Es incapaz de gobernar, porque es incapaz de garantizar a sus esclavos la existencia ni aun dentro de su esclavitud, porque se ve forzada a dejarlos llegar hasta una situación de desamparo en que no tiene más remedio que mantenerles, cuando son ellos quienes debieran mantenerla a ella.  La sociedad no puede seguir viviendo bajo el imperio de esa clase; la vida de la burguesía se ha hecho incompatible con la sociedad.


 

El economista británico John Maynard Keynes, autor de la frase que hemos tomado en el título (no la otra del copete, que es del Manifiesto Comunista) y al que muchos traen hoy a cuenta, estaba en eso totalmente equivocado. 

Van en Uruguay, hasta el día en que escribo, 15 muertos por coronavirus y 606 infectados. La información que da las autoridades es desinformación sistemática, tratando de ocultar la gravedad de la situación. El nuevo presidente ha dicho por ahí “Keynes”, y no parece saber ni de lo que habla.

Se trata de un economista capitalista pragmático que pensaba que a veces para salvar al capitalismo hay que hacer las cosas contra los propios capitalista. Es cierto hay que cuestionar, y a eso iba él, a quienes rechazan cualquier crítica a acciones dañinas de un gobierno con argumentos absurdos del “pero a largo plazo…“.

Por ejemplo: con las fallas en prevención y protección ante esta pandemia no se logra evitar la propagación de la enfermedad. Pero alguno ha dicho que a largo plazo eso serviría para llegar a una “inmunidad de rebaño” cuando el 60% haya pasado por el contagio.

Linda estrategia. Para nosotros serían 2 millones de enfermos, y, con la letalidad más baja de las observadas 40 mil muertos por COVID-19, y aún no hay certeza de que se adquiera inmunidad así.

Más los muertos por otras enfermedades, dado el inevitable colapso del sistema sanitario que comprende en Uruguay a unos 40 mil trabajadores. ¿Cuántos de ellos se enfermarían en un momento u otro, si se mantiene la altísima proporción hasta ahora, del 16 o 17% sobre el total de afectados? Prácticamente todos. ¿Cuántos de ellos morirían? Esa te la dejo.

Un trabajador de la salud contagiado y no detectado hace del centro de salud un centro de contagio. Si se lo detecta y se lo retira de la función, una ayuda menos. Si muere…

Entonces, Keynes estaba equivocado en eso que dice ahí, porque ¡otra que “largo plazo”, a como van las cosas!

Para algunos esta pandemia ha sido “artificialmente creada“. Puede entenderse en el sentido de que se trata de una “gripecita” como otras, pero sobredimensionada por la utilización política y financiera, es decir que lo artificialmente creado es el pánico. O puede significar que se trata realmente, sí, de una enfermedad muy grave, pero que ha sido un arma biológica salida de un laboratorio, y es en ese otro sentido, artificial.

Si fuese a inventar un arma biológica, yo, no la usaría sin crear también un escudo contra rebotes y consecuencias indeseadas. Y trataría además de dirigirla a mis enemigos específicos y no a lo loco.

Isaac Asimov recuerda que el invento del pararrayo fue rechazado por los creyentes, para quienes no se debía interferir en ese castigo divino por los pecados humanos que sería el rayo. Pero el castigo reventaba la torre de la iglesia sin pararrayos y respetaba al prostíbulo del pueblo que sí tenía; mala puntería, Dios. Lo mismo aquí.

Y si es una exageración sobre una “gripecita”, después de tomar nota de lo ocurrido en Bérgamo o Guayaquil…Puede que Bérgamo no llegue a Montevideo o Salto. Pero para asegurar eso primero tengo que entender Bérgamo.

Más allá de teorías conspirativas creo que sí, la pandemia ha sido artificialmente creada, pero en un sentido diferente.

Primero vamos a hablar de eso de no parar la economía y los motores.

¿Qué economía, qué motores? 

Se suele hablar de sociedad post industrial, sociedad de la información etc. Pero entonces, quedate en casa que va a salir el robot a suplantarte, sería. Y no los hubo. Podrá haber un dron vigilando pero no un dron repartiendo comida. ¿Por qué? Porque el dron no genera plusvalor.

La economía que no se quiere detener es la de la explotación del trabajo, sin el trabajo vivo no hay economía. Este presidente que dice “Keynes” trata más bien de de aplicar Hayek, y en ese sentido dice: “Hoy gravar el capital es amputar la posibilidad de los que van a hacer fuerza a la salida de la crisis. Por eso no lo vamos a hacer”. 

