Valeriano Orobón Fernández. Anarcosindicalismo y revolución en Europa. José Luis Gutiérrez Molina

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Bueno compañeros y compañeras, por fin hemos conseguido el libro de nuestro amigo Valeriano en formato digital y para que la cultura y la historia del anarquismo pueda llegar a todo el mundo de la manera más fácil posible. Esto lo publicaremos en entregas y finalmente con las fotos que ilustran todo el libro. Esperamos que esta vida tan entregada al anarquismo sea de vuestro agrado. Por último queremos agradecer al autor del libro, José Luís Gutiérrez Molina el hecho de que no nos haya puesto ninguna traba para publicar esto, sino que todo lo contrario, se mostrado tan agradecido.
Salud.

Grupo Memoria Libertaria Valladolid.
www.memorialibertaria.org/valladolid/Introducción
No es posible entender la historia de España, al menos la del primer tercio del siglo XX, sin tener presente al anarquismo. Sus organizaciones tuvieron una especial importancia, en algunos casos decisiva, en el desarrollo de las principales cuestiones que afectaron a la vida social y económica de la nación. Así ocurre, por ejemplo, en lo referente al problema de la tierra, y la ejecución de una reforma agraria; a la organización del movimiento obrero al compás de la industrialización o, en 1936, a las prácticas revolucionarias puestas en marcha tras la derrota de la sublevación militar.

Fueron muchos los miles de hombres y mujeres que lucharon por la conquista de un mundo nuevo inspirado en los principios libertarios. Hoy, salvo contadas excepciones, la inmensa mayoría de ellos están olvidados. Queda un escaso rastro de la tupida red que, en unas regiones más que en otras, formaba la trama en la que se sustentaba el anarquismo ibérico. Casi no existía comarca en la que no funcionara una, pequeña o grande, sociedad obrera guiada por los principios tácticos y finalistas anarquistas; viviera un corresponsal, encargado de proporcionar información y venderla, de la prensa ácrata o se creara un grupo específico, de cuatro, cinco o seis miembros, que se reunieran para discutir cúal era la forma mejor de difundir los principios libertarios.

Uno de estos miles de militantes fue Valeriano Orobón Fernández. Castellano de nacimiento, su corta vida es un compendio de lo que era el movimiento libertario español de esas décadas. Aunque Valladolid no era una de las plazas fuertes del anarquismo, existía en ella, desde los tiempos de la Primera Internacional, un activo núcleo libertario que mantuvo, unas veces más boyantes, otras menos, una sociedad de oficios varios y, sobre todo, una escuela inspirada en los principios racionalistas. Aunque el socialismo, y el sindicalismo confesional católico, dominaban el panorama obrero, del pequeño foco ácrata surgieron varios destacados militantes del anarquismo y anarcosindicalismo español. Fueron los casos, durante el siglo XX, de Evelio Boal -secretario nacional de la CNT-, Pedro Herrera -miembro del comité peninsular de la FAI- o el propio Orobón Fernández, que perteneció al secretariado de la AIT, la internacional sindicalista revolucionaria creada en Berlín en 1922.

En demasiadas ocasiones se nos presenta al anarquismo español como un cuerpo monolítico, casi sectario, que no se corresponde con la realidad de un movimiento que agrupaba a cientos de miles de trabajadores y entrelazaba sus raíces con otras tendencias sociales y culturales presentes en la sociedad. Como el republicanismo o los primeros grupos introductores del naturismo o el vegetarianismo. Prejuicio que, a poco que lo estudiemos, se desmorona para ser sustituido por la imagen de un organismo multiforme, activo y en evolución. Si no hubiera sido así, difícilmente sus planteamientos habrían estado presentes de la transformación del viejo societarismo obrero de resistencia, en el moderno anarcosindicalismo; habría inspirado un vasto movimiento de periódicos, centros de enseñanza o ruptura de moldes tradicionales o, en fin, hubiera llegado a ser una auténtica alternativa social en el verano de 1936. Sin exagerar, el último momento en que la civilización occidental ha sido capaz de ofrecer una posibilidad de creación de una sociedad más justa, igualitaria, fraterna y libre.

Valeriano Orobón Fernández es un ejemplo de esa vitalidad. Preocupado, desde sus primeros años de militancia, por la renovación teórica del anarquismo, su obra y actividad refleja en todo momento un encomiable afán por el estudio, la búsqueda de nuevas alternativas y, sobre todo, el mejor análisis de las circunstancias concretas. Así ocurrió, cuando apenas tenía veinte años, en el debate que produjo el impacto de la revolución rusa en el obrerismo español; unos años después, durante la dictadura de Primo de Rivera, cuando estaba en el exilio, durante la polémica sobre la colaboración de los anarquistas con otras fuerzas -principalmente republicanas- opositoras a la monarquía; o, finalmente, con su propuesta, a comienzos de 1934, de Alianza Revolucionaria que revolucionó el panorama del movimiento obrero español y supuso el inicio de una rectificación táctica del anarcosindicalismo que terminaría concretándose después, en la propuesta de unidad revolucionaria acordada en el congreso de la CNT celebrado en mayo de 1936 en Zaragoza.

Además, Orobón Fernández es paradigma del anarquista preocupado por su formación. No corresponde a la figura más conocida del trabajador autodidacta que adquiere una más que regular cultura por su esfuerzo tras una extenuante jornada de trabajo. Nacido en una familia de cierto nivel económico, acudió desde pequeño a la escuela y fue su relación con dos conocidos maestros libertarios, Eusebio Carbó y Luis García Muñoz, Zoais, la que decidió su militancia. Dotado de una excepcional naturaleza, a pesar de su debilidad física que terminaría por llevarle a una temprana muerte, tras su exilio se convirtió no sólo en un renovador de los presupuestos ácratas, sino también en un excelente traductor. Gracias a esta actividad pudo sobrevivir en Alemania, completándola en un primer momento con la de profesor de idiomas, y proporcionarnos un inestimable material en español de los congresos, debates y manifiestos de la AIT. Tradujo casi una docena de libros y, a su regreso a España, para la empresa cinematográfica Filmófono, fue el autor de la versión española de conocidas películas norteamericans, francesas y soviéticas, como El acorazado Potemkin o Carbón.

