Varoufakis cuenta la crisis griega

Por Iñaki Urdanibia

Uno de los protagonistas cuenta en primera persona los avatares de la eurocrisis.

Por Iñaki Urdanibia

Si hay alguno entre los políticos de estos últimos años que haya sido criticado por argumentos ad hominem, referidos a sus aspecto, manera de vestir y modo de vida , éste ha sido Yanis Varoufakis. Acudir a las reuniones de los organismos europeos, tan seriecitos ellos, en moto y sin corbata, le valieron ciertas reprimendas o, al menos, ciertas bromas…para unos, su aspectos cuadraba más con un chulesco Zorba el griego convertido en guardián de discoteca que en un serio ministro y parlamentario; para otros, su apartamento con vistas al Partenón, sus poses, junto a su esposa, artista multimedia, en revistas people , luciendo en la mano un libro en inglés ( en vez de en griego?), su dedicación a impartir clases de economía en universidades americanas, y un largo etcétera, al que han de sumarse las críticas de orden política que se abren en amplio abanico que va desde la acusación de traidor ( de “puta” se e ha tratado en estas mismas páginas por algún troll), a pesar de su desmarque de las posiciones derrotitas y claudicantes de Syriza, a la de intentar romper las reglas de juego de la UE.

Si antes ya se habían editado algunas obras suyas en las que se ofrecían claras lecciones de economía: « Economía sin corbata. Conversaciones con mi hija » ( Destino, 2015 «El minotauro global » ( Capitán Swing Libros ) – de ambas di cuenta en esta misma red- o « ¿ Y los pobres sufren lo que deben ?», editado por Deusto en 2016, ahora se publica « Comportarse como adultos. Mi batalla contra el establishment europeo » ( Deusto, 2017).

Si afirmo que esto no es una novela no se ha de tomar la afirmación à la Magritte, y ello a pesar de las afirmaciones del propio autor que dice que « este libro podría describirse como la historia de un profesor de universidad que se convierte en ministro durante unos meses y que, poco después, se transforma en una especie de informante que denuncia la corrupción de una gran institución. O también, quizá, como las memorias de un tipo que cuenta sus experiencias e intimidades, y en las que aparecen personajes tan poderosos como Angela Merkel,Mrio Draghi, Wolfgang Scäuble, Christine Lagarde, Emmanuel Macron, George Osborne o Barack Obama. O incluso como un cuento que describe cómo un país pequeño y completamente arruinado decide enfrentarse a los Goliat de Europa para escapar de su condena a prisión por deudas, pero que al final termina encajando una derrota no por honrosa menos demoledora ». Si se pueden relacionar las algo más de setecientas páginas con cualquier forma de narrativa podría ser por que francamente está bien escrito y, en consecuencia, se lee con facilidad ( cierto que hay novelas y relatos que no cumplen ni lo uno ni lo otro), y que en su lectura se constata que la realidad supera a la ficción de manera desbordante, ya que los episodios relatados dejan pálida a la más alambicada de las novelas negras.

El escenario llega a su punto álgido en 2015 cuando se establecen negociaciones – por calificarlas benévolamente- entre el recién estrenado gobierno griego y la Troika. Es en tal tesitura en la que aparece en escena, cobrando especial relevancia, Yanis Varoufakis, con sus análisis, innovadores, acerca del modo de encarar la crisis: la deuda acumulada – contraída, por cierto, por gobiernos anteriores, que por cierto eran de la misma peña que los varillas de la Troika-; en resumidas cuentas Varoufakis mantenía que la deuda era impagable más todavía si se imponía la austeridad que los acreedores proponían.

Europa y sus pretendidos valores van quedando al descubierto y sus defensores con el culo al aire, desde el inicio de los contactos entre las partes. Vamos viendo los diferentes pasos desde que el profesor asumió la cartera de Finanzas del gobierno griego; durante la campaña electoral no hizo otra cosa que prometer que haría « todo lo posible por rescatar a mi país de las ataduras de la deuda y de la brutalidad de una austeridad impuesta por sus vecinos europeos y el FMI», postura compartida con los integrantes de Syriza, en la que él se mantuvo firme mientras sus propios compañeros de partido y gobierno se iban desinflando a pasos agigantados. Esto supuso que Varoufakis fuese convertido en víctima propiciatoria a la que había de sacrificarse si se quería que las cosas hallasen solución; ya hubo voces cualificadas que le advirtieron que iban a ir a por él, y que se iba a orquestar una campaña de difamación en su contra, como así sucedió…por tierra, mar y aire.

