Unos fantasmas rondan a los militares colombianos

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La doctrina militar dice que los resultados de una estrategia deben medirse en: la fuerza moral de las tropas y capacidad de conducción sobre ellas, las bajas en las tropas enemigas, el control sobre el terreno y el estado de la retaguardia.

La moral de las Fuerzas Militares colombianas está interrogada, pues muchos oficiales, suboficiales y soldados se están preguntando qué tan noble es el objetivo que dicen buscar, si además serán capaces de alcanzarlo y si hoy el régimen los está tratando de forma justa y equitativa.

La capacidad de conducción de las tropas también está cuestionada, tanto porque sus máximos generales están inhabilitados para dirigirlos, como porque otros poderes extraños (potencias extranjeras, clanes mafiosos, etc.) mandan más, que la propia cúpula militar.

Son tres las formas de medir las bajas que hacen las Fuerzas Militares. En los ataques que hacen a la población civil opositora al régimen, en términos de amenazas, destierros, atentados, terrorismo, desapariciones y ejecuciones extrajudiciales.

A lo que deben sumarse los Falsos Positivos, nombre dado a bajas de civiles hechas fuera de combate reportadas como guerrilleros muertos. Más de 130 de estos casos investiga la Procuraduría General, desde antes de mediados de este año. Esta modalidad operativa cumple esta orden dada en un Manual interno recién expedido: “Lo importante es dar la impresión que vamos ganando la guerra”.

La tercera forma de medir bajas es la que contabiliza las bajas reales a la insurgencia revolucionaria, en términos de muertos, heridos, detenidos y captados. Estas en consecuencia, son menores que los datos reportados ante la opinión por los militares.

Es sabido que la fuerza que gane el corazón y la mente del pueblo, es quien puede mantener presencia permanente en un territorio. Las Fuerzas Militares no pueden controlar un terreno, en el que ellas son la única presencia del Estado. También se conoce que el Estado está consagrado a preservar los intereses de una minoría privilegiada y que poco valora el servicio a las mayorías nacionales.

La retaguardia de los militares se reduce, porque en el mediano plazo tiende a debilitarse el respaldo a las salidas militares para el conflicto interno. La obstinación de persistir en este camino equivocado está principalmente en manos de los dirigentes del régimen, no sólo de los militares.

Por el objetivo que colocan a perseguir a los militares, ya sufre la sociedad colombiana el genocidio de medio millón de compatriotas, contados a partir de aquel fatídico 9 de abril de 1.948. ¿Hará falta que completemos un millón de muertos, para que la oligarquía y el imperialismo consideren sofocado el anhelo de cambio de los colombianos?


Tres culpables


Para perpetrar este genocidio el régimen acudió a la alianza con la mafia, acciones por las que hoy debe responder.

El silencio de los aliados lo intentan conseguir a través de las penas blandas proveídas por la Ley de Justicia y Paz, también con las extradiciones a los Estados Unidos. De 780 capos mafiosos extraditados, solamente han ido a juicio 39, porque el resto ha negociado en buenos términos con las autoridades de los EEUU.

Llama la atención que para los militares, la fórmula del presidente Uribe es distinta: “Quien haya delinquido debe ser condenado como individuo”, con el argumento que debe cuidarse la institución militar.

Lo que no dice el presidente es que hasta 1.989, las leyes del Estado obligaban a que las Fuerzas Militares conformaran, instruyeran y comandaran grupos paramilitares, por lo que responsabilidad de esos años de genocidio es del Estado.

Lo que si dice el presidente Uribe es que, “en el pasado se dio el mal ejemplo de juntar instituciones con delincuentes para perseguir otros delincuentes”. Afirmación que sería válida para los 12 años comprendidos entre 1.990 y 2.002.

Se deduce entonces que en los gobiernos de Gaviria Trujillo, Samper Pizano y Pastrana Arango la ley estatal prohibía la alianza con las mafias paramilitares, pero de hecho las instituciones se juntaron con estos delincuentes. De donde se concluye que en estos 12 años, la responsabilidad por el genocidio recae en los respectivos gobiernos.