De todas formas, su figura merecería pasar a las páginas de la historia de los movimientos sociales por su intervención en la formulación teórica de lo que llamamos la alianza obrera. No se puede olvidar que fue, precisamente, la unión de socialistas y anarquistas en las jornadas de julio de 1936 la que determinaron no sólo la derrota de los sublevados, sino también que comenzara el proceso revolucionario. A pesar, incluso, de las propias autoridades gubernamentales que parecieron temer más a la inicial respuesta unitaria obrera que a la propia rebelión.

La unidad de las distintas corrientes del obrerismo español no era, en los años treinta, una cuestión nueva. Venía del siglo XIX, tras la primera escisión de los marxistas de la Internacional española y reverdecida, en el XX, en coyunturas como la huelga nacional revolucionaria de 1917. Preocupación que se pone de manifiesto por la continua presencia del tema en los órdenes del día de los congresos obreros anarcosindicalistas. Sin embargo, en los años treinta el asunto se presentaba como decisivo. En un contexto del ascenso del nazismo alemán y los regímenes autoritarios en toda Europa, con el desmantelamiento, persecución y aniquilamiento de los grupos obreros, la importancia del movimiento libertario en España aparecía como una garantía de que, al menos, el ascenso fascista no iba a ser tan sencillo como en Alemania o Italia. Además de poder pensar en la posibilidad de tomar la iniciativa y transformar una posición defensiva ante la reacción y otra cuya finalidad sería la construcción de una sociedad revolucionaria.

El fracaso de las dos insurrecciones anarcosindicalistas, de enero y diciembre, de 1933, dio paso a la reflexión en importantes sectores de la CNT y la FAI. Durante los primeros meses de 1934 se abrió un debate sobre la capacidad del anarquismo español para hacer, con sus únicas fuerzas, la revolución en España o atajar el peligroso rumbo pro-fascista que había adoptado la política nacional tras el ascenso electoral de la CEDA. La importancia del papel que tuvo Orobón estuvo en que el artículo que publicó, a fines de enero de 1934 en el periódico madrileño La Tierra, proporcionó argumentos a los defensores de llegar a acuerdos con los socialistas y sirvió de catalizador por el prestigio con el que contaba el vallisoletano. No fue el único que dedujo de los fracasos de 1933 la necesidad de llegar a acuerdos con los otros sectores proletarios, pero sí fue de los primeros que interpretó que era una aspiración de un importante número de afiliados tanto de la CNT como de la UGT.

Fue su propuesta aliancista la que lo llevó a la cárcel en marzo de 1934. Un año de prisión terminó por quebrantar su débil estado de salud. La tuberculosis puso fin a su vida unas semanas antes de que pudiera ver, cómo sus planteamientos se hacían realidad en las jornadas de julio de 1936. Su figura fue tomada como modelo y ha perdurado en la imaginería colectiva del anarquismo hispano hasta la actualidad. En estas fechas en las que se cumple el centenario de su nacimiento, no es un hecho baladí recuperar su figura. Con un mejor conocimiento de ella, con la reedición de parte de su obra, podremos tener una visión más completa de la España del primer tercio del siglo XX. Las décadas que finalizaron con la derrota de quienes pensaban que era posible romper el tiempo que les había tocado vivir. Lo lograron durante un corto periodo, después fueron vencidos y todos, demócratas comunistas y fascistas, se apresuraron a borrar cualquier rastro de su existencia. Con su desvanecimiento, lo hizo también una pieza clave para componer el rompecabezas de nuestro pasado más reciente.

No sería justo terminar esta introducción sin hacer expresa mención de quienes me han proporcionado la ayuda necesaria para que este trabajo llegara a buen fin. Antonia Fontanillas sin cuyo ánimo, perseverancia, constantes envíos de materiales, no hubiera terminado por decidirme a afrontar la vida y obra de Valeriano Orobón. Este libro debe tanto o más a ella que a mí mismo. Ester Martínez y Felipe Orobón. La primera, cuñada de Valeriano, me proporcionó valiosos datos, pero sobre todo su gran ánimo a pesar de las dolorosas circunstancias por las que pasaba. Su hijo Felipe ha seguido los pasos de su tío. Por esas casualidades, que no lo son tanto, ha seguido sus pasos, es traductor y vive en Alemania. Gracias a él este libro contiene un folleto no traducido al español de Orobón. Se ha encargado de traducirlo con el cariño y cuidado de quien se sabe depositario de un importante legado. Como Vicente García que facilitó interesantísimas informaciones sobre Hilde y nos puso en la pista de Ester. Kees Rodenburg, del Instituto Internacional de Historia Social de Amsterdam, no sólo me ha atendido eficazmente a cuantas peticiones le realicé, sino que me proporcionó la correspondencia de Valeriano con Max Nettlau y Rudolf Rocker que ha sido una fuente insustituible.

