Valeriano Orobón Fernández, la unidad como principio

Más bien olvidado en los tiempos que corren (volando), Valeriano Orobón Fernández, fue una estrella fugaz del anarcosindicalismo de los años treinta que vale la pena revisar y conocer.   Verdadero «enfant prodigue» del anarcosindicalismo, potencialmente la figura más formada intelectualmente de la CNT de su época. Rudolf Rocker describe así sus comienzos: » Orobón conoció el movimiento libertario siendo un joven estudiante. Su padre pertenecía al PSOE, pero esto no le impidió confiar a Valeriano y a su hermano Pedro a la escuela libertaria de Valladolid, su ciudad, y en cuyos métodos de enseñanza se movían en la línea aproximada de la Escuela Moderna de Francisco Ferrer… Cenetista desde los 14 años, es influenciado por Evelio Boal (uno de los fundadores de la CNT, secretario general en 1919, tachado por Buenacasa como el «científico de la organización», y asesinado por los pistoleros de la patronal en 1921) y a los 18 años representa a la CNT de Valladolid en el Congreso de la Comedia (1919)».

Su militantismo le lleva a ser constantemente perseguido y en 1924 sería expulsado por las autoridades de Asturias marchando entonces al exilio parisino. En Francia se relaciona con el historiador más conocido del anarquismo, Max Nettlau (que lo describe como «un individuo capaz y excelente. Posee el sentido histórico y comprende la «continuity of history»). En el exilio, Orobón se encarga de la Librería Internacional financiada por «Los Solidarios», dirige la revista Iberióny colabora en Les Temps Nouvelles; en 1926 es expulsado de Francia por participar en un mitin contra Primo de Rivera y de la guerra de Marruecos, un capítulo colonial en el que el movimiento obrero español no estuvo a la altura de las circunstancias.

Durante su estancia en Berlín, Orobón trató a fondo al célebre anarquista judío alemán Rocker 1/ y aprende el alemán –también el inglés y francés, de manera que traducirá a todos los extranjeros participantes en los congresos de la CNT a los que asiste–, se hace cargo de la secretaria española de la AIT y defiende la necesidad de un programa anarquista que integre la alternativa económica. Intenta volver a España en 1930, pero al ser detenido se exilia de nuevo. Volverá con la República, iniciando un período de actividad incansable. Su papel es primordial en la tracción de intelectuales inquietos hacia a la CNT madrileña (Eduardo de Guzmán, García Pradas, Canovas Cervantes, etc); ofrece numerosas conferencias. También destaca en una conferencia en el Ateneo de Madrid en la que trata de trazar una línea teórica pluralista de la revolución que viene, en línea con lo que Eleuterio Quintanilla y José Mª Martínez defenderán desde Asturias contra el sector confederal que sigue creyendo que no hay nada que hacer con la UGT, el PSOE, y no digamos con los comunistas oficiales que han hecho todo lo posible por desprestigiar la política de frente único (que entendían como un lía de sometimiento al PCE que al tiempo tacha de fascista a casi todo el mundo).

El referente práctico de Orobón era la revolución alemana de 1919. Habla de la República de los Consejos Obreros de Baviera. Una experiencia en la que coinciden en las barricadas y en un efímero gobierno en que trabajan tanto espartaquistas como socialistas de izquierdas y anarquistas, y también lo fue el hecho de que fue muy consciente del desastre causado por la «guerra fría» entre comunistas oficiales y socialdemócratas en Alemania, guerra que neutralizó al movimiento obrero frente al avance «resistible» del hitlerismo. Su voz comenzó a ser muy conocida a comienzos de 1934, su nombre suena entre la militancia que lee la prensa confederal. A principios de 1934 comenzó a poner sobre el papel sus conclusiones. Sus artículos reflejaban el pensamiento, también, de algunas otras figuras destacadas de la CNT, de los asturianos firmes partidarios desde casi siempre del pacto con la UGT (del que se solía hablar de forma genérica en los congresos cenetistas y en oposición a cualquier acuerdo con los partidos obreros), y también de Vicente Ballester, uno de los portavoces de la regional andaluza, que había visto en su región los efectos de las repetidas y fracasadas insurrecciones; la última y la más trágica, la de Casas Viejas.

