Vargas Llosa en Chile y las tarifas que cobran los bufones

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No necesitaban ir a la feria a buscar sus servicios. Hoy, a causa de la modernidad, el oficio del bufón se ha difundido por el orbe y es necesario arrendarlos en el mercado laboral. Los hay de diferentes atributos, nacionalidades y tarifas, como suele suceder, debido a la diferencia de calidades. Si es premio Nobel de literatura y se llama Mario Vargas Llosa, una visita de tres o más días, donde están incluidas conferencias en las universidades, reuniones con el empresariado y una visita de cortesía a una escuela pública, vale alrededor de 150 mil dólares. Quizá sea más. Lejos, sin embargo, de lo que cobra Bill Clinton, que hace un tiempo se embolsicó 330 mil dólares por dar una conferencia en China.

Es asunto de pedigrí el tema de la tarifa, destacan los empresarios dedicados al rubro de arrendar bufones. La palabra de un ex presidente de USA, aunque en su charla diga necedades, no tiene el mismo valor de un premio Nobel. Así lo entendió nuestro presidente don Sebastián Piñera cuando contrató a Mario Vargas Llosa y prefirió la economía en los honorarios -raro en él- en vez de haber invitado a José María Aznar. ¿Y cuál sería la razón de esta preferencia? El célebre escritor luce más en nuestro medio, porque infinidad de chilenos han leído su obra y conocen de sus artículos que a menudo aparecen en la prensa de la oligarquía. No olvidan la pelea a puñetazos entre él y Gabriel García Márquez, que vino a demostrar cómo los celos del peruano, le dejaron un ojo en tinta al colombiano.

Sin embargo, la presencia de don Mario por estos andurriales no es inocente. Ha llegado a Chile para establecer una cabecera de playa, desde donde disparará diatribas y misiles en contra de Nicolás Maduro. He aquí su misión muy bien remunerada. Ya lo dijo don Sebas. “Chile -es decir yo- no va a reconocer las elecciones de mayo que se van a realizar en Venezuela”. Y a todo esto, ¿cuál es la función de don Mario? Expresará su beneplácito por las palabras de su jefe don Sebastián, en varias conferencias, simposios y declarará que a Venezuela, él no podrá ingresar, porque es demócrata y el gobierno de ese país, donde no hay papel higiénico ni para limpiarse el pompis, no le daría ni un centésimo si se le ocurriera hablar en una universidad.

Todo indica que en los próximos meses la presencia de este bufón que se mueve divirtiendo a los presidentes de América, empezará a tener consistencia. Sebastián Piñera viajó a Argentina, donde le habría gustado haber llevado a su hermano Pablo, para dejarlo instalado en la embajada, pero falló su propósito. La maldita palabra nepotismo, que repiquetea en las castas orejas del jefe, lo asustó. Entonces habló con Macri en la intimidad. ¿De qué hablaron? De hacer negocios y de iniciar la ofensiva final en contra de Nicolás Maduro. El presidente de Argentina le expresó que habría que comprometer también a Temer, quien es “presidente de Brasil” porque la oligarquía así lo desea. Este triunvirato de vírgenes necias o insensatas, que se afila las uñas en un esmeril, quiere dar el zarpazo en Venezuela y después viajarían juntos a Estados Unidos para recibir la bendición de mister Trump.

Bien pueden resultar arañados y terminen dando conferencias en algún ignoto lugar del mundo.

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