantes y sonantes. Eso significa que el chavismo y el gobierno bolivariano se tienen que distinguir siempre, además de su firme ética en todos los niveles y su defensa del interés colectivo, en su capacidad de resolver problemas “ya” y “bien”, porque se ganó el respeto de la población haciendo posible un bienestar jamás visto ni soñado, y porque no lo dejó en el futuro de las promesas, sino que lo hizo palpable, concreto, material. No mañana, hoy, resolver los problemas de abastecimiento, distribución, producción, tipos de cambio, inflación. Álvaro García Linera, Vicepresidente boliviano lo acaba de decir en Ecuador: la suerte de los procesos revolucionarios latinoamericanos se va a decidir, en gran medida, por su capacidad de lograr buenos resultados económicos desde un enfoque y un paradigma democrático, emancipador y transformador. Se sabe de la “Guerra Económica” contra Venezuela y su gobierno, pero ese es un frente de lucha; al gobierno se le va a medir, para bien o para mal, si la vida económica de los venezolanos funciona adecuadamente y, si no, también; da lo mismo si son otros quienes tienen la culpa. Así de severa e implacable es la política.
  1. Chávez actuó siempre como un canal directo entre ciudadanía y acciones de gobierno. Chávez garantizaba así el “gobierno de todos” y la vez la eficiencia entre las demandas recibidas y las respuestas ofrecidas. El gobierno, sus acciones, sus símbolos y sus rituales no pueden ser instancia de validación de los partidos ni las decisiones pueden ser tomadas en función de las organizaciones o las dirigencias, porque al gobierno se le va a valorar por lo que haga en función de todo el país. Partido y Gobierno deben ser estrechos aliados, pero claramente distinguibles en forma y fondo. La imagen y los resultados del Gobierno deben ser el estar resolviendo y atendiendo en el 100% del tiempo los problemas de los venezolanos. Estado y Gobierno serán “bolivarianos” de acuerdo a la dedicación de los servidores a lograr “la mayor suma de felicidad posible”. “Bolivarianos” además por su solemnidad, su compromiso exclusivo con el país y su desapego a cualquier interés sectario o grupal. Por su parte, el partido tiene la tarea de organizar, concientizar y movilizar al pueblo para el ejercicio de la política en cada espacio donde ésta se pone en movimiento. Si uno de los dos no atiende bien su tarea, el edificio tiembla. “Venezuela ahora es de todos” debe ser una noción a defender y profundizar.  Por otro lado, la relación armoniosa pero sin confundirse  entre gobierno y organizaciones políticas es vital para impedir el burocratismo, es decir que en vez de servidores tengamos individuos que “ocupan” puestos de decisión porque “saben más” o “se lo han ganado”, y que nadie puede controlar por su peso como “dirigentes”. Contra eso también surgió la “V República”, eso es cultura de la “Cuarta” y el “puntofijismo”. Gobierno y Estado deben ser instrumentos de poder democrático y democratizador de toda la sociedad, a través del cual opere la voluntad ciudadana expresada de manera indirecta (elecciones y representantes) y de manera directa-protagónica (lo que se llaman instancias del “Poder Popular”). No más un partido-gobierno ni un gobierno-partido, no más cúpulas partidocráticas. El Chavismo surgió para barrer ese cáncer. El poder burocrático en los proyectos revolucionarios conocidos resultó tan expropiador y concentrador de poder como las instituciones y el Derecho burgués. En el ejercicio de Gobierno y Estado, debe sentirse que todos los sectores del Pueblo tienen el derecho y poder para elegir políticas, participar de su discusión, diseño, ejecución y para controlar a los servidores públicos.
  1. Por último: “De todos” significa ganar legitimidad siempre. ¿Cómo ganar legitimidad y ser el gobierno “de todos” y el movimiento político “de todos” en un escenario así? ¿Cómo hacer de “éste” “nuestro momento” político? Hay que entender, a mi juicio, una primera cosa: El gobierno bolivariano iniciado en 2013 asumió una tarea ya de por sí complicadísima y desafiante: construir patria bolivariana y gobierno chavista sin Chávez y con una oposición violenta, sin tapujos ni escrúpulos; se nació con una crisis y, por tanto, no tiene la necesidad de desatar otras, sino, tal vez, todo lo contrario: decantarla, gestionarla y focalizarla. Otra cosa a valorar es que el estilo de Chávez es irrepetible. Su talento sólo se da en muy pocas personas, muy pocas veces en la Historia. Y su carácter de símbolo hacía que pudiera poner su personalidad (gozando de gran popularidad, autonomía, estabilidad  y precios excelentes del petróleo) al servicio de desatar momentos de crisis con sentido estratégico, acumulando en torno a sí una voluntad mayoritaria para determinados objetivos políticos. Eso gracias, repetimos, a su condición de símbolo y líder moral. Nadie más por un buen tiempo va a ser eso, como nadie en buen tiempo va a poder ser Fidel en Cuba. Viendo ambas cuestiones (la situación de crisis de origen y la tarea de trabajar sin el líder moral e histórico presente) la legitimidad hay que construirla desde el inicio y va a lograrse con hechos y con actitudes: Solucionando problemas y administrando correctamente para remontar el momento crítico, y manteniendo una actitud y una ecuanimidad que las personas suelen premiar cuando están en momentos de crisis. No quieren que nadie les haga trampa, y tampoco quieren que se les sume incertidumbre, tensión y miedo. El miedo y el nerviosismo juegan a favor sólo de la oposición. El chavismo es quien mejor posicionado está y el más experimentado para transmitir conocimientos plenos, experiencia probada, capacidad de gestión, diagnósticos claros, seguridad y ecuanimidad, y soluciones efectivas.

De más está decir que hay una ofensiva para la restauración neoliberal, y que de Venezuela necesita hoy, como ayer, todo el continente. No podemos perder Venezuela: su pueblo no se lo merece, Chávez y todo lo logrado tampoco, y el futuro no nos perdonaría haber permitido a las Derechas y al imperialismo hacer de Sudamérica y de la patria de Bolívar, de nuevo, su colonia, para desde allí desmoronar todo y lograr la reconquista.

Matías Bosch Carcuro
@boschlibertario en Twitter


«Ninguna cosa o institución puede transformar el mundo. Sólo la transformación de los seres humanos y sus relaciones puede lograrlo»

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