Vendimia de dulce y de agraz

HAY CONMOCIÓN EN los campos de la zona central. Es la época de vendimia y de sus fiestas campesinas que son ya una tradición de siglos. No obstante, un personaje extranjero ha venido a ensuciar los festejos provocando las iras de la uva…o mejor dicho, de los dueños de las uvas.&nbsp

El personaje en cuestión es el dólar, la&nbsp moneda norteamericana que aún no logra remontar en su valor internacional frente al vitaminizado euro de la comunidad europea, desatando la preocupación de los viticultores que este año –aseguran ellos- perderán dinero si el Banco Central, el gobierno o quien sea, desestima intervenir en el asunto. De pronto, intempestivamente, los propietarios de viñas junto a los grandes exportadores frutícolas se despojan de sus vestimentas neoliberales del libre&nbsp mercado para solicitar ropajes socialistas.&nbsp

Han salido a la calle dispuestos a tomarse las carreteras para entorpecer el tránsito vehicular, y lo han hecho como cualquier poblador, ‘pingüino’, sindicato obrero, subcontratado,&nbsp deudor habitacional, trabajador portuario, chofer del Transantiago, etc.&nbsp

Para ese temporero eterno que es el ‘Chumbarata’, la acción de fuerza ejercida por los viticultores&nbsp prestigia y refrenda la justicia de todas las protestas que ha realizado –como él dice- la ‘gallá’ trabajadora. “Los futres aceptaron que solamente armando escándalo y provocándole al país pérdidas económicas es como el gobierno entiende”, asegura el viejo campesino. Pero nada dice respecto de la justicia o injusticia de la protesta misma. Por supuesto, ‘Chumbarata’ no cree que los patrones vayan a perder plata por la baja del dólar. “Lo que les va a pasar es que&nbsp ganarán menos, pero igual no más ganarán harto”, concluye filosóficamente, decidido a no darle más luz al gas.&nbsp

Sin embargo, para él y para&nbsp muchos de sus colegas temporeros estas situaciones se contraponen con&nbsp aquello que tanto ha interesado a las empresas exportadoras de frutas y vinos a la hora de hacer negocios, como son las diversas “Fiestas de la Vendimia” que poderosos grupos económicos realizan –en conjunto con los municipios- en distintas comunas de la zona central chilena.&nbsp

Casablanca, Vitacura, Paine, Coltauco, Santa Cruz, Curicó, Linares…son comunas donde la tradicional fiesta alcanza sus mejores niveles. Además, en el caso de Rancagua, a lo anterior se une –en la misma fecha- el Campeonato Nacional de Rodeo, que concita la presencia de miles de personas ávidas por echarle una miradita a esas desaparecidas actividades que los campesinos de años y siglos ya idos acostumbraban a realizar no como fiesta, sino como trabajo diario.&nbsp

Negocio es negocio, y en esos días de fiestas,&nbsp comercio, artesanía, degustaciones, ventas varias y turismo, los viticultores detienen sus actos de protesta para dirigir los esfuerzos a aumentar sus&nbsp ingresos. La chilenidad se difumina en medio de una feria de entretenciones y compraventa que se transforma en el centro de las actividades. Sin embargo, el campesinado aprovecha la ocasión para mostrar sus destrezas (y venderlas, obvio) mediante la exposición de chamantos,&nbsp botas, sombreros, colgajos varios, y por cierto, frascos de mermelada, botellitas con líquidos aromáticos y embriagadores, así como frutas confitadas y demostraciones en vivo de la forma en que se usa la zaranda para hacer chicha.&nbsp

DÍA DE FIESTA LE GANA AL DÓLAR

En las comunas rurales, pequeñas y tranquilas, la Fiesta de la Vendimia es un acontecimiento digno del mejor aplauso. Allí, la inauguración del evento merece ser descrita por mejor pluma que la mía, pues lo que ocurre cada año, sin fallar, se repite con increíble similitud.&nbsp

