[Vídeo] El caso de Jon Anza pone al descubierto la terrible situación de los derechos humanos en Europa

Una vez más el conflicto político que padece Euskal Herria se transforma en un nuevo ataque a los derechos humanos. El caso Jon Anza pone en entredicho al estado francés y a su supuesta profesionalidad, modernidad e incluso grandeur. Pero no sólo eso sino que abre multitud de preguntas sobre que fue lo que ocurrió realmente con una persona, que al margen de su activismo político, tiene unos derechos inalienables, incluido el derecho a la presunción de inocencia y a ser juzgada por un tribunal legalmente constituido. Ningún estado que se llame democrático (aunque sea una democracia formal capitalista) puede permitir que una persona muera en un hospital y pase más de once meses sin ser identificada.&nbsp

Pero esta situación es mucho más grave, cuando en el sur de Francia, lamentablemente, se desarrolla un conflicto político, que de momento no parece tener solución por la vía negociada. Un conflicto que ha supuesto la muerte de diferentes personas implicadas en el mismo. En este contexto la desaparición y muerte de Jon Anza, abre centenares de preguntas ante la opinión pública, que evidentemente no está a favor de la violencia y mucho menos de asesinato político. Incluso la fiscal de Baiona, Anne Kayanakis, ayer en rueda de prensa fue incapaz de despejar las dudas sobre lo sucedido a Jon Anza.

Se hace precisa una investigación en toda regla que responda a todas las cuestiones abiertas ya que esta forma de actuar deja en evidencia a instituciones y gobiernos supuestamente ejemplares y democráticos.

El caso de Joan Anza muestra que la violencia que vive Euskal Herria sólo tiene un vía de solución y ésta es la negociación política, la justicia y la paz, todo lo demás es simplemente un camino hacia la nada y hacia formas de gobierno cada vez más autoritarias y antidemocráticas, que las fuerzas de izquierda no debemos permitir.

Las negociaciones sólo se pueden hacer con los enemigos, quien no entienda esto no entiende como fue posible el acuerdo en Sudáfrica (donde la discriminación "Apartheid"&nbsp de la población negra o mulata fue la forma de dominación blanca durante siglos) o en Irlanda (donde más de 3.000 personas perdieron la vida) o lo que es peor, no lo quiere entender por algún oscuro e inhumano interés.

Es tiempo de justicia, de negociación…&nbsp y de paz

Kaos. Euskal Herria


VÍDEO RUEDA PRENSA DE L A JUEZA ANNE KAYANAKIS ESTUPEFACTA ANTE LOS ACONTECIMIENTOS >>>


Sobredosis de incógnitas en una muerte muy poco natural

Dando por buena la rocambolesca historia de la cadena de fallos que impidieron la identificación de Anza desde el 29 de abril, la gran pregunta es: ¿qué le hicieron desde el 18 hasta ese día?

Iñaki IRIONDO

GARA

La aparición del cadáver de Jon Anza en una morgue de Toulouse no cierra el caso sino que lo abre de par en par. Hoy hay muchísimas más preguntas sin respuesta que antes de que su cuerpo volviera de la nada. Y sigue habiendo una incógnita básica: ¿qué le impidió acudir a la cita que tenía con ETA?

Al guionista parece habérsele ido la mano también en esta ocasión. La resolución de cualquier thriller o de una historia de terror debe tener una mínima coherencia, satisfacer como poco al espectador menos exigente. Cuando no puede conseguirse, en el cine y en la literatura siempre queda el recurso de despertar al protagonista y decir que todo había sido un mal sueño. Pero, ¿qué hacemos con las pesadillas cuando son reales?

La imagen del resoplido de impotencia de la fiscal de Baiona, Anne Kayanakis, y la actitud de manos caídas de su acompañante, el comisario de la Policía Judicial Patrick Leonard, son la muestra más patente de que este caso se ha intentado cerrar dejando, de momento, muchas más preguntas que respuestas. Y si así están los encargados de la investigación, imaginemos el sufrimiento de los familiares y allegados de Jon Anza.

La «versión oficial» relatada, que deja boquiabierta y estupefacta a la propia fiscal, es un coladero por el que se escapa el sentido común.

El cadáver de Jon Anza aparece cuando empezaba a ser ya un desaparecido muy incómodo para las autoridades francesas. Su caso había traspasado la frontera de «los vascos» e importantes medios como «Le Monde», «Le Journal de Dimanche» y «Libération» habían empezado a hacer preguntas. Y, llamativamente, las respuestas que encontraban les dirigían todas a la misma tesis: agentes españoles habían tenido algo que ver en su desaparición.