Desde La Tierra, diario madrileño que sin ser cenetista defendía a esta central, Orobón publica Alianza revolucionaria, ¡Sí! Oportunismo de bandería, ¡no!, un largo ensayo en defensa de unidad proletaria 2/. Éste texto causó una profunda impresión entre la militancia libertaria y entre los partidarios de la Alianza Obrera como Maurín que ven en él la puerta abierta que estaban buscando. Aunque no lo reprodujeron los órganos cenetistas más difundidos, su contenido será pronto conocido en los medios más militantes de la CNT y de la FAI. Las ideas de estos últimos sobre la socialdemocracia son casi tan sectarias como la de los comunistas estalinistas que hablan del «socialfascismo». La propuesta de Orobón provoca muchas discusiones, porque, aunque en lenguaje y principios no rompe con el estilo cenetista, en la táctica, Orobón propone hay un esfuerzo de renovación que dará alas a los sectores que perciben que la CNT pasa por una crisis y choca e indigna a quienes, negando esta crisis, defienden a ultranza su actuación «insurreccionalista» en los últimos años.

Orobón Fernández asegura que la Alianza Obrera preconizada por el Bloc Obrer i Camperol (BOC) y por la Izquierda Comunista (IC) con el apoyo del sector «caballerista», era ya, psicológicamente, un hecho. La democracia política había fracasado en España, y el país se polarizaba, con los socialistas marchando hacia la izquierda y la burguesía hacia el fascismo. Esta Alianza Obrera era, pues, el camino que conducía a la revolución y oponerse a  ella equivalía a renunciar a ésta. Ponía como condición que  los comunistas abandonaran su sectarismo (en realidad, el PCE no firmó la Alianza hasta poco antes de los hechos de Octubre del 34) y que los socialistas abandonaran su campaña de acusaciones infamantes contra la CNT. Por entonces, socialistas de derechas y republicanos, culpaban a la campaña abstencionista de los anarquistas de una derrota electoral en la que tuvo mucho que ver el rearme derechista y el «desencanto» ante las reformas republicanas que no llegaban. Incluso llegaron a decir que había sido subvencionada por las derechas o por los radicales de Lerroux. Los socialistas, decía Orobón, debían además convencerse de que no era posible pasar de la revolución a la legalidad burguesa para volver a la revolución y luego de nuevo a la legalidad. Largo Caballero, para que se creyera en su posición revolucionaria, debía desplazar de la dirección del socialismo a quienes se oponían a la alianza del proletariado.

Orobón partía de la constatación de que existían no pocas diferencias entre marxistas y libertarios pero creía que la Alianza pudiera hacerse sobre bases ideológicas abiertas, desde una base neutral, puesto que, a juicio de Orobón, socialistas y comunistas confiaban excesivamente en la conquista del poder político como medio de hacer la revolución y no prestaban bastante atención al papel revolucionario que podían y debían desempeñar los sindicatos, que eran los verdaderos representantes de los trabajadores y debían ser los pilares de la sociedad futura. Pero justamente porque había esas diferencias y porque la situación era como era, la Alianza era tanto más necesaria. Desde su punto de vista: «Sí cada tendencia se empeñase en mantener su propia declaración de principios como molde obligado de la alianza, ésta sería prácticamente imposible». Además «El acuerdo de carácter táctico es el que ofrece menos dificultades, ya que todos los sectores coinciden en apreciar la gravedad de las actuales circunstancias, y sólo habría que discutir y concretar detalles de modo y oportunidad». De ahí la importancia del ejemplo de los consejos obreros de Baviera en 1919, o sea de una democracia proletaria revolucionaria. A tal efecto, adelantada los puntos principales de lo que creía que podía ser una plataforma aceptable por todas las organizaciones obreras. Se trataba de partir desde estos cinco  puntos:

–«Primero: Acuerdo sobre un plan táctico inequívocamente revolucionario que, excluyendo en absoluto toda política de colaboración con el régimen burgués, tienda a derribar éste con una rapidez no limitada más que por exigencias de carácter estratégico;

–Segundo: Aceptación de la democracia obrera revolucionaria, es decir de la voluntad mayoritaria del proletariado, común denominador y factor determinante del nuevo orden de cosas;

–Tercero: Socialización inmediata de los elementos de producción, transporte, comunicaciones, alojamiento y finanzas; reintegro de los parados al proceso productivo; orientación de la economía en el sentido de intensificar el rendimiento y elevar todo lo posible el nivel de vida del pueblo trabajador; implantación de un sistema de distribución rigurosamente equitativo; los productos dejan de ser mercancías para convertirse en bienes sociales; el trabajo es, en lo sucesivo, una actividad a todo el mundo y del cual emanan todos los derechos.