No sería tampoco agradecido si olvidara las ayudas que me han proporcionado Carlos Orobón Álvarez, Ignacio Soriano y Manuel Carlos de la Fundación Anselmo Lorenzo, Eric Jarry, Rolf, Josetxo Fernández de los Arcos, Luis Fernández Colorado, Miguel Íñiguez y Helenio Molina. Todas sus aportaciones, sugerencias, materiales me han servido de mucha ayuda. Igualmente el personal de los distintos archivos que he consultado siempre me ha tratado con amabilidad y esforzado por proporcionarme toda la ayuda que le ha sido posible. En especial las atenciones que me dispensaron, durante el asalto perpetrado en pleno mes de agosto y con las prisas que suelen acompañar a los investigadores, la señora Ana Feijoó, directora del Archivo Municipal de Valladolid, el personal de la empresa ARCAL S.A., que custodia sus fondos y el de la hemeroteca del diario El Norte de Castilla.

Finalmente, agradezco de corazón el interés que han mostrado los editores, en especial a Jesús Sáinz el primero en mostrar interés por recuperar la figura de Valeriano Orobón, para la publicación de este trabajo.

I. LA VIDA DE UN ANARQUISTA. 1. La infancia y primera militancia en Valladolid (1901-1923).

Valeriano Orobón Fernández nació en La Cistérniga. Una localidad situada a unos seis kilómetros de Valladolid, en la carretera que la une con Soria. Sita en una importante vía natural de comunicaciones, estuvo habitada desde el Paleolítico. Se han encontrado vestigios celtíberos y romanos. Durante la edad media fue un bastión fronterizo encargado de defender las comunicaciones del Duero. Pascual Madoz la describía, a mediados del siglo XIX, como una “aldea situada entre dos collados, que se alzan 300 pies (Cerro San Cristóbal), con buena ventilación y clima sano: sus casas son generalmente de dos pisos, buena fábrica y bien distribuidas; hay una iglesia parroquial (Santa Águeda), cuya festividad se celebra el 5 de febrero y concurre una gran romería de la capital y otros puntos…” 1. Su industria principal, además de la agrícola, era la fabricación de baldosas, ladrillos, tejas y cal. Fechas en las que tenía una población de 526 habitantes.

En 1851 dejó de pertenecer al ayuntamiento de Valladolid y la reina Isabel II le concedió el título de Villa 2. Su historia está reflejada en su escudo heráldico al que surca una banda de plata, flanqueada por dos chimeneas de fábrica y un puente coronado por un torreón acotado con pinos. La cinta de plata en el cantón rememora la calzada romana, las calzadas del medievo y las carreteras actuales de Soria y Segovia que vienen cruzando el Municipio y comunicando los Valles del Duero y Pisuerga. Las chimeneas evocan los múltiples alfares, hornos y cerámicas que han constituido la base económica de La Cistérniga y contribuido al incremento del casco urbano de Valladolid. También recuerdan al pasado la réplica de su puente romano, el torreón que defendía su acceso y los dos pinos que significan que La Cistérniga forma parte de la comarca de Riberas y Pinares 3.

Desde el primer tercio del siglo XVIII se encuentran referencias al apellido Orobón en La Cistérniga. El abuelo del padre de Valeriano, Agapito, poseía tierras y viñas. Algunas de ellas lindantes con las de Lázaro Martín, el padre de María Martín Pérez. Quizás, esta pudo ser una de las causas por las que Víctor Orobón Gómez se casó con María Martín Pérez. Hijo suyo fue Mariano Orobón Martín de cuyo matrimonio, el 14 de marzo de 1898, con Luisa Fernández Barrios, nacieron Valeriano y sus cinco hermanos 4.

La familia Orobón Fernández parece que gozaba de una desahogada posición económica. Mariano, aunque no es seguro, trabajaba en los talleres de la Compañía Ferroviaria del Norte y cultivaba las tierras y viñas que había heredado de sus abuelos. La madre se dedicaba a “sus labores” y ambos, que sabían leer y escribir, procuraron dar a sus hijos la mejor educación posible. Hasta su traslado a Valladolid, Valeriano acudió al colegio de La Cistiérnaga y, después, a una escuela laica, denominada Institución Libre de Enseñanza, en la que trabajaron los conocidos maestros anarquistas Eusebio Carbó 5 y Luis García Muñoz, Zoais. La fecha del traslado de Valeriano a Valladolid no está clara. Las informaciones familiares difieren sobre si sucedió cuando tenía cinco o seis años, o hacia 1917, cuando había cumplido los dieciséis 6.

Fuera como fuera, en lo que están de acuerdo todos los testimonios, corroborados por su trayectoria posterior y los recuerdos de sus amigos, es en que Valeriano fue un niño muy despierto y destacó pronto. Entre las anécdotas que se conocen de esos años se pueden citar tres. Durante algún tiempo, fue monaguillo. Trabajo por el que cobraba cinco céntimos. Un día observó, como el sacerdote cogía dinero de las propinas que tenían guardado en una hucha. Fue el final de su carrera en la iglesia. Más adelante, en el colegio, recibió como premio un silbato de madera. Sin embargo lo rompió, pues a los hijos del médico les dieron otros mejores que él pensó no merecían. Finalmente, en la escuela de comercio a la que acudió ya joven, obtuvo la totalidad de los premios. El profesor, a modo de chanza, le comentó que no estaba bien que se hubiera llevado todos. Valeriano le respondió que podía repartir los premios entre sus compañeros, pero que el saber era suyo y nadie se lo podía quitar 7.

Era, pues, un chico inteligente, despierto y que desarrolló sus aptitudes gracias a la educación que recibió. De su relación con la escuela animada por el republicanismo y anarquismo local, nació su pensamiento libertario. Aunque en Valladolid, el anarquismo siempre fue minoritario respecto al socialismo, desde la creación en España de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) existieron núcleos ácratas que animaron diversas sociedades obreras y, sobre todo, numerosas iniciativas pedagógicas, bien en forma de periódicos o de creación de escuelas.

