¿Valores de civilización?

Por Patrocinio Navarro Valero

En la Tierra vivimos alrededor de siete mil millones de personas. Puede que a muchas no les moleste el hecho de que este Planeta sea propiedad de un número ridículo de familias con Estados y gobiernos  diversos a su servicio de uno u otro modo, que a su vez tratan de ser servidos de infinitas maneras por el resto de los humanos a través de esto que llamamos “ Sistemas”, configurados para ese fin exclusivamente. Todos conocemos, ay,el capitalismo o el Sistema Iglesias, lo mismo que conocemos y sufrimos al Sistema financiero, el Sistema Monetario Internacional, y otros bajo el paraguas “ Sistema”.Todos guardan entre sí profundas conexiones porque el dueño del paraguas siempre pertenece al fin y al cabo a alguna de esas pocas “Familias”, tan emparentadas entre sí por la codicia, la ambición y el deseo de poder y reconocimiento como enfrentadas por la herencia del pastel Tierra. A este Planeta aspiran a controlar tanto en lo material como en lo humano y espiritual bajo el lema: “Separa, ata, domina” que es la bandera de la oscuridad demoníaca; el santo y seña de los “civilizadores” hasta hoy mismo.

 

¿ Qué había que defender?

Enfrentamientos en guerras comerciales,como las que actualmente se llevan a cabo entre China y los EEUU, enfrentamientos por el control de los recursos minerales y energeticos, y luchas por el predominio mundial de ese puñado de locos y sus amas de llave dentro de cada Sistema, nos llevan a todos hacia el abismo ecológico, la pobreza, la explotación sin límite legal ni moral y hacia distintos tipos de neofascismo, ya sea en versión norcoreana, israelí, norteamericana, china o rusa. Neofascismos que, por cierto, se abren paso de nuevo en Europa a grandes zancadas cuando el monstruo parecía muerto y enterrado. Pero vuelve y se renueva entre muchos de nosotros el asco y el desprecio que sintieron nuestros abuelos en el siglo pasado por los funestos Hitler, Mussolini, Franco, Mao o Stalin. Ahora tienen otros nombres que igualmente promueven la intolerancia, la desigualdad entre sexos y razas, la xenofobia, el supremacismo con diversos rostros, el rechazo a la inmigración y la explotación laboral sin miramientos.

Todos estos fascismos de nuevo cuño, que no dudan en camuflarse bajo el nombre de “ democracias” tan falso como el de los católicos con el de “ cristianos” aman por igual la construcción de grandes consorcios para dirigir el mundo a su antojo y de muros contra los empobrecidos por ellos entre otras perversidades de su largo catálogo. ¿ Acaso no hay que defender los valores de nuestra civilización?

Puede que a muchas personas no les preocupe el que existan estos pocos miles de individuos que ejercen el poder directo o delegado desde palacios y grandes mansiones con personal de todo tipo a su servicio dispuestos a satisfacer sus mínimos caprichos, mientras millones, a los que les han usurpado sus derechos más elementales, se ven obligados a vivir a la intemperie o en viviendas miserables y frágiles buscando comida en basureros como las ratas o teniendo que jugarse la vida a cara o cruz en una patera buscando amparo porque son expulsados de sus países por una de las tantas guerras organizadas por los habitantes de los palacios y mansiones. Estos, no obstante, suelen llamarse cristianos y defensores de los derechos humanos, la libertad y la democracia. Por supuesto. ¿ Acaso no hay que defender los valores de nuestra civilización?

Puede que muchos de esos que aman la caza, no respetan a los animales, o acuden a las corridas de toros, aplaudan a los grandes medios de comunicación, si ser conscientes que estos no tienen otra misión que distraer, ensalzar y proteger a los ricos e inducir a las gentes a envidiarles y a ser acríticas, atontadas y sumisas. Y por eso terminan por votar conservador, pues ¿ acaso alguien duda todavía que haya que defender nuestra civilización?

Seductores, seducidos y silenciados
Con programación neurolingüistica asesorada por psicólogos y diversos expertos en manipulación de masas, se conduce a las gentes desprevenidas a aceptar como verdades incuestionables las que les proponen a diario esos grandes medios, cuyas agencias de distribución de noticias y comentarios están homologados entre sí para no contradecir a la voz de su amo rico y poderoso, siempre socio del enemigo de Dios, a cuyo servicio está.

Una jerarquía de las sombras fuera del alcance del ojo humano mueve a sus peones ricos y poderosos y les asesora en lo íntimo sobre aquello a lo que deben aspirar como siervos de la oscuridad, y les induce a su ejecución. Entonces inventan cosas como Sistemas y les dan nombres como Civilización, Orden, Ley y otras joyas lingüísticas.

Todo esos frentes contra la especie humana y toda forma de vida, que actúan  como auténticos parásitos, -también mentales a poco que la gente se descuide-, necesitan portavoces para seducir a las masas y llevarlas a aceptarles, envidiarles, imitarles y justificarles. Por ello, nunca vemos ponerse en cuestión por los defensores del Sistema que sea  asuntos tan serios como la propiedad privada sin límite legal, la plusvalía a favor de los patronos, la autoridad de los poderosos, la guerra, las leyes injustas, el supremacismo racial, sexual, cultural o político, el terrorismo de Estado, la fabricación de armamento, los muros contra los pobres, o los privilegios de las Iglesias, por citar algunas cosas.