–Cuarto: Las organizaciones municipales e industriales, federadas por ramas de actividad y confederadas nacionalmente, cuidarán del mantenimiento del principio de unidad en la estructuración de la economía.

–Quinto: Todo órgano ejecutivo necesario para atender a otras actividades que las económicas estará controlado y será elegible y revocable por el pueblo».

Y cierra diciendo: «Estas bases son mucho más que una consigna. Representan un programa que recoge sistemáticamente las realizaciones susceptibles de dar médula social a una revolución».

Detrás de esta inquietud, subyace la conciencia clara de que el ascenso del fascismo es ante todo, fruto de la división obrera, y saca sus conclusiones de cara a lo inmediato: «La represión, escribe, con que se está diezmando a la CNT es un anticipo vergonzante y vergonzoso hecho al fascismo específico y una muestra elocuente de como los términos medios y las ponderaciones teóricas de la democracia burguesa se convierten fácilmente en extremos. A la hora de la lucha, los «demócratas» olvidan su filiación política y forman con arreglo a su formación de clase. Aprendan de este ejemplo los camaradas que, por purismos deleznables, se encandilan en la teoría de nosaltres sols. Para vencer el enemigo que se está acumulando frente al proletariado, es indispensable el bloque granítico de las fuerzas obreras. La fracción que vuelva la espalda a esta necesidad es culpable ante la Historia. Porque mil veces preferible a la derrota, que el aislamiento nos depararía, inevitablemente, es una victoria proletaria parcial que, sin ser patrimonio exclusivo de ninguna de las tendencias, realice de momento las aspiraciones mínimas coincidentes de todos los elementos pactantes: aspiraciones mininas que comienzan en la destrucción del capitalismo y la socialización de los medios de producción…».

Estas líneas ilustran la poderosa coincidencia con la corriente que estaba auspiciando la Alianza Obrera, a la que  la CNT-FAI acabaría dando la espalda salvo en Asturias en el curso de la crisis de octubre 1934. Su posición fue similar a lo de los «trentistas» y del grupo de Pestaña que tomaron parte activa en todas partes, sobre todo en Catalunya donde la dirección e la CNT se implicó contra una huelga general que –entre cosas– demostró que dicha huelga era posible…sin ella.

Valeriano se ganó la vida traduciendo y escribió obras como Tragedia de España(1927) y La CNT y la revolución española, que fue prologada por Rafael J. Sender. Gravemente enfermo, falleció a principios de 1936 en Madrid, a los 35 años. Conociendo su apretada pero brillante trayectoria, leyendo ahora sus escritos, Orobón nos recuerda bastante a otro gran libertario unitario, Camillo Berneri, coincidente en los puntos de vista del conjunto de los movimientos y de una situación en la que los errores políticos tendrían un precio incalculable. Su estudio es recomendable siempre, pero quizás lo deba ser más ahora, cuando son más necesarias que nunca las voces unitarias y pluralistas, opuestas a los «patrioterismos» de siglas y escuelas.

Notas

1/ Para mayor detalle, ver: «La tragedia de los socialistas libertarios alemanes»(www.fundanin.org/gutierrez41.htm)

2/ Sobre su vida y su obra el lector interesado puede consultar el siguiente libro de José Luis Gutiérrez Molina: Valeriano Orobón Fernández. Anarcosindicalismo y revolución en Europa; Traducción textos en alemán: Felipe Orobón Martínez. Dirección y coordinación: Federación Local CGT Valladolid. Colabora: Comité Regional CGT Castilla-León. Edita: Libre Pensamiento, 302 págs.

 

 

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