En Valladolid, la AIT se fundó en 1869 por iniciativa, entre otros, de Francisco Cea Bermúdez, tipógrafo y tío materno de Ricardo Mella, y José Rodríguez Herreros. En el congreso obrero de Barcelona de 1870, Cea asistió representando a las secciones de tejedores, sastres, zapateros, sombrereros y tipógrafos existentes en la ciudad. Agrupación que existió durante los años siguientes y acudió a los congresos de Zaragoza y Córdoba en 1872. En este último se decidió que la capital castellana fuera la sede del siguiente congreso de la FRE. Para Max Nettlau, tal elección, se debió a que era la única localidad, fuera de Cataluña o Andalucía, que contaba con una organización unida 8. Aunque, finalmente, declarada la Internacional ilegal, el comicio se celebró clandestinamente en Madrid, con asistencia de la sección de Valladolid. Incluso, durante el periodo de decadencia la sección, aunque menguada en número, acudió a las conferencias de 1876 y 1877 de la AIT española 9.

Durante la expansión de la Federación de Trabajadores de la Región Española (FTRE), nueva sección de la AIT en España, en los primeros años de la década de los ochenta, en Valladolid existió una sección de la Unión Manufacturera, que agrupó a los trabajadores de los centros fabriles relacionados con el mundo textil. Entidad que acudió al congreso que celebró esta federación en 1883. Ese mismo año, en el congreso de la FTRE celebrado en Valencia, se decidió que el Comité Federal de la organización residiera en la ciudad castellana. Aunque los internacionalistas vallisoletanos ya habían estado presentes en la conferencia de Gracia, de febrero de 1881, donde se decidió la reconstrucción de la sección española de la Internacional. También acudió al congreso que la federación celebró en Barcelona en 1885 10. Hasta la creación de la CNT en 1910, el movimiento obrero de la ciudad estuvo presente en los diversos intentos de organizar una central obrera de tendencia libertaria. Acudió al Congreso amplio de Madrid de 1891, y a la fundación, en octubre de 1901, también en esa ciudad, de la Federación de Sociedades Obreras de Resistencia de la Región Española (FSORE). En 1904 los ácratas se concentraban en la sociedad de albañiles llamada La Progresiva 11.

Si el asociacionismo obrero libertario tuvo continuidad durante estos años, la prensa la gozó también. Durante los primeros años de la década de los setenta del siglo XIX existió en la ciudad una cabecera llamada La voz del trabajador. En la de los ochenta, se editaron La crónica de los trabajadores (1883) y El Cosmopolita (1884-1885), de tendencia colectivista, cuyos redactores acudieron al congreso de Reus de 1885, Del primero fueron directores Indalecio Cuadrado, que a fines de la década emigró a la Argentina donde murió en los años veinte 12, y Miguel Lozano, miembros del Consejo Federal de la FTRE residente en la ciudad durante estos años. El segundo reapareció, brevemente, en 1901 con una redacción formada por Tapia, Palacios y Gutiérrez y publicó textos de Fermín Salvochea con quien, los militantes obreros de la ciudad habían contactado durante la estancia del gaditano en la cárcel de la ciudad entre 1893 y 1898 13. A comienzos del siglo XX se editó en la ciudad el periódico Tierra Libre. Vivió cinco años y en él escribieron Miguel Ruiz, su administrador en la etapa final, Florencio Tapia, E. Pérez, F. Cámara o F. Martín. Tras su desaparición en 1905, fue relevado por El Nivel, que desapareció en 1906.

Durante la primera década del siglo XX, comenzaron a publicarse en Valladolid periódicos de contenido pedagógico libertario. Entre 1910 y 1911, se editaron Escuela Libre y La Enseñanza Moderna, del que se publicaron tres números, y La Escuela Moderna. Todos ellos estuvieron dirigidos por Federico Forcada, un maestro procedente de Irún, donde ya había creado una escuela moderna, que se estableció en Valladolid hacia 1910. Gozaron, entre otras, de colaboraciones de profesores formados en la escuela creada por Francisco Ferrer en Barcelona. Fueron los casos de José Casasola, Calderón o el propio Forcada. En 1916, apareció La Idea y, antes, Institución Libre.

Unas publicaciones que se correspondían a la existencia de diversas escuelas laicas, modernas, o racionalistas. Unas de tendencia republicana, como la que habían creado los republicanos en 1893 con el nombre de “La Luz de Castilla”; socialista, como la fundada, en 1921, con el nombre de “Universidad Popular Pablo Iglesias” o, como la que, en 1913, creó el libertario Miguel Campuzano García, un joven maestro, de apenas veinte años, nacido en la ciudad. Su existencia fue corta, apenas un año, pues no pudo superar la oposición de las autoridades religiosas. Dos años más tarde, en 1915, llegó a la ciudad Luis García Muñoz, Zoais quien tuvo una intensa actividad como maestro en la escuela local y editor de la revista Ideal, que, finalmente, no llegó a salir 14.

Esta actividad fue la causa de que en la ciudad castellana nacieran algunas de las más destacadas figuras del anarquismo español. Entre ellos se pueden citar a Ernesto Álvarez, quien, a fines del siglo XIX, editó en Valladolid el periódico La Protesta, antes de instalarse en la comarca gaditana del Campo de Gibraltar; Adolfo Bueso, uno de los fundadores de la CNT en 1910, cuya familia emigró a Barcelona cuando contaba con tres años y regresó, brevemente, a Valladolid en 1917; Evelio Boal, que se inició en el anarquismo en su ciudad natal, colaborando en el periódico Tierra y Libertad, hacia 1911, antes de ser asesinado en Barcelona por las bandas para policiales de Martínez Anido, o Pedro Herrera, más joven que Orobón y secretario del Comité Peninsular de la FAI durante la revolución 15. Además, fueron numerosos los contactos con el mundo republicano local. Aunque difíciles, estas relaciones originaron intervenciones de destacados representantes suyos en la creación de escuelas laicas o la celebración de actos culturales. Como los del médico libertario Emiliano Pedrero Mardones, asesinado en julio de 1936, o Emiliano Pineda de la Universidad Popular de Valladolid y corresponsal de la publicación de la familia Montseny, La Revista Blanca. Precisamente, fue en la facultad de Medicina de Valladolid donde estudió Isaac Puente.

