Varoufakis y la política de Syriza en la encrucijada europea de 2015. Cuando el recuerdo es selectivo

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(A propósito de la publicación del libro Capitulación entre adultos, Grecia 2015: una alternativa era posible, de Eric Toussaint, El viejo topo, 2020)

En 2015 Europa vivió su primera gran crisis. Aunque se hubiesen producido otras anteriores, ninguna fue como esta. Grecia, otrora considerada la cuna de la cultura europea, se situó en el epicentro de un terremoto político. Se vio cuestionada la arquitectura económica que soporta la Unión Europea y, especialmente, su zona euro. Aquellos meses, de febrero a septiembre, Grecia y sus protagonistas inundaban las portadas de la prensa. Por primera vez, la Troika parecía asustada, parecían removerse sus cimientos, porque un país europeo llevaba al gobierno a un partido de izquierda, Syriza. Pasado ese episodio se crearon mitos, sublimados más aún tras la claudicación y derrota del gobierno de Syriza. Los imposibilistas se resignaron a decir que no cabía alternativa, otros ensalzaron como héroes vencidos a los que simularon librar una batalla.

Se transitó del anhelo a la frustración. Con ello la esperanza en Europa quedó seriamente dañada. Una serie de relatos han querido rescatar las figuras, en su momento icónicas, de Tsipras y, especialmente, de aquel insigne economista que parecía haber toreado al Minotauro: Yannis Varoufakis. A este relato contribuyeron todos aquellos que querían alabar la razonabilidad y la política pro-UE de la dirección del gobierno, o los que, aunque los hechos hablasen en otro sentido, trataban de presentar a Varoufakis como el nuevo Hércules, en aras de impulsarle a nuevos desafíos posteriores 1/. Libros, como el del propio Varoufakis (2017), Conversación entre adultos, o la película del admirable, en esta ocasión fallido en el ángulo escogido, Costa Gavras (2019), Comportarse como adultos, que obtuvo el premio Donostia de cine, han dado una versión elogiosa de este protagonista casual. Desde entonces, los mitos se encargaron de dar lustre y brillo a los bustos de los perdedores, como si hubiesen librado la batalla en buena lid. Por desgracia, esas narraciones rindieron como vano consuelo, especialmente para ocultar y deformar lo sucedido.

El libro de Eric Toussaint, plenamente involucrado con el pueblo griego en aquellos meses, coordinando la histórica Comisión parlamentaria de la Verdad de la Deuda Pública Griega, desde el 4 de Abril, impulsada por la presidenta del Parlamento griego Zoe Konstantopoulo y la diputada Sofia Sakorafa, brinda una versión algo distinta, con una conclusión bien diferente. Lejos de las hagiografías y los mitos, se basa en lo realmente sucedido, sin esconder nada, constatando que hubo varias oportunidades para aplicar una política diferente, a pesar de las enormes adversidades que sufrió, y sufre, el país heleno.

En él se detalla la errónea y confiada estrategia de Tsipras, asesorada por un pequeño grupo dirigente, sobre todo Dragasakis y Pappas, que o eran sumamente moderados o estaban del otro lado. No ignora los gestos rebeldes, si bien pocos, más allá de la retórica pública. Ahora bien, no pueden más que calificarse de faroles sin cartas para jugar, porque no se prepararon 2/, y siempre para tratar de negociar alivios. Tsipras aisló a su partido de sus decisiones clave, trabajaba al margen del gobierno con sus dos figuras más cercanas, gobernó en contra del programa de Tesalónica y de las decisiones de su propio pueblo, como así sucedió tras el Referéndum donde ganó el no a las condiciones que quería imponer la Troika al tercer memorándum por más de un 61%.

En aquella derrota del gobierno griego cabe señalar el pequeño peso de la economía griega y el poder de los grandes países centroeuropeos, y los portentosos instrumentos que dispone la Troika. Ni qué decir tiene que todo aquello fue muy importante. Ahora, tal y como describe Toussaint, los recursos de los que disponía Grecia antes de su secuencia de pago de las deudas en sus primeros meses, para un reembolso total de 7.000 millones de euros de Febrero a Junio, junto a una política económica alternativa, más los beneficios retenidos de los intereses de los bonos del programa Secutiries Market Programme 3/ que debieron haberse devuelto a Grecia por el BCE, posibilitaban haber reconstruido el país y afrontado la crisis social. Se pudo haber construido un movimiento de solidaridad internacional que no se invocó. Todas las medidas de agresión y bloqueo que pudo aplicar la Troika no fueron una amenaza sin más, sino que se aplicaron con rotundidad desde el inicio del mandato del gobierno de Syriza.

La idea de actuar con moderación en aras de una negociación para no provocar males mayores no detuvo a la Troika, sino que mostró la debilidad del gobierno griego, la falta de consistencia y coherencia política, y dio más posibilidades para golpear al enemigo, que exigió más y más. Hasta hundir a la economía griega, entregar la soberanía real sobre su economía, e hipotecar a las futuras generaciones de trabajadores y trabajadoras griegas a décadas de austeridad y venta de los bienes públicos.

