¿»Vandalismo» contra el monumento al Caudillo de Sta. Cruz de Tenerife?

Diario de Avisos presenta como una simple «gamberrada» una acción política contra la dictadura

En la madrugada del pasado sábado ciudadanos anónimos decidían expresar su rechazo a la permanencia del monumento a Franco ubicado en la Avenida de Anaga de Sta. Cruz de Tenerife, escribiendo sobre el mismo la palabra «antifascismo» y vertiendo pintura roja, para representar la sangre derramada por la dictadura. La acción reivindicativa fue calificada como un «acto vandálico» por el periódico conservador Diario de Avisos (…).

Aunque nadie podría determinar, a ciencia cierta, cuántos admiradores ocultos puede tener hoy en Alemania Adolf Hitler, resulta difícil imaginar que, a estas alturas del 2016, se mantuvieran monumentos públicos en las ciudades de este país europeo al que fuera líder e impulsor del «nacionalsocialismo».  Al fin y al cabo, los nazis perdieron la Segunda Guerra Mundial, y fueron, además, protagonistas de un genocidio en el que desaparecieron millones de personas.
En el Estado español, sin embargo, el pacto realizado por los gestores del Estado franquista y una oposición política claudicante dio lugar a un régimen monárquico heredero del franquismo en el que, cuarenta años después, los monumentos y reconocimientos a Franco y a connotados miembros del «Régimen anterior» continúan plagando las calles del país.

En Las Palmas de Gran Canaria, por ejemplo, sólo la acción popular en una manifestación fue capaz de terminar con la placa que conmemoraba el «Glorioso Alzamiento», en el edificio del Gobierno militar ubicado frente al capitalino  Parque de San Telmo.  De no ser por la iniciativa espontánea de unos manifestantes que decidieron arremeter contra aquel ofensivo símbolo de la dictadura, es muy posible que aún permaneciera allí, como muestra vergonzante de la verdadera naturaleza del actual Estado español. La prensa local, sin embargo, calificó el hecho como un atentado contra «un símbolo histórico»,aunque luego las autoridades de la época, desde su cobardía frente a la derecha sociológica, aprovecharan para no restaurarlo.      En Tenerife, como denuncian de forma recurrente activistas sociales de esta isla, la situación resulta aún más sangrante.  Son numerosas las calles dedicadas a auténticos criminales y los símbolos franquistas presentes en los edificios públicos, como el escudo que preside la fachada del Colegio Público C.E.I.P Miguel Pintor González, situado en la Avenida José Martí de la Avenida de Anaga.
También en la Avenida de Anaga, de Santa Cruz de Tenerife, se levanta de forma desafiante el «Monumento a su Excelencia el Jefe del Estado», popularmente conocido como el «Monumento a Franco».  Se trata de una obra de Juan de Ávalos – el mismo escultor que participó en el proyecto del Valle de Los Caídos – que muestra al dictador con una espada, sobre un ángel volando con las alas extendidas, en representación del avión Dragon Rapide, en el que partió Francisco Franco para iniciar el golpe militar que desencadenaría la Guerra Civil Española.  Ni que decir tiene, que todas las reclamaciones para que este monumento a la dictadura sea retirado han sido sistematicamente ignoradas por las instituciones tinerfeñas.
En la madrugada del sábado 5 al domingo 6 de noviembre, ciudadanos anónimos decidían expresar su rechazo a la permanencia de este monumento, escribiendo sobre el mismo la palabra «antifascismo» y vertiendo pintura roja, para representar la sangre derramada por la dictadura.

La acción, con un evidente carácter político, fue calificada como un «acto vandálico» por el periódico conservador Diario de Avisos, vinculado históricamente a los intereses de los grandes propietarios agrarios de la Isla. Prebostes del franquismo como Modesto Campos y Federico Isidro utilizaron  la cabecera de este diario para, concertados con las jerarquias de la Caja Rural de Tenerife y los sectores afines al Movimiento, tratar de obstaculizar los avances de las fuerzas progresistas a la muerte de Franco.  El forcejeo fue tan duro en el seno de la redacción del diario, que su director de entonces, Cabeza de Vaca, tuvo que poner  en la calle a una buena  parte de los periodistas que componían la redacción. De casta le viene, pues, al galgo.    Hoy no solo resulta evidente que lograron sus propósitos, sino que en la nota en la que el redactor  narra el suceso, se refiere sinificativamente al engendro arquitectónico como el  «monumento al Caudillo», título que el propio dictador se autoconcedió  y cuyo reconocimiento refleja la pervivencia en la prensa isleña del llamado «franquismo sociológico».
El periódico recogía, asimismo, las declaraciones de la primer teniente de alcalde del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife Zaida González, del PP – partido fundado por un ex ministro de Franco – según la cual el acto solo estuvo «motivado por las ganas de destrozar, aunque pudiera pensarse que tenía una cierta motivación ideológica».
Según la definición de la Real Academia de la Lengua Española, el «vandalismo» se refiere al «espíritu de destrucción que no respeta cosa alguna, sagrada ni profana».  En la misma línea, el diccionario España lo define como «la destrucción y devastación que no se atiene a ninguna consideración ni respeto».
Atendiendo a dicho significado, se podría afirmar que el adjetivo parece se ser más adecuado para calificar a la dictadura y al «Caudillo» exaltados por el monumento en cuestión, que a la acción reivindicativa con la que unos tinerfeños anónimos lo han querido denunciar.

¿Quiénes han sido, pues, los vándalos? ¿Aquellos que construyeron, mantienen y defienden la existencia de este monumento a la ignominia sangrienta de una dictadura, o aquellos otros que la semana pasada arrojaron pintura roja sobre el horrible esperpento arquitectónico?

http://canarias-semanal.org/not/19291/-vandalismo-contra-el-monumento-al-caudillo-de-sta-cruz-de-tenerife-/
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