El anarcosindicalismo local, aunque minoritario en la ciudad frente a la UGT, mantuvo una gran actividad. En 1914 editaba un periódico con el significativo nombre de Sindicalismo y, al año siguiente, el destacado ácrata local Mariano Manzano Díez acudió a El Ferrol para asistir al Congreso Internacional contra la Guerra, que, además, sirvió para relanzar a la CNT en la clandestinidad desde su creación cuatro años antes. En el congreso cenetista de 1919, Evaristo Sirvente Cristóbal representó al sindicato local. Como, en 1931, lo hizo Miguel Hernández. Además de los sindicatos, agrupados en una federación local, se creó un Ateneo Obrero Sindicalista que, como en otros muchos lugares del país, sirvió de nexo, y presencia continua, de las ideas libertarias en la ciudad. En 1920, fecha de la constitución de la Regional Norte de la CNT, Manuel Buenacasa viajó a Logroño para representar, en el primer congreso de la regional, al sindicato de Valladolid y sus 120 afiliados.

La escuela a la que acudió Valeriano Orobón era sucesora directa de la que había regentado Federico Forcada y que tuvo que cerrar a mediados de 1911 por problemas económicos 16. Fue el Ateneo Obrero Sindicalista quien tomó la iniciativa de reactivarla a fines de año. Durante 1912 se creó un grupo de apoyo para la apertura de una Institución Libre de Enseñanza. Finalmente, en el local del Ateneo de la calle Mantería, 49-51, las clases se reanudaron durante 1913 17. Dos años después, en junio de 1915, se incorporaron Zoais y, temporalmente, Eusebio Carbó 18. La actividad del primero fue intensa. No sólo dio clases o impartió ciclos de conferencias para los afiliados al pequeño sindicato cenetista, sino que además se convirtió en el animador de la Federación de Grupos Anarquistas de las Dos Castillas y León 19.

El joven Valeriano acudía a la calle Mantería a la salida de su trabajo como dependiente en un comercio de venta de tejidos situado en la plaza de España 20. Se llamaba La Casa Verde y en él también estaba su hermano Pedro. Aunque éste pronto lo abandonó por un puesto de fundidor. Hasta su marcha a Asturias, hacia 1922-1923, trabajó en otros establecimientos 21. Fueron años de rápida iniciación y madurez. Los testimonios que conocemos nos lo presentan como de “juicio maduro en su tierna juventud”. Son palabras con las que le definió el catedrático de derecho penal de la universidad pucelana, Vicente Mendoza 22. Por estos años ya deslumbraba por ser un orador excelente, de amplio léxico y exposición clara y directa. Además, comenzó a militar en el sindicato de la CNT. La primera referencia que poseemos de su experiencia sindical, lo sitúan como miembro de un piquete que, durante una huelga de camareros, entró en el café Royalty y esparció un líquido maloliente que vació el local de clientela. A consecuencia de ello sufrió la que, quizás, fue su primera detención 23.

El hecho, posiblemente, se produjo durante la huelga general que paralizó la ciudad el 17 de mayo de 1920 24. Desde la primavera, la crisis de las subsistencias que sacudía el país y la resistencia de los patronos a que los trabajadores conservaran las mejoras alcanzadas durante los años anteriores de bonanza económica, diversos conflictos se habían sucedido. En marzo fueron los de los peluqueros y ferroviarios, el sector obrero más importante en la ciudad. En abril se pusieron en huelga marmolistas, canteros, carpinteros, camareros y panaderos. Finalmente, en mayo, la pretensión de subir diez céntimos el precio del kilogramo de pan, desencadenó un movimiento rechazo que cristalizó en la convocatoria de huelga general para el día 17. Ese día numerosos grupos, sobre todo formados por mujeres y jóvenes, se manifestaron por la ciudad obligando a cerrar el comercio. El Círculo del Recreo fue asaltado. Por la tarde, unas seis mil personas se reunieron en la plaza Mayor para oír al diputado provincial socialista Óscar Pérez Solís 25 con quien Orobón tuvo más adelante una fuerte polémica. En el transcurso del mitin un antiguo alcalde de la ciudad, seguidor de Maura, Antonio Infante, fue agredido. Como también fue golpeado el concejal liberal Pantaleón Muñoz. Fue por la mañana cuando un numeroso grupo entró en el café Royalty 26.

Entre el medio centenar de detenidos estuvo Valeriano Orobón. Como la práctica totalidad fue puesto en libertad durante las horas siguientes aunque la agitación no cesó. El día 18, aunque con menor intensidad, la huelga y los incidentes continuaron. La guardia civil cargó en diversas ocasiones en la plaza Mayor y las calles Santiago y Angustias. Los industriales se negaban a acatar las órdenes de las autoridades y, además, continuaban en huelga los trabajadores de las panaderías reivindicando mejoras salariales y laborales. Hasta mediados de agosto no finalizó una vez que se llegó a un acuerdo tras numerosos actos de sabotajes y agresiones a esquiroles. La fuerte presencia de los sindicatos católicos y socialistas, lejos de atemperar los conflictos, parece que los radicalizó. Una característica que llama la atención es que las huelgas, aunque menos numerosas que en otros lugares, tuvieron una duración inusitada. De abril a agosto esta de panaderos en 1920; desde principios de junio hasta mediados de julio otra de albañiles en 1922, o la de mayo a junio de 1923 de pintores 27.

