Una visita de Letta y Barroso

Los isleños recibieron con silbidos y carteles de denuncia a los máximos exponentes del gobierno italiano y a dos altos dirigentes de la Unión Europea que ayer visitaron la isla de Lampedusa, en cuyo mar todavía se buscan las víctimas de la barcaza que se hundió hace una semana. La mayoría de los 302 muertos viajaban encerrados en la bodega del barco en el que se apretaban cerca de 500 personas. Sólo 155 lograron salvarse. Había numerosas mujeres y niños entre los ahogados y, según las autoridades, una acababa de dar a luz, tal vez minutos antes del desastre: todavía estaba unida al bebé por el cordón umbilical. Una historia tremenda, desgarradora, como la de cada una de las otras 300 víctimas de las que, sin embargo, se sabe poco y nada, a no ser por algunas fotos recuperadas en las que se los ve alegres, presuntamente junto a miembros de sus propias familias.

Los isleños –pescadores, comerciantes, gente común– se apostaron ayer cerca del aeropuerto, pero más que nada en el mismo puerto para abuchear a los políticos. Recibieron a la delegación encabezada por el primer ministro, Enrico Letta, y su ministro del Interior, Angelino Alfano, junto al presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, y la comisaria para los Asuntos Internos de la UE, Cecilia Malmstrom, con las sirenas de sus barquitos pesqueros encendidas y gritándoles “¡Asesinos!” “¡Qué vergüenza!”. También el papa Francisco había definido como “una vergüenza” la tragedia de Lampedusa.

Letta y la delegación visitaron brevemente el centro de recepción de la isla, donde van a parar en un primer momento los inmigrantes que logran desembarcar en la zona. El lugar aloja actualmente más de 800 personas, aunque tiene capacidad para 250. Este solo dato da una idea de las condiciones infrahumanas, con refugiados durmiendo al aire libre, bajo la lluvia, en medio del barro, en las que están obligados a vivir los que llegan. También visitaron el hangar del aeropuerto donde se encuentran los 302 féretros. Los de los niños son blancos. Letta, católico de vieja data, se arrodilló ante ellos. Se lo vio conmocionado. Más tarde, en una rueda de prensa conjunta ante la prensa de todo el mundo, habló de un “grandísimo drama humano” y que sentía una “profunda vergüenza”, pidiendo perdón por las faltas de su gobierno en este asunto. Anunció además que las víctimas tendrán un funeral de Estado, como el que se hace en este país a los personajes importantes.

“No olvidaré jamás los centenares de cajones alineados, los de las mujeres y los niños. Y transmitiré este mensaje a los demás países europeos”, dijo por su parte Barroso en la rueda de prensa. Indicó también que esperaba que los miembros de la UE se dieran cuenta de la necesidad de una mayor cooperación entre ellos y de tomar medidas urgentes. La UE, explicó, “no tiene aviones propios ni barcos como para poder controlar más. Pero los esfuerzos pueden coordinarse mejor”. Malmstrom, de su lado, contó a los periodistas que en la Unión existen opiniones muy divergentes respecto del tema inmigración y recordó que insumió catorce años de discusiones conseguir que tuvieran una política de asilo común. Letta y Alfano confían en que el tema inmigrantes y refugiados sea agregado a la agenda de la reunión de jefes de gobierno europeos que se realizará el 24 de octubre.

Según el Instituto de Investigaciones Censis, cuando empezó la llamada “primavera árabe” los flujos de inmigrantes hacia Italia crecieron notablemente. En 2011 alcanzaron casi 63.000 personas contra 4400 de 2010. La mayor parte provenía de Libia y Túnez y desembarcaban en Lampedusa. En 2012 llegaron cerca de 16.000 mientras que en los primeros ocho meses del 2013 la cifra subió a más de 21.000. La mayor parte de los que piden asilo en Italia son de origen somalí, eritreo, nigeriano, paquistaní y afgano. Muchos llegan a Lampedusa, pero en realidad piden asilo en otros países, principalmente Alemania y Francia.

Uno de los carteles de ayer sintetizaba lo que siente Lampedusa: “Una isla llena de dolor que lleva el peso de la indiferencia del mundo”. Aunque quizás por primera vez, después de una cantidad de muertos como no se veía desde hace muchas décadas en el Mediterráneo, la indiferencia del mundo podría empezar a cambiar. La visita de los exponentes de la UE podría ser una señal en ese sentido así como un nuevo decreto ley que se debate en el Consejo de Ministros de Italia que, entre otras cosas, facilitaría la estadía en Italia de los refugiados. Por último, una señal de cambio sería terminar con la actual ley inmigratoria italiana (Bossi-Fini) que pone todo tipo de barreras a los inmigrantes y refugiados. Para abolirla algunos medios de prensa han juntado ya cuarenta mil firmas, muchas de personajes de la cultura y de la ciencia.

http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-230941-2013-10-10.html

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