Y mientras, se silencia a quienes critican todo eso, se encumbra a quienes forman parte de la sociedad del espectáculo:“famosillos” de tres al cuarto, pseudo-intelectuales de medio pelo, tertulianos de pesebre, politicastros aspirantes a gobernar y gentes del mundo del balón. Hasta políticos y científicos hay cuya vergonzosa servidumbre de buey les lleva a atacar las medicinas alternativas, o a negar el cambio climático, sin que eso les suponga ser tomados por locos , que sería lo suyo, o enviados a la luna, que es su lugar de residencia mental por ser lugar frío e incapaz de acoger vida…

Y mientras a gentes de esa clase se da cabida en programas de gran audiencia, ¿ quien conoce lo que piensan filósofos, místicos, poetas, artistas o trabajadores en alguno de los múltiples oficios cuando es conocida su oposición a esta clase de civilización alienante? ¿ Cuántas horas se les dedica en los grandes medios para dar a conocer sus posturas críticas sobre lo que ocurre en nuestro mundo?

Entre tanto, con los menús diarios de esos medios, grandes mayorías creen estar informados cuando solo están hipnotizados. Porque estos menús que sirven los diferentes canales informativos inducen hábilmente a las masas a distraerse, a seguir votando conservador, a ir a las iglesias, a soportar salarios que anclan a la pobreza, a vivir una juventud plagada de necesidades impuestas,- pero de fácil solución,- con el horizonte final de una vejez sombría, solitaria y desatendida. Y fin de la película de su civilizada existencia.

Cosas bajo la alfombra

Los saquedadores  de la Tierra conocen de sobra la verdad de sus detractores sobre el efecto devastador irreversible de sus crímenes contra el medio ambiente y sus semejantes y ya andan buscando otro planeta habitable para seguir haciendo lo mismo, y volver a instalar sus paraísos fiscales, su hipocresía política y su cinismo sin medida ni control, sus negocios mafiosos, sus guerras sucias y sus guerras que llaman patrióticas. Y ni una palabra critica se escucha contra sus políticas de expropiación de tierras para uso agrícola, minero, industrial o energético con la expulsión o matanza de sus habitantes, como sucede en África o América Latina; sus abusos sociales y laborales y su desprecio de clase a los que no son de la suya.

¿ Quién habla de esos asuntos en las tertulias de las televisiones? ¿ Quien en los diarios de grandes tiradas? A veces, sí, se da alguna mala noticia sobre el asesinato de líderes indígenas, sindicalistas, defensores de los derechos humanos, ecologistas, o periodistas comprometidos con la verdad. Y todo eso se cuenta escuetamente, si se cuenta, sin profundizar en las causas, sin señalar a los autores intelectuales. Casi parece aviso para navegantes: cuidado con oponerse a los poderosos. Ay, es que los medios que lo cuentan son de aquellos,qué casualidad.

Cuando lo normal no es normal

Puede que a muchos les parezca normal que existan partidos políticos que se dicen conservadores y se niegan a conservar el medio ambiente; fariseos que invitan a defender y servir a la patria a las que ellos mismos se niegan a servir evadiendo impuestos; religiones de gentes que no trabajan, con pederastas y ancianos ricos nostálgicos de la edad de oro de los faraones, que se niegan a vivir como el Maestro de Nazaret al que han usurpado nombre y doctrina ; usureros y siervos del poder de la peor especie dirigiendo consejos de administración en empresas que nos afectan; arribistas y gentes sin escrúpulos sedientos de poder y reconocimiento público dirigiendo gobiernos de países….Y nunca faltan en esas filas violentos incendiarios, estúpidos narcisistas, sádicos irredentos, pervertidos sexuales y otras joyas de la corona.

Puede que a muchos les parezca normal lo que nada tiene de normal, y dan su voto a estas gentes; o les parezca inevitable, y se dejan llevar como corderos al matadero; pero nada tiene de inevitable: todo es una cuestión mental, espiritual y emocional a favor o en contra de todo eso, y esto es lo que finalmente produce una u otra realidad.

 

Pensemos por nuestra cuenta, por favor

A poco que pensemos por nuestra cuenta, vemos que nada de eso es normal; vemos enseguida que tras estas grandes fachadas con las que se nos quiere hacer que vivimos en un mundo normal con una reglas más o menos aceptables no hay más que codicia y deseos de poder de esta especie de vampiros que viven del trabajo y la energía ajena siglo tras siglo con distintos trajes y con el mismo cuento: el de fingir representar a la auténtica civilización mientras conspiran para destruir lo auténticamente civilizador.

” Si mis soldados comenzasen a pensar, ninguno permanecería en las filas”, decía Federico II, citado por Tolstoi en su libro “ La guerra ruso-japonesa”. Y si cada uno de nosotros comenzamos a disentir, a reivindicar, a ponernos de parte de la verdad en lugar de las ficciones que nos proponen gobiernos, universidades, patronos, iglesias y medios de comunicación, ¿ qué ocurriría? Una cosa es cierta: difícilmente sería peor.

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