Orobón comenzó, por estos años, a ser un destacado militante del pequeño núcleo anarcosindicalista de la ciudad. Valladolid tenía por estos años unos cien mil habitantes, de los que la inmensa mayoría de sus trabajadores lo hacían en los sectores ferroviario, metalúrgico y de la construcción. Por su situación geográfica se había convertido en el centro de control del tráfico de la Compañía de Ferrocarriles del Norte y sede de sus talleres de reparaciones 28. La mayoría de ellos pertenecientes a la UGT, así como a un sindicato confesional católico 29. El poco más del centenar de cenetistas pertenecían a oficios ferroviarios, del transporte y, sobre todo, metalúrgico. Además del ramillete de diversas profesiones que formaba la sección de Oficios Varios. Su posición minoritaria y el boicot de la prensa vallisoletana, reducida al conservador El Norte de Castilla y el integrista Diario Regional, hacen difícil seguir las vicisitudes del sindicato confederal. Los telegramas de los gobernadores civiles de la provincia a sus superiores del ministerio de la Gobernación, que se conservan en el Archivo Histórico Nacional en Madrid, nos proporcionan la imagen de un activo pequeño grupo que, en diversos momentos, inquietan a las autoridades por su posible expansión a pesar de la continua identificación que los periódicos locales hacían entre sindicalismo y terrorismo 30.

Un ejemplo de las dificultades de funcionamiento del anarcosindicalismo vallisoletano lo tenemos en las dificultades que el gobernador puso a la legalización de sus estatutos a comienzos de 1920. Pidió instrucciones al ministerio para su autorización alegando que uno de sus artículos, referido a la finalidad revolucionaria de la CNT, era ilegal. Pero sobre todo le preocupaba que la actividad que desarrollaba era muy intensa, celebraban “demasiadas” reuniones y “podían llegar a ser peligrosos” en una ciudad en la que predominaban los socialistas 31. No llegó a ser el caso. Ni ahora, cuando alcanzó el centenar de afiliados en su mejor momento, ni durante la Segunda República. Tras el golpe de estado de Primo de Rivera, las autoridades no tuvieron que suspender al sindicato cenetista. Durante el otoño de 1923 y 1924 bastó la presión fiscalizadora del gobernador para que fuera menguando en sus efectivos hasta los apenas 45 de octubre 32.

De su cada vez más destacada presencia en el mundo cenetista de Valladolid puede darnos idea la anécdota que cuenta Manuel Buenacasa. El que había sido secretario de la CNT antes del congreso de la Comedia, acudió a Valladolid, a principios de 1920, para impartir una conferencia explicativa de los acuerdos que los sindicatos habían tomado en ese comicio 33. Allí, le oyó hablar sobre las ideas y finalidades de la CNT y de la atención con la que fue seguido su discurso. Precisamente, la afirmación de Buenacasa de que Valeriano Orobón estuvo presente en el congreso madrileño, donde lo conoció, y que tuvo importantes intervenciones, es una cuestión que se discute 34. Las actas del congreso 35 no hacen ninguna referencia a su presencia. En el listado de organizaciones presentes y nombres de sus delegados, aparece únicamente Evaristo Sirvent 36. Tampoco durante el desarrollo de las sesiones 37. Ni rastro del papel que se le atribuye en los debates, ni por supuesto, en la redacción del dictamen sobre las Federaciones Nacionales de Industria.

En realidad Buenacasa, de donde procede la primera información, sólo dice que lo conoció en Madrid durante la celebración del congreso. Nada más. Hecho que no debe extrañar, pues a los congresos cenetistas, acudían muchos militantes que, aunque no llevaran la representación de su sindicato, sí asistían a sus sesiones y, más que posiblemente, a las numerosas reuniones paralelas que tenían lugar en su transcurso. En este sentido, el congreso madrileño de 1919 fue especial. Tuvo carácter de abierto, prácticamente asistió todo el que quiso. Las listas de delegados indican que unos eran de entidades federadas y otros de las que no lo estaban. Son las referencias de segunda mano las que transforman su presencia, en intervenciones en las sesiones y redacciones de dictámenes. Aunque entre los delegados al congreso tampoco figuran ni Eleuterio Quintanilla ni Hilario Arlandis dos de los nombres que más aparecen en las intervenciones 38. De todas formas, lo importante es que por esas fechas, con apenas 18 años, Valeriano Orobón era ya conocido en su ciudad natal y por algunos de los más destacados anarcosindicalistas y ácratas españoles.

Su actividad continuó realizándola en Valladolid hasta, al menos, el año 1922. En esta fecha debió entrar en el ejército. Sin embargo, como Pedro unos años antes, se declaró prófugo 39. Quizás fuera esta la razón directa de su marcha a Oviedo. En la ciudad asturiana entró a trabajar en un comercio llamado “Casa Tapiolas” y, seguramente, continuó con su actividad sindicalista. Hasta que buscado por las autoridades militares tuvo que exiliarse. Posiblemente a finales de 1923, tras el golpe de estado del general Miguel Primo de Rivera y el comienzo de su dictadura, o comienzos de 1924. Desconozco los avatares de su salida a Francia. Aunque parece seguro que se dirigió a Lyon, donde vivía su hermano Pedro.

1 Pascual Madoz, Diccionario Geográfico- Estadístico- Histórico de españa y sus posesiones de Ultramar. Edición facsímil de Valladolid (1852) [edición a cargo de Domingo Sánchez Zurro], Valladolid, Ámbito, 1984.