Cabría preguntarse si algo se hizo bien o si cabe rescatar alguna figura de esta tragedia. El libro de Toussaint no deja de señalar los gestos o acciones de interés, aun cuando fuesen tímidos, que también se produjeron. Pero no desempeñaron un papel significativo real. Si Tsipras y Varoufakis fracasaron, deja también meridianamente claro que quien pudo impulsar una alternativa, la Plataforma de Izquierda, no se movió cuando debió, dejando en la estacada caminos alternativos como los que habían propuesto autores como Lapavitsas –que merecerían una discusión aparte-. Quien ha quedado como un héroe, Varoufakis, en absoluto lo fue, frente a lo que aún cree la mayoría. Más bien se trataba de un académico inteligente, buen orador, de buen porte, pero errático en sus decisiones, moderado en su política y pagado de sí mismo. Este sólo narra un relato en el que disimula sus errores, oculta hechos e ignora alternativas que se elevaron al debate práctico en ese momento.

El libro pormenoriza hechos, personajes, acciones y posibilidades alternativas de alguien que vivió “la historia en caliente”. Toussaint observa cómo fue Varoufakis el responsable de impedir la aplicación del programa de Tesalónica, disuadiendo a Tsipras de aplicarlo, por considerarlo muy radical. Fue Varoufakis el que asumió que el Estado griego prosiguiese pagando las deudas contraídas, hasta agotar prácticamente los recursos de las arcas griegas, en aras de conseguir concesiones en la forma de pago de la deuda. Estas nunca llegaron, entre otras cosas porque un acuerdo paneuropeo sobre una medida que va contra la naturaleza de los Tratados resulta una quimera. Fue Varoufakis quien estimaba que un 70% de las propuestas de la Troika eran asumibles, y el resto sólo las adaptó para hacerlas viables. Fue Varoufakis el que teorizó que era oportuno mantener en puestos decisivos a directivos que jugaban en contra de la política de cambio. Si bien, fue Tsipras el que convocó un referéndum para el 5 de Julio, con el ánimo de perderlo, y que sorprendentemente se ganó, para justificar la aceptación de las medidas de la Troika sobre Grecia. Y fue Tsipras quien dijo que no se podía hacer otra cosa más que acatar. Varoufakis fue retirado del proceso al final, pero su proyecto permaneció del lado de la ingenuidad académica y de la idealización de una gestión diferente que pudieran haber realizado las instituciones europeas. Cosa que expresó con su dimisión y con el voto en contra del III Memorándum.

Toussaint, que sigue impulsando iniciativas, como la que se desarrolló a través del proyecto ReCommons Europe, con el propósito de construir un programa político para cambiar Europa, desciende también al perfil de las medidas alternativas, los argumentos y los momentos en los que pudieron aplicarse. Fundamentalmente fueron dos, cargados de legitimidad: desde el comienzo del mandato y las primeras medidas agresivas del BCE (que cortocircuitó la liquidez a la banca griega desde el 4 de Febrero, o que no reembolsó a Grecia 1.900 millones de euros de beneficios logrados por la capitalización de beneficios retenidos por fondos griegos, o que se llevó 11.000 millones a Luxemburgo del Fondo de capitalización bancaria que tenía que haber estado disponible para Grecia); o el mismo momento del OXI, tras el 5 de Julio. Ambas ocasiones se perdieron, la primera por una perspectiva de moderación e ingenuidad negociadora, la segunda, por una teoría política que sólo conducía a la capitulación, o una derrota sin batalla que se redujo a jugada de póker con las cartas marcadas.

Toussaint señala que la vía habría de haber consistido, no porque él lo dijese, sino porque estaba en varias propuestas y en parte del programa político del gobierno, en una moratoria de la deuda, hacer cumplir los resultados de la auditoría desarrollada, que determinaría un impago de la que fuese ilegítima u odiosa, el empleo de los recursos disponibles en un plan de reconstrucción nacional y abordar un plan contra la crisis humanitaria, establecer el control de movimiento de capitales para evitar su fuga, y el impulso a un sistema de moneda complementaria al euro –que comenzaría con billetes de euro sellados disponibles en el Banco de Grecia-, conjuntamente a una movilización popular y un plan de solidaridad internacional para buscar el apoyo de otros pueblos, sin supeditarse a las élites estadounidenses, chinas o rusas –cómplices en este caso de la Troika de dejar aislada a Grecia a cambio de diversas prebendas-. En suma, una línea en construcción de una salida ajena, internacionalista y desobediente a los postulados de los Tratados Europeos.

21/05/2020

Daniel Albarracín es economista y sociólogo. Formó parte como analista en la Comisión de la Verdad de la Deuda Pública Griega en 2015. Es miembro del Consejo Asesor de viento sur.

Notas

1/ DIEM 25 fue otra de sus aventuras, que, aunque ha fracasado en términos electorales, consolidó una corriente paneuropeista y progresista, sumamente ingenua y reformista, que aún sigue en pie en forma de discurso en la izquierda europea.

2/ El autor de esta reseña tuvo la ocasión de preguntarle personalmente, en el Parlamento Europeo en Bruselas, a Euclides Tsakalotos a la postre Ministro de Finanzas, sobre si contaban con un plan B en caso de fracasar las negociaciones. Éste sencillamente, señaló, “no, no hay ningún plan B, confiamos en que las instituciones europeas sean razonables”. En ese momento quedaba claro que el viejo lema de “ningún sacrificio por el euro”, que pudo haber servido de base de negociación, ante el giro de Varoufakis y Tsakalotos para mantenerse en el euro a toda costa, se les volvió contra ellos, amenazados por la expulsión de la eurozona.

3/ https://www.ecb.europa.eu/press/pr/date/2013/html/pr130221_1.en.html

vientosur.info/spip.php?article15985

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