Uribe y su «hecatombe»

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Uribe y su “hecatombe”.

Hecatombe, para los antiguos griegos, tenía una acepción muy distinta a la que hoy se le da. Esta palabra que deriva de otras dos, “elaton” y “bous”, cuya traducción sería “cien” y bueyes”, representaba las ofrendas que se realizaban a los dioses ya fuera para aplacar su ira como para agradecerles sus favores y esto se realizaba a partir del sacrificio de animales.

Para los griegos la cosa era hacer una “hecatombe” y si ésta era dedicada al dios Júpiter,inmediatamente se sacrificaban toros y carneros, mientras que para la diosa Atenea se trataba de ofrendar vacas y para Neptuno o Poseidón el regalo serían caballos negros o toros.

La “hecatombe” se cumplía, cada cual quedaba en paz con sus conciencias y luego se trataba de esperar los resultados que los dioses decidirían.

(Las palabras de Uribe nos recuerdan a las de un ex presidente argentino, de ascendencia sirio libanesa y cuyo nombre no nos atrevemos a mencionar porque dicen que trae mala suerte, pero como dato podríamos decir que comienza con Me y termina con Nem,&nbsp quien en rueda de prensa en pleno ejercicio de su nefasto mandato había expresado tan orgullosa como ridículamente, que había leído todas las obras de Sócrates…)

Con el correr de la vida y de los años, la palabra fue tomando otro sentido, hoy por ejemplo si la aplicamos, es para hablar de una desgracia, cataclismo, ohechos de grandes dimensiones penosas.

En estos días “hecatombe” se reeditó, pero en otro sentido. Gracias a esa palabra tan fuerte, el presidente de Colombia, erizado a partir de la pregunta que le hiciera la presidenta del congreso, Nancy Patricia Gutiérrez, del partido Cambio Radical y que cayera como un bombazo en el centro de la anatomía presidencial, a la vez logró que como método de autodefensa, de pronto, Uribe, se sintiera lo más parecido al “oráculo de Delfos” que fuera el centro religioso del mundo helénico.

Uribe, a quien sólo su abuelita podría haberle hecho creer que era el ombligo de Colombia, de pronto infló su ego y respondió a las palabras de la señora que intrigada quiso saber ““si los jefes de la coalición pensaban buscar un candidato presidencial común o si cada cual presentaría uno propio”.

Cargando de oxígeno sus pulmones, el narco-para-presidente, sostuvo firmemente que “sólo si se presenta una hecatombe, pensaría en su reelección”, posición mesiánica y egocéntrica que solo a un tipo de sus características puede ocurrírsele, pero omitió un análisis especial, porque no tengamos dudas que la verdadera “hecatombe” que menciona en tiempo futuro, ya está instalada desde que comenzara su mandato, lo cual es lo mismo que decir “la verdadera hecatombe, es usted, don Uribe”.

Pocas cosas más trágicas para Colombia que la continuidad de este mandato salvaje, la más horrenda todavía sería siquiera pensar que este personaje pudiera detener desastre alguno postulándose para un tercer maldito mandato.

Uribe en medio de su temor ante el avance de las fuerzas de izquierda a partir del acompañamiento que el pueblo hizo con su elección a favor del Polo Democrático, comenzó a desvelarse pensando con preocupación si dicho avance podría jugarle una peor pasada en las elecciones del 2010.

Por otra parte la realidad de la fragilidad de la continuación de su proyecto, es algo que estalla como vidrio en su pobre y trastornada cabecita, que de lo único que entiende es de cómo ejecutar a su pueblo de la manera más cruenta e inhumana.

Millones de pobres, desafueros, marginados, impunidad, es el panorama que se desnuda al mundo a partir del gobierno fascista que encabeza este paraco, quien de continuar con su diabólico plan podría ser situado en el lugar del toro del sacrificio, igual que le pasó a su padre, porque los pueblos que antaño asistían a la “hecatombe” en honor a los dioses, hoy pueden hartarse de la “hecatombe” que produce el aniquilamiento de luchadores, estudiantes, obreros, campesinos, dirigentes sociales, políticos y sindicales, indígenas, campesinos, niños.

El “Salvador” colombiano presencia entre escalofríos e incertidumbres, la derrota de su plan y el avance de las fuerzas que se empeña en satanizar. Haber perdido las elecciones en Bogotáno fue sino un duro revés, el que saben aplicar los pueblos cuando se cansan de llorar a sus víctimas.

Debe estar muy atento este señor, porque en medio de su “hecatombe” pueden aparecerle los Titanes que como antaño, podrían producir la evolución que le haga recular aún acompañado como está por tanto fusil y motosierra…