El primer día del espectáculo se inicia cuando aparecen el alcalde y los concejales. Vienen con sed y con hambre. Obviamente, visten como huasos, listos y preparados para que alguna chiquilla los saque a bailar cueca. También traen a la zaga un montón de entreveros, discusiones y acusaciones que son típicas de las ‘autoridades’ municipales. Se detestan con alevosía y siempre están dispuestos a partir por el eje a cualquiera de sus colegas.&nbsp

Pero en esta ocasión rinden tributo a la tradición festiva y cualquier persona que no viva en la comuna creería que son amigos íntimos, pues los ve reírse, abrazarse, aplaudir el esquinazo, cortar la cinta, posar para el fotógrafo local (que siempre es contratado por el municipio), y luego, visitar todos y cada uno de los locales&nbsp existentes y, por supuesto, echarse al ‘güergüero’ unos vasos de chacolí para después entretener los molares con anticuchos y empanaditas fritas. Todo ello regalado ‘espontáneamente’ por los locatarios que siempre están rogando a Dios por el retiro rápido de esas visitas protocolares que consumen todo y de todo, gratuitamente.&nbsp

Terminada la inauguración, la vida vuelve a su cauce normal, ya que alcalde y concejales recuperan sus diferencias yéndose cada uno por caminos y cocinerías distintas, acompañados por la cáfila de serviles habituales que colaboran con el pelambre pertinente.&nbsp

Una de las principales tradiciones en estas fiestas es comer, comer y comer. En la fiesta de Coltauco me permito recomendar la cazuela de gallina de campo con pebre, servida en plato de greda junto a una caña de espumante pipeño y acompañada de un trozo de tortilla de rescoldo. Una maravilla. También se puede optar por el cabrito asado con puré picante y ensalada a la chilena. No hay cómo arrepentirse. Ahora bien, si usted no quiere sentarse frente a una mesa, pida entonces algunas ‘caldúas’ de horno y un par de anticuchos, que son los alimentos de mayor demanda, especialmente solicitados por los niños.&nbsp

Avanzada la noche, la cueca deja&nbsp la pista libre para que la cumbia y sus ritmos se impongan en el amplio local donde se efectúa el ‘bailable popular’. Orquestas y ‘sounds’ de la zona hacen las delicias de los bailarines mientras el chacolí, la chicha y las piscolas corren como para bañar yeguas. Nadie se acuerda de la crisis del dólar.&nbsp

Cuando la fiesta termine, seguramente los&nbsp exportadores danzarines volverán a la carretera dispuestos a armar nuevos escándalos culpando al gobierno de ser responsable por lo que sucede con la baja del dólar en la Bolsa de Nueva York, o en la de Londres. Les acompañarán algunos trabajadores temporeros, preocupados por la posibilidad de una cesantía que se adivina ya que son conscientes de que ante cualquier anomalía, lo primero que eliminan los patrones es la mano de obra.&nbsp

Pero, los problemas no deben&nbsp empañar la fiesta, y en esto muestran&nbsp también acuerdo los viticultores y los empresarios, pues habiendo posibilidad de negocio, de ventas y de compromisos comerciales, nada ni nadie, ni el dólar ni el gobierno, puede constituir un obstáculo para ganar&nbsp nuevas monedas.

El mejor ejemplo de lo dicho, fue ratificado por un agricultor que se encontraba en la Ruta Cinco Sur, a la salida de Rancagua,&nbsp cartel en mano, formando parte de el numeroso grupo de exportadores comandados por Ronald Bown que interrumpieron el denso tránsito de vehículos como forma de protesta por la baja de la moneda norteamericana.&nbsp

– “¿Usted seguirá al pié del cañón en estas protestas durante el tiempo que sea necesario?”, le pregunté.&nbsp

– “Así es, por supuesto que no cederemos en nuestras exigencias”.&nbsp

– “Entonces, puedo volver el sábado y entrevistarlo nuevamente”.&nbsp

– “¿El sábado? Nooo…el sábado estaré en la Fiesta de la Vendimia en Coltauco; y el domingo también. ¿No puede venir el lunes a mediodía?&nbsp

Cualquier comentario sobra.

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