Uruguay: De eso no se habla

Las jerarquías católicas españolas ante la visita del Papa Benedicto XVI, han demostrado su amplio malestar ante los avances laicistas de&nbsp esa sociedad. Muchos de ellos deben maldecir que el 23 de febrero de 1981 fracasara el golpe de estado del&nbsp teniente coronel Tejero, porque de haber triunfado se volvía a la España franquista de la "cruz" y la "espada" y laicidad solo sería una quimera que perseguirían los ateos, marxistas, masones y demás "deudos". Volvemos siempre a las viejas prácticas eclesiales de "demonizar" aquello que permita a la sociedad acceder a las libertades irrestrictas.
También volvemos a decir por no sé&nbsp cuantas veces, que la Iglesia esconde y minimiza el tremendo problema del abuso de menores. No estamos ante algo puntual sino ante las consecuencias de sus graves errores estructurales. Encubrir sus delitos es una práctica cotidiana en las diócesis católicas y, como muestra "basta un botón", recordemos en Argentina el caso&nbsp del cura salesiano Julio&nbsp &nbsp Grassi, aún libre luego de haberse comprobado los abusos en contra menores y con el total silencio del cardenal Bergoglio y sus Obispos de la "barra brava" eclesial argentina.
La "Santa Madre Iglesia"&nbsp jamás vinculo el ejercicio de la sexualidad con la felicidad o el bienestar, siempre los ligó y sin razón alguna, al aborto, la prostitución y a las desgracias sociales, salvo que se actué bajo la órbita eclesial desde el matrimonio heterosexual y con la bendición y aprobación de los "ministros" de dios sobre la tierra. O como dirían algunas de mis queridas tías abuelas "tanas" como "dios manda".&nbsp Con tanto dogma y&nbsp obligaciones, la Iglesia Católica se olvidó durante cientos de años de modificar el derecho canónico que obliga a perdonar y encubrir los delitos del clero,&nbsp tal como reza el título de la película "De eso no se&nbsp habla".
El problema fundamental no reside en que haya curas que abusen de menores, sino que el Derecho Canónico vigente, así como todas las instituciones del Papa y de la Curia del Vaticano, obligan a encubrir esos delitos&nbsp y a proteger a los curas delincuentes. En consecuencia, los cardenales, obispos, y el propio gobierno vaticano practican con plena conciencia el más vergonzoso de los delitos: el encubrimiento. Desde el punto de vista del Derecho Internacional, las leyes y procedimientos de las autoridades de la Iglesia Católica a este respecto todavía se adjudican un poder, incluso internacional, que busca&nbsp salvaguardar los intereses de la institución y sus representantes , manteniéndole al margen de las leyes legítimas y de los procedimientos judiciales&nbsp de los estados.
La pregunta es:&nbsp ¿sÍ los obispos y cardenales son los encargados de interpretar y aplicar tales leyes, pero también encontramos casos en los que ellos mismos han abusado de menores y se han protegido mediante&nbsp sus mismas leyes, quién y cómo va a controlar al controlador?.
En efecto, se trata de un fuero interno sumamente peligroso para la sociedad,&nbsp que no podemos seguir aceptando ni para la Iglesia Católica ni para ninguna institución religiosa. Resulta imperioso revisar el significado de la autoridad religiosa en relación a los delitos que pueden cometer en materia de derechos humanos.

Usar&nbsp como&nbsp objeto sexual a un menor, ya sea mediante la&nbsp violencia, el engaño, la astucia o la seducción, supone ante todo y por encima de cualquier opinión un delito. El encubrimiento de los abusos sexuales por parte de la Iglesia Católica, viola los derechos humanos, vulneran la dignidad y los derechos fundamentales de la persona y cuestionan la naturaleza misma de la Iglesia en el mundo y el papel de sus autoridades. Volvemos al título: "De eso no se Habla".

* PERIODISTA y ESCRITOR -URUGUAY

(Integrante de Profesionales Latinoamericanos/as contra el Abuso de Poder).

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