Vale más la capacidad creativa: ecos del Observatorio 2008.

Ecos del II Observatorio Crítico ( 2008)

«Escenarios y oportunidades de la creación sociocultural en el siglo XXI

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Vale más la capacidad creativa

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Para impulsar la investigación y crítica socioculturales, y la promoción de espacios juveniles para la articulaciónde un pensamiento crítico-revolucionario, se convocan los Observatorios Críticos.

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Por: Tamara Roselló Reina[1]

«Existir humanamente, es pronunciar el mundo, es transformarlo»

Paulo Freire

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El siglo XXI es nuestro escenario de vida. Heredó muchas de las utopías pendientes de épocas pasadas y la urgencia de movilizarnos para salvaguardar derechos elementales. La tendencia globalizadora es una de sus características, que va más allá de las economías dominantes e invade las ideologías y las culturas.

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Los problemas y las preguntas de hoy tienen ese mismo carácter universal, por eso las respuestas debemos pensarlas juntos, y socializar nuestras alternativas, nuestros símbolos, nuestras dudas y esperanzas. Los desafíos de la globalización no pueden sernos ajenos, en un mundo signado por la penetración de la industria cultural y de los nuevos modelos de liberalismo capitalista.

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En la Cuba del 2008, no estamos exentos del desamor, la desesperanza, la incertidumbre que inmoviliza y desarraiga. La creencia de que la política es asunto exclusivo de políticos, y que el «sálvese quien pueda» hacen la «ley y el orden», cobraron fuerza con la crisis económica de los 90. Sus secuelas están en la vida cotidiana y en la proyección de muchos jóvenes, que han crecido bajo la influencia de esos patrones.

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Ciertos comportamientos individuales, grupales, institucionales y sociales, que nada tienen que ver con nuestro proyecto de nación socialista, tienden a reemplazar las normas éticas de las que siempre nos hemos enorgullecido los cubanos. Existen tradiciones, anécdotas, tan poco recordadas, que casi se nos escapan de la memoria y ni siquiera la historia oral podrá rescatarlas, porque quedarán sepultadas con la generación de nuestros mayores.

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Algunos círculos debaten la pertinencia de nuevas formas que estimulen y desarrollen una participación ciudadana más activa en el ámbito local e institucional y que la cultura del debate y la crítica no sean un acto aislado, informal, estéril. Sin embargo, no se trata de comenzar de cero. Tenemos un acumulado histórico que puso al ser humano en el centro de los acontecimientos de la Isla. Por eso no podemos menos que sacudir a los que se cruzan de brazos o fijan sus destinos fuera de esta tierra.

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El belga François Houtart ha conceptualizado al nuevo sujeto histórico que ha de construirse en pleno siglo XXI: «Se tratará de un sujeto en el sentido pleno de la palabra, incluyendo la subjetividad redescubierta, abarcando todos los seres humanos, constituyendo la humanidad como sujeto real (…), debe ser capaz de actuar sobre la realidad a la vez múltiple y global, con el sentido de emergencia, exigido por el genocidio y el ecocidio contemporáneo.»[1]

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En esencia, un sujeto social que actúe en correspondencia con el tiempo que vive, o los contextos que lo condicionan. Será desde una práctica social activa, en que se produzca esa transformación de hombres y mujeres, para ser protagonistas de su historia, compleja, plural, contradictoria.

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Solo la cultura nos permitirá esa conformación de sentidos para visibilizarnos, para dialogar con otros grupos sociales de resistencia contrahegemónica y articularnos en la defensa del proyecto que anhelamos en común. Ella -la cultura- es nuestro campo de conformación, pero no para fundar una élite, que prefiera teorizar sobre la realidad o vaticinar sus escenarios futuros, antes que vivenciarla.

