¿Utopía o distopía?

Entropía personal y social

Las sociedades humanas caminan inexorablemente hacia sociedades utópicas o hacia la distopía. Las primeras exigen estar despiertos. A las segundas se llega por hipnotismo social programado para gente sumisa. Cada uno debe elegir.

En las sociedades humanas, que son el resultado final de la forma de pensar, sentir y actuar de cada uno de nosotros,-o sea, la materialización colectiva de lo individual-  la entropía es igualmente activa y permanente y también puede desembocar en el final feliz de una utopía.( Entendemos que la palabra “ utopía” se refiere a algo idealmente bueno y posible de realizar con ciertas condiciones, como voluntad, cooperación, proyecto  y propósito firme). Un esfuerzo personal sostenido  y suficientemente compartido puede conducirnos a sociedades donde la paz, la justicia y la armonía sean los frutos naturales del amor altruista entre las gentes, ya que amor es el nombre con que designamos la fuerza que nos mueve a todos y al Cosmos del que somos hijos. Cristo , por ejemplo, nos habló de Su Reino de Paz, utopía cristiana en este mundo,  que habrá de suceder a este mundo de guerras, desigualdades, injusticias  y catástrofes, que es la consecuencia de la falta de amor desinteresado de las mayorías. Porque es preciso insistir en esta idea: el amor es la clave de la evolución.

Sin embargo, las sociedades pueden involucionar durante largo tiempo y sumergirse más y más en este agujero negro multiforme en que ya estamos instalados para desgracia nuestra, hasta acabar todos viviendo durante ese tiempo en una distopía presidida por la violencia, la maldad y la injusticia. Distopía supone un final  nefasto como no seamos capaces de encontrar el camino del retorno; que no es político, ni económico, ni religioso, sino ético y moral, basado en las leyes universales de amor a Dios y al prójimo, independientemente de las ideas religiosas políticas, científicas, y de cualquier otra clase, pues no se trata de ideas, sino de conciencia espiritual y social.

Para los escépticos a quien la distopía le suene a concepto abstracto, que se asomen al Sahel africano, al Magreb, al mar Mediterráneo cargado de gentes que huyen del hambre, la sequía pertinaz,  la falta de porvenir y la guerra, y mueren a miles. O que vean lo que ocurre en las fronteras del Este europeo, en Méjico con los EEUU, en una favela, o en la Palestina asediada por Israel, ejemplos sangrantes todos ellos  de distopías aberrantes. Pero si quiere mirar el campo literario, las sociedades distópicas   aparecen muy bien reflejadas en algunas novelas, como “1984”, de George Orwell“Un mundo feliz” de Aldoux Huxley, o “Farenheit 451”, de Ray Bradbury.

De no contar con una mayoría crítica, formada por personas suficientemente evolucionadas, viviremos en sociedades súper-controladas, empobrecidas y súper-explotadas, manipuladas por los medios de desinformación y control mental y sometidas al imperio de la mentira como sostén todo ello de los poderosos. O sea: viviríamos en el infierno de sociedades distópicas cuyos dirigentes querrán disimular con noticias falsas, concursos, entretenimientos, desinformación  y mucho fútbol la  violencia institucional y policial. La pregunta es: ¿Les suena?

Mentir, aprovecharse de otros  con mentiras y hasta vivir mintiéndose a sí mismo, es frecuente en el común de las gentes. A la vez, en las sociedades distópicas, las verdades y quienes las defienden, se convierten fácilmente en algo sospechoso que hay que neutralizar, olvidar u obviar. Esta viene siendo la habitual forma de actuar de los poderosos  y de los medios de persuasión (mal llamados “de comunicación”). En el terreno político, eso incluye la censura, Leyes Mordaza como la española, silencios sobre individuos y grupos  contrarios al presente orden que formarían una  inacabable lista  de escritores, periodistas, artistas, políticos honrados, defensores de derechos humanos, místicos de todos los tiempos, herejes…. Una lista sin fin, en la que cada uno forma parte del ejército de la utopía que encabeza sin duda el ser más puro que pisó jamás este Planeta bajo la figura de Jesús de Nazaret, asesinado con más saña que cualquier otro de su época por los mismos poderes que dominan la nuestra con distintas apariencias.

 Pero si preguntamos a una persona de la calle por algunos de estos nombres, veríamos salir de su cabeza un enorme signo de interrogación que saldría volando al reino de la Inopia. Y si esto parece grave, probemos a repetir la experiencia con maestros, profesores de universidad o periodistas. El resultado podría ser desolador. Algunos nombres de disidentes utópicos suenan, de algunos podemos escuchar  alguna generalidad .En cuanto  a Jesús, el Cristo, como se asocia a la Iglesia y a las sectas evangélicas que usurpan su nombre, hace que muchos rechacen al sencillo carpintero de Nazaret. Y es que los peores enemigos del cristianismo son precisamente los llamados cristianos, que actúan contra las enseñanzas del Nazareno,  a las que  suelen considerar- imposibles de cumplir, como hacen las Iglesias con el Sermón de la Montaña, el núcleo de la enseñanza cristiana. Con esto, se convierten en facilitadores de las distopías, cuando no en sus ejecutores ( vean on line Historia criminal del Cristianismo,  del historiador alemán K. Deschner) .

Efectos secundarios de la desmemoria colectiva

La pérdida de memoria sobre las ideas que nos fueron legadas por los mejores de entre nosotros a lo largo del tiempo, por las que tantos sufrieron y hasta dieron la vida pensando en servirnos en el futuro como la humanidad en la que creyeron ; la pérdida de esas herencias o su alteración y “digestión” por el Sistema, a menudo hace imposible comprender el presente, y nos priva de elementos para poderlo cambiar. Y ese es uno de los propósitos del sistema mundial dominante: que olvidemos lo que no le conviene.

 Un colectivo desmemoriado es una suerte de Alzheimer de consecuencias fatales, porque obliga a repetir lo mismo una y otra vez, y por tanto es un elemento que empuja al inmovilismo y a la involución. Y es esto justamente lo que pretenden quienes dirigen este mundo desde los sillones de poder: la involución. Y con ella la distopía. Tal propósito se opone a la salud,  al orden universal y al progreso en cualquiera de sus aspectos, y para conseguirlo utilizan esos variados  recursos que venimos denunciando: mentira, ocultación, descrédito al cambio y a quienes lo promueven, leyes “mordaza”, y no por último violencia en todas sus formas. ¿Es esto lo que queremos para nosotros y para nuestros descendientes?

 (óleo de Hans Bächle)

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