Uruguay: Mensaje al horizonte revolucionario

Seleccionamos para www.eutsi.org de su escrito los tres epígrafes que a continuación os servimos.

Carnaval electoral… ¡Se excita el interés político!

Son muy especiales las próximas elecciones de 2009: las primeras tras la clara voluntad de cambio expresada en el 2004 y frustrada en tan sólo cinco años…¿para qué votar un cambio si después todo sigue igual?

Para «recuperar» desilusionados aparece la nueva tesis: en este primer período predominó la socialdemocracia, votemos una lista mejor para la próxima, otro «iluminado» que prometa socialismo y luego se abrace con culebras yanquis, latifundistas y multinacionales. Como si el socialismo se lograra juntando votos y conquistando colinas en el parlamento…

Otra vez a discutir candidatos y programas, a caer en las mismas trampas cazavotos de siempre, sacar a los «malos» para poner a los «buenos», que ahora sí van a cambiar la cosa…¿nunca se agotará la capacidad para el autoengaño?

Los militantes no tienen porqué entrar en ese corral de ramas… es viejo y sabido que la democracia representativa sobrevive gracias al fraude ideológico repetido cada cinco años, gracias a la estafa demagógica que obtiene consentimiento con promesas que nadie cumple.

Hay que hincarle el diente al problema real: esta democracia tan poco democrática no puede resolver los problemas de un pueblo de pobres… no puede alcanzar la justicia social, redistribuyendo suficientemente la riqueza, simplemente porque su rol es proteger los buenos negocios de los dueños del poder económico.

En la última semana de marzo 2008, en el teatro de AEBU se abrirá una discusión sobre las cuestiones de fondo, las que hacen a una democracia realmente participativa, al traslado de poder a las organizaciones de pueblo asalariado, al trabajo de base sembrador de gérmenes de poder popular.

El destino de las luchas populares no puede ser, de ninguna manera, acumular votantes para alguna lista o candidato al parlamento, sino un camino revolucionario hacia el socialismo. Una tradición con raíces en la mejor historia del movimiento popular y que apunta a fortalecer el horizonte revolucionario en esta nueva versión de Uruguay Batllista.

Participar o no de las elecciones nacionales no es cuestión de principios, pero los militantes no tienen que perder tiempo y energías discutiendo lo novedoso del agujero del mate. En estas elecciones tan especiales, es hora de negarse a fabricar nuevas falsas esperanzas en la vía electoral o nuevos caudillos parlamentarios de «izquierda» presentados como salvadores de la patria. Un debate táctico sí, pero con enormes implicancias estratégicas en el campo de la lucha revolucionaria.

Es hora de votar por la revolución social.

Un pueblo de pobres

Vida digna es trabajo creativo y libre, decidir uno mismo en qué, cómo y cuándo empleará su fuerza de trabajo. Una alimentación sana y un tiempo para los afectos (familia, pareja, amigos); vivienda en óptimas condiciones y un tiempo para las actividades culturales y deportivas; atención adecuada de la salud y un tiempo para el desarrollo personal en lo educativo. Vida digna es vida política activa, el poder de decidir sobre su propio destino.

En el Uruguay Progresista, un millón y medio de personas (85% de los jubilados y 65% de los asalariados) viven con menos de $8.100. Su poder adquisitivo es menos de la mitad del que tenían en 1970 los asalariados y jubilados. Ni siquiera alcanza el nivel de 1998. Lo recuperado en los últimos tres años, con consejos de salarios y caridad del plan de emergencia, es una ínfima parte de lo perdido.

Un millón y medio de excluidos de la riqueza que produce este país, del crecimiento del producto bruto y las exportaciones que alcanza cifras nunca antes vistas. Marginados por estancieros, industriales y banqueros que gozan del lujo. Víctimas de los inversores extranjeros que se llevan millones de dólares de Botnia, de la forestación, de la banca extranjerizada y de los capitales blanqueados en Punta del Este.

El Uruguay Progresista ya es muy, pero muy, productivo, claro que produce para los mismos pocos de siempre. Para ese millón y medio ( 43% de la población) no hay vida digna. Son pobres.

Pobreza es su condición social, intelectual y cultural: niños que nacen en la desnutrición y el raquitismo heredado de padres y abuelos; deserción en la escuela y el liceo; cola en hospitales y mutualistas; el 11% de los montevideanos viviendo como pueden en asentamientos irregulares; juventud privada de actividades culturales y deportivas.

Pobreza es desagregación de la familia y filas en las puertas del ComPen y de Libertad, yendo a visitar a una juventud condenada al delito de origen social y la drogadicción.

Pobreza es la condición política reducida a espectador de la farándula de demagogos. Es elegir cada cinco años entre candidatos designados por los aparatos partidarios en transas no muy públicas.

Pobreza es sociedad fragmentada. Ghettos de ricos al sur de Avenida Italia y en Punta del Este. Territorios de pobres al norte y el oeste de Montevideo.

Por muy serio y humanitario que quieran presentarlo, el capitalismo sólo puede crecer expulsando cada día más trabajadores hacia la desocupación o el trabajo chatarra o precario, hacia las tercerizaciones mal pagas y en negro. Es la ley de hierro del capitalismo: las mayores ganancias se obtienen invirtiendo en tecnología moderna y disminuyendo la mano de obra empleada.