Además, la investigación oficial francesa había llegado también a plantear cuestiones a la Audiencia Nacional española, con lo que el «Dossier Anza» empezaba a ser, quizá, demasiado voluminoso.

Y, de pronto, por arte de magia, Jon Anza aparece allí donde se le esperaba. En Toulouse. En el lugar en el que ya se le había buscado. Desde donde ya le respondieron a la fiscal que no estaba. Hay quien recuerda el caso de Mikel Zabalza, a quien también pusieron en el Bidasoa para que apareciera donde debía. La diferencia estriba en que es posible rastrear un río sin éxito hasta que el cuerpo salga a flote, mientras que es inimaginable buscar un cadáver en una morgue -un lugar cerrado y ordenado, donde todas las entradas están certificadas- y no encon- trarlo si es que yacía allí.

¿Dónde estaba en mayo-junio de 2009 ese operario tan diligente que esta semana avisó a su amigo policía? ¿Dónde el resto de trabajadores de la morgue y del hospital que tuvieron contacto con Jon Anza? ¿Nadie supo en un año que estaban buscando a una persona de esas características? ¿Reciben moribundos o cadáveres sin identificar todos los días?

¿Cómo es que los billetes de tren con origen y destino en Baiona que ahora han resultado determinantes no figuran en el registro del ingreso hospitalario? Y si no los consignaron por considerar que no eran algo de valor, ¿tampoco los tuvieron en cuenta para tratar de buscar alguna pista sobre el origen y la identidad de una persona a la que atendieron supuestamente durante trece días en el hospital y estuvo meses en la morgue?

Las huellas dactilares de Jon Anza figuraban en los archivos de la Policía francesa y de la española. ¿Nadie tomó las huellas a un cadáver sin identificar y las cotejó?

Pero aun admitiendo que desde el 29 de abril se produce una cadena de fallos en todos los protocolos que impiden la identificación de un enfermo y un cadáver -que ya es mucho admitir-, la pregunta que sigue causando un escalofrío es: ¿dónde estuvo Jon Anza desde que salió de la estación de Baiona hasta que apareció moribundo en un parque apartado de Toulouse? ¿Qué le hicieron en esos días?

¿Dónde está el dinero que debía entregar a ETA?. Porque lo único que la fiscal Anne Kayanakis ha descartado es la hipótesis de Rubalcaba de que Anza hubiera desaparecido voluntariamente para gastárselo. Por cierto, «Interviú» publicó en junio, citando fuentes policiales españolas, que el desaparecido portaba 300.000 euros, lo que desde entonces se ha considerado una verdad absoluta. Si la Policía española no sabía nada de la desaparición de Anza, ¿cómo ofreció una cifra concreta?

Si Jon Anza fue, por ejemplo, víctima de un robo, ¿cómo es que tenía 500 euros en metálico según figura en el ingreso hospitalario? ¿Y dónde están la documentación y el móvil? Un detalle interesante el del teléfono, porque la investigación pidió su registro de llamadas en aquellas fechas. ¿Lo tienen ya? ¿ Y dónde durmió? ¿Dónde comió? ¿Por qué no volvió a casa? ¿No podía? ¿Quién o qué lo retenía?

Quizá murió realmente de un ataque al corazón. Pero la clave está en saber qué se lo provocó. Porque, se mire por donde se mire, la muerte de Jon Anza aparenta cualquier cosa menos una muerte natural. Y no es un sueño ni una película.


Silencio sepulcral en los tres escenarios de la versión oficial

La consigna ayer era el silencio. Tras los once meses de desaparición, ahora un silencio muy espeso se cierne sobre el caso en Toulouse. Un silencio comparable al del nicho en que, según se afirma, ha estado el cuerpo de Jon Anza durante todo este tiempo.

Arantxa MANTEROLA

En Toulouse había ayer tantos periodistas como poca información. Todos los intentos de obtener datos resultaban baldíos. Nadie osaba comunicar ni tan siquiera aspectos meramente técnicos, como por ejemplo cuál es el protocolo o funcionamiento que rige en estos casos.

