Unidad no es uniformidad

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Por Patrocinio Navarro Valero

A diario nos sabemos empujados hacia el pensamiento único, que es de la misma familia que el que construye edificios rectangulares en todo el Planeta, y contribuye a borrar las señas de identidad cultural de cada ciudad y de cada país. También de cada uno de nosotros. En esa línea se trabaja por los ideólogos del Sistema en una doble dirección: para que todos pensemos que lo que se nos ofrece como “políticamente correcto” es lo deseable, mientras nos predispone a desconfiar los unos de los otros presentando innumerables situaciones a través de los noticiarios y del cine para que nos sea difícil vivir confiados y unidos. La prensa diaria mundial está llena de disputas de toda clase sobre los más diversos asuntos ,y los encendidos discursos de los parlamentarios en los hemiciclos son un buen exponente del sinnúmero de conflictos en que vive un país mientras oculta los conflictos individuales en que vive sumergido cada persona de este Planeta, viva donde viva. Por otra parte no parece de su incumbencia más que los efectos. ¿ A quién le tienen que preocupar los estados de conciencia y las vivencias personales, íntimas, que llevan a un machista a matar a su mujer; a otra persona a suicidarse, o a montarse en una patera a vida o muerte para cruzar el mar? Lo importante es la noticia en sí cuando interesa que sea conocida, y que esta produzca el efecto que se desea, bien sea tristeza, inquietud, miedo, desconfianza, rechazo o aceptación. Todo según convenga a los astutos administradores de lo que debemos conocer.En el mundo solo se ve división: colores de razas, colores políticos, religiones, intereses opuestos, diferencias en suma que se viven como conflictos personales sociales y laborales y que a duras penas controlan los gobiernos, que tampoco pueden escapar a sus disputas por el poder. Esta es la dura realidad, y esta dura realidad configura la atmósfera sutil del mundo, que captamos solo parcialmente a través de los medios de comunicación.

La energía del pensar

Parecemos estar lejos del sentimiento de unidad como seres de la misma especie, con el mismo origen y el mismo destino espiritual. Generalmente somos de la opinión de que lo que piensen nuestros vecinos o alguien que vive en otro lugar del mundo es algo que solo les afecta a ellos para bien o para mal. Sin embargo, este modo de pensar es erróneo, porque nuestros pensamientos son formas de energía, y como ninguna energía se pierde, cada pensamiento discurre por las corrientes magnéticas del Planeta en busca de energías semejantes para unirse a ellas. Así se llegan a formar verdaderos entramados electromagnéticos de energías de diferentes grados de vibración según sus contenidos a favor o en contra de las leyes universales y que configuran la atmósfera espiritual de la Tierra, sin que los seres humanos seamos conscientes de ello. Sin embargo, sí lo somos de sus efectos, porque ¿ quién se atrevería a afirmar que la atmósfera espiritual del mundo está cargada de amor, de paz, de armonía y de contenidos semejantes? Pocos afirmarían tales cosas.

Vayamos al fondo de las cosas

Vayamos hasta el fondo en busca de causas: ¿ no vive uno mismo a menudo dividido entre cómo piensa y cómo vive; entre como es y como quisiera ser; entre lo que hace y lo que dice, y muchas cosas más?…¿ No es cierto, entonces, que uno no suele vivir en armonía consigo mismo?… ¿ Y no es esa, tal vez, la razón de que uno se encuentre enfrentado fácilmente a otro, si ya lo está consigo mismo? Esta conflictividad interior produce desasosiego y precisa calmarse. Y si eso no se consigue en el propio interior, se vuelca hacia el exterior.

Unos buscan en la vida distracción, evasiones, convertidos en consumidores insaciables, esclavos de todo tipo de comerciantes. Otros desean reconocimiento ajeno para autoafirmarse, o exteriorizan de un modo violento su conflicto interno volcándolo sobre los que ven como enemigos. Entonces inventan excusas; excusas raciales, políticas o de cualquier otra clase. Si uno es blanco tiende a menudo a creer que es superior a un negro, o viceversa; si uno es musulmán o cristiano,o de derechas o de izquierdas, cree que el que no es como él mismo es sencillamente inferior. De ahí a sentir rechazo al diferente hay un paso; y del rechazo a la enemistad hay una frontera fácilmente franqueable que lleva al conflicto.

La enemistad engendra desconfianza y -a un cierto nivel- miedo a ser agredido. El miedo es potenciado simultáneamente por los medios de comunicación y la industria del cine, empeñados en sacar todo el partido posible a los conflictos entre personas y naciones. Unos lo hacen para hacer negocio, y otros para tener paralizadas a las poblaciones, que así son más fáciles de someter. Quien está asustado, está bloqueado.

Las industrias de armamento se benefician a gran escala del miedo que crean los Estados, y son mas florecientes que las editoriales o los museos, por lo que la guerra termina por convertirse con dolorosa frecuencia en la “ salida natural” de un doble stock : el del miedo que necesita liberarse y el de máquinas de matar que necesitan venderse.

A la vez que  los humanos nos desunimos, nuestras energías negativas se unen: el odio, con el odio universal; el desprecio con el desprecio, y así sucesivamente. Lo negativo fluye hacia lo negativo y configura la atmósfera del mundo opuesta a la bondad. ¿ Es esto lo que deseamos? ¿ Es esto lo que nos ayuda a ser más felices? ¿o deberíamos buscar la unidad con nuestros semejantes, con el planeta y con todas sus formas de vida?

Podemos decir que la carencia de unidad origina catástrofes. Si, pero…

Unidad no es uniformidad. Un desfile militar no es unidad, solo apariencia; el pensamiento único que pretende el capitalismo salvaje, no es unidad, es uniformidad. Ahí están los llamados medios de comunicación, que no son otra cosa que lavadores del cerebro autónomo de cada uno para que se haga realidad la uniformidad mental mundial.

La unidad es otra cosa: nace del estar libre de toda coacción interna ( del ego) y externa ( social), y desde la libertad individual querer formar parte de una gran totalidad con espíritu cooperador y altruista. El amor a lo semejantes solo puede existir si se tiene esa conciencia de pertenencia a la gran familia universal de individuos libres e iguales.

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