2 La segregación, del que se conocía como Arrabal de Valladolid La Cistérniga, se firmó el 15 de marzo de 1851. Una copia del manuscrito me la ha proporcionado amablemente don Carlos Orobón Álvarez a quien agradezco profundamente las informaciones que me ha proporcionado.

3 El escudo de La Cistérniga tiene forma cuadrangular, acorazonado en su base, medio partido y cortado. Sus Armas son un campo de gules (rojo y azul), un castillo de metal oro (amarillo), mazonado de sable (negro) y con sus vanos aclarados de azur (azul). Campo de color sinople (verde), surcado de una fina banda de plata (blanco) flaqueada por dos chimeneas de fábrica y del mismo metal. En campo de oro, un puente, sobre o­ndas azurplateadas, coronado por un torreón acotado de pinos. Finalmente, el escudo está coronado con la de los Reyes de España. El escudo, elaborado por Lucio Zumel Menocal, fue aprobado por la Junta de Castilla y León en 1991. Un estudio del escudo en la página www.orobon.es.

4 La vecindad de sus tierras en el documento de segregación citado en la nota anterior.Mariano Orobón Martín, nació el 10 de julio de 1872 en La Cistérniga. Sus padres fueron Víctor Orobón Gómez, nacido el 12 de abril de 1844 y María Martín Pérez. Los padres de María fueron Cándida Pérez y Lázaro Martín, natural de Renedo de Esgueva. Mariano se casó con Luisa Fernández Barrios, hija de José Fernández y Ángela Barrios, nacida el 10 de noviembre de 1873, en el vallisoletano barrio de de San Juan, y fallecida el 9 de junio de 1955. tuvieron seis hijos: Pedro, el primogénito, que murió en Madrid el 17 de febrero de 1937 durante un bombardeo; Valeriano, nacido el 14 de abril de 1901 y muerto el 28 de junio de1936; Angelita, nacida el 8 de noviembre de1905 y muerta el 12 de marzo de1997; Victor; Luis, nacido el 6 de febrero de 1913 y fallecido el FECHA y María, muerta el 30 de marzo de1949. Agradezco a Carlos Orobón su amabilidad en proporcionarme los datos del archivo arzobispal de Valladolid sobre el matrimonio. Al parecer, Ángeles Fernández tenía un cierto grado de parentesco con la familia de Azaña. La relación de Luisa Fernández Barrios con Azaña en Entrevista a Ester Martínez, compañera de Luis Orobón Fernández, Madrid, 15 de noviembre de 1998 [en adelante, Ester Martínez, 1998].

5 Eusebio Carbó Carbó (1883-1958 fue un auténtico trotamundos que sufrió numerosos encarcelamientos. Vivió muchos años en Valencia y viajó por Europa y América. En 1915, cuando ya era un conocido anarquista, asistió al congreso por la Paz de El Ferrol. Tuvo una destacada intervención en el que celebró la CNT en el teatro madrileño de la Comedia. Hasta 1923 fue uno de los representantes de la tendencia más ácrata de la CNT que condenó pronto la dictadura del proletariado rusa. Exiliado durante la dictadura de Primo de Rivera, regresó a España en 1930 e ingresó en la redacción de Solidaridad Obrera. En 1933, miembro del secretariado de la AIT, se opuso a la línea insurreccional y fue muy criticado por no dar una eficaz respuesta a las críticas comunistas sobre la actuación anarquista durante la insurrección asturiana de octubre de 1934. Durante la revolución y la guerra de 1936-1939, ocupó diversos puestos en la Generalidad catalana y en el Ministerio de Educación. Tras la derrota marchó a Francia y de allí a Santo Domingo y, finalmente, a México hasta su muerte. En Miguel Íñiguez, Esbozo de una Enciclopedia histórica del anarquismo español, Madrid, Fundación Anselmo Lorenzo, 2001. A menos que se indique lo contrario, las referencias biográficas contenidas en las notas, corresponden a esta obra.

6 Angela Orobón le confió a Ester Martínez que Valeriano llegó a Valladolid hacia 1917. Sin embargo, ésta lo sitúa, sin dar más datos, hacia 1905. En Ester Martínez, 1998.

7 Todas en Notas de Angela Orobón a Ester Martínez [en adelante Angela Orobón, s.f.]. Sobre la estancia de Valeriano en la Escuela de Comercio en su archivo de expedientes académicos no existe ninguna referencia.

8 La sección de la AIT de Valladolid acudió al congreso de Córdoba con más de 500 afiliados y trece secciones. Max Nettlau, La Premiere Internationale en Espagne, s.l., s.e., s.f., pág. 168.

9 En Zaragoza, el delegado vallisoletano fue el herrero Santiago Gómez. En Córdoba, en diciembre de ese mismo año, el delegado fue el cerrajero Marcelino Yarza. Para las secciones de la AIT en la ciudad y, muchas informaciones sobre sus conflictos, se pueden consultar Carlos Seco Serrano [transcripción y estudio preliminar], AIT. Actas de los Consejos y Comisión Federal de la Región Española (1870-1874), Barcelona, Facultad de Geografía e Historia, Universidad de Barcelona, Departamento de Historia Contemporánea, 1970, 2 vols.; Carlos Seco Serrano y María Teresa Martínez de Sas [transcripción y estudio preliminar] Cartas, comunicaciones y circulares de la Comisión Federal de la Región Española (1873-1874), Barcelona, Facultad de Geografía e Historia, Universidad de Barcelona, Departamento de Historia Contemporánea, 1979-1987, 7 vols. y Max Nettlau, La Premiere Internationale en Espagne (1868-1888), s.e., s.l., s.f.

10 Todos estos datos proceden de diversas entradas de Miguel Íñiguez, Esbozo de una enciclopedia histórica del anarquismo español, Madrid, Fundación Anselmo Lorenzo, 2001.