Lo que intenta demostrar el presidente Uribe, es que a partir del inicio de su mandato en 2.002, su gobierno no responde por esta alianza con las mafias y la responsabilidad es de los individuos que la mantengan. Será la vida quien demuestre si esta afirmación es válida o más bien, si el gobierno de Uribe, apenas fue otro más de los que sostuvieron el régimen con esta alianza.


Los responsables fallecieron



Al parecer el truco escogido por este gobierno para mostrar responsabilidades individuales de militares, en acciones de guerra sucia realizados conjuntamente con las mafias paramilitares, es el de señalar culpables que ya han fallecido.

El capo mafioso Mancuso sindica al mayor Walter Frattini de haber sido su entrenador y jefe, este oficial del Batallón Junín murió en 1.993. Ramón Isaza, el cabecilla mafioso y señor de la guerra del Magdalena Medio, por su parte confiesa que quien le daba las órdenes operativas era el general comandante de la Cuarta Brigada del Ejército, Alfonso Manosalva, también ya fallecido y el mayor David Hernández (alias 39), asesinado por Jorge 40, luego que este pactara su aceptación de los beneficios de la Ley de Justicia y Paz.

El sucesor que queda vivo del clan de los Castaño Gil, alias HH, sindica al general Rito Alejo Del Rio de ser el jefe de todas las operaciones de guerra sucia, mientras estuvo de comandante del Ejército en Urabá. Este oficial y el general Fernando Millán fueron retirados del servicio en 1.999 por sus vínculos con las mafias paramilitares, pero aún no han sido llamados a juicio. Es de público conocimiento que Rito Alejo del Río fue uno de los jefes de campaña de Uribe, cuando las elecciones de 2.002.

Los clanes mafiosos del sur de Bolívar señalaron al comandante de la Quinta Brigada del Ejército, el general Carreño, de ser su jefe inmediato en los planes de guerra sucia, luego de lo cual pasaron pocos días, antes que este oficial muriera en un extraño accidente automovilístico.

Al general Jaime Humberto Uscátegui, uno de los responsables de la masacre de Mapiripán (15 al 20 de julio de 1.997), lo vio el país llorando por la televisión, mientras afirmaba que no podía decir la verdad, para evitar poner en peligro a su familia.

Otro de los jefes de campaña electoral de Uribe, Pedro Juan Moreno ex secretario de gobierno de Antioquia, cuando el presidente fue gobernador de ese departamento, también murió en otro extraño accidente en un helicóptero, pero ahora comienzan a aparecer indicios de que se trató realmente de un atentado. Moreno era el principal importador de precursores químicos, que abastecía a los carteles cocaineros del noroccidente colombiano.

Vale la pena indagar por qué este régimen premia el silencio de unos, mientras el de otros lo garantiza con la vida.


Cómo hacen los que siguen activos


El actual comandante de las Fuerzas Militares, el general Padilla De León, era el jefe de la Brigada Veinte de inteligencia del Ejército (llamada también Brigada de Inteligencia y Contra Inteligencia, BINCI), cuando fue ordenada su disolución, debido a su responsabilidad en el asesinato del dirigente conservador Álvaro Gómez Hurtado y la ejecución de millares de crímenes de guerra sucia. ¿Cómo siguió ascendiendo? ¿Cómo se mantiene en el cargo que ostenta ahora?

Otro que inició su carrera desde teniente en el BINCI, es el ahora general Mario Montoya, actual comandante del Ejército, oficial preferido de la Misión Militar permanente de EEUU, que tiene sede en el Ministerio de Defensa. Fue el primer comandante de una Brigada Anti narcóticos en el sur del país, luego pasó a la jefatura de la Cuarta Brigada del Ejército, de ahí a la Primera División del Ejército, de donde saltó a ser el jefe del primer Comando Conjunto del Norte, que incluye a todas las fuerzas militares y policiales de la región, decisión muy controvertida que causó el retiro de varios generales que nunca compartieron esta reorganización.