Pero Hayek a rajatabla es difícil de aplicar cuanto a todas luces es el trabajo el que hace la fuerza, y el capital es resultado de la explotación de la fuerza de trabajo. La crisis actual es la crisis de la “normalidad” de esa explotación, cuando el costo de mantenimiento y reposición de esa fuerza productiva supera los límites de las condiciones normales de la civilización capitalista actual, que incluye reposición cotidiana, también los trabajadores han conquistado la reposición vacacional, y la excepcional por enfermedades o accidentes, etc, además de atender la reproducción necesaria de la fuerza de trabajo, y la calificación de la misma. Hasta ahí.

Pero una pandemia no está incluida y plantea una situación extraordinaria, que obliga, o a frenar el motor, o es el peligro de fundir el motor.

Hemos pasado de un gobierno de socialdemocracia muy desteñida y al servicio del capital, a otro que es directo representante y partícipe del sector más rancio del capital autóctono. Una de sus primeras acciones ha sido descartar cualquier demora, aun en la emergencia imprevista y gravísima de la pandemia, en la instalación de la tercer planta de celulosa en el país. Y lo ha dicho expresamente el presidente: él cree en el modelo forestal (y en el dinero que personalmente gana ahí). ¿Y qué significa ese modelo forestal, y el sojero, y ganadero intensivo, y similares?

Además de la economía capitalista en general, se trata de defender el modelo extractivista y de agronegocio de acentuación de la dependencia.

Es precisamente el modelo económico que ha traído la enfermedad, ha sido bien caracterizado por varios especialistas en trabajos de investigación. El agronegocio depredatorio, en su objetivo de acortar la cadena de valor, destruye la inmunidad natural de los ecosistemas. Esto nos dice el biólogo Rob Wallace: 

El intercambio ecológico desigual redirige el peor daño de la agricultura industrial al Sur Global,… hacia nuevos complejos a escala y mercancía… Nuestra teoría general de la aparición de enfermedades neoliberales, que incluye, sí, China, combina:

  • circuitos globales de capital;
  • despliegue de dicho capital destruyendo la complejidad ambiental regional que mantiene bajo control el crecimiento virulento de la población de patógenos;
  • los aumentos resultantes en las tasas y la amplitud taxonómica de los eventos de contagio;
  • los circuitos periurbanos de productos básicos en expansión que envían estos nuevos agentes patógenos en ganado y mano de obra desde el interior más profundo a las ciudades regionales;
  • las crecientes redes mundiales de viajes (y comercio de ganado) que entregan los patógenos de dichas ciudades al resto del mundo en un tiempo récord;
  • las formas en que estas redes reducen la fricción de transmisión, seleccionando la evolución de una mayor mortalidad de patógenos tanto en ganado como en personas;
  • y, entre otras imposiciones, la escasez de reproducción en el sitio en ganado industrial, eliminando la selección natural como un servicio de ecosistemas que proporciona protección contra enfermedades en tiempo real (y casi gratis).

La premisa operativa subyacente es que la causa de COVID-19 y otros patógenos similares no se encuentra sólo en el objeto de ningún agente infeccioso o su curso clínico, sino también en el campo de las relaciones ecosistémicas que el capital y otras causas estructurales han creado para su propio beneficio. 

Y Wallace y otros muestran numerosos ejemplos de la contracción de los ecosistemas silvestres, la plantación de especies vegetales genéticamente modificadas que, al suprimir la diversidad natural, permiten el quiebre de las defensas.

Los ecosistemas en los que estos virus “salvajes” estaban en parte controlados por las complejidades del bosque tropical están siendo drásticamente racionalizados por la deforestación liderada por el capital y, en el otro extremo del desarrollo periurbano, por los déficits en la salud pública y el saneamiento ambiental. Mientras que muchos patógenos selváticos se están muriendo con sus especies huésped, un subconjunto de infecciones que una vez se agotaron relativamente rápido en el bosque… ahora se propagan a través de poblaciones humanas susceptibles… los brotes resultantes se caracterizan por una mayor extensión, duración e impulso. Lo que antes eran desbordamientos locales ahora son epidemias que se abren camino a través de redes mundiales de viajes y comercio.

En los últimos años hemos visto varias epidemias similares, SIDA 1980, Sars 2002,  Hong Kong 2003, H1N1 2009, MERS 2012, Ébola 2014.

Este virus SARS-CoV-2 apareció en noviembre en China, ingresó a Uruguay el 7 de marzo. No se originó en Uruguay. Pero pase lo que pase con esta pandemia, no será la última de este tipo, hasta que no erradiquemos la economía depredatoria que las produce. De la que Uruguay participa, y tanto el gobierno anterior como el actual, propician.

