Valladolid tras el 26J

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Es necesario realizar un análisis interno de por qué, a pesar de haber logrado más de 5 millones de votos, Podemos corre el riesgo de fragmentarse definitivamente. Esto no puede deberse únicamente al hecho de que no se hayan logrado cumplir las expectativas de Unidos Podemos en las pasadas Elecciones Generales, por ello creo que hay que abordar esta problemática desde otro un punto de vista.

Lo que falla en Podemos no es que Pablo Iglesias o Iñigo Errejón tengan estrategias políticas dispares, sino que la organización de las bases en los distintos municipios de nuestro país no ha cuajado. En el caso concreto de Valladolid creo que las principales causas de que esto no haya sucedido son cuatro. Algunas de ellas probablemente son extrapolables a otros territorios, pero no es mi pretensión que así sea.

En primer lugar, desde el pasado 20 de Diciembre no se ha avanzado prácticamente nada en el acercamiento del proyecto político de Podemos a la ciudadanía vallisoletana. Es cierto que se realizó un acto público para presentar y explicar el contenido de la Ley 25, sin embargo dicho acto fue más bien descafeinado y no tuvo gran relevancia. Además de eso no se ha dado prácticamente ningún paso para acercar posiciones y confrontar el discurso de Podemos con el de otras formaciones políticas locales. Únicamente comenzó a haber acercamientos cuando se anunció oficialmente que Pablo Iglesias y Alberto Garzón habían acordado presentarse en coalición. Hasta ese momento ningún responsable local de Podemos en Valladolid se preocupó de abonar el terreno para que se naturalizase este espacio de confluencia en nuestro territorio.

En segundo lugar, hay que pedir explicaciones y responsabilidades al Consejo Ciudadano Autonómico de Castilla y León, que aún siendo plenamente consciente de que el Consejo Ciudadano Municipal (CCM) no ha hecho nada por construir una estructura política abierta y participativa en la ciudad de Valladolid, ha permitido que sigan hablando en nombre de Podemos a su antojo. Cosa que no ha ayudado en absoluto a crear un clima de compañerismo dentro de esta organización política.

¿Quién en su sano juicio va a seguir un proyecto político liderado por una persona que en año y medio lo único que ha conseguido es fomentar los desencuentros y las rivalidades entre unos y otros? La gente con un mínimo de sentido de común colabora allí donde hay respeto y se permite la disensión, no donde hay alguien que utiliza los reglamentos del partido para erigirse como la persona que manda y a la que todas y todos deben obedecer.

Posponer la destitución de este Consejo Ciudadano por parte de Pablo Fernández, secretario general de Castilla y León, a parte de ser una actitud poco valiente, muestra una debilidad orgánica innecesaria. Porque que siga permitiendo que los pocos miembros en activo del actual CCM de Valladolid estén en sus puestos no significa ser más o menos tolerante, sino todo lo contrario, implica aceptar que cualquier miembro de Podemos en Castilla y León puede difamar a sus compañeros sin asumir por ello ningún tipo de responsabilidad sobre sus actos.

A todo ello se suma una actitud cercana al pasotismo por parte del cabeza de lista de la candidatura de Unidos Podemos por Valladolid: Juan Manuel del Olmo, que a parte de no dejarse la piel en la campaña que se ha realizado en nuestra provincia, ha estado ausente en momentos simbólicos tan importantes para una campaña electoral como el acto de clausura o el seguimiento de los resultados el domingo 26 de junio. A esto hay que unir que su presencia en Valladolid no ha aportado cualitativamente nada, pues lejos haber intentado convertirse en un referente para los colectivos sociales de nuestra provincia, se ha contentado, como hizo en la campaña del 20 de Diciembre, con pasar lo más desapercibido posible. No dudo de sus habilidades dentro de su campo profesional, pero sí pongo en duda su capacidad para representar a la gente de nuestro país y defender en el Congreso un programa político tan ambicioso como el de Podemos.

Por último, y no menos importante, la organización de Podemos en la provincia de Valladolid que se ha intentado articular desde Podemos Castilla y León no ha respondido a las expectativas de los círculos. Precisamente por ello, los responsables de esta estrategia deberían llevar a cabo una evaluación al respecto y plantearse seriamente la posibilidad de dar más protagonismo y libertad a los núcleos más activos de Podemos que están asentados en la provincia vallisoletana.