Ningun servicio del hospital Purpan, ni del tanatorio del mismo centro, soltaban prenda. Ni, por supuesto, la comisaría central y el Samu (servicio de atencion urgente) podían «informar de nada». La propia responsable de Comunicacion del importante centro sanitario se negaba a detallar cualquier aspecto, ni telefónicamente ni directamente ante los medios de comunicacion apostados ante la morgue. Dos guardias de seguridad impedían acercarse con un reiterativo «sólo se permite el acceso a la familia». La respuesta a la demanda de cualquier información remitía inexorablemente a la Fiscalía de Baiona, «porque el caso es ahora médico-legal», según apuntaban.

GARA pudo hablar con una empleada del servicio de Comunicación, que se mostraba empeñada en declinar eventuales responsabilidades del centro sanitario, aunque nadie se las hubiera insinuado hasta ese momento. «Los cadáveres no iden- tificados pueden permanecer años en la morgue si nadie los reclama», justificaba. Y añadía que en el hospital Purpan -que además de centro universitario es uno de los más importantes sanatorios de Occitania- «se actúa igual que en los demás hospitales de Francia». Preguntada sobre si había muchos casos de esa índole en el tanatorio, se aferraba al «secreto profesional» o a la reserva sobre el funcionamiento interno.

A las 12.45, la compañera de Anza, familiares y amigos del militante donostiarra, acompañados por la abogada Xantiana Cachenaut, salían del tanatorio y se introducían raudos y con caras serias en tres vehículos para abandonar el lugar a donde habían llegado a primera hora de la mañana para ver el cuerpo de su allegado, sin conseguirlo hasta media tarde.

Nadie vio nada

En las cercanías del hospital hay un gran parque, pero no fue allí donde los servicios de urgencias encontraron a Jon Anza, sino en otro más pequeño que se halla frente a la estación del tren, al borde del canal y que cuenta con unos pocos bancos. En uno de ellos habría sido hallado Anza, según la versión oficial.

En la estación de Matabiau, la principal de Toulouse, hay un trajín incesante de viajeros, gente que va y viene, policías patrullando a pie y también los característicos «sin techo», a quienes las brigadas populares que en mayo pasado hicieron el recorrido desde Baiona a Toulouse mostraron la fotografía del militante desaparecido. Alguno de ellos sí dijo que le «sonaba» la cara de Anza, pero resultaba imposible medir la fiabilidad del testimonio, ¿quién sabe?

Sea como fuere, lo cierto es que no hay datos para cerrar el círculo de lo ocurrido a Anza, sobre todo en los once primeros días desde que salió de Baiona hasta que supuestamente fue hallado en este parque.

Ironías del destino: la avenida principal más cercana al hospital Purpan es la ruta de Baiona. Y el parque donde lo habrían encontrado queda muy cerca de la estación de tren. Jon Anza tenía el billete de vuelta -dicen que para el 20 de abril-, pero no pudo retornar a su país con vida. Y todo lo demás lo envuelve ese espeso manto de silencio.


Ocurrió en Toulouse, pero nada fue igual

¿Qué ocurre cuando una persona fallece en un hospital de Toulouse sin que haya sido posible determinar su identidad? Hasta conocer la versión oficial sobre el caso de Jon Anza, la respuesta hubiera sido ésta: se hace el acta de defunción; se abre una ficha policial; se solicitan testigos que puedan identificar el cadáver; y, si la investigación no fructifica, el cuerpo es enterrado dos meses después del fallecimiento.

Txisko FERNÁNDEZ en GARA

No es éste el caso de Jon Anza, pero debería haberlo sido si la versión a la que ayer se puso sello oficial en Baiona quisiera mantenerse alegando que existen precedentes similares. No los hay. Y la razón de que no los haya es simple: las cosas nunca han funcionado así en el Estado francés, ni tampoco en el Centro Hospitalario Universitario (CHU) de Toulouse, en el que se integran tanto el hospital de Purpan como el de Rangueil. En este último se desarrolló el precedente más cercano en el tiempo, pero que debemos situar en las antípodas en cuanto a su desarrollo y resolución.

Resumimos el caso siguiendo las informaciones publicadas en su día por el diario «La Dépêche du Midi»: el 11 de junio de 2008, en el Carrefour del gran centro comercial ubicado en Portet-sur-Garonne -en el área metropolitana de Toulouse-, se desvanece un hombre afectado por una dolencia cardiaca; es trasladado al hospital de Rangueil, donde ingresa en estado de coma; fallece el 12 de julio sin haber recuperado el conocimiento.