Dentro del diseño de guerra por regiones, siempre el sitio al que estuvo asignado el general Montoya fue la prioridad operativa del Ejército, pero lo que se ha mantenido en secreto hasta ahora es que en todas partes, sus campañas militares anti subversivas incorporaron una bien diseñada cooperación entre el Ejército y las bandas mafiosas del sitio.

En la Operación Marcial desarrollada en el este y sureste de Antioquia, en 2.003, el flanco suroriental del operativo se lo entregó a alias Macguiver, el hijo y sucesor del clan de Ramón Isaza. En la Operación Reconquista de la Sierra Nevada de Santa Marta, en 2.004, el flanco nororiental del operativo se lo asignó a Hernán Giraldo y el suroriental a alias Jorge 40. La prueba de estas cooperaciones se halla en los Planes de campaña, que aún reposan en los archivos de esas unidades militares.

El domingo 25 de marzo de 2.007, el diario estadounidense Los Angeles Times, en su primera página denunció la cooperación entre la Cuarta Brigada del Ejército y los paramilitares de alias Don Berna, conducida por el general Montoya, para desarrollar la Operación Orión en la Comuna 13 de Medellín, en octubre de 2.002. En ese momento se dijo que este informe se lo había filtrado la misma CIA desde Washington, a este periódico de California.

El general Montoya da el mal ejemplo de juntar las Brigadas que dirige con las bandas mafiosas, en plena administración del presidente Uribe, pero por ello no pierde el segundo cargo más alto de las Fuerzas Militares y además nadie lo llama a juicio. ¿Quién lo sostiene?


Los aliados se transforman en infiltrados


La antigua alianza con los clanes mafiosos persiste, solamente que ahora a la opinión pública se le informa de su existencia como infiltraciones delincuenciales en las Fuerzas Militares.
Lo que ocurre en la Tercera Brigada del Ejército con sede en Cali, es revelador sobre la persistencia de esta cooperación estrecha entre bandas e institución militar.

En Trujillo (Valle) hasta los años 70 del siglo anterior se mantuvieron activas bandas de Pájaros, que fueron asimiladas por el Cartel de la cocaína de Cali. Estas bandas al servicio de Diego Montoya, entre 1.986 y 1.994 desarrollaron en alianza con el Batallón Palacé y otras unidades de la Tercera Brigada, varias masacres, desapariciones y ejecuciones extrajudiciales en este municipio y en los aledaños, Bolívar y Rio Frío.

El presidente Samper reconoció la responsabilidad del Estado por 34 casos de guerra sucia en esta zona, ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, quedando aún 76 casos sin que se asuma responsabilidad estatal por ellos.

Hasta 1.996 fue la época dorada del Cartel de Cali, cuando sus capos afirmaban que, “no había nacido aún el primer coronel que resistiera un cañonazo de 500 mil dólares”.

Los últimos 10 años han sido de predominio de los señores de la guerra, que enfrentó a dos de ellos por la hegemonía mafiosa del sur occidente colombiano. Varela en alianza con la Policía Nacional y Diego Montoya como aliado del Ejército.

Dentro de esta disputa es que ocurre la emboscada a una patrulla policial en Jamundí en 2.006, por parte del Batallón de alta montaña de Los Farallones, en la que estaba de por medio un valioso cargamento de cocaína.

Desaparecido el último capo del clan Castaño Gil, su protegido Diego Montoya, al parecer no contó con el respaldo suficiente para sostenerse, razón por la cual fue detenido y presentado al país, como el delincuente que compró a la Tercera Brigada del Ejército.


El fin de las armas de la República


Ya lo dijo el Libertador Simón Bolívar, que voltear las armas de la República en contra del pueblo trae ruina. Es inaplazable rectificar los fines que buscan y los medios que utilizan las Fuerzas Militares. El honor y la dignidad de las armas lo confiere el servicio al pueblo y la nobleza ética con que ellas se portan.

El futuro de los colombianos es la solución política del conflicto interno, dejando atrás la prehistoria de guerras civiles y disputa intestina.


Ejército de Liberación Nacional de Colombia (ELN)
elndecolombia@yahoo.fr
www.eln-voces.com
www.patrialibre.org


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