Unión Europea. ¿Hacia una segunda ola de desempleo?

La lucha de los asalariados se concentrará en la reducción de las horas de trabajo y en la seguridad laboral

Incluso aunque ello signifique jugar al abogado del diablo, hay que comenzar con esta constatación: la primera ola de desempleo estuvo relativamente contenida en la zona euro.

Relativamente, eso significa que el empleo ha caído netamente menos que la actividad económica (PIB) y especialmente que el número total de horas trabajadas. Y que, además, el desempleo se ha visto contenido por el aumento del número de quienes han tenido que dejar de buscar trabajo.

La amplitud del choque

Algunos cálculos (necesariamente aproximativos dada la fragilidad de los datos) conducen a valoraciones mareantes. Entre 2019 y 2020, el número total de horas de trabajo se habría reducido en alrededor de un 12% en la zona del euro, lo que equivalente a 35.000 millones de horas. Esas son aproximadamente el número de horas trabajadas en España en 2019. Pero el empleo habrá caído “solo” en 4 millones, aproximadamente el 2 o 3%, mientras que la actividad económica (PIB) cayó un 8%. Si juntamos estas dos cifras, descubrimos que el tiempo medio de trabajo ha caído alrededor de un 10%, pasando de 1.800 a 1.630 horas al año. Este es el resultado del recurso masivo a los mecanismos de mantenimiento del empleo en forma de desempleo parcial y paro técnico. Dicho de otro modo, esta reducción del tiempo de trabajo “defensivo” ha permitido absorber parcialmente el choque. Este es un punto importante a no olvidar.

En cuanto al desempleo, su crecimiento hasta ahora ha sido moderado: la tasa de desempleo ha aumentado solo 1,2 puntos en la zona euro entre febrero y octubre de 2020. Sin embargo, la pérdida de empleo ha sido importante: el número de personas empleadas ha sido de 5,2 millones menos en el segundo trimestre de 2020 en comparación con el final de 2019, una disminución del 3,2%.

¿Cómo explicar que tengamos tanto una caída significativa del empleo como un aumento moderado del desempleo? La razón la da un estudio del Banco Central Europeo (BCE)[01], del que se extraen los datos que se utilizan aquí: “La población activa cayó en unos cinco millones de personas en el primer semestre de 2020”. Es decir, una gran proporción de solicitantes de empleo ha dejado de buscar uno, por diversas causas vinculadas a la crisis sanitaria.

Sombrías predicciones

Según la Comisión Europea, el desempleo en la zona euro aumentará en 1,9 millones en 2021, y después 1,4 en 2020, con lo que el número de parados y paradas se acerca a los 16 millones, y esto a pesar de una recuperación del crecimiento estimada en un 4%. En el caso de Francia, las estimaciones convergen para decir que se han destruido de 800 a 900.000 puestos de trabajo en 2020 [según el Ministerio de Trabajo, en España se habrían perdido 360 mil puestos de trabajo y el desempleo habría aumentado en 724 mil personas, la cifra más alta desde el 2009, ndr]. Por otro lado, las previsiones para 2021 no llegan a un consenso: 435.000 puestos de trabajo creados según el gobierno en su proyecto de presupuesto, pero casi cero según la Banque de France y la OFCE [02] Les Échos, 15 de diciembre de 2020: https://bit.ly/3buTwFY. Por lo tanto, según la OFCE, la tasa de paro debería seguir aumentando hasta alcanzar el 10,6% a finales de 2021[el Banco de España ha corregido sus previsiones más negativas con el comienzo de la vacunación, pero a pesar de todo prevé que el desempleo en el Estado español se mantendrá entre el 17,1% y el 20,5%, ndr] [03].

Las cicatrices de la crisis

Estas previsiones son muy aleatorias porque dependen de parámetros sobre los que pesa la mayor incertidumbre. En primer lugar, está la evolución global de la pandemia: el ritmo de su propagación (o de su extinción gradual) da un perfil específico a la evolución económica. Además, no todo el mundo ha sido golpeado de la misma manera, lo que significa que las cicatrices de la crisis no desaparecerán todas, o en todo caso no al mismo ritmo. Las podemos evocar rápidamente aquí: están las y los precarios, los y las estudiantes y los jóvenes en general, los sectores particularmente afectados (restauración, cultura, aeronáutica, sector asociativo) y amenazados de quiebras. Sobre los estudiantes, la revista del FMI publicó un artículo con el revelador título: “La sombra permanente de una recuperación desgraciada”[04]. A nivel macroeconómico, la misma “sombra permanente” se cierne sobre los diferentes elementos de la demanda: ¿los consumidores (o más bien el 20% más rico) gastarán sus “ahorros forzosos”? ¿Las empresas van a invertir? ¿Se reanudarán las exportaciones?

¿Contragolpe?

Por tanto, sería ingenuo pensar que un posible reinicio podría devolvernos a la situación anterior a la crisis. O pensar que los “días de después” corregirán espontáneamente las taras del sistema. Porque las clases dominantes siguen emboscadas y ya preparan su respuesta. Por supuesto, sus intereses han sido bien defendidos, pero su situación se ha visto comprometida y su objetivo será recuperar la rentabilidad. Para lograrlo, uno de los medios es cepillar la nómina, recortando salarios y empleo. Algunas personas hablan de la necesidad de eliminar a los patos cojos, apodados «empresas zombis”, otras consideran la automatización para mejorar su productividad, o la extensión del teletrabajo.
Este deseo de recuperar el tiempo perdido y aprovechar la oportunidad ya está ilustrado por la puesta en marcha de planes sociales o el continuo endurecimiento de las indemnizaciones por desempleo.

Una encuesta de Unédic [entidad que gestiona las prestaciones de desempleo en Francia, ndr] [05] señala que “tanto los asalariados como los demandantes de empleo dicen que están dispuestos a hacer concesiones para tener mejores oportunidades de que su proyecto profesional tenga éxito”. Lo que un director de agencia del Pôle Emploi (parafraseando a Marx) traduce de la siguiente manera: “a causa de la crisis, hay más mano de obra disponible. Los empleadores pueden permitirse el lujo de permanecer exigentes. O incluso de serlo más”[06].

Todos estos proyectos no son el resultado de leyes económicas sino de relaciones sociales de fuerza, y es por eso que hay que prepararse para una brusca reacción social y política. Más que centrarse en la eventual cancelación de la deuda pública en poder del BCE y en la teoría monetaria, sin duda es más urgente poner en primer plano el tema de la defensa y la transformación social en torno a dos ideas. La primera es la de la reducción del tiempo de trabajo, ya que ella es la que ha permitido reducir la magnitud del choque.

La segunda es la de la garantía del empleo. En cualquier caso, es sobre estas cuestiones vitales sobre las que se centrarán los conflictos sociales venideros.

Semanario L’Anticapitaliste – Nº 552, 21/01/2021; http://hussonet.free.fr/vaguecho2.pdf

Traducción: viento sur

Notas[−]

01 Boletín Económico del BCE, nº 8/2020: https: //bit.ly/2MKPvCG
02  Les Échos, 15 de diciembre de 2020: https://bit.ly/3buTwFY
03 OFCE, 11 de diciembre de 2020: https://bit.ly/3bxFNxV
04 Finances et développement, diciembre de 2020: https://bit.ly/38yV4g4
05 Unédic, diciembre de 2020: https://bit.ly/35uYsa1
06 Citado en Economic Alternatives, 4 de enero de 2021: https://bit.ly/2MUqdCk

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vientosur.info/hacia-una-segunda-ola-de-desempleo/

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