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Vale más poner&nbsp la capacidad creativa en función de experiencias, que resignifican prácticas, creencias, tradiciones, siempre desde dentro de los procesos… En ellos, ya sean espontáneos o planificados, se asumen o se cuestionan formas de participación, identidades, representaciones. Es nuestra contribución más directa para ayudar a cambiar concientemente todo lo que anda mal y &nbsp apropiarnos de aquello que vale la pena defender porque nos singulariza, nos enriquece, nos hace crecer, volver a los orígenes. &nbsp

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Uno de los apuntes de Gramsci en Cuadernos de la cárcel alerta: «Crear una nueva cultura no significa solo hacer descubrimientos «originales», significa también y especialmente, difundir críticamente verdades ya descubiertas, «socializarlas» por así decirlo y por lo tanto hacer que se conviertan en base de acciones vitales, elementos de coordinación y de orden intelectual y moral.»La comunidad, los medios de comunicación, las redes, el ejercicio del diálogo, la historia colectiva, las vivencias personales, los debates, la gente…Puede ser mayor esta lista de oportunidades. Solo tenemos que organizarnos más, compartir saberes, y apoyarnos en esta hermosa misión de enraizar, de hacer tangible el compromiso social desde y con la cultura.

&nbsp Juntarse a debatir

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¿Cómo interpretar la realidad desde el arte? ¿Cuál es el rol de la juventud artística cubana en el contexto actual? ¿Qué escenarios y oportunidades se pueden aprovechar para la creación sociocultural? ¿Vanguardia intelectual o facilitadores, mediadores en un proceso de creación?

Esas son solo algunas de las interrogantes que se plantean los miembros de la Cátedra Haydeé Santamaría de la Asociación Hermanos Saíz (AHS). Fundada en el 2000 se declara abierta al intercambio de saberes, a la recuperación de las memorias históricas, vinculadas a las experiencias emancipatorias en Cuba y en el resto del mundo. Con ojos avizores siguen de cerca y estimulan los proyectos de transformación comunitaria, protagonizados por jóvenes y los resultados de su creación artística.


Mario Castillo Santana, uno de sus activistas en la capital, asegura que si algo se han propuesto desde la Cátedra es articular espacios de reflexión entre jóvenes. También invitan a personas que no están dentro de la Asociación, pero que tienen una experiencia que contar, que compartir. «Se trata de encontrarnos a pesar de ser diversos y cultivar esa pluralidad.»

En el II Observatorio Nacional de la Crítica (San José, febrero de 2008), Hilda&nbsp Landrove, quien fuera vicepresidenta de la AHS y hoy integrante del Proyecto Grupo de Estudios Culturales Nuestra América, llamaba la atención sobre la responsabilidad que se asume cada vez que se convoca a un debate en momentos demandantes como los actuales. «Las opciones que tenemos son: la propuesta de la generación del 26 de Julio, que ha resuelto un grupo de problemas y otros nos los ha dejado ahí… o la que viene de Miami. Hay un sector de gente, que está pendientes de todo lo que sale o viene de allá, de la «tierra de la libertad». Ante esas alternativas ¿cómo podemos avanzar hacia el proyecto de nación que urge? A mí me cuesta identificar cuál es mi verdadera responsabilidad, si no me ubico en el país y la realidad que estoy viviendo, en ella está el punto de partida para construir el país que soñamos.»

La Cátedra Haydeé Santamaría en poco tiempo ha movido fibras sensibles sobre la pertinencia o no de generar espacios de encuentro donde se analice la creación artística joven, pero sin perder de vista el contexto que la sustenta. Propiciar la polémica no es nada singular, donde la cultura del debate coquetea con el ámbito público, y está en todas partes, fundamentalmente en escenarios no oficiales.&nbsp Uno de sus inetgrantes lo dice así «la realidad es tan aplastante que uno no necesita un espacio determinado para el debate. Este se hace informalmente. Sin embargo, a veces uno anda en busca de un espacio y en cambio pierde, el que tiene a la mano.»

La Asociación intenta aprovechar cada oportunidad, permite integrar y socializar experiencias, canalizar esfuerzos y aunar talentos. Para Mario «el problema es interconectarnos, todos los que pueden estar creando en los lugares más insospechados ahora mismo.» No permitir que haya un vacío, ni que se invisibilicen los proyectos individuales.

La profesora de la facultad de Psicología de la Universidad de La Habana, Daybel Pañellas llama a fijarse «en los niveles de los que sí tenemos que ser responsables, porque en ellos sí somos dueños», para influir desde las prácticas cotidianas en las comunidades, en los proyectos. Mario insiste «hay que participar en esa discusión de la realidad, en el debate político», para modificar la sociedad.