Como sucede en cualquier comisaría que se precie es exigible que el detenido firme la declaración que se le ponga ante sus narices; en este caso era requisito para que no se rompiesen las conversaciones que el ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, es quien debía firmar el nuevo acuerdo que hundiría más a su país. De posible santo a asqueroso villano , pasó Varoufakis al negarse a estampar su firma, y…tal como ya se lo habían anunciado la prensa internacional, y demás dispositivos propagandísticos , se lanzaron en tromba contra tan incómodo personaje que quería romper las reglas de juego, y que pretendía que las deudas contraídas no se pagasen ( deudas obviamente que no habían sido contraídas ni por él ni por el joven gobierno el que formaba parte). Desde antes de que comenzase la pelea, algunos, pocos, le expusieron que lo que quería de él era que se mantuviese firme ante los chantajes que se iban a urdir. Estos mismos, implicados algunos, de uno u otro modo, en la política económica de los año anteriores, daban fe de cómo habían ido las cosas en los años anteriores hasta que el estado griego entrase en quiebra, situación acrecentada por los acuerdos de rescate impuestos por los tiburones de turno…los datos acerca de los préstamos bancarios y de otras instituciones europeas resultan escalofriantes en la medida en que las medidas no hacían sino ahondar la ruina del país endeudado. En tales circunstancias, las amenazas de expulsión de la eurozona no suponía mayor problema en la medida en que seguir perteneciendo a una organización en la que eras tratado como un siervo

La franca posición de Varoufakis era conocida, y aplaudida al menos de fachada, por sus compañeros de gobierno y más en concreto por el presidente de éste, Alexis Tsipras. Los pasos dados en las negociaciones nos son narrados, dejando ver que en la mesa se hacían algunas concesiones por parte griega mas se daba la negativa ante los brutales planes de austeridad, que originaban una verdadera crisis humanitaria. , proponiendo, además, que se prohibiesen los desahucios en primeras viviendas. En medio de los debates se impuso a Varoufakis que su lista de medidas debía ser “amplia pero poco exhaustiva” ( ¿ les daría pereza – en especial al inefable Dijsseelbloem, enfrentarse con demasiada lectura o con excesivos y aplastantes argumentos?). La conclusión ante la lista breve presentada fue que ésta no anulaba las propuestas anterior de la eurozona, que eran inamovibles…se volvía al punto de partida, como quedó explícitamente planteado por los distintos pesos pesados del Eurogrupo: Pierre Moscovici, Mario Draghi… Ciertos titubeos, por calificarlos de manera suave, se comenzaron a dar en las filas de la representación helena, ante lo que Varoufakis propuso que se reemplazase a uno de los que mostraba mayor sintonía con tragar todo lo que hiciese falta, Chouliarakis…que mostró en la ocasión además de un claro oportunismo una postura egoísta que no hacía sino defender sus prebendas personales . Ante estos tiras y aflojas Tsipras mantenía una distancia neutral, que se traducía en una duplicidad que trataba de contentar a todo el mundo, dejando de lado, cada vez de manera más decidida, cualquier decisión que tuviese que ver con los principios programáticos anteriormente defendidos. La división también se daba en la parte contraria, en donde los desacuerdos entre el FMI y el BCE eran públicos y notorios ; en lo que hace a la Comisión Europea la cosa era peor todavía ya que lo que se decía en privado era lo contrario de los que defendía en público…Y los altavoces de los detentadores de los poderes ( financieros y políticos) comenzaron a propalar infundios en una operación “la verdad al revés “, culpando de la falta de acuerdo a Varoufakis que no hacía sino perder el tiempo, cuando la realidad era que las propuestas de la troika se movían en una contradicción irresoluble entre lo que decían que suponía que su realización resultase imposible…las palabras y las cosas.