Para este pueblo de pobres no hay solución en este sistema. ¿Cómo se resolverá la crisis 2008 generada por la especulación inmobiliaria en los EEUU? ¿Quién la pagará? Asalariados y jubilados ya lo saben: una vez más caerá sobre sus espaldas el peso de la concentración y centralización de los capitales.

No es posible un capitalismo con inclusión social ni con pactos sociales. La pobreza no la resuelven un Ministerio y 250 o­nGs subsidiando 300 proyectos familiares y cooperativistas y creando un cuento fantasioso en el capitalismo: los nichos de «economía social». En uno de sus artículos en el libro publicado por el Movimiento por la Tierra, Raúl Sendic lo decía tan clarito como siempre:

«Marx vaticinó que el capitalismo crearía a su propio gran enemigo y enterrador, el proletariado. Pero este capitalismo decadente de finales del siglo XX, está creando otro enemigo más caótico, inorgánico y agresivo, que lo acosa de continuo: los sectores marginados, que se refugian en la delincuencia. Las estadísticas demuestran que a una desocupación juvenil en ascenso, corresponde una delincuencia juvenil también en ascenso.

El sistema, la distribución desigual de los ingresos en el mismo, condena a la privación de las cosas más elementales. Simultáneamente, el sistema incita al consumo de las cosas más superfluas.

El sistema tiende un cerco sobre el peón o el pequeño productor rural y los obliga a emigrar, para hacinarse en las grandes ciudades. El sistema arroja a la desocupación a un sector en aumento de la población. Si busca defenderse con la venta callejera, el sistema lo persigue. El sistema enseña a robar y matar desde la televisión. A la delincuencia la crea una clase social, pero afecta a toda la población. Para terminar con la delincuencia hay que terminar con el sistema».

En un volante anónimo de los tiempos de la Comuna de París, se leía: «Los burgueses son capaces de hacer todo por los pobres. Menos bajárseles de encima«. Este es el fondo de la cosa. Por eso, parafraseando a Sendic decimos que para terminar con las consecuencias sociales del capitalismo, hay que «terminar con el sistema».

&nbsp Trabajo de base y gérmenes de poder popular

El discurso «como te digo una cosa te digo la otra» confunde al pueblo y desarma la conciencia militante. Se abandona la lucha por la emancipación social y se asimila política con transa y conciliación de clases. Se desmoviliza el movimiento de base para no poner «un palo en la rueda del gobierno», de un gobierno que ya es de derecha y necesita del aguijón para arrancarle algo bueno.

Se acepta el «acomodo» y el nepotismo. Se defiende al corrupto argumentando que «corrupción era la de los colorados y blancos» Se disuelve el sentimiento antiimperialista del pueblo uruguayo, sustituyéndolo por una falsa «tercera posición», que se presenta como astuta y negociadora.

Se deterioró la idea de justicia en aras de un vaporoso sentimiento de perdón y olvido y para explicar tamaña concesión, se tergiversa la historia de la lucha revolucionaria de los últimos cuarenta años, borrando para siempre el «odio de clases» como motor anímico de la luchas populares.

Decayeron el espíritu crítico y la rebeldía. Predomina el sentimiento de que no somos Bolivia, Venezuela o Ecuador, se acepta la imagen batllista de la Suiza de América. Se asiste a una victoria ideológica de la clase dominante.

Esta crisis de valores y sentimientos también se manifiesta en la fragmentación política del horizonte revolucionario, en la dispersión y atomización de la militancia, en debilidad para la lucha por recuperar el dominio de las tierras y el capital. Sin un horizonte que clarifique la táctica y la estrategia, la brújula se descompone y se camina sin saber hacia dónde.

¿Cómo recrear la ética y los valores revolucionarios? ¿Cómo recomponer el horizonte revolucionario? Proclamarlo en una declaración o en un mensaje como éste no es el camino. Es apenas poner en la mesa su discusión.

Se recompone en el trabajo de base. Trabajo de base para restablecer desde abajo los vínculos políticos basados en ideas críticas y militantes. En el terreno social la crítica a la democracia capitalista, hace crecer gérmenes de poder popular y echa los cimientos de un movimiento independiente y combativo.

El norte es recomponer vínculos entre los luchadores sociales, recreando en las bases el sentimiento de que, aún hoy, en estas condiciones, es posible luchar hacia el socialismo. Vínculos que desarrollen una fuerza militante capaz de no dejar que aíslen conflictos combativos como el de los obreros del Frigorífico Las Piedras y el de la pesca artesanal en el Río Uruguay.

El camino del poder popular lo señaló la solidaridad que despertó la ocupación de tierra que hicieron los «peludos» en Bella Unión, la lucha por los cuatro militantes presos en noviembre del 2005 y por la libertad para Fernando Masseilot y la marcha de FUCVAM y varios sindicatos por todo el litoral uruguayo.

Es el camino que señalan los movimientos vecinales renacidos en la campaña por la anulación de la ley de caducidad, el agotador batallar denunciando las consecuencias sociales del modelo forestal y las diferentes expresiones antiimperialistas que recibieron a George Bush.

Trabajo de base sembrando gérmenes de poder popular: la alternativa del horizonte revolucionario para el carnaval electoral que ya llegó.

Jorge Tupa Zabalza

&nbsp 26 de febrero de 2008

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