Por un lado, esta destrucción de las inmunidades naturales es resultado del modelo productivo de acortamiento de la cadena de valor en la producción de alimentos vegetales y animales, para abaratar el costo de la fuerza de trabajo, y aumentar así el plusvalor relativo en tanto sale más barato mantenerlo. Pero no es tan sencillo.

El otro factor es el desmantelamiento de los sistemas universales de asistencia médica al hacer de la salud una mercancía y lucrar con la enfermedad. Ha sido el just-in-time aplicado a camas de hospital, ya que ¿para qué tanta cama vacía? Precarizar también el trabajo del personal de  salud y ahorrar en sueldos. Como consecuencia, el doble empleo de esos trabajadores, la sobrecarga, y lo que deriva de eso.

En la industria, hay un sector que produce bienes de consumo, y hay otro que debe producir bienes de producción tanto para el primero como para sí mismo. La maquinaria y equipos, los generadores de energía, etc, también deben ser mantenidos para seguir en funcionamiento. Sin eso, los bienes de producción dejarían de ser operarativos. Ahorrar demasiado en mantenimiento, cualquiera sabe a dónde lleva.

Lo mismo pasa con la fuerza de trabajo. Un sector trabaja para que la fuerza de trabajo pueda continuar siendo operativa. Por supuesto que el valor de la vida humana trasciende ese valor operativo para la explotación de la fuerza de trabajo. Pero es desde ese el punto de vista que ve las cosas la clase explotadora. Para la producción capitalista, la salud forma parte de la economía porque una pandemia inhabilita esa operatividad. Y así, vemos el dilema que tiene la clase capitalista. Si los trabajadores no van a trabajar, no se los puede explotar. Si van a trabajar y se contagian, no podrán seguir trabajando. Si se toman medidas rigurosas de prevención y protección, el costo de la producción subirá, y el plusvalor bajará.

Un sistema de salud público y universal se paga a partir del plusvalor. Un sistema de salud privado en cambio, se paga a partir del salario, y produce a su vez plusvalor. Por eso se privatiza la salud.

Pero no es universal, y por lo tanto no es una herramienta adecuada para enfrentar la epidemia de una enfermedad altamente contagiosa. Es en esas situaciones extremas, como ha sido también el caso de la guerra, que el capitalista se acuerda de Keynes, que quería salvar al capitalismo a pesar de algunos capitalistas. Pero ahora, ni Keynes te va a salvar.

Una medida paliativa es la propuesta de Ingreso Básico Universal. En el fondo no resolverá nada, pero puede funcionar parcialmente como eso, paliativo. Estamos a favor, porque no desconocemos el valor coyuntural que esto sin duda significa para el trabajador, pero creemos que ADEMÁS hay que ir hacia la Canasta Universal de Bienes y Servicios, la redistribución no dineraria.

Algo imprescindible en ese sentido es  la lucha por un verdadero servicio de salud universal y gratuito, bajo control efectivo de trabajadores y usuarios. La salud no es una mercancía, es un derecho.

Por supuesto, la burguesía trata de aprovechar la crisis en lo que puede. a) Concentración del capital, empujar hacia abajo los salarios y extraer más plusvalor. b) Centralización del capital, las pequeñas y medianas empresas que no pueden resistir y se funden, son remplazadas por las grandes. c) Control, vigilancia, militarización. “Todos estamos juntos”, pero no todos mandan.

 

Sin embargo, por difíciles que sean las cosas y por malas que sean las condiciones en que se desarrolla la lucha de los explotados, también son complicadas para los explotadores.

Uno de los grandes problemas políticos que se han puesto en evidencia es la inoperancia  de la “izquierda” tal como se la conoce. Hay que aprender todo de nuevo.

Sin fuerza de trabajo no hay capital, porque el capital resulta de la explotación del trabajo vivo, eso es lo que demuestra esta crisis.

La explotación del trabajo vivo es posible siempre y cuando se cumplan determinadas condiciones de “normalidad”, que ahora no se cumplen. Pero esa situación no es resultado de una “catástrofe natural” ni de ningún murciélago exótico. Es otro tipo de vampiro el que trajo la pandemia.

En cambio, puede haber trabajo sin capital. Si el Estado puede y debe hacerse cargo en una pandemia, mostremos lo que eso significa. Levantemos además la agenda de derechos y la agenda democrática. No te quedes en casa, organizate, y también en casa. La “supervivencia del más apto” es hoy luchar por una forma social que permita la supervivencia de la humanidad.

 

 * fernando moyano