Esa persona no llevaba ninguna documentación que permitiera su identificación. Nadie había dado cuenta de una desaparición en la zona, o al menos -como puntualiza el rotativo tolosano- nadie había presentado una denuncia en ese sentido ante la Policía.

¿Cómo se resuelve la situación? Traducimos lo publicado por «La Dépêche»: «Se abrió una investigación. Un requerimiento de testigos, que resultó infructuoso, fue difundido en nuestras columnas el 26 de julio. Y después, este hombre, al que nadie parece conocer, fue enterrado en el vasto cementerio de Cornebarrieu».

También es posible que las diligencias realizadas por el propio hospital obtengan resultado. Recientemente, en Baiona falleció un hombre «sin techo», al que se encontró una tarjeta de un centro comercial de la cadena E.Leclerc; alguien llamó a la localidad en cuestión y la persona fue identificada.

Por otro lado, el protocolo médico-legal francés resulta fácil de explicar. Salvo en caso de muerte violenta, cuando la persona ha fallecido en un centro hospitalario, el certificado de defunción es elaborado por un médico, quien rellena tanto la parte del documento destinada al Registro Civil como el certificado de las causas del deceso (CMCD), que es anónima y queda sellada para garantizar el carácter confidencial de unos datos que, por ejemplo, pueden ser utilizados para elaborar estadísticas sanitarias.

El certificado de defunción tiene que ser enviado en un plazo de 24 a 48 horas al Ayuntamiento donde se ha producido la muerte para que los datos públicos queden conservados en el Registro Civil.

En el caso de que la persona fallecida no haya sido identificada, la investigación policial se refleja también en la web oficial del Ministerio de Interior www.avisderecherches.interieur.gouv.fr, en la que, como publicó GARA en su edición de ayer, hay un apartado dedicado a «personas desaparecidas e identificaciones de víctimas». Todavía ayer, la ficha de Jon Anza aparecía junto a la de otras 60 personas. Sólo 20 de ellas eran hombres mayores de edad y, tras una rápida criba en base a la edad y la raza, apenas quedan 6 o 7 con características físicas más o menos similares a las del militante vasco.

Lo más llamativo a estas alturas es que bajo la etiqueta de «identificaciones de víctimas» sólo aparece una persona: una mujer de más de 60 años cuya identidad aún no ha sido aclarada por la Policía Judicial de Marsella. Si los protocolos se hubieran cumplido en el caso de Anza, aquí debería figurar también la ficha de un hombre fallecido en el hospital de Purpan el 11 de mayo de 2009, pero no hay ni el menor rastro de ella.


"Yo tampoco entiendo nada"

La fiscal de Baiona, Anne Kayanakis, es incapaz de despejar las dudas sobre lo sucedido con Anza. El donostiarra llevaba encima 500 euros cuando fue encontrado en Toulouse tras sufrir un infarto

J. Ostolaza en DEIA

Sábado, 13 de Marzo de 2010
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El que esperara que la rueda de prensa de la fiscal de Baiona Anne Kayanakis iba a arrojar respuestas sobre el caso Jon Anza se encontró con más preguntas al finalizar su comparecencia. Kayanakis comenzó su intervención asegurando que el cuerpo descubierto en la morgue de Toulouse es el del miembro de ETA desaparecido el 18 de abril de 2009. Sin embargo, aunque la pregunta Donde está Jon ya tiene respuesta, el descubrimiento del cuerpo hace surgir aún más interrogantes. La propia fiscal expresó su preocupación por el hecho del todo inusual de que el cadáver ha permanecido durante once meses en la morgue del hospital Purpan de Toulouse sin que nadie comunicara nada.

Los datos aportados por Kayanakis no hicieron sino aumentar las incertidumbres sobre esta desaparición. Nueve días después de la muerte de Jon Anza el 11 de mayo del año pasado, la Policía francesa se presentó en el hospital Purpan para averiguar si había un cuerpo de algún desconocido. La respuesta del personal del centro fue negativa. La fiscal de Baiona señaló ayer que eso es una falta grave y que por tanto va a investigarla. "Yo tampoco entiendo nada", llegó a decir respecto a los clamorosos fallos en la investigación revelados ahora.