11 Tenía su sede en la calle Mantería 49 y 51 y convocó el llamado congreso de Federaciones de Trabajadores de la Comarca Castellana en mayo de 1904. En Jesús María Palomares Ibáñez, El socialismo en Castilla. Partido y sindicato en Valladolid durante el primer tercio del siglo XX, Salamanca, Universidad de Valladolid-Caja de Ahorros y M. de P. de Salamanca, 1988, pág. 49.

12 Cuadrado, tipógrafo, alcanzó cierta posición social en el país sudamericano. Llegó a ser dueño de una cadena de imprenta. En José Álvarez Junco, El emperador del Paralelo. Lerroux y la demagogia populista, Madrid, Alianza, 1990, pág. 371

13 Salvochea ingresó en la prisión de Valladolid en octubre de 1893 y permaneció en ella hasta agosto de 1898. A los pocos días intentó suicidarse cortándose en una ingle y el cuello En Fernando Puelles, Fermín Salvochea. República y anarquismo, Sevilla, edición del Autor, 1984, págs. 184-186 y Diario de Cádiz, Cádiz, 1, 9, 11 y 17.10.1893.

14 Para estas cuestiones se puede consultar Guillermo Pérez Sánchez, Ser trabajador: vida y respuesta obrera. Valladolid (1875-1931), Salamanca, Universidad de Valladolid, 1995.

15 Evelio Boal, se trasladó a Barcelona hacia 1911. De profesión tipógrafo, perteneció al Sindicato de Artes Gráficas. Miembro del comité nacional de la CNT tras la huelga ferroviaria de agosto de 1917, fue elegido secretario general en el congreso de la Comedia de Madrid en 1919. Fue asesinado en febrero de 1921, en compañia de Antonio Feliú. Un breve esbozo biográfico en Manuel Buenacasa, El movimiento obrero español. Historia y crítica, Madrid, Ediciones Júcar, 1977, 195-199.

16 El periódico anarquista Tierra y Libertad publicó una nota del propio Forcada en la que acusaba a los republicanos vallisoletanos de ser los responsables del cierre del centro por no aportar el dinero que habían prometido para pagar a los profesores. En esa tesitura abandonó Valladolid y se estableció en Santander. Unos meses después Mariano Manzano, hizo insertar otra nota en la que se pedía un profesor. En Tierra y Libertad, 3.9. y 9.12.1911

17 Llamamientos en apoyo de la escuela en Tierra y Libertad, Barcelona, 9.12.1911 y 6.3. y 10.4.1912. Su reapertura ya citada en líneas anteriores. Entre los impulsores estuvieron Mariano Manzano, Pedro Salgado y Ángel Arranz.

18 El Congreso Internacional de la Paz convocado en El Ferrol pretendía convocar a los opositores al conflicto bélico que asolaba Europa y reconstruir el internacionalismo sindical revolucionario desaparecido desde la extinción de la AIT. Prohibido por las autoridades, celebró algunas sesiones clandestinas con la asistencia de medio centenar de delegados españoles, portugueses y algunos sudamericanos. Contó con la adhesión de numerosas sociedades obreras, grupos anarquistas y centros culturales ácratas de España, países americanos y europeos. Entre ellos el vallisoletano Mariano Manzano y Eusebio Carbó, delegado por Solidaridad Obrera de Barcelona. Este último fue detenido y procesado como consecuencia de su intervención en el mitin previo celebrado en el teatro Jofré. Fue puesto en libertad unas semanas más tarde. Seguramente, en los meses siguientes residió en Valladolid, puesto que un año después la prensa libertaria publicó una nota pidiendo ayuda económica para que pudiera trasladarse a La Coruña donde se le iba a juzgar. En Tierra y Libertad, Barcelona, 26.5.1915 y 7.6.1916. Las referencias al congreso en la entrada correspondiente de Miguel Íñiguez, Esbozo de una enciclopedia histórica del anarquismo español, Madrid, Fundación Anselmo Lorenzo, 2001 y Antonio Bar, La ftlineCNT en los años rojos. Del sindicalismo revolucionario al anarcosindicalismo (1910-1926), Madrid, Akal, 1981, págs. 314-315.

19 La llegada de Zoais a Valladolid quedó recogida en la prensa libertaria al insertar el periódico Tierra y Libertad (7.7.1915) una nota en la que informaba que, quienes mantuvieran correspondencia con él, podían escribirle a “Institución Libre de Enseñanza, calle Mantería 49-53″. Luis García Muñoz había trabajado hasta entonces en una escuela en la localidad de Azuaga, en Badajoz. Inmediatamente se convirtió en el secretario de la recién creada Federación de Grupos Anarquistas y envió una circular en tal sentido al periódico barcelonés que la publicó en su edición de 14.7.1915. La correspondencia debía ser dirigida a la calle Ruiz Zorrilla, 16, principal. Su actividad pedagógica y cultural en Tierra y Libertad, Barcelona, 6.10.1915.

20 La Institución Libre, además de las clases en horario habitual, tenía un curso de clases nocturnas gratuitas, de nueve a diez de la noche, todos los días laborables. Tierra y Libertad, Barcelona, 6.10.1915.

21 Parece que tras La Casa Verde, lo hizo en las de “Don Guillermo”, o en la de artículos de regalo, de la calle Santiago 25, llamada Almacenes Guillen. En Angela, s.f.

22 La referencia en Manuel Buenacasa, El movimiento obrero español. Historia y crítica, Madrid, Ediciones Júcar, 1977, pág. 217. Recogida también por Salvador Cano Carrillo, “Valeriano Orobón Fernández”, Ruta, Caracas, nº 26, 1 de febrero de 1976, pág. 7.

23 En Angela, s.f.

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