El proyecto Tubo de ensayo, es un buen ejemplo que ha puesto a jóvenes dramaturgos a escribir sobre su cotidianidad, sobre lo que les sucede. Una de sus integrantes, establece la distinción entre las maneras de apropiarse del momento que se vive: «hay quienes lo hacen para buscarse una beca; otros, en cambio, para lograr una transformación en el lugar a partir de su intervención. Uno a veces no tiene acceso a lo macro, pero sí a lo micro y ahí puede hacer cosas.…»


La producción audiovisual joven también está dejando testimonio del día a día, complejo, diverso de la Isla. Parece haber entre sus realizadores una preferencia por documentar la realidad, aunque la ficción les dé más posibilidades para la experimentación.

Una participante, egresada de la Facultad de Medios Audiovisuales del ISA, busca posibles razones que expliquen ese comportamiento. «Ciertamente la visión que siempre se ha dado sobre la sociedad cubana ha sido triunfalista, aunque estemos llenos de problemas, porque se ha creído que al decirlos se iban a generar más, en lugar de resolverlos. Después de la película Fresa y chocolate hubo una «apertura» &nbsp en ese sentido. Significó una ruptura. Además no es menos cierto que la Muestra de Jóvenes Realizadores, y la aceptación de cualquier tema de tesis, sin censura alguna, a los estudiantes del ISA, les han abierto las puertas a las personas que tienen una intención crítica sobre algún problema».

El holguinero Esneider Guitiérrez, tiene la seguridad de que «cuando se quiera tener una visión clara de lo que fue la sociedad cubana, por lo menos en la década del ´90, el que vaya a la prensa encontrará una visión muy distorsionada, porque no tenemos el «documento» que vaya historiando de manera fidedigna, como caja negra de un avión, lo que sucedió. Ese lugar lo ha venido a ocupar la literatura, la plástica, el video, el documental, las obras de teatro, las artes, en sentido general. Ese es el testimonio que va a quedar de la sociedad, como el que deja por ejemplo la TV Serrana, que responde a los intereses de una comunidad.»

Entre esas «zonas de silencio» han emergido aristas pocas veces narradas por los medios de comunicación, que no formaban parte de la representación más legitimada sobre Cuba. «Lo que está pasando con el audiovisual se conecta con lo que sucede en el teatro y de manera general en todo. La propia realidad es más rica, más problematizadora y matizada que lo que alguna gente le está aportando desde su imaginario poético, ficcional», dice una asistente al foro.

&nbsp Pero&nbsp ¿acaso se puede esperar que los artistas cuenten el hoy? En la creación audiovisual aclara un joven realizador» es difícil que el arte pueda reflejar la realidad objetivamente, porque media la subjetividad del realizador que pone la cámara donde le conviene, para estar más a favor o en contra de un problema determinado».&nbsp &nbsp &nbsp

A la academia también le han servido muchos de esos materiales que cuestionan lados flacos de la sociedad. Daybel, tiene la experiencia de la repercusión que algunos han alcanzado en su propia facultad. A partir de ella, sugiere «provocar el diálogo del realizador con el discurso académico, con las Ciencias Sociales. No todo se explica desde la vivencia, ni desde las teorías. Y conectarlas es importante».


Se trata de ser sujetos de esta realidad, no para mirarla desde una burbuja, sino para encontrar caminos en la creación y el intercambio que socialicen puntos de vista, experiencias y saberes, que articulen iniciativas y referentes, preguntas y respuestas, proyectos y praxis…


La Cátedra Haydeé Santamaría, como la heroína hizo en vida, integra a esos grupos con motivaciones socioculturales que están emergiendo con deseos de provocar evoluciones y no retrocesos en el contexto cubano. No están todos los que son, ni el debate, -aunque ha sido uno de sus ejes fundamentales-, representa una válvula de escape. De cualquier modo, queda el temor de «perder tiempo», mientras cada uno está haciendo, por sí solo en su sitio, e incluso, cuando se juntan en los espacios de debate., porque hay tanto por hacer, que siempre está pendiente un nuevo empezar.

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[1] En la Conferencia pronunciada durante el V Encuentro Hemisférico de lucha contra el ALCA, (La Habana, de 13 al 15 de abril de 2006)



[1] Comunicadora y Máster en Desarrollo Social, becaria y Profesora del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales. Ha sido directora de la revista Alma Máter, profesora de la Universidad de Ciencias Informáticas y colaboradora del Centro Martin Luther King.

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