Kayanakis desglosó la cronología de los acontecimientos. Jon Anza cogió el tren en Baiona para ir a Toulouse el 18 de abril de 2009. El 29 de abril, un agente municipal le encontró, sin saber quién era, sin conocimiento, en un banco, delante de un restaurante de Toulouse. Llamó a la ambulancia y le llevaron al hospital. Consiguieron reanimarle un momento, pero sin que pudiera pronunciar palabra volvió al coma y murió en el hospital el 11 de mayo. Desde entonces, el cadáver ha permanecido en la morgue del centro, registrado como cuerpo no identificado. Su familia denunció su desaparición el 18 de mayo en el Tribunal de Baiona. Dos días después, la Policía gala investigó en los hospitales de los alrededores de Toulouse. En el hospital de Purpan no dieron con la presencia de un cuerpo que finalmente acabó siendo el de Jon Anza.

Según fuentes oficiales, un empleado del hospital leyó la semana pasada un artículo en el diario Libération sobre el caso Jon Anza, y se acordó de que había un cuerpo no identificado en la morgue. Le comentó eso a un amigo policía, el cual empezó a investigar. La identificación de Anza ha sido posible gracias al cotejo de sus huellas dactilares. Cuando fue encontrado en el parque no llevaba documentación, pero portaba 500 euros y dos billetes de tren: la ida Baiona-Toulouse era del 18 de abril y la vuelta del 20 de ese mismo mes.

Los familiares no entienden por qué no se ha investigado antes ese cuerpo, sabiendo que había una persona desaparecida que había cogido ese tren. Después de muchas dificultades por parte de las autoridades, el médico de confianza de la familia y los propios allegados pudieron ver anoche el cuerpo y confirmaron que pertenece al miembro de ETA desaparecido.

Ahora, la fiscal quiere saber qué sucedió entre el día 18, cuando desapareció, y el 29 de abril, cuando fue encontrado. Once días llenos de preguntas. Anne Kayanakis ha descartado la hipótesis del ministro español del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba. Éste asegura que Anza huyó con los 300.000 euros con los que partió de Baiona sin acudir a la cita que tenía con miembros de ETA en Toulouse, a los que debía entregar esa cantidad. La banda afirmó en un comunicado que Anza era miembro de la organización, que tenía una cita con otro activista y que la policía lo había descubierto. Acusó por ello a las Fuerzas de Seguridad de haberle secuestrado y asesinado. Según la fiscal de Baiona, en cambio, la muerte fue "natural". Asimismo, aseveró que Jon Anza no huyó con el dinero.

La autopsia del cuerpo para conocer las causas de su muerte se efectuara pasado mañana. Según el hospital, murió de un infarto. Anza tenía una grave enfermedad y se pretende investigar qué incidencia ha tenido este hecho en su viaje a Toulouse. Su familia y el Movimiento pro Amnistía no cree la versión oficial. La fiscal no descarta ninguna hipótesis, pero descarta que fuera secuestrado, tal y como aseguró en su rueda de prensa.

"muchas dudas"

Mientras, la cascada de reacciones a la muerte de Jon Anza sigue produciéndose. El dirigente de la izquierda abertzale oficial Txelui Moreno aseguró ayer que existen "dudas muy razonables y contradicciones bastante llamativas" que apuntan a que el hallazgo del cadáver de Anza es "un montaje impresionante".

En declaraciones a Info7 Irratia, expresó sus dudas sobre el relato de los hechos difundido por las autoridades galas. Según él, existen elementos "que llaman mucho la atención", como que el cuerpo haya aparecido en el depósito de cadáveres de Toulouse, "el primer sitio donde miraron, y entonces no vieron nada". Resaltó que las informaciones difundidas indican que Jon Anza fue encontrado el 29 de abril, cuando la fecha de su desaparición es el 18 de abril. "¿Qué pasó en esos once días?", se preguntó.

Asimismo, mostró su extrañeza por "la prisa que se han dado algunos medios de comunicación españoles" en difundir la noticia de la aparición del cuerpo, cuando "hasta hoy -por ayer- no han llevado nada en sus portadas" sobre el caso. "Ahora han salido todos corriendo a dar una versión que tiene unas contradicciones bastante llamativas", añadió.

Por su parte, la Red Ciudadana por el Acuerdo y la Consulta, Lokarri, pidió ayer que se constituya una comisión de carácter independiente que investigue "todas" las circunstancias que han rodeado la muerte de Anza, porque "una explicación vaga y difusa puede ser utilizada como argumento para justificar la violencia de ETA". Dicha comisión estaría formada por entidades de reconocido prestigio en la defensa de los derechos humanos como Amnistía Internacional y Humans Right Watch.

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