Unión Europea: En Roma ya no queda nada que celebrar

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Djisselbloem parece ser todo lo que la Unión Europea puede dar. Ha sido él, martillo de Schauble, el encargado del control político sobre el euro a través de esa institución sin reglas, el Eurogrupo. Es él quién vigila el dogma de una política económica destructiva. Es él el pastor de la trashumancia política entre socialistas y la derecha, en esa niebla en la que se ha convertido la «gobernanza» europea. O, como escribió Viriato Soromenho Marques , europeísta lúcido, esta gente es la personificación de «uno de los problemas europeos, para el que no hay remedio aparente, que es el déficit de competencia política y el exceso de engreída petulancia que reina en el ajetreo de las cancillerías».

A esa engreída petulancia respondió António Costa con un ultimátum oportuno: dimita o el euro no tiene futuro. Puede parecer exagerado o ambiguo. Si Djisselbloem dimite, y saldrá dentro de unos meses para salvar la cara, vendrá otro cuya trayectoria puede ser similar. Entonces, ¿qué quiere decir que el euro no tiene futuro – y es por tener a un petulante engreído al frente del Eurogrupo (obediente a Alemania) o por aplicar una política petulantemente engreída (que Alemania impone)? En la triste celebración de Roma, no creo que haya otra pregunta.

¿Será que el ministro holandés simplemente exageró sus prejuicios, en contraste con la frialdad equilibrada de los burócratas europeos, nada dados a las exageraciones? La experiencia dice que no. Después de todo, tuvimos Grecia (vendan las islas, dijo un ministro alemán). Después de todo, Guenther Oettinger , Comisario Europeo ascendido a jefe del Presupuesto exigía que los países endeudados pusieran la bandera a media asta (y otras alevosías racistas). Después de todo, Juncker afirma que Francia debería estar exenta de las obligaciones establecidas en los Tratados por ser Francia. Si es así, nos preguntamos si Dijsselbloem es simplemente una anécdota que se puede descartar sin más, o la prudencia exige que se mire al bosque y no sólo a un árbol: Dijsselbloem es simplemente la voz del gobierno europeo.

¿Por eso Sampaio ya se ha erguido en el periódico portugués Público, para advertir que vamos camino del desastre: una ‘carrera hacia el fondo’ con el Brexit como ‘punto de no retorno’, todo agravado por la inviabilidad de 10-15 años de austeridad impuesta por el Tratado Presupuestario a los países periféricos, a lo que también hay que añadir la «nefasta gestión» de la cuestión de los refugiados y «una clara acumulación de dificultades, problemas no resueltos y algunos fracasos resonantes» y, en consecuencia, «el desmoronamiento ante nuestros ojos de la confianza en la Unión Europea, sus instituciones y sus líderes». El «desmoronamiento», nada menos.

Pero, agrega el ex presidente, no se va a corregir el rumbo: «lo peor es que, de hecho, nadie parece creer que Bruselas (y Berlín) tengan ninguna iniciativa en los próximos meses para responder a la crisis de la eurozona, para cambiar la ortodoxia financiera de los acreedores o para crear las condiciones institucionales y presupuestarias que hagan posibles los programas de reforma de las economías más frágiles». La prueba será la Cumbre que tendrá lugar este fin de semana en Roma: habrá discursos de circunstancia sobre el ataque en Londres y el 60 aniversario de la fundación, mientras que los cinco escenarios de Juncker serán misericordiosamente enterrados, gracias a Dios, y no dirán nada acerca de cómo debe la Unión superar la desunión y o como aliviar el destrozo vital de los parados, de los trabajadores, o los jóvenes. Después de todo, el dijsselbloismo ha triunfado sin oposición en las cumbres europeas previas.

Por supuesto, en Portugal, a pesar de la indignación generalizada, incluso entre los partidos de derecha, sobre las declaraciones sobre «las mujeres y las copas», no faltó una brigada conservadora para defender a Dijsselbloem. Helena Garrido ya ha dicho que su jefe, Schauble, tenía razón, porque los jefes siempre tiene razón y anuncia que llega un rescate, porque nos quieren hacer ese favor. Camilo Lourenço, un hombre del CDS, se puso inmediatamente del lado de Dijsselbloem, en el sentido de que se ha exagerado todo y, en el fondo, el hombre tiene razón.

José Manuel Fernandes reconoce, pesaroso, que la frase es «infeliz», para acabar concluyendo también que tiene razón. Por otra parte, entusiasmado con la idea, Fernandes ensaya el Observador su propia versión de dijsselbloismo, advirtiéndonos paternalmente: «La próxima vez que su hijo (o hermano), que corra el riesgo de suspender el año, le pida dinero para salir ‘con la pandilla’ por la ‘noche’ en víspera de un examen decisivo, de le su tarjeta del cajero automático y su código no vaya a ser que le acusen de ‘moralismo’ y de ‘prejuicios’, tal vez incluso de ‘xenofobia’, tal vez de ‘racismo’ y ‘sexismo’. Como ya saben, así llegará muy lejos en la vida». Este catálogo de pecados es una maravilla y sirve para explicar por qué Dijsselbloem, después de todo, es como nuestro padre cuando nos cuida y no cede a la tentación de dejarnos salir de «noche». Los conservadores siguen lamentando la falta del Diablo, que vino y no lo vieron, y se quedan por el momento con la certeza de que «las copas y las mujeres» o las «copas» y la «juerga nocturna» en «víspera de un examen decisivo» conducen a la perdición eterna.

No se han dado cuenta de que del infierno sabemos todos mucho, que vivimos camino de el desde que Passos Coelho nos explicó que, con la troika, tenemos que ser pobres: sin «copas» ni «mujeres», como diría el presidente del Eurogrupo.

Francisco Louça, catedrático de economía de la Universidad de Lisboa, ex parlamentario y miembro del Bloco de Esquerda, actualmente es Consejero de Estado.

Fuente: http://blogues.publico.pt/tudomenoseconomia/2017/03/24/em-roma-ja-nao-sobra-nada/

Traducción:G. Buster

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