En este orden de cosas cabe destacar la iniciativa que se tuvo en Laguna de Duero cuando se decidió impulsar un encuentro provincial de Podemos en Valladolid. Ese debería ser el camino: crear e impulsar espacios en los que la ciudadanía pueda sentarse a debatir y dialogar sobre los retos que tiene nuestra sociedad y sobre cómo Podemos pretende hacerles frente.

Así pues, aunque parezca que el proyecto de Unidos Podemos ha fracasado, creo que es el momento de relanzarlo con más fuerza para asentar así los cimientos de un espacio de participación ciudadana común a otros partidos, asociaciones y organizaciones de Valladolid, tanto a nivel municipal como a nivel provincial. Espacios que, además de servir como foros de discusión, sirvan para reavivar y reimpulsar el tejido social que ya existe en nuestro territorio. No se trata de conseguir que la gente se afilie a Podemos, sino de que la gente se involucre en la vida social, cultural y política de su comunidad a través de propuestas atractivas y originales que huyan de los soporíferos y desesperantes enfrentamientos internos a los que desgraciadamente estamos tan acostumbrados.

Necesitamos crear una estructura basada en la confianza mutua, no en la fiscalización continua, pues ésta lejos de ayudar a que haya más transparencia, ha conducido a que cada vez haya más opacidad. Tanto es así que invertimos más tiempo en crear espacios reducidos donde insultarnos unos a otros que en crear espacios comunes para hablar de cómo podemos afrontar los problemas de nuestra sociedad. Esto, sin duda, oscurece el debate e impide que haya más claridad sobre la realidad que pretendemos cambiar.

Unido a lo anterior, otro elemento que se ha instalado en la organización de Podemos es la sospecha. Parece que el espíritu de Eduardo Inda se hubiese apoderado de nuestras mentes y que nuestra única meta política fuese la de demostrar que la compañera o compañero que tenemos junto a nosotros es un potencial enemigo del partido. Como si el partido fuese lo importante y no sólo un medio del que tarde o temprano tendremos que prescindir para seguir creciendo como una sociedad democrática, libre y responsable.

Ningún partido, incluido Podemos, es garantía de que nuestro país vaya a ser mejor. Lo que puede mejorar nuestros municipios y regiones es la colaboración ciudadana y el trabajo en equipo. Evidementemente siempre habrá dificultades y momentos de inflexión como el que actualmente estamos viviendo, pero precisamente esos momentos son los que nos permiten detenernos para recapacitar y cambiar el rumbo de nuestros pasos, que, lo queramos ver o no, seguían una dirección equivocada desde hace bastante tiempo.

Hemos llegado muy lejos siendo una „máquina de guerra electoral“, pero necesitamos construir referentes políticos locales a los que la ciudadanía en su conjunto, no sólo el partido, reconozca como gente valiosa y comprometida con el bien común. En Valladolid sería relativamente sencillo lograr este objetivo si en vez de ocultar los éxitos que se están logrando a nivel municipal se reconociesen oficialmente por parte de Podemos.

Nadie en nuestra ciudad toma en consideración lo que pueda aportar Podemos Valladolid, sin embargo sí que es consciente de que hay cosas que están cambiando en nuestro Ayuntamiento. ¿Por qué no hacer nuestros parte de esos éxitos? De hecho, si hay cosas que están cambiando en Valladolid es porque un gran número de medidas que se aprueban por parte del Pleno municipal forman parte de los programas políticos de Valladolid Toma La Palabra y Sí Se Puede Valladolid. Dos candidaturas que, lejos de ser rivales, tendrán que entenderse para seguir construyendo una mayoría social alternativa a la del Partido Popular y el PSOE.

Si queremos que la sociedad confíe en este proyecto no podemos estar poniéndonos la zancadilla continuamente. Provenimos de sitios distintos, pero tenemos objetivos comunes y eso es precisamente lo que nos debe unir. Con más 5 millones de votos a nivel nacional y más 50.000 en la provincia de Valladolid, tirar la toalla es absurdo. Se ha logrado una fuerza institucional sin precedentes en nuestro país y el reto ahora es entretejer las costuras de las diferentes organizaciones que forman Unidos Podemos y crear una base social sólida en nuestro territorio. Ahora es cuando tenemos que demostrar que tenemos la capacidad de sonreir. ¿Podemos?

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