Mientras la tensión crecía y los dardos envenenados dirigidos al negociador que no respetaba – según decían- las reglas de juego ( hasta de hacer apología del no cumplimiento de los compromisos , no firmados por él, se le culpaba), Tsipras cada vez se dejaba seducir más por Merkel, llegando con ella a una especie de componenda que suponía quitar del equipo negociador al antipático e inflexible Schäuble, siempre que se apartase a Varoufakis de la representación griega…de modo y manera que cumplida este acuerdo las negociaciones se desplazaron al nivel secreto…Las cosas en vez de a mejor avanzaban hacia el abismo.

Mosqueada por unas declaraciones un tanto tajantes – cosa que no era habitual en el prudente y sibilino Tsipras- la señora Lagarde enfadadísima dijo que ya era « hora de comportarse como adultos » [ expresión que sirve a Varoufakis para dar título a su crónica ]. Ante el impasse Varoufakis se detiene en los intentos que se dieron sotto voce con el propósito de evitar la ruptura ( Macron de manera muy especial)…Luego llegó el referéndum que enfureció a la troika, y que tras el favorable resultado para los intereses griegos, en vez de servir de armar para retomar desde posiciones de fuerza la negociación, fue utilizado por Tsipras para rendirse y cumplir todas las imposiciones de los acreedores, y…que los gastos los pague el pueblo griego.

La sumisión venció, las draconianas medidas se impusieron…Varoufakis se desmarcó de la política de Tsipras y epígonos, e inició la puesta en marcha de una nueva organización, DIEM25, Movimiento por la Democracia en Europa…que afirma situarse del lado de « la gente que tendrá que sacar las castañas del fuego y el edificio entero se venga abajo ».

Una lúcida crónica que deja ver los tejemanejes de los poderes económicos y de sus servidores los políticos que evitan morder la mano de los poseedores de las riendas del dinero; desvela la defensa corporativa de los políticos de su status- tanto de los neoliberales de derecha como de pretendida izquierda- y las dificultades para abrir brechas, por pequeñas que sean, en el muro del status quo.

Dos cuestiones para concluir este comentario: 1) parece que a la hora de meterse en el barro, Varoufakis se dejó llevar por cierta candidez, hasta los bordes del quijotismo, ante las posibilidades de cambiar las cosas en los despachos, por arriba, no viendo la absoluta necesidad de servirse de las movilizaciones por la base para que cualquier lucha contra la troika y otros poderes supra pudiesen culminar en cierto éxito, por pequeño que este fuese, y 2) hay algunas críticas que se posicionan en la defensa del estado actual de cosas y como tal sacuden sin piedad a Varoufakis ( hasta en su furia llegan a señalar que en la propia portada del libro el tamaño de la foto de Varoufakis es tan grande como las otras tres que aparecen…cosa que de ser atribuible a alguien deberían ser a los encargados del diseño editorial); algún otro, aun poniéndose del lado de Varoufakis señala que en su escrito el autor embellece su figura y la carga de virtudes…no es cosa de entrar en el tema, mas sacar a relucir este asunto da cuenta del escaso hábito que el crítico del que hablo tiene en la lectura de textos autobiográficos o de memorias… no es exclusiva de Varoufakis sino que en todo escrito de estas características quien lo escribe acaba manteniéndose siempre como la espuma arriba…El asunto consiste más en valorar si la postura mantenida es muestra de honestidad, y si las críticas que realiza – que son abundantes y repartidas para todos los lados del abanico político- son justas y responden a la realidad de las cosas y las actitudes. En ese terreno, desde luego el caso de Yanis Varoufakis me parece digno de aplauso ya que defendió una postura contra las imposiciones de los poderes económicos y otros, y cuando vio que el camino se torcía, ante la imposibilidad de verse apoyado en su combate se retiró de la primera fila, para dejar el paso a quienes estaban dispuestos a bajarse los pantalones…hasta el mismísimo suelo, renunciando a una mínima dignidad y dejando que la carga fuese soportada por el